Publicado el: Dom, 19 Abr, 2015
Nuestro Patrimonio

El Arsenal de La Carraca es captado por los objetivos de la Asociación Fotográfica Isla de León

Rafael Ibañez durante sus explicaciones, frente a las Puertas del Mar.

Rafael Ibañez durante sus explicaciones, frente a las Puertas del Mar.

Más de 40 personas se congregaron este sábado para visitar y fotografiar el arsenal militar.

Las rutas turísticas de AFIL -Asociación Fotográfica Isla de León- son cada vez más frecuentes, crecimiento paralelo a su éxito desde que este colectivo se fundara formalmente el pasado verano. Punta Cantera, la Punta del Boquerón, el Puente Suazo o el propio casco histórico de San Fernando han sido los marcos, hasta ahora insuperables, que estos aficionados -en algunos casos, profesionales- a la fotografía , han empleado para ejercer la actividad que más les gusta. Fruto de las mismas se celebró hace escasos meses su primera exposición colectiva en la planta baja de la Casa de la Cultura.

Pero aún faltaba un enclave señero, idílico a la par que desconocido por la mayor parte de la población. Se trata del Arsenal de La Carraca, astillero militar que sucedió en funciones al Real Carenero del Puente y que los miembros de AFIL tuvieron la oportunidad de conocer ayer ‘in situ’ en otra de sus rutas. Este singular conjunto arquitectónico ha sido profusamente estudiado por José Ramón Barros desde el punto de vista artístico, y por José Quintero en su vertiente estrictamente histórica. Fue Rafael Ibáñez, Licenciado en Historia del Arte y miembro de la asociación, quien se hizo cargo, en esta ocasión, de contar de una manera didáctica aunque rigurosa las singularidades de La Carraca para un público que escuchó atento las explicaciones mientras buscaba el mejor encuadre.

El inicio de su fábrica se remonta a una Real Orden promulgada por Fernando VI a mediados del siglo XVIII: bajo proyecto inicial de Jorge Juan Santacilia, la magna obra se prolongaría durante la segunda mitad de esta centuria para continuar completándose con diversas construcciones en los primeros años del XIX, por lo que el resultado es heterogéneo pese a su particular armonía. La ruta comenzó en las ‘Puertas de Tierra’ o ‘de Carlos IV’, “de los elementos más antiguos”, indicó Ibáñez como paso previo a describir su estilo sobrio, neoclásico, con un escudo en su frontón que presenta las armas de los reinos de Castilla y de León. Continuaron hasta la plaza central. Allí fue el momento de recrearse con el armónico conjunto de la enfermería, el pabellón del Ramo de Ingenieros y los almacenes, especialmente la Iglesia. Un templo neoclásico que puede considerarse la “madre de la Divina Pastora” en cuanto a formas e historia. Su interior, ornamentado con ricos retablos neoclásicos de estuco imitando mármol con policromía en tonos verdosos, ricas piezas de orfebrería en plata e imágenes posiblemente circunscritas en lo que se conoce como ‘escuela carraqueña’.

Los visitantes en dirección al Penal de las Cuatro Torres.

Los visitantes en dirección al Penal de las Cuatro Torres.

La siguiente parada se centró en las Puertas del Mar, cuyos volúmenes, dijo Ibáñez, “están pensados para otorgarle una altura visual que verdaderamente no tienen”. ‘Tú, español, piensa en gobernar el mar con tu poder’ reza en latín la placa central decorada con orlas de motivos florales y leones a ambos lados. Un conjunto escultórico cuyo original, en madera, se encuentra expuesto en el Museo Naval de Madrid. Al otro lado, el muelle y, de ahí, al Penal de las Cuatro Torres. Un edificio sumamente interesante por su vinculación al precursor de la Emancipación Americana Francisco de Miranda, quien pasó allí sus últimos días hasta fallecer el 14 de julio de 1816. Hoy no cesan las visitas procedentes del otro lado del atlántico donde es muy querido y recordado por sus compatriotas desde un cenotafio que lo homenajea en el Panteón Nacional de Venezuela.

La última de las estaciones tuvo lugar en el arruinado Cementerio de La Carraca, olvidado y a falta de un desbroce, con varias lápidas quebradas y, sin embargo, no expoliado gracias al riguroso control del que siempre ha gozado este enclave militar. Lápidas datadas, la mayoría, en el siglo XIX, con un epitafio en el centro rematado por una cruz. Todo ello rodeado de caños, salinas y esteros, puro Parque Natural que incluso cuenta con una pequeña playa donde los residentes tomaban sus baños, aclaró el responsable que acompañó al grupo durante todo el recorrido.

Las explicaciones de Rafael Ibáñez llegaron a su fin junto con las fotografías a la hora del almuerzo, cuando muchas de las 40 personas participantes en el evento volvieron al centro de la ciudad para compartir mesa durante una charla mientras intercambiaban impresiones durante gran parte de la tarde, sobre los conocimientos adquiridos durante el día.

Sobre el autor

Alejandro Díaz Pinto
Mostrando 2 comentarios
  1. Juan Luis Martínez Muñoz-Cruzado dice:

    Además del indudable valor para los países hermanos de América latina, también habría que señalarlo como Lugar para la Memoria Democrática española, ya que ahí sufrieron cautiverio represaliados por los golpistas del 36 y la posterior dictadura franquista. A muchos de esos presos se les asesinó mediante fusilamiento en sus alrededores, y los restos de éstos eran arrojados al caño La Jarcia o a alguna fosa común en las inmediaciones (Véase “Trigo Tronzado”, de José Casado Montado).

  2. […] (Extracto del artículo publicado por nuestro amigo Alejandro Díaz en “El castillo de San Fernando”) […]

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