Publicado el: Mié, 5 May, 2021
Opinión

Carretera y manta

Fotografía. Leonor Montañés Beltrán.

Y entonces llega el momento en el que tienes que detenerte un instante. Y respirar, pensar, y a veces reiniciarte.

Mirar hacia atrás, es de gran ayuda ver todo el camino que ya has recorrido, y seguir. Paso a paso, sin prisas, que las prisas nos hace vulnerable y es peligroso continuar en ese estado. Sigues el camino con la vista y te asustan un poco las piedras, piedras que son metáforas de la misma vida, vida que tienes delante de ti, llena de incertidumbre, llena también de oportunidades. De golpes y caricias. De abrazos y puñaladas.

Y entonces llega el momento en el que tienes que tomar una decisión. El camino se bifurca y genera dudas, siempre la duda. Qué giro tomar. Sé de quien piensa que lo mejor es volverse hoja caída de un árbol y dejar que el viento diga, sé de quién lo deja a su intuición, sé de quién prefiere el azar y lanza una moneda al aire para que le indique, y he sabido de quien se da la vuelta y vuelve al punto de partida porque se niega a tomar decisiones y va con la tranquilidad que le da el hecho de conocer el camino de regreso. Cobarde.

Y entonces llega el momento de continuar el viaje, ya con otra edad, ya con otro corazón, ya con otro tiempo, ya también con otros ojos. En algunos casos llegas a este punto sin provisiones, pero eso tampoco es malo. Yo, por ejemplo, he llegado a este punto sin banderas, apátrida vocacional sin más himno que un poema en verso libre, con los labios llenos de ceniza de tanta candela como hubo. Casi sin nada. Redundo, sin provisiones. Sin lastre. Sólo con la libertad cargando sobre nuestros hombros, sólo sintiéndose solo algunas veces.

Y entonces llega al momento de mirar de frente al mañana, cegado de presente, mientras el pasado hace un siete en la memoria. Mañana allí, es el destino, la meta final. Ayer es pasado, hoy tan sólo un mero trámite, pero un trámite que hay que vivirlo porque quizá la felicidad no sea más que llegar a meta con una sonrisa de la mano, sin restos de las heridas que dejan los sueños descumplidos.

Y entonces llega el momento. Indeciso, como siempre. La distancia jugará y hará que aquellos que no pueden seguirte te vayan viendo cada vez más pequeño y cada vez más grande los que te esperan. No hay que volver la vista atrás, el apego es un veneno, una enfermedad grave que puede hacer que te detengas y regreses y los que regresan nunca llegan a la meta.

Y entonces llega otra vez el recuerdo, como un reencuentro, aunque puede que sea en mil lugares distintos, en mil personas distintas, en un tiempo, tal vez, distinto. Yo de momento sigo mi camino, seguiré a la razón, que a mi sinrazón se impone.

Sobre el autor

Enrique Rojas Guzmán

- Una opinión no es válida hasta que se compara con otra.

Mostrando 2 comentarios
  1. Ana Rodríguez Girón dice:

    Brillante

  2. Macarena santos dice:

    Me ha encantado, muy buena reflexión

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