Publicado el: Dom, 2 Ago, 2026
Opinión

Cómo el FIFA te hace violento y un maratón de los Warren te certifica como demonólogo

IA - Richard Stine

Desde que era pequeño siempre escuché el mismo sermón: Los videojuegos, especialmente los violentos, te convierten en un peligroso delincuente. Sin embargo, puedo dar fe de que, aunque gasté mis pulgares con un cartucho de Street Fighter II para la Mega Drive, en el colegio seguía siendo carne de bullying. Quizás el error fue elegir siempre a Chun-Li en lugar de a Ryu; o que, sencillamente, la teoría hace aguas.

Esa misma falacia de causa y efecto se nos ha colado en el mundo del misterio. Así como reventar píxeles no te hace un sicario, tragarte la saga de Expediente Warren no te convalida un máster en la Universidad de Satán como demonólogo profesional. Es la misma lógica aplastante que te llevaría a pensar que ver los Power Rangers te convierte en un justiciero experto en artes marciales; con un pésimo gusto para la ropa de calle, todo sea dicho.

Una de las cosas que más me fascinan en nuestro nicho es ver a personas justificando su “experiencia” de campo con un rotundo: “Es que yo veo Cuarto Milenio y he consumido mucho cine de terror”. Tócate las narices. Yo le he echado más horas al FIFA que a pulir mi propio currículum vitae y, que yo sepa, aún no me ha llamado el presidente del PSG para ganar la tercera Champions seguida.

Es enternecedor cómo el público abraza la etiqueta de “Basado en hechos reales” o la ya mítica “Sacado de los expedientes de Ed y Lorraine Warren” como si fuera un acta notarial. ¿Qué soltura me da en el terreno de lo desconocido haberme tragado El exorcista del Papa? ¿Ya estoy capacitado para practicar un exorcismo de urgencia con mis cobayas actuando como monaguillos asistentes si me la he visto en VOSE y subtitulada en latín?

Al igual que a un niño hay que explicarle que el GTA es ficción, y a un adolescente con las hormonas revolucionadas que los del cine para adultos son actores cobrando; los que llevamos años pateando la calle buscando respuestas tenemos que sentar a los novatos para tener “la charla”. Hay que mirarles a los ojos y decirles que no, que Ed Warren no salió volando de una habitación porque Valak le estuviera haciendo la corbata colombiana astral, y que Lorraine no iba a tirarse por un barranco obligada por las fuerzas del mal. Hollywood es Hollywood.

Luego están los aficionados que se tragan Buscadores de Fantasmas y se creen que, en cuanto pisen su primer sanatorio abandonado, les va a saltar un espectro salvaje en la cara para capturarlo como si esto fuera Pokémon GO. Spoiler: No. Lo más probable es que solo se crucen con un pobre indigente intentando dormir, o con otros cuatro flipados vestidos de negro que han jugado demasiado al Phasmophobia.

Y esa es otra. Qué daño terrible le hizo ese videojuego a los investigadores serios durante la pandemia. Fue levantar el confinamiento y tener que empezar a pedir cita previa, cogiendo número como en la charcutería, para poder adentrarte en silencio en tus lugares abandonados favoritos. Al final resulta que el mayor terror no es enfrentarte a una entidad demoníaca en la oscuridad, sino descubrir que tu lugar de investigación está lleno de gamers gritando el nombre del fantasma con un medidor EMF comprado en Amazon.

En definitiva, dejemos las cosas claras: Destrozar el mando de la consola no te da el carnet de psicópata, y una suscripción a una plataforma de streaming no te convierte en el heredero espiritual de Ed y Lorraine. El misterio real no va de exorcismos de fin de semana ni de sustos prefabricados; va de horas de aburrida hemeroteca, de pasar un frío sepulcral en ruinas olvidadas y de aceptar que, el 99% de las veces, la mayor amenaza a la que te enfrentas no es un poltergeist, sino pillar el tétanos con un clavo oxidado.

Así que, la próxima vez que alguien te saque a relucir su currículum demonológico forjado a base de maratones de terror, dale una palmadita en la espalda, recomiéndale que eche unas partidas al Silent Hill para canalizar esa imaginación y recuérdale que, en la vida real, los fantasmas no vienen con efectos especiales... Ni mucho menos con guionistas.

Sobre el autor

- Aficionado del mundo paranormal

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