Publicado el: mié, 11 Abr, 2018
Opinión

Esclavos de la palabra

El arma más poderosa del escritor. Foto: Pixabay.

La palabra tiene un significado tan grande que nos costaría resumir con brevedad su significado. Está en bocas de todos, en cada rincón de nuestro mundo, pues el viento siempre te las trae, y se las lleva.

No hace distinciones de clases, algunos matarían por tener la palabra, otros la usan con demasiada prisa, quedando en perfectoridículo. La palabra es universal, en cada parte se disfraza de un idioma, pero sigue siendo la misma.

Hay palabras que dañan, otras que sanan. La palabra puede coger forma, un símbolo, una nota, un tacto, o emitir una temperatura concreta para llegar a quienes no pueden emitirla.

La palabra fluye en ríos de tinta, entre tintos bebidos, almacenarse en grandes edificios del saber, o emitirse en franjas horarias rosas para desinformar hablando sin escuchar. Palabras que valen oro, mientras otros hablan mucho y caen en su lodo.

Se pueden afilar y cortar lo más duro. Es un arma arrojadiza que penetra más que cualquier saeta. Pueden prohibir, pueden destruir, pueden condenar y pueden ser el clamor de un pueblo oprimido porque se les quiere retirar su última arma.

Una palabra sincera, escrita a los ojos del quien debe verlo, salida del corazón y que transmita veracidad… Vale más que cien palabras a destiempo. Nuestra única muralla es nuestra boca, la cual muchas veces calla lo que nuestra alma aclama. Puestas de sol tempranas por falta de una buena palabra.

Palabras secretas que son públicas en la boca del indiscreto. Una palabra puede cambiar una completa historia, peón capaz de tumbar a su propio rey. Una palabra para ganar a un ser querido, otra para perderlo en el olvido. El valor incalculable de lo que nuestra garganta posee, muchas veces lo desconocemos.

Palabras enjauladas en folios en blanco, usadas para crear un arte, un manifiesto, un credo, una ciencia, una aventura… Mueven cientos de almas, amoldan a la persona y domina al ser humano con unas cuantas palabras.

¿Qué fue de los escritores? Tan sólo somos esclavos de las palabras. Encadenados a nuestro destino, vamos marcando nuestro triunfo según corren los párrafos. Nosotros nos marcamos la gloria, o el infierno. El éxtasis, o la angustia, según la selección de nuestras palabras impregnadas en nuestras hojas.

Sin embargo, quieren que sigamos escribiendo, que la tinta siga corriendo. Que hagamos que nuestras obras vuelen sobre nuestras cabezas para que nuestras palabras se transformen en sucio y asqueroso dinero.

Ellos, los que primero nos tratan de amigos y luego de meros súbditos agradecidos, te insistirán que implantes tu palabra bajo la suya para que tus ideas hechas palabras sean vendidas como meras rameras de un barrio marginal por precios desorbitados donde el agradecido tan sólo verá las migajas.

Pero, ¿qué más da? Si sólo son palabras…

Sobre el autor

Antonio S. Jiménez

- Correveidiles y opiniones del día a día de nuestro mundo mundial

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