Si los deseos mataran… estaríamos todos muertos
A ver, sentaos y apagad la mente porque Netflix nos ha vuelto a cagar en la cara con su última superproducción de terror adolescente: “Si los deseos mataran....” Una serie que te promete pesadillas pero que lo único que te provoca son unas ganas irrefrenables de estampar la cabeza de los guionistas contra la esquina de un bordillo.
Y sí, antes de que vayáis a mirar, panda de cotillas, la jodida app 'Kirigo' existe en la vida real y está lista para descargar en vuestras stores. Porque, al parecer, el marketing inmersivo de hoy en día pasa por instalarte un “malware” que te roba hasta el alma mientras te crees el protagonista de esta basura.
Pero hablemos de la serie; tranquilos, cero “spoilers”, no os voy a joder la trama porque directamente no hay por dónde cogerla. ¿Alguien me explica el enorme, gigantesco e inconmensurable agujero negro que tienen en la cabeza los creadores de las ficciones de terror actuales? Vamos por partes, que me caliento.
El botón de desinstalar, ese gran desconocido para los mermados de nuestros protas. Si un ente demoníaco, un hacker psicópata o el fantasma de tu abuela en tanga te está haciendo la vida imposible a través de una puta aplicación del móvil... ¡no te la bajes! O mejor aún, si te la bajaste, ¡no la abras! ¿Qué cojones os pasa? En los ochentas no podías escapar de Freddy Krueger porque todos tenemos que dormir, pero en pleno 2026, si sabes que la app del demonio te va a poner un cronómetro que cuando acabe mueres, coges el puto Iphone; porque en esta historia parece que solo existe la marca de la manzana; lo metes en el microondas cinco minutos a máxima potencia y te vas a tocar césped al parque. Fin del terror. Títulos de crédito.
Por otro lado, la policía comparte una sola neurona; y la tienen de vacaciones. Es que es en serio, tócate los huevos con las fuerzas del orden de esta ciudad. Hay una epidemia de chavales palmando de las formas más absurdas y grotescas posibles. Literalmente, miles de adolescentes muriendo como moscas, con muertes sospechosas, y casualmente todos tienen la dichosa app 'Kirig' brillando en la pantalla de sus móviles de mil pavos. Y el inspector jefe, que debe tener el coeficiente intelectual de un ficus, se rasca la barriga y dice: “Nah, seguro que ha sido un reto de TikTok que ha salido regular. Archívalo, Paco, que se me enfría el cafelito”. ¡Me cago en mi estampa, que ni el inspector Gadget ciego de fentanilo sería tan inútil!
Añade que las escenas del crimen son intocables y ya te ríes para no llorar. Resulta que los móviles de las dos primeras víctimas se tiran AÑOS en el lugar de los hechos. Años, joder. O sea, ocurre una desgracia de proporciones bíblicas y los del CSI debieron asomarse a la habitación, ver que había un poco de polvo y mucha sangre; porque en la historia las personas son botes de ketchup con patas; y decir: “Uy, qué mal rollo, yo ahí no entro que me mancho los mocasines, vámonos de cañas”. Y ahí se quedan los putos teléfonos, criando telarañas hasta que llegan nuestros protagonistas a tocarlos con sus sucias manos chorreando más sangre para que avance la trama. ¿Lógica policial? ¿Para qué?
Asimismo, todos sufren el síndrome de Batman; o dónde coño están los padres. Hay un caso que se explica divinamente, pero del resto Nino… Ni noticas. Esto ya es un clásico del género, pero aquí alcanza niveles de vergüenza ajena. Los protagonistas de esta serie; exceptuando uno; deben haberse criado por combustión espontánea o son esporas, porque aquí no hay un solo adulto funcional. Los chavales llegan a casa a las cuatro de la madrugada, cubiertos de fango y sangre, gritando, con la casa patas arriba, ¿y los padres? Bien, gracias. Parecen vivir todos solos en adosados inmensos. Ni una sola madre saliendo en bata con la zapatilla en la mano para decir: “A mí me da igual la app Kirigo y sus muertos, tú a las diez estás cenado o te cruzo la cara”. Nada. Un páramo absoluto de responsabilidad parental.
En resumen, “Si los deseos mataran…” es otra de esas superproducciones millonarias que confunde el "terror psicológico" con ponernos de los nervios por lo sumamente gilipollas que son todos los personajes de la pantalla. Si queréis pasar miedo del de verdad, abrid la app del banco a final de mes y dejaos de niñatos que no saben apagar el Wi-Fi.
¿Lo más terrorífico de todo esto? Que vuestro columnista preferido os la recomienda. La puntuaría con siete cráneos de diez; sí, el terror se mide por cráneos porque así da mas miedo







