Publicado el: Mie, 10 May, 2017
Al Liquindoi

La isleña Rosa Mª Rodríguez sigue pidiendo justicia frente a los juzgados de San Fernando

La isleña Rosa María Rodríguez Madueño, todas las mañanas desde el 2 de mayo de 10:00 a 14:30 horas aproximadamente, se situa en la puerta  de los juzgados de San Fernando para pedir justicia.

Rosi, de 45 años, es conocida por muchos isleños por haber regentado una ‘tienda de 300’ en la calle Santo Entierro durante 23 años. Es madre de dos niñas de 8 y 17 años, las cuales viven en Huelva (Ayamonte) desde hace 3 años con su padre tras conseguir la guardia y custodia.

“Todo lo que pido es ver a mis hijas, que cumpla su sentencia, exactamente lo que viene estipulado en el convenio, un fin de semana cada tres semanas y actualmente el padre de mis hijas lleva 3 meses incumpliéndolo. No pido otra cosa más, se que la custodia nunca la voy a recuperar, pero verla, quiero verla, es mi hija por el amor de Dios., digo verla, por la mayor decidió no saber nada de mí. Llevo 22 meses que el padre de mis hijas no me coge el teléfono, le llamo todos los días de 2:30 a 15:00 horas y nada no hay manera” declara Rosi a este medio desconsolada.

“Antes contraté los servicios de un abogado que me costó  8.000 euros, ya me es imposible como es lógico y dispongo de uno de oficio que me asignaron, solo he hablado con él una vez, y estoy a la espera de poder quedar para realizar un nuevo convenio que también me beneficie a mí, pues actualmente solo aparece en el convenio un fin de semana cada tres semanas y como he mencionado anteriormente no lo está cumpliendo desde hace 3 meses.”Asegura la isleña.

“Tras el nacimiento de mi hija la pequeña, sufrí una depresión posparto ya que la niña nació sietemesina pesando tan solo 1kg, y si el matrimonio no estaba en su mejor momento a raíz de mi enfermedad se agravó por completo, yo no estaba para cuidar de mi hija la mayor y menos aún de la pequeña, entre en una depresión muy profunda, ni tenía cuerpo para llevar mi negocio ni dedicarme a mi familia, soy consciente de ello, por eso perdí la custodia“. Afirma Rosi.

“El padre decidió marchar a Ayamonte para rehacer su vida y tuve que vender la casa, el  barco, mis pertenencias por petición del juez para poderle dar la mitad. Lo he perdido todo después de tantos años trabajando. El padre de mis hijas se ha desvinculado por completo de su familia, antes cuando veía a mi hija aquí en San Fernando, era yo quien quedaba con los familiares paternos, entre ellos la tía y el abuelo de mi hija de 96 años, compartiendo el poco tiempo del que disponía. Actualmente solo percibo una pensión compensatoria de 180 euros, de la cual le paso al padre lo que puedo, antes podía pasar más, pero me han dado la Incapacidad del 55%, pues me operaron del vientre tras los esfuerzos de cargar tanto peso durante 23 años.”   Asiente Rosi.

“Yo era la que llevaba el dinero casa y él era quien se encargaba de las niñas como es lógico, la que trabajaba en la calle era yo, pues el padre por desgracia solo tenía trabajos temporales y él era quien se ocupaba de ellas. Llevar la tienda que tenía por aquel entonces era dedicación plena, a mi pesar, por ejemplo no he disfrutado viendo la cabalgata con mis hijas, pues tenía que estar al frente de mi negocio entregando los regalos apartados para mis clientes” manifiesta la afectada.

“Ahorrando un poco, he ido unas 6 ó 7 veces a Ayamonte, la última vez me presenté en la puerta del colegio para ver a la pequeña, la cual cuando me vio se vino corriendo para mi gritando: “mami, mami…”, le dije al padre que quería echar el día con ella, la respuesta de padre fue: “Ella come en casa y tiene que hacer la tarea y si me sigues molestando llamo a la guardia civil”. Con todo el dolor y llorando como una madalena regresé para La Isla. Desde entonces aconsejada por mis amigos, familiares y psiquiatra no he vuelto a ir, pues dicen que lo único que consigo es ponerme peor, aunque yo pienso que al menos 5 minutos me compensan, algo es algo por muy mala que me ponga después. Cierto es que el día de la madre, una amiga me hizo el favor y utilizando su móvil, número que él no conoce, tuvimos la suerte que descolgara. Utilizando ‘el manos libres’ le hablé y le dije que por favor quería hablar con mi hija, él acto seguido colgó. Con tristeza comunica a este medio Rosi.

“Todavía no he tenido respuesta, y ayer hizo una semana que estoy aquí, y aquí seguiré hasta que me escuchen, hasta las 14.30 hora que sale aproximadamente el último juez, a la espera que alguno quiera hablar conmigo. Solo pido lo que me corresponde pero las excusas siempre son las mismas, los juzgados de San Fernando son muy lentos. Por favor, que se agilice el trámite, ya no puedo más y veo que si no hago nada de esto cada vez se prologará más y más”. Angustiada concluye Rosi.

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