Publicado el: Jue, 19 Ene, 2017
Opinión

Calentamiento o enfriamiento

Las precipitaciones en el contexto mediterráneo son bastante irregulares.

El mes de enero es ideal para la reflexión climatológica, al igual que agosto y sus cabañuelas, pero con algo más de recogimiento, por ello del frío exterior. Una taza caliente de café, buena música y un portátil, cual refugio, sirven para crear un buen ambiente para este artículo. Luego están las noticias que llegan respecto al futuro del clima de nuestro planeta, algo que aunque tenga un concepto global, evidentemente, en el plano local nos crea una clara incertidumbre, pues con casi todo nuestro término al nivel del mar (o menos, en algunas zonas), la subida de unos escasos metros del mismo supondría la desaparición de buena parte de nuestra provincia, y de valiosísimos espacios naturales como el nuestro, Doñana o las marismas del Odiel. Las últimas informaciones no son nada halagüeñas en lo político, con la victoria de Donald Trump y la más que posible falta de compromiso de una superpotencia industrial como EEUU en el control del efecto invernadero. Porque vamos a decirlo claro, Andorra puede tener muy buena voluntad, pero no el mismo volumen de contaminación que la nación norteamericana o China, con grandes niveles de contaminación y de población. Y que precisamente, ambas optan más por la economía que por la salvaguarda de nuestro planeta.

 

Tampoco la información es buena en lo científico: la otra gran noticia del mes es, precisamente, el derretimiento de los hielos del Ártico para éste verano, o como mucho para unos cinco años. Con el desastre medioambiental que eso supone. Ahora bien, la pregunta del millón para muchos climatólogos es saber si el clima se está calentando como es ya sabido por la mayor parte de la población, o si por el contrario, se está enfriando. Porque aunque las mediciones climáticas del último siglo indiquen una clara subida de las temperaturas, también hay que tener en cuenta, que éstas se han tomado precisamente desde finales del XIX o principios del XX, según el sitio, eso es casi nada si tenemos en cuenta que el último periodo glacial terminó en torno ahora a los 12.000 años, y la toma de datos desde hace todo lo más, siglo y medio, nos daremos cuenta de que tenemos muy poca perspectiva histórica. Es como hacer un historial médico de un paciente de noventa años sólo con el último análisis de sangre que se haya hecho. Por ello, realmente es muy difícil adivinar el impacto del ser humano, aunque se le supone. Toda una generalidad, pues el resto se basará en suposiciones y estudios conforme al medio, como los anillos en los troncos de los árboles que darán una idea general de lo que pasó en un determinado tiempo, pero no datos exactos. Así como nos sirve para saber que pasó a lo largo de los tiempos, los escritos y textos de los historiadores, o el propio arte, donde se puede observar escenas insólitas como el Támesis helado. Aunque hay que tener en cuenta, que todo lo humano, y menos hasta que no se instaló el método científico en estos campos, está sujeto a toda subjetividad posible. No obstante, en todo lo mencionado antes, y a pesar de que vivimos en un periodo cálido, tanto en los anillos como en los textos se puede adivinar que a lo largo de la corta historia de la humanidad ha habido pulsaciones y periodos de más frío o más calor. Un periodo más cálido en la Edad Media donde existían los llamados “veranos podridos” con una elevada pluviometría, del todo anormal en una Europa de veranos normalmente más secos que el invierno. Así como la llamada “Pequeña Edad de Hielo”, que existió en el periodo barroco, mayormente;para empezar desde el siglo XIX hasta ahora con una nueva etapa más cálida. Todo ello, obviando la colaboración humana, parece andar relacionado con la abundancia de manchas solares o no.

Ahora bien imaginen por un momento que nuestro planeta es un motor, y las corrientes marinas y el Jet Stream funcionasen como una correa de distribución, y que si les variamos un mínimo su dirección todo el engranaje puede cambiar radicalmente. Todo un efecto mariposa que ya se puede estar viendo sus consecuencias. Aunque hay que decir que si bien todo apunta a que vamos hacia un periodo más cálido y seco, tendente a la desertización mayoritaria, hay muchos expertos que alertan de lo contrario, que la obstrucción producida a las corrientes cálidas por parte de las frías aguas árticas que invadirían gran parte del norte tras su derretimiento, produciría por el contrario otro periodo más frío (sin llegar a la exageración de la película de “El día de mañana”. Lo hemos visto también este enero, y en los últimos inviernos, francamente fríos, con temperaturas siberianas en Centroeuropa y con nieve al nivel del mar en el Mediterráneo. Incluso aquí mismo, llevamos una serie de ellos con temperaturas mañaneras que muchas veces se acercan a los cero grados. Las olas de frío europeas, son cada vez mayores, más persistentes y con temperaturas más extremas. Aunque en las opiniones contrarias, con las olas de calor también se habla de que son más y más largas. Y muchos dan la razón a ambos, dando a entender una continentalización climática de Europa, con estaciones más diferenciadas que las suaves a las que estamos acostumbrados. Sí parecen coincidir todos en la menor precipitación, y en su cada vez mayor, irregularidad. La sequía parece extenderse. Aunque lo más lógico, de variar el clima, sería (para) no caer en la generalización, quehabría lugares que se volverían más cálidos, otros más fríos, más suaves o más extremos, o bien más secos o más húmedos, según el lugar, y la dirección que haya tomado la corriente que le afecte. No obstante, hay que decir que el clima no es algo estático, a lo largo de los tiempos ha habido variaciones en las temperaturas y precipitaciones en todo el mundo, la sequía por ejemplo, no es algo que hayamos inventado, y ya aparece mencionada en textos tan antiguos como la Biblia. Y en concreto el clima mediterráneo, y más el meridional, que es al que estamos sujetos es el más irregular de todos, participando de todos los componentes polares, templados y tropicales (borrascas y anticiclones) según la estación en la que nos encontremos, y según la generosidad del año del que hablemos.

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