Publicado el: Sáb, 13 Jun, 2020
Opinión

La España vacía de las aves

La desaparición de los insectos están causando auténticos estragos en la fauna campestre.

Hay una España que se despuebla, donde la escasez de perspectivas laborales y de futuro para los jóvenes les fuerza a la emigración hacia las grandes ciudades y su periferia, un éxodo que viene produciéndose desde los tiempos tecnócratas; los pueblos languidecen, los bosques vuelven a ocupar su lugar y la fauna que hacía siglos no se veía por la zona vuelve a campar por las calles y cercanías de lo que antaño fueron localidades con mercados, fiestas y demás.

Hay, no obstante, otra España vacía, además, casi literalmente, de vida. Una España donde ningún pájaro canta ya entre los setos, o donde ningún insecto hace zumbido alguno, o donde el arrullar de las tórtolas y palomas, directamente ha desaparecido: es la España vacía de fauna, siendo las aves y los insectos, los principales perjudicados.

Justo hace poco, se ha declarado por votación a la Codorniz Común (Coturnix coturnix) como Ave del Año 2020 por SEO/BirdLife, pues su población ha descendido en los últimos veinte años un 20% en los campos europeos, siendo España su principal bastión poblacional, así que poco consuelo nos queda. Ésta, como otras aves muy comunes de las campiñas se encuentran en claro retroceso de nuestros campos, los cultivos intensivos, los campos de plástico, la caza furtiva, y sobre todo, el abuso excesivo de los componentes químicos y los insecticidas están afectando seriamente a la vida de la campiña.

Algunos córvidos como la Grajilla desaparecen de los campos, y se adaptan a áreas urbanas.

Siendo aquellas aves antiguamente más comunes en nuestras tierras de labranza las que van desapareciendo de forma abrupta en los últimos años; baste un ejemplo de las vecinas localidades de Chiclana de la Frontera o Medina Sidonia, donde antaño era frecuente observar, incluso en las cercanías de las zonas urbanas, bandadas de Grajillas (Corvus Monedula) sobrevolando los pastizales de los alrededores. Hoy día esa imagen se torna como una excepción. Y es que aunque los córvidos, como es en este caso, no suelen ser aves insectívoras, suelen ser un eslabón más del nicho ecológico que se ha quebrado en los últimos tiempos.

Y es que aunque parezca insignificante, los insectos suponen la base alimenticia de mucha de la fauna de cualquier ecosistema que se precie, y su erradicación implica, también la desaparición de todo animal que ocupe los estratos superiores de la pirámide ecológica. Es decir, y de modo simple, si la musaraña o la curruca no pueden disponer de ningún artrópodo del cual alimentarse, el cernícalo o el aguilucho tampoco sobrevivirá si los insectívoros, que suponen la base, no pueden cazar. Y tampoco los carroñeros y oportunistas como los córvidos. Conclusión: la fauna busca otro ecosistema donde alimentarse sin problemas, los que no se adapten a los nuevos hábitats acabarán por extinguirse, y muchos otros finalmente, acabarán siendo considerados una plaga en las zonas urbanas.

La fauna, y en especial las aves, emigran a la ciudad, como los humanos. Otro caso, más lejano si cabe, lo tenemos en muchas poblaciones del norte, sobre todo Galicia, donde existe otro monocultivo, el del eucalipto blanco o globulus, que acucia la falta de alimentos de los Jabalíes (Sus Scrofa) que bajan a las urbes en busca de la basura humana, con el consiguiente peligro para vehículos, personas y el de los propios suídos. Mucho más cercano, lo podemos encontrar en otras especies como las Urracas (Pica pica) que han pasado de ser aves de campiña a incorporarse como avifauna de los medios antrópogenos, buscando siempre la cercanía del ser humano como medio de subsistencia.

Finalmente, hay que remarcar que la gran perjudicada de todo este proceso son las aves esteparias, que tenían en la Península Ibérica como su área principal poblacional, y que hoy día vemos como poco a poco desaparecen de nuestras retinas el vuelo de los aguiluchos, lechuzas, sisones, avutardas, sisones o gangas, quienes dependen del medio agrario para su propia supervivencia, y quienes se ven imposibilitados poder sobrevivir en otro medio que no sea ese, como el urbano.

El exceso de diseminados y la presión urbana es otro problema añadido a las campiñas españolas, sobre todo en las provincias costeras.

Paradójicamente, mientras los pueblos de interior van languideciendo, y los cultivos tradicionales también, los bosques crecen, y las especies forestales con ello; el mundo occidental tiende a una polarización que se torna extrema en el sentido de que o existe el medio salvaje o el urbano, mientras desaparecen las campiñas y con ello las aves más comunes hasta hace unas décadas, y que por ello, carecen de planes de protección alguna, en su mayoría, por parte de las autoridades. Entre algunas soluciones cabe la posibilidad de fomentar una campiña a la inglesa, es decir, con la prodigación de setos y bosques islas entre los cultivos, ello favorecería la vida más de lo que creemos, o promover el campo adehesado tradicional ibérico, el cual también ha demostrado que en el pueden vivir especies forestales y esteparias en el mismo lugar de éste bosque hueco, además de impulsar los bosques islas, vitales como dormideros.

Es la otra España vacía, la que se despuebla, por cuenta igualmente, del avance imparable de la tecnología (donde antes hacía falta un número amplio de jornaleros, ahora una persona o dos, roturan y cultivan en menos tiempo y esfuerzo) y el fomento de la vida urbana. Son los tiempos del abuso de los componentes químicos e insecticidas, de los que las aves e insectos van pagando las consecuencias, y los humanos también lo sufriremos en nuestra salud, si no, tiempo al tiempo.

Deja tu opinión

XHTML: Puedes usar las siguientes etiquetas HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>