Publicado el: Sab, 7 Oct, 2017
Opinión

Libertad

Creemos ser marionetas de todo lo que nos rodea; leyes, contratos, ideologías sociales, herencias familiares, comentarios y cotilleos… Todo, desde lo más coherente hasta lo más absurdo, condiciona nuestra manera de vivir. Triste y poco alentador…

Sin embargo, cada vez más, somos capaces de mirar con los ojos del alma y darnos cuenta de que a nuestro alrededor sólo estamos nosotros, nuestra vida y todas las circunstancias que en ella se dan debido a nuestras propias decisiones. A veces tenemos que pasar por caminos sinuosos que dan mucho vértigo; nos vemos obligados a cruzar por puentes que nos aterran, dormir en ciudades fantasmas y convivir con verdaderos zombis. Pero esas experiencias “obligadas” son un cúmulo de lecciones que el Universo nos hace llegar a través de sus hilos y que nos preparan para el momento de alcanzar nuestras metas, nuestros sueños.

Todos debemos pasar por este tipo de “pruebas”, pero sólo las que son capaces de resumir y esquematizar esos aprendizajes, llegan a ver que, tras esa maraña de sentimientos negativos, se encuentra la respuesta que creíamos tan perdida; allí está siempre el camino de nuestra felicidad.

De esta manera, llegamos al día más importante de nuestra vida, donde descubrimos que todo lo que deseamos está a nuestro alrededor para que podamos cogerlo cuando estemos preparados para ello. Nadie puede decirnos que no estudiemos lo que nos apasiona, trabajemos de lo que nos gusta y dediquemos nuestro tiempo a lo que nos hace vibrar el alma; que no vayamos a unos u otros lugares, que vistamos de una determinada manera; o que elijamos, según sus criterios, a la persona con la que compartir nuestras vidas.

Así es, llegados a este día, todo lo que nos falta para ser felices se convierte en la excusa de las personas sin valor, de los que fueron amedrentados durante su crecimiento y “viven” creyendo que otros pueden decidir por ellos, pueden guiarles hacia la felicidad imponiendo sus perspectivas, o lo peor, hacerles tan infelices como lo son ellos.

Y pasadas estas horas de alumbramiento para nuestra alma, queda pasar por aquellas en las que comprendemos que quienes nos ponen aún más difícil este arduo camino, son los que han quedado atrapados en el suyo; aquellos que no encuentran la salida, que olvidaron cómo sonreír y, allí, en su oscuridad, tejen hilos en los que sólo tú, como araña que cae en su propia trampa, ayudas a anudar a tu libertad.

Toca entonces dejar de culpabilizar a los demás por todo lo que no hacemos y tomar las riendas de nuestra vida, ser responsables con ella y, sobre todo, con lo que sentimos. Escuchar al corazón, sentir al alma y dejar que la mente ponga orden en el laberinto de muros que hemos ido levantando ante nuestros sueños. Caminar cerca de los que son felices y se alegran de nuestra felicidad, de quienes tomaron sus propios caminos y se apartan, a nuestro paso, para que podamos continuar con el nuestro, sin abandonarnos, tan sólo guardando la distancia justa que nos permita avanzar, sin cargas, sin temores, sin miedos, sin nada que reprochar… camino a nuestra libertad.

Sobre el autor

Sonia Brúnar

- Escritora, maestra y loca soñadora. Con el firme objetivo de ser feliz a cada segundo y compartir con el mundo cada sonrisa, cada sueño y cada aprendizaje que el Universo nos permite experimentar.

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