Publicado el: Jue, 28 Mar, 2019
Opinión

Qué difícil

Qué difícil enseñar lo que ya sabes, hacérselo ver a otros. Cuánto cuesta explicar con claridad lo que tan fácil se nos presenta; proyectando en nuestros ojos las soluciones de los diversos problemas, amoldando nuestra mente para dar las mejores respuestas, relajando el corazón mientras se prepara para sentir lo que tenga que venir, dejando libre el alma de miedos y excusas.

Qué difícil cuando mostramos lecciones a las personas que tanto amamos, cuando éstas no están preparadas para recibirlas, para hacerlas suyas porque, precisamente, esa es la cuestión, que son nuestras experiencias las que nos han permitido adquirirlas y, por mucho que queramos, jamás serán las de quienes aún no han experimentado la situación que te hace aprender de lo que estás viviendo.

No podemos enseñar a sumar a un niño que aún no conoce los números, ni a leer a otro que no sabe reconocer las letras. Pero, en ocasiones, creemos tener el poder de adelantar los cursos de las personas que nos rodean; hablándoles con sencillez de conceptos desconocidos, de sentimientos aún no sentidos, de decisiones que quién sabe cuántas veces es necesario tomar de forma errónea.

Cada fracaso de nuestra vida no es más que otro paso hasta todos nuestros logros; ninguna parte del camino la atravesamos en vano, nadie pasar por nuestro lado por casualidad. Lleva años entender que quien más nos hirió tan sólo tenía el deber de hacerlo, el objetivo marcado, desde no sabemos cuántas vidas atrás, de clavarnos esos puñales pactados para poder avanzar en este frenético viaje que es la vida. Cómo podría yo explicar que quien nos causa dolor forma parte de un contrato eterno que inevitablemente nos unirá.

Qué difícil es seguir adelante sabiendo que otros dejan de estar en tu destino; pero, aún así, no olvidemos que siempre hay tiempo para, sencillamente, hacer un alto en el camino. Merece la pena cuando te sientas a esperar y ves que, a la misma altura de la senda, comienzan a llegar todas esas personas que en un tiempo pasado no supiste cómo ayudar.

Seguramente sea mucho más fácil tener paciencia y ser nosotros los que abramos los ojos para aprender una vez más; en este caso, que ir por delante no te da más valor en una vida en la que todos están ocupando su lugar. Escuchar el susurro del viento y entender que no serías quien eres sin los minutos dedicados a tus malas decisiones, sin las noches desaprovechando las horas de sueños, sin los días que pasan sin ilusiones ni empeño.

Qué fácil rozar mi pluma y plasmar en un papel las líneas que dan sentido a mi inquietud, que calmen las ansias de hacer feliz a quien me mira, de robar con mis letras todas las angustias que su ser difuminan. Puede que hoy esto sólo sean palabras que mi corazón envía en un bobo intento de hacer más que frases con ellas, pero, tal vez mañana, el Universo mueva sus hilos y sean los sentimientos que reflejan un amor totalmente interesado en conseguir algo; y si ese algo te toca el alma y, con el gesto, puedo sacar de ella lo que nubla tu razón, lo difícil de mi reflexión se habrá convertido en un gran éxito para mi corazón.

Qué difícil hacer de lo fácil el mejor camino hacia la felicidad…

Sobre el autor

- Escritora, maestra y loca soñadora. Con el firme objetivo de ser feliz a cada segundo y compartir con el mundo cada sonrisa, cada sueño y cada aprendizaje que el Universo nos permite experimentar.

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