¿Fantasma o Radio Olé?
Mira que desde que entré en el mundo del misterio me fascinaba la PSB; Spirit Box. Veía esa herramienta como el auténtico mesías del investigador, ya que prometía ser capaz de mantener una conversación de tarifa plana y datos ilimitados con el más allá. Era la panacea del entorno parapsicológico; la había visto usar en tantas formas y por tantos influencers del misterio, con resultados tan apabullantes, que ya me estaba imaginando haciendo llamadas al cielo para hablar con mis ancestros y preguntarles qué tiempo hacía por allá.
Con el tiempo, como era obvio, una PSB aterrizó en mis manos. Más nervioso que un niño con una PlayStation 5, decidí encenderla, emulando a quien descuelga el teléfono porque espera una llamada crucial. ¿El resultado? Descubrir que el que llamaba era el publicista de Vodafone para preguntarme si quería contratar su nuevo pack ultra 5G con llamadas a la Luna e internet a dos terabytes de velocidad. Vamos, que mi primera experiencia fue una mierda cromática envuelta en purpurina.
Al fin y al cabo, la Spirit Box no deja de ser una simple radio con la particularidad de realizar barridos continuos por las frecuencias AM y FM. Ojo, que no es un arma con la que se excitaría Putin: Las frecuencias de los cuerpos de seguridad y defensa del Estado quedan totalmente excluidas de estos aparatos.
Se supone que, bajo la premisa de la termodinámica y la recepción de ondas de radio, este barrido facilita a las entidades la energía necesaria para modular su voz y comunicarse con nosotros... Aunque solo sea para reírse de a cómo estamos pagando el litro de gasolina en nuestros tiempos.
Como no me rendí fácilmente, busqué en Amazon una bolsa de Faraday. Compré la más barata, porque esto es como quien se compra un iPhone pero luego le pone una funda de Temu. Mi objetivo era evitar que se colasen las emisoras de radio comerciales, así que me la llevé ilusionado al siguiente trabajo de campo. Encendí el aparato y lo primero que escuché fue un atronador: “¡Quédate! Que la noche sin ti dueeeeeeleeeeee…”. Espera un momento, ¿ese es Quevedo? El cantante, digo. Ese hombre está vivo. Al final, ni bolsa de Faraday ni leches. Cuando las emisoras de radio, independientemente de que transmitan en AM o FM, se ponen de acuerdo para sobreexplotar el éxito del momento, te va a salir una y otra vez lo mismo en cualquier rincón de la geografía.
Con un poco de suerte, lo que sintonizarás será un programa nocturno para insomnes. Como las cadenas se gastan menos de dos euros de presupuesto en montar esos espacios cutrongos de madrugada, en el momento en que el barrido cace la voz de uno de los tertulianos, tu cerebro te engañará: “¡Lo conseguí! Tengo respuestas del más allá”.
El problema está en que, si no te caíste de la cuna de pequeño, basta con mirar la pantalla para ver las frecuencias que el aparato está barriendo. En el preciso instante en que suenan esas voces; que transmiten menos alegría que un cura en un tanatorio; percibirás que las supuestas "respuestas" solo se escuchan al pasar por un dial concreto. Ergo, no hay comunicación instrumentalizada; es simplemente una señal de radio ordinaria. Son dos personas reales que seguro están debatiendo sobre cómo el mosquito tigre ahora es un therian y se cree delfín.
Y bueno, las noches de fútbol donde jueguen el Madrid, el Barcelona o, por mi ubicación geográfica, el Cádiz... Olvídate directamente de usar la PSB. Los resultados supuestamente paranormales que registrarás serán: «¡Gol!», «Pase de Vinicius», «Ankara Messi»... Acabarás pensando que en el más allá tienen su propia Champions League y que el campeón se lleva el trofeo de la muerte.
Pero el auténtico peligro llega con los "Illuminati" del misterio. Esos que deciden ahorrarse los casi trescientos euros que cuesta una PSB y prefieren bajarse cualquier aplicación basura y gratuita del móvil; porque pagar seis euros por una herramienta de software que al menos intente emular el proceso tampoco es una opción. Luego se te presentan con un "estudio" de campo que siempre les arroja resultados impactantes: “Soy Satán”, “Apocalipsis”, “Solo queda VOX”. En ese momento te entran unas ganas locas de tirarte de la azotea para poder convertirte en fantasma, aparecerte por las noches en su cama y atormentarlos mientras ellos se creen que han descubierto oro en una aplicación que tiene más anuncios que Antena 3 a las cuatro de la tarde.
Es cierto que existen aplicaciones, tanto gratuitas como de pago, que funcionan de manera honesta dentro de sus limitaciones técnicas, al igual que existen diferentes modelos de PSB que cumplen con su cometido. Pero; y aquí hago un inciso crucial; esto no consiste en encender el cachivache y esperar que se manifieste el espectro de Edgar Allan Poe para desvelarte el último manuscrito que iba a escribir antes de fallecer. Tampoco vas a mantener una conversación telefónica fluida con tu pariente difunto para que te advierta de que tengas cuidado con la selección de Curazao en el próximo mundial porque puede dar la sorpresa. La transcomunicación instrumental es un proceso lento, tedioso, aburrido y que, la mayoría de las veces, no ofrece ningún resultado. Y cuando parece que los da, suele deberse a una simple pareidolia auditiva: Un sesgo de nuestro cerebro donde creemos escuchar “Cádiz” cuando el ruido de fondo solo dice “matiz”.
Así que, cazafantasmas de plástico, tened un poco de cuidado con lo que os descargáis en el teléfono o con lo que creéis escuchar. La PSB, desde sus mismos orígenes conceptuales, ya recibió duras críticas porque inicialmente se iba a emplear para contactar con ovnis y ahora resulta que sirve para hablar con fantasmas. Quizás dentro de unos años este aparato se acabe utilizando para una misión mucho más difícil: Contactar con nuestra propia dignidad y preguntarnos qué narices estamos haciendo con casi cuarenta años, metidos un sábado por la noche en un hospital abandonado, viviendo todavía con nuestros padres y sin un puto curro estable.







