Publicado el: mar, 7 Jun, 2016
Nuestro Patrimonio

El biólogo Alejandro López desarrollará en Bolivia su labor como conservador de fauna salvaje

Alejandro López, biólogo isleño.

Alejandro López, biólogo isleño.

Será la siguiente experiencia profesional de este isleño que ha participado de interesantes trabajos en Andalucía, Comunidad Valenciana, Canarias y hasta Costa Rica.

Alejandro López es biólogo especializado en conservación y cuidado de fauna salvaje, y como tantos otros profesionales, debe abandonar La Isla para labrarse un futuro acorde con su formación. Por eso no dudó ante la oportunidad de marcharse al Estado latinoamericano de Bolivia y formar parte de una ONG que cuenta con tres centros de rescate de animales salvajes, procedentes de tráfico y tenencia ilegal.

Su aventura comenzará este mismo verano. Allí le esperan jaguares, ocelotes -una especie pequeña de leopardo-, diferentes clases de primate y psitácidas, es decir, loros, agapornis, cotorras, etc. entre otros animales. Un puesto que puede considerarse ‘creado’ a su medida porque no existía hasta que la entidad recibió su solicitud.

Lo de Alejandro es pura vocación desde que “andaba por el campo buscando saltamontes, lagartijas y cualquier bicho viviente que saliera de debajo de las piedras”, recuerda de las excursiones con su familia haciendo turismo de montaña, durante su infancia. Decidió profesionalizar esta vocación a los 18 años, al matricularse en la carrera de Biología y cumplir durante la misma con diversos cometidos de voluntariado ambiental. Es el caso de un proyecto de reintroducción del ibis eremita en la naturaleza: “un ave muy extendida por Andalucía desde la Edad Media que debido a la acción humana redujo drásticamente su población”. Allí se criaba en cautividad para posteriormente proceder a su integración en la vida salvaje. También participó en el programa de la asociación medioambiental ‘MUREX’ de San Fernando para el seguimiento de las poblaciones de camaleón conocidas, así como el descubrimiento de otras nuevas en espacios colindantes. En relación a ello advierte que “en La Isla hay tres grandes focos para esta especie: el Jardín Botánico, la zona del Real Observatorio y el área de Camposoto. Procedíamos al radio-seguimiento de ejemplares para estudiar sus movimientos en época reproductiva”.

López sostiene una

López sostiene una ‘Boa Constrictor’

Los últimos dos años antes de concluir la licenciatura tuvo la oportunidad de realizar prácticas en la Estación Biológica de Doñana, adscrita nada menos que al CSIC -Consejo Superior de Investigaciones Científicas-.

Tras esta primera fase universitaria se dedicó a labores de educación ambiental. A los seis meses en EMASESA continuaron otros tres en el Jardín Americano de Sevilla. “Explicaba a los visitantes todo sobre las especies más representativas”. Más tarde cursó un máster en Conservación de Biodiversidad por la Universidad de Granada donde “amplié mis conocimientos sobre preservación de fauna y ecosistemas” para desarrollar un nueva nueva experiencia profesional en Sierra Nevada en 2012, concretamente, como parte de un proyecto sobre cambio climático puesto en marcha por la Agencia de Medio Ambiente y Agua de de Andalucía. “Iba a la sierra para proceder al seguimiento de mariposas, aves, artrópodos endémicos y otras especies como el ‘topillo nival’, todo ello integrado en un programa que abarcaba altas cumbres de todo el mundo”.

Claro que mientras tanto continuaba con su propio proyecto sobre los Efectos de macroartrópodos y microatrópodos y descomposición de la hojarasca en un sistema árido de la Península Ibérica. Al no salir contratos por parte de la Universidad, se atrevió con su primera experiencia internacional en Costa Rica, como coordinador general de un proyecto de conservación y anidamiento de tortugas marinas. “Especialmente -explica- de una pequeña especie conocida como ‘tortuga lora’ que se caracteriza por presentar una pequeña joroba en el caparazón”.

Los dos años inicialmente previstos se redujeron sin embargo a cuatro meses. No renunciaría a la oportunidad de volver a España para dirigir ‘Maroparque’ -un pequeño zoológico privado en la isla de La Palma- que le permitió diversificar su experiencia estando además cerca de su familia. Por circunstancias de la vida volvió a la península seis meses más tarde, concretamente a Villena (Alicante) para trabajar con ‘macacos de barbería’, también conocidos como ‘de Gibraltar’ como parte del proyecto ‘APP Primadomus’. Sobre aquella experiencia cuenta que “llegaban animales salvajes de todas partes del mundo para sanar sus heridas, tanto físicas como psíquicas”.

Junto a

Junto a dos ejemplares de ‘Ibis Eremita’

Fue al concluir este último voluntariado cuando empezó en el que es su último trabajo hasta la fecha en ‘Selwo Aventura’. Primero cubriendo una baja de dos semanas; después, con un contrato de apoyo durante la temporada estival de 2015 y, finalmente, ya como parte de su plantilla. Allí se encargó del “cuidado de los animales incluyendo el control de sus dietas, tratamiento médico, labores de observación y de mantenimiento de las instalaciones”, todo ello, en diferentes zonas hasta asignársele, de forma definitiva, las del reptilario, puercoespines, murciélagos egipcios, buhos reales y, por último, la ‘zona de cuarentena’ -con especies en proceso de adaptación o recuperándose de alguna enfermedad-. Durante los últimos meses se ha encargado además de los aviarios, lemures, una pareja de linces ibéricos y otra de nutrias asiáticas de uñas cortas, así como del ‘enriquecimiento ambiental’, esto es, “buscar la manera de que los animales residentes inviertan su tiempo mediante juegos y otras estrategias para amenizar su vida en cautividad”.

Sobre el autor

Alejandro Díaz Pinto

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