Los juglares regresan a su reino: 30 años de fuego, magia y piedra ostionera
Normalmente, desde estas líneas os invito a mirar hacia abajo. Os propongo escarbar en el subsuelo de San Fernando, sumergiéndonos en la oscuridad para desenterrar los misterios y las memorias que laten, casi olvidadas, bajo la piedra ostionera de nuestras calles. Pero hoy, en este sábado 17 de octubre, os voy a pedir que levantéis la vista hacia las estrellas y afinéis el oído. Porque dentro de justo una semana, el próximo sábado 24, la Plaza del Rey no va a temblar por ningún eco del pasado, sino por el rugido presente, atronador y vivo de nuestros paisanos más internacionales: Saurom.
Para quienes aún no hayan calibrado la magnitud del huracán que nos sobrevolará el próximo fin de semana, dejadme deciros que Saurom no es solo un grupo de música. Son, por derecho propio, una leyenda viva forjada a golpe de salitre, constancia y talento. Nacieron aquí, en las entrañas de la misma Isla de León, en aquel lejano 1996, cuando la vida era otra y los sueños más grandes cabían apretados en un pequeño local de ensayo oliendo a humedad y a marisma. Hoy, alzándose sobre las espaldas de tres décadas de trabajo incansable, vuelven para regalarnos el que promete ser el concierto más colosal de su historia. Y lo hacen gratis, a pie de calle, mirándonos a los ojos en el mismísimo corazón de la ciudad que los vio nacer.
Subir al escenario no es un simple trámite para ellos; es una comunión y una metamorfosis. Cuando las luces de la plaza se apaguen, estos isleños cercanos, a los que te puedes cruzar cualquier mañana comprando el pan o paseando por la Calle Real, despertarán a ese alter ego colectivo que los ha hecho inmortales, invocando a los viejos espíritus del juglarmetal.
Es entonces cuando emerge la genialidad inagotable de Narci Lara, el hechicero multinstrumentista, el arquitecto de los sueños capaz de arrancarle lágrimas a un violín, de invocar tormentas con una gaita o de hacer hablar a una flauta de madera. A su lado, alzará el vuelo la voz teatral y desgarradora de Miguel Ángel Franco ('Migue'), un auténtico titán de las tablas que igual te acaricia el alma cantando como un ángel que ruge como un dios antiguo. Junto a ellos, la trinchera rítmica inquebrantable de José A. Gallardo ('Joselito'), castigando las cuerdas del bajo; el pulso cardíaco, atronador e incansable a la batería de Antonio Ruiz ('Donovan'); y las melodías infinitas que tejen, como auténticos alquimistas, Raúl Rueda a las seis cuerdas y Santi Carrasco acariciando las teclas para crear universos enteros. Seis hermanos. Una hermandad donde cada nota es un conjuro y cada canción, un himno.
Como escritor, no puedo dejar de quitarme el sombrero frente a la inmensa labor literaria y divulgativa que encierra su discografía. Saurom son los verdaderos trovadores del siglo XXI. Han sido capaces de viajar a la Tierra Media de J.R.R. Tolkien en aquel mítico Sombras del Este; le cantaron a la sangre, al dolor y a la historia milenaria de nuestra tierra en Once Romances desde al-Ándalus; y han transformado en fuego eléctrico y melodía los versos tristes de Bécquer, los milagros de Maryam o las locuras del Quijote en obras maestras incontestables como Vida, Sueños o El Pájaro Fantasma.
Pero su ambición por musicar los grandes clásicos no tiene techo, y su último trabajo es la prueba definitiva. En 2025 nos regalaron El Principito, un disco valiente, conceptual y maravillosamente maduro donde han logrado encerrar toda la magia de la obra de Antoine de Saint-Exupéry en catorce canciones. En este álbum, Saurom nos recuerda que "lo esencial es invisible a los ojos", abordando el desengaño del mundo adulto, el valor de la amistad, la fugacidad del tiempo y el amor verdadero. En temas que ya son himnos como Baobabs, El Aviador o la sobrecogedora El Mordisco de la Serpiente, las gaitas de Narci se enzarzan con las guitarras eléctricas para recordarnos que, por muy duros o descreídos que nos volvamos con los años, todos llevamos un niño dentro que necesita soñar. Es un disco que demuestra que el heavy metal, el folk y la más pura candidez literaria pueden ir de la mano y emocionarte hasta las lágrimas.
El próximo sábado 24 de octubre, a partir de las 21:00 horas, la plaza del Rey dejará de ser una plaza para convertirse en el epicentro de su universo. Regresan de cruzar el océano, de reventar arenas y estadios en México, Colombia o Chile ante mareas humanas, para abrazar a su gente y celebrar, con un despliegue sin precedentes, su trigésimo aniversario.
A veces en La Isla nos lamentamos, y con mucha razón, de cómo San Fernando sepulta su patrimonio y mira hacia otro lado mientras su historia se desvanece. Dentro de siete días, tenemos la oportunidad sagrada de hacer brillar el patrimonio que está más vivo que nunca. Preparad las gargantas, despojaos de los complejos, vayamos a la plaza a despertar a la noche y celebremos que la poesía, aquí en La Isla, también se escribe con guitarras eléctricas, fuego y distorsión.
Nos vemos el próximo sábado, isleños. Y cuidado con lo que pisamos, porque esta vez, os juro que el suelo de San Fernando no temblará por los fantasmas de sus túneles, sino de pura, rotunda y absoluta épica.







