Publicado el: lun, 14 May, 2018
Opinión

Cómo entrenar la gestión emocional en el deporte

Cuántas veces al terminar un partido pensamos que podíamos haber ganado, que nuestro rival no era mejor, que hemos perdido por falta de concentración, exceso de confianza, nervios, actitud…….. Nos reprochamos no haber sabido aprovechar la oportunidad, no hemos jugado con “cabeza”. Pero, una vez pasado el momento, ¿hacemos realmente algo diferente cuando volvemos a entrenar y preparar la siguiente competición?.

Mientras competimos, puede ocurrir que nuestro rendimiento no esté siendo adecuado, el rival nos supera, no encontramos soluciones, vamos abajo en el marcador… ¿qué está pasando?, sin darnos cuenta, aparecen pensamientos que  nos pueden llevar hacia emociones y respuestas negativas: rabia, ira, enfado… Si bien es cierto que, en ocasiones, logramos sacar ese coraje necesario para reaccionar y actuar, no suele ser un estilo de funcionamiento psicológico muy adecuado para la competición. “Podremos ganar una batalla, pero no la guerra”. En definitiva, tenemos que manejar emociones negativas que, si no somos capaces de transformar y poner a nuestro favor, pueden terminar por jugarnos una mala pasada. Nos llevan al agobio, la angustia incluso la pérdida de control, elevando el estrés y la ansiedad, afectando negativa-mente a nuestro rendimiento.
Por ello, es importante entrenar la gestión de las emociones, según las manejemos, seremos capaces de dar respuestas adecuadas a las situaciones estresantes que tenemos que afrontar durante la competición.

Si trabajamos para preparar y programar respuestas positivas en estos casos, no tendremos que arrepentirnos después por no haber logrado reaccionar a tiempo de forma más productiva. De ahí la importancia de la preparación mental para la identificación de situaciones críticas.
Cuando volvemos a la rutina de entrenamiento, es importante rescatar de nuestra mente inconsciente esos momentos complicados, en los que no logramos conectar con nuestro juego, o con el del equipo.
Para eso te propongo contestar a estas 7 Preguntas Clave:

  1. ¿Qué situaciones son de alto riesgo para mí cuando compito?
  2. ¿Qué características tienen, son situaciones técnicas, tácticas, físicas, mentales…?
  3. ¿Cómo suelo reaccionar ante esa situación?
  4. ¿Cómo afecta eso a mi juego? ¿Qué consecuencias provoca?
  5. ¿Son positivas o negativas? ¿Facilitan la obtención de resultados favorables?
  6. ¿Qué puedo hacer que dependa de mí para controlar mejor la situación?
  7. ¿Cómo lo pongo en práctica?

Una vez hecha esta reflexión, es el momento de empezar a programar respuestas diferentes que faciliten el rendimiento en situaciones críticas.
Un ejemplo. Cuando tengo que lanzar un penalti o un tiro a canasta con el marcador abajo, ¿qué veo a mí alrededor, en qué focalizo mi atención?

La emoción que puede aparecer es la inseguridad, el miedo a fallar .Si te dejas llevar por esa emoción, lo más normal es que se te encoja la pierna o el brazo. Es entonces  cuando es aconsejable focalizar en los elementos de esa situación que tú puedas manejar, acciones concretas a realizar que has programado previamente: cómo y dónde te colocas, el tiempo que te tomas para prepararte, tu rutina de tiro, respiración, autoinstrucciones, etc. Si eres capaz de hacer esto, es que no has sucumbido a la emoción negativa, al contrario, la superas y comienzas a transformarla en positiva, esto supone que estás ganando autoconfianza y probablemente fluyas mejor en el juego.

El entrenamiento mental en este caso, consiste en imaginar  y trabajar mentalmente esta situación de manera consciente antes de competir. Al igual que anticipas soluciones tácticas o planificas cómo gestionarás tu energía física, puedes transformar una emoción negativa en positiva o al menos, reducir las consecuencias negativas que puede tener sobre tu actuación. Lo interesante es que te tomes tu tiempo unos días antes,  ya sabes que antes de la competición, el estrés tiende a aumentar.
La clave de esto está en que cuanto más vivo lo imagines y prepares contestando a las respuestas anteriores, tendrás más garantías para transformar esas emociones y respuestas negativas en positivas.
Te animo a que cojas papel y bolígrafo, contestes a estas preguntas y comiences a buscar soluciones constructivas. Puedes practicarlo en el entrenamiento, o en casa, por supuesto si tienes a un/a psicólogo/a del deporte que te ayude mejor.

Sobre el autor

Meli Espartero

- Psicóloga Colegiada, miembro de la División de Psicología de Deporte y la Actividad Física del COP.

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