Publicado el: Mié, 3 Feb, 2021
Opinión

Luz de guía

Fotografía. Leonor Montañés Beltrán.

Fue hace ya algunos años que una oscuridad se me metió en los ojos y no veía más que silencio, soledad involuntaria, tiempo perdido y poemas inacabados. Y apareció entonces una luz que, aunque me deslumbró al principio, luego me enseñó donde estaba el destino. Mi destino.

Y desde entonces no necesito más que esa luz que desprendes para sentir la vida. Todo lo demás es secundario: la vida y la muerte, la noche y el día, lo blanco y lo negro, incluso mi risa o mi llanto, incluso yo mismo y lo contrario de mí.

No me importa el color negro que se ha metido de lleno en el mundo y lo ha ensuciado todo contagiando sus miserias. Ni me importan los años que me duelen en la espalda si la edad del dolor se me alivia con el halo de luz que me señalas. Ni me importa aquello que perdí, porque entonces no lo tuve nunca.

No me importan tampoco las verdades que la gente se calla porque así tampoco valen nada las mentiras que se inventan, no me importa derramar mis silencios en el folio en blanco que tengo pendiente de palabras, ni me importa si lo que pongo a tus pies es un poema de amor maltratado con tachones de la tinta más negra, negra como el color que antes ya se ha metido en el mundo.

No me importa porque yo he puesto mi esperanza en esa luz omnipresente que es la tuya. Una luz que santifica mi vida, contagiosa, libertina y amable, una luz que no señala culpables ni se apaga interesada cuando alguien la necesita.

Una luz que se abre en canal y se apiada de mis penas, que hace que titilen mis malos momentos y me embriaga compasiva hasta sacarme la risa.

Sin ti, la que marca el camino desde mi orilla a tu templo, no podría avanzar por la senda que se está haciendo infinita entre cantos de sirenas, y charcos, y fangos y piedras. Sin ti es cierto que todas las cosas que aún no he dicho se morirían en silencio.

Eres la raya del día que nace cuando la noche se despide con su trola de romántica y bohemia, eres la bandera blanca que en mis ojos deja claro que la vida vale mucho mirándola con tus ojos.

Y es que por esa luz mi camino giró hasta que di la vuelta, cambié de dirección y de sentido y entonces me encontré con algo de inteligencia y además: me encontré el raciocinio, la verdad, el alimento, la marea vacía…y algunas personas.

Fue hace ya algunos años que encontré tu luz, la única fe que necesito.

Sobre el autor

Enrique Rojas Guzmán

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