Publicado el: Mie, 15 Mar, 2017
Nuestro Patrimonio

Una leyenda que induce a error

La nueva placa, en una fotografía de Dori Ruiz.

La placa de mármol recientemente colocada sobre el acceso principal al recinto reincide en la denominación errónea desmontada por el investigador Miguel Ángel López Moreno.

La intención era buena, el resultado no tanto. Porque así como la filóloga María Elena Martínez sigue desmintiendo la teoría de que la palabra ‘Zaporito’ deriva de San Hipólito, o el arqueólogo Eduardo Vijande insiste en que aún no se conoce el tipo de relación que unía a los famosos ‘enamorados’ seismilenarios, este cementerio que sobrevive a duras penas en el saco interno de la Bahía, sobre terrenos propios de Defensa, continuará desde su propia fachada induciendo al error de que en su interior fueron enterrados soldados ingleses a principios del siglo XIX.

Desde el Ayuntamiento afirman no haber tomado parte en esta iniciativa, por lo que la responsabilidad, a priori, recaería sobre los titulares de este patrimonio declarado BIC como parte de los sitios históricos vinculados a la Constitución del 1812.

Pero que se lo digan a López Moreno, quien tras haber invertido tres años de su tiempo en la investigación de este recinto, incluyendo estancias en otras comunidades autónomas y recuperando documentación costeada de su propio bolsillo constató documentalmente todos y cada uno de los individuos enterrados en el camposanto a lo largo del siglo XIX y parte del XX. Casi seis millares de personas con nombre y apellidos que en teoría continúan allí -no así sus lápidas y panteones- y que “no podían ser ingleses por su naturaleza protestante”. El origen del cementerio fue, de hecho, la necesidad de sepultar los soldados franceses apresados tras las batallas de la Poza de Santa Isabel y Bailén en junio/julio de 1808 y, finalmente, fallecidos en el Hospital de San Carlos. Los aliados británicos tenían por su parte una zona acotada en los terrenos de Casa Alta -embrión del Cementerio Municipal- como explica el químico e investigador en su obra Un camposanto sin epitafios, en un reciente artículo publicado en la Revista General de Marina, y en todas las charlas y conferencias que se ha prestado a compartir desde que iniciara el proyecto.

De La Casería, de San Carlos, de los Soldados, de los Franceses… cualquier denominación a falta de una oficial hubiese servido para recordar a estos finados cuyo máximo defensor instó a la colocación de una placa, sí, pero con otra inscripción:

Aquí yacen marinos franceses del vicealmirante Rosily y soldados del general Dupont vencidos en Bailén.
Reposan Hermanas de la Caridad, mujeres, niños, civiles y miles de soldados y marineros españoles, muchos de ellos caídos en defensa de la Constitución de 1812. Y tal vez republicanos fusilados en la Guerra Civil.

No es un lugar para olvidar.

Isla de León
1809-2015

Sobre el autor

Alejandro Díaz Pinto

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