Publicado el: Dom, 16 Ago, 2026
Opinión

Hasta que el exorcismo nos separe

IA Richard Stine

El mercado del amor está en tal estado de bancarrota que Tinder ya no da abasto y algunas almas cándidas han decidido empezar a hacer “swipe right” en la tabla Ouija. Uno se gasta la suela de los zapatos documentando enigmas por toda la provincia de Cádiz; y más allá; y resulta que el verdadero filón no era la investigación de las leyendas, sino montar una agencia matrimonial en el cementerio municipal.

Fijémonos en el esperpéntico caso de la mujer que decidió darle el "Sí, quiero" al fantasma de un pirata haitiano de 300 años. Claro, ¿Para qué conformarte con un Manolo de carne y hueso que ronca y deja migas en el sofá, cuando puedes casarte con un bucanero incorpóreo? Jack, el difunto en cuestión, olerá a escorbuto astral y a ron rancio de otro siglo, pero al menos no deja la tapa del váter levantada, más que nada porque carece de la masa muscular necesaria para hacerlo. Lo verdaderamente fascinante de esta unión no es la boda en sí; que seguro le salió tirada de precio porque la familia del novio no consume en el banquete; sino el divorcio.

Resulta que la señora acabó dejándolo porque el espectro era "tóxico" y "le chupaba la energía". Sorpresa mayúscula: Un criminal de los mares del siglo XVIII, saqueador y asesino, no resultó ser un aliado feminista deconstruido. Quién lo iba a sospechar.

Pero la ridiculez no acaba en el Caribe astral. Otra iluminada descubrió el santo grial de la jurisprudencia matrimonial: El divorcio mediante exorcismo. Olvídate de pagar las minutas abusivas de un abogado de familia o de pelear por la custodia del perro. Un cura con cara de pocos amigos, un hisopo; una planta para rituales; y medio litro de agua bendita te arreglan los papeles en veinte minutos. "Vade retro, Satanás, y llévate tus calcetines sucios al purgatorio". Es una jugada maestra a nivel financiero. Además, si tu marido ectoplásmico te pone los cuernos, ¿Con quién lo hace? ¿Con una psicofonía? ¿Con la niña de la curva? Las infidelidades pierden bastante peso dramático cuando la otra no tiene cuerpo físico para tirarte de los pelos.

La BBC ya nos venía avisando de que los matrimonios fantasma, o alianzas post-mortem, son una tradición milenaria en algunas culturas. Y mirándolo con el corazón tan frío como el pecho del novio, tiene innegables ventajas logísticas. No hay suegros a los que aguantar en Nochebuena; y si se ponen pesados, soplas la vela y cortas la conexión mediúmnica; no gastas en aire acondicionado en agosto porque la presencia trae el frío sepulcral de serie, y nunca te van a dejar por alguien más joven... A menos que decidan reencarnarse, lo cual ya te complica la ontología del contrato prenupcial.

En fin, el romance moderno ha muerto. Literalmente. Y visto el panorama de casarse con entidades a las que no puedes ni pedirles que bajen a comprar el pan, casi es preferible seguir lidiando con los fenómenos paranormales de San Fernando desde una distancia prudencial, con libreta y grabadora, y sin alianzas de por medio. Porque aguantar a un fantasma dando portazos y tirando cuadros a las tres de la mañana tiene un pase si es por amor a la investigación; pero aguantarlo exigiéndote que le planches la sábana blanca con la que se aparece, ya es una falta de respeto.

Sobre el autor

- Aficionado del mundo paranormal

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