Publicado el: Dom, 8 Ene, 2017
Opinión

El Maremoto del 1 de Noviembre de 1755

Imagen idealizada del desastre natural.

Imagen idealizada del desastre natural.

El maremoto. Origen, consecuencias, daños y cómo se percibió

El pasado 1 de noviembre se cumplieron 261 años del conocido como ‘Maremoto de Lisboa’. En realidad, lo que sucede en la capital portuguesa es un fuerte terremoto que los geólogos estiman de una magnitud aproximada de 9 en la escala Ritchter. Lisboa queda completamente destruida, no solo por el movimiento sísmico, sino también por un gran incendio; al punto de que tardan dos meses en poder entrar en la ciudad desde el muelle para llevar en barcos ayuda para socorrer a la población.

El epicentro del terremoto se localiza en la zona sureste del Atlántico y el choque de las placas tectónicas provoca una serie de olas en el mar que llegarán a tierra en forma de Tsunami. El Golfo de Cádiz queda muy afectado por esta catástrofe natural y en concreto Cádiz y Huelva. Se trata de uno de los terremotos ‘históricos’ -aquellos que no se han podido documentar con instrumentos sismográficos- mejor evidenciados.

En 1979 se descubre en el Archivo Histórico Nacional (AHN) más de un millar de documentos sin catalogar con importantes noticias de los efectos del gran terremoto en más de 1.200 localidades españolas. Se ha transcrito y clasificado solo una parte (1).

De la información que aportan los documentos del AHN sabemos que, ante el impacto que causó al Rey y a su Corte el terremoto, éste pidió a todos los pueblos de su reino un ‘informe’ en el que se narrase cómo lo habían sentido y las consecuencias sufridas.

En la mentalidad religiosa española del siglo XVIII, esto se interpretó como un castigo divino. Pero éste de modo muy especial, pues los documentos escritos que han llegado a nosotros son prolijos, desgarradores y explícitos del miedo y de su posible origen de castigo divino. A lo que se añade que la catástrofe ocurrió el 1 de noviembre de 1755, sábado, Día de Todos los Santos, en torno a las 10 de la mañana. El rey Fernando VI se encontraba en El Escorial con su esposa Doña Bárbara de Braganza, posiblemente en el momento en que iban a comenzar lo solemnes oficios del día. De repente todo el edificio se movió y un enorme estruendo subterráneo les aterrorizó. Las lámparas que colgaban se balanceaban, los pequeños objetos caían al suelo desde las hornacinas, el pulpito y el altar; las maderas de los retablos crujían, y de lo alto de la bóveda se desprendían algunos yesos. El pánico se apoderó de todos los que estaban allí presentes. Rey, cortesanos y dignidades eclesiásticas salieron al Patio de los Reyes mientras que el ruido subterráneo continuaba. No fue cosa de segundos, duró bastantes minutos según cuentan las crónicas. Demasiado tiempo y mucho pánico. Todos los que vivieron ese momento reconocieron que se trataba de un fortísimo terremoto. Ante esto, el Rey y la Reina se desplazaron de inmediato a Madrid, al Palacio del Buen Retiro, donde se encontrarían más seguros (2).

El mismo 1 de noviembre -y en los días sucesivos- se remitió al Supremo Tribunal de Castilla información de todo lo ocurrido en cada municipio del reino. Las informaciones estaban suscritas por los corregidores y otras autoridades que abundan en detalles: ruinas, muertes, miedo, pérdidas, etc. El terremoto se había sentido en toda la Península Ibérica. Pero lo que más consternación causó a la Corte fue la destrucción de la ciudad de Lisboa, el incendio y la muerte del embajador del reino de España, Conde Perelaba, con nueve miembros de su familia. Solo se salvó su hijo, a quien el Rey de España Fernando VI concedió para su consuelo las siguientes prebendas: llave de su Gentil-Hombre de Cámara y una pensión de quinientos doblones (3). Por su parte, el Rey de Portugal José I, hermano de la Reina de España Doña Bárbara de Braganza, había resultado indemne en el palacio de Belem (4), de donde huyeron y se resguardaron en la campiña. Allí permanecieron un tiempo acampados hasta que fue seguro volver (5).

Ante las terribles noticias que llegaban de Portugal y las cartas que iban recibiendo de los distintos lugares del reino sobre la gravedad de las consecuencias del terremoto, el rey Fernando VI se reúne con el ministro secretario Ricardo Wall y dispone dos cosas: la primera, que se enviaran auxilios urgentes a los Reyes de Portugal en dinero y víveres (6). La segunda orden fue que a través del Gobernador del Consejo Supremo de Castilla -Obispo de Cartagena, Don Diego Rojas y Contreras- se pidiera a todas las autoridades locales una rápida y fiable información de lo sucedido con el terremoto en todas las localidades de su Reino (7). Lo interesante de la carta es que se trata de un precedente de los cuestionarios sismológicos al plantear una serie de cuestiones básicas de forma indirecta para conocer los efectos del seísmo en el lugar que se ha producido. En algunas naciones civilizadas y muy burocratizadas de finales del siglo XIX se realizaban estos cuestionarios tras un terremoto. Fue a principios del siglo XX cuando se establecieron formularios normalizados, necesarios para la indagación sísmica en plena era instrumental, ya que existía la necesidad de cubrir informaciones subjetivas de distintos lugares afectados.

Visión del terromoto de Lisboa en la época de la Ilustración

Una de las inquietudes que predominaron entre los hombres desde la antigüedad fue lo que denominaremos ‘señales previas’, sobre todo en catástrofes naturales; es decir, averiguar los indicios para saber cómo actuar ante estas situaciones. Pero en este caso nos centraremos en la época de la Ilustración, en la que destaca Louis Godin, astrónomo y matemático francés, Académico de Ciencias en París, que estuvo al servicio de España en Perú. Allí sufrió el terremoto y maremoto de El Callao el 28 de octubre de 1746. Regresó a Europa y se convirtió en director de la Academia Naval de Cádiz -hoy en día Real Instituto y Observatorio de la Armada en San Fernando-, donde vuelve a ser testigo del Gran Terremoto de Lisboa y el consecuente maremoto del Golfo de Cádiz, el 1 de noviembre de 1755. Remite una carta a Madrid, escrita en francés, donde explica sus observaciones de lo ocurrido:

<<La mañana del 1 de noviembre fue clara y tranquila; Un viento moderado del Noroeste había cesado, después se disiparon hacia el norte algunas nubes bajas; la atmósfera estaba en agradable equilibrio, indicado por la altura del mercurio en el barómetro: 28 pulgadas y un tercio, y la temperatura del aire respondía a este estado de tranquilidad: el termómetro, puesto al aire, marcaba a las 6 de la mañana 11 grados; otro en el interior marcaba 15>> (8)

Godin indica en este informe que no existía ninguna señal previa el mismo día de la catástrofe y que hay en la zona una situación de absoluta normalidad meteorológica. Posteriormente recogió más información sobre la hora a la que se produce el maremoto en San Fernando.

Tras el gran terremoto, con el epicentro en el sudoeste de la Península Ibérica, en las profundidades del océano Atlántico, se produjo un fuerte maremoto en el golfo de Cádiz (9). Los efectos del terremoto sobre las costas andaluzas -sobre todo en la zona más occidental; Cádiz y Huelva- junto con la de Marruecos fueron muy graves, en especial como consecuencia del choque de las placas tectónicas dominantes en el estrecho de Gibraltar, iniciado en la falla Azores-Gibraltar.

Pensadores importantes del siglo XVIII establecieron un debate epistolar sobre el significado del terremoto y su origen divino o terrenal. En este sentido, conocemos cartas entre filósofos racionalistas como Rousseau y Voltaire, fechadas en 1756, relevantes sobre el concepto moderno de las catástrofes naturales.

Agrupados todos los documentos que mencionan el maremoto, debemos destacar el informe realizado por el francés Lois Godin por proporcionar valiosos datos para el estudio posterior del seísmo:

<<Estos cinco primeros ataque de las olas que, por haber sido más sensibles a causa de la pleamar, me parecieron merecer más la atención tuvieron lugar de la forma siguiente:
La 1ª a las 11h 10 min intervalos de una y otra:
La 2ª a las 11h 30 min. 20 minutos.
La 3ª a las 12h 0 min. 30 min.
La 4ª a las 12h 35 min. 35 min.
La 5ª a las 13h 45 min. 70 min.>>

Esta, una de las muchas observaciones realizadas por Godin, es el primer documento de maremotos históricos con una información científica, detallada, exacta y verídica.

Testimonios epistolares como forma de documentar la catástrofe

Son muchas las localidades de Huelva y Cádiz que se ven afectadas por el maremoto y tenemos una cantidad ingente de documentos que nos hablan explícitamente de cada población, los daños materiales que ocasiona la catástrofe y sus víctimas. En Cádiz capital fallecen 206 personas ahogadas y en San Fernando, concretamente, 22 personas. Concluiremos con dos cartas transcritas por Martínez Solares a modo de ejemplo que dan testimonio directo de lo ocurrido.

<<Cádiz, 4 de noviembre de 1755.

El Gobernador.

Da cuenta de el terremoto que se experimentó en aquella ciudad de Cádiz a las diez de la mañana del día 1º, y tormenta de agua que sobrevino.

Ilustrísimo Señor:

Muy Señor mío:

* El día 1º de este mes, a las diez de la mañana, estando el tiempo en agradable tranquilidad, sobrevino en esta ciudad un terremoto que duró el espacio de cinco minutos, con tan incesante violencia, inquietud, que llenó de pavor a todo el pueblo, pero sin causar grave daño porque no derribó edificio ni fábrica alguna, y sólo se llevó la veleta del convento de Santo Domingo, quebrantando una pared de él, y cuarteó y lastimó algunas casas de las más antiguas, entre las que fue una la de mi habitación, que se rajaron las paredes por tres partes, sin haberse experimentado desgracia entre la gente.

* Cuando empezaba ésta a respirar y convalecer del susto pasado fue asaltada de mayor consternación, porque a la hora de haber sucedido el terremoto, se advirtió que, con acelerado impulso, ascendieron las aguas del mar por todas partes, derribando por la de la Caleta gran parte de los parapetos de su muralla de piedra, que arrojó en desmedida pedazos a cuarenta varas de distancia, inundando el barrio de la Viña, que está al frente de la expresada muralla y por las Puertas de Sevilla y del Mar, entró éste, con tanta rapidez, que por la primera llegó a bañar las casas de su parte y por la segunda hasta la playa Real, habiendo maltratado muchas embarcaciones menores de las que se hallaban en la bahía y hecho otros daños en el muelle, siendo mucho mayor el que acaeció en la frente de Tierra de esta Plaza, que habiéndose juntado los dos mares de las playas que llaman Santa María y Puntales al Norte y Sur, arruinó muchas casillas de aquel sitio, quedando sumergida alguna gente.

* Destruyó esta inundación todo el Arrecife, hecho para comunicación desde esta ciudad a la población de la Isla de León, dejándola intransitable, de suerte y para poder hacer este viaje es forzoso esperar la bajamar y caminar por la citada playa de Santa María.

* Luego que supe el primer movimiento de las aguas, acudí a la parte en que amenazaba el mayor riesgo, destiné mis subalternos militares y políticos a las demás, distribuyendo la tropa en los parajes necesarios para aplacar el lamento inconsolable del vecindario que, como le encontró el fracaso, andaba desatentado por las calles y plazas, abandonando las casas, repartí las patrullas en los sitios más convenientes para evitar los robos y toda alteración del pueblo, doblé las guardias, y tan oportunamente la de la cárcel Real, donde se halla gran número de presos, que quitándose las prisiones intentaban escalarla para librar las vidas.

* Cambié una partida a la cárcel obispal, que está dentro del Palacio, porque tuve aviso de que los reos para conseguir su soltura querían ponerle fuego, y finalmente entre otras muchas providencias que di, conforme lo pedía la urgencia, mandé que a nadie dejasen salir por las Puertas, señaladamente por la de Tierra, previendo que desordenadamente correrían a ella por librar las vidas y encontrarían la muerte, como sucedió a don Juan Mason y don Juan Racine [Nota: Este súbdito francés era nieto del célebre dramaturgo Jean Racine. FRT], comerciantes franceses que, habiendo marchado inmediatamente después del terremoto para la Isla [= Isla de León], perecieron en el camino del Arrecife, de suerte que con esta importante disposición se atajó que acaeciese la misma fatalidad a innumerables personas de todos estados que solicitaban hacer fuga de la ciudad por aquella parte.

* No es posible explicar los clamores, los llantos y deprecaciones que en las tres horas que duró el desusado movimiento y amago del mar se oían en el pueblo, pero fue Dios servido que, pasado este tiempo, se sosegasen algo las aguas, con cuyo motivo se fueron aquietando algo los ánimos, aunque con el recelo de que a la creciente, que fue a media noche, repitiera aún con más fuerza el golpe, pero por si ocurriese procuré hacer todas las prevenciones posibles, pasándola yo y mis subalternos en vela, y aún se continuará el cuidado.

* Las personas que hasta ahora se ha descubierto haber perecido ahogadas son treinta y cuatro, aunque es regular parezcan más de las que habitaban en la frente de tierra de esta Plaza.

* En consecuencia de este tan inesperado raro acaecimiento ha dispuesto el Obispo, de acuerdo con los Cabildos Eclesiásticos y Secular, un ayuno para mañana, y que por la tarde se haga procesión general en que salgan las principales más auténticas reliquias, que se veneran en esta Iglesia, y que al día siguiente se cante una misa solemne y el TeDeum, en hacimiento de gracias de haber la piedad Divina libertado a esta ciudad de las contingencias del terremoto y del inminente peligro de sumersión de que ha estado amenazada.

Declino al arbitrio de V. S. I. mi verdadero afecto y ruego a Dios guarde a V. S. I., como deseo.

Cádiz, 4 de noviembre de 1755.

Ilustrísimo Señor: Besa la mano de V. S. I. su más afecto servidor,

Antonio de Azlor. (10)

Ilustrísimo Señor Don Diego de Roxas y Contreras>>

<<Relación de lo acaecido en esta Ciudad de Cádiz con motivo del Terremoto y Creces del mar que se experimentaron el día 1º de Noviembre del corriente año de 1755.

* Este día amaneció con todos los horizontes claros y salió el Sol con la mayor serenidad de tiempo; el mar, hermoso; continuó así hasta las 9 y 50 minutos de la mañana en que se sintió un temblor general con estrepitoso ruido en pozos y aljibes; pavorido [sic] todo el pueblo desalojó su respectiva habitación, saliéndose a la calle cada uno en el estado de vestuario en que se hallaba.

* El tiempo que duró el temblor, o terremoto, nadie lo sabe a punto fijo, pues aún entre los hombres más especulativos se halla la variedad que admite el de 4 a 15 minutos; pero, el que menos, afirma los 4.

* El temblor fue de los más violentos, según aseguran los que se han hallado en otros iguales casos, y lo cierto es que apenas hubo persona a quien no hiciese el primer efecto del mareo en el estómago, con vahídos a la cabeza.

* Cayeron dos casas, se cuartearon infinitas; a algunas Iglesias sucedió lo mismo, entre las cuales la de San Antonio padeció bastante, habiendo venido a tierra la mitad de su tejado, con la fortuna de no haber hecho daño a persona alguna de las que había dentro, por haber corrido fuera de la pared maestra toda la ruina.

* Amedrentado el pueblo no acertaba a restituirse a sus habitaciones, y cuando ya empezaban a aquietarse las gentes, retirándose a dar gracias al Altísimo a los templos, se oyeron a las 11 en punto lamentables voces por toda la ciudad, diciendo «¡el mar se traga la tierra!», «!que nos anegamos, y ahogamos!», «¡a la Puerta de Tierra, a la Puerta de Tierra!»…

* En esta confusión, unos corrieron, sin saber a dónde, otros quedaban accidentados, otros se arrodillaban a pedir misericordia, y los más se confesaban a gritos al Todopoderoso. En este lamentable estado, lleno del horror que se puede considerar al ver enfurecido el mar, introduciendo sus aguas con la mayor violencia dentro de tan altas murallas por la parte de la Caleta, y no menos por las Puertas de la Mar y de Sevilla, se pasaron dos horas; de modo que a las 11 fue el primer golpe del agua, el segundo a las 11 y 3 /4, y el tercero cerca de la una, con más aparato que el primero. Finalmente, este triste espectáculo no es posible aparentarlo como él era.

* Las ruinas, y desgracias de las aguas no se han podido verificar enteramente, pero en la parte de la Caleta los tres golpes del agua arrancaron el pretil, o cenefa, de la muralla por diferentes partes, hasta la cantidad de 300 varas, y arrojó pedazos enteros de 6 y 7 varas, que cada uno pesará 100 quintales (antes más que menos) a distancia de 80 varas; de modo que se hará casi increíble a quien no lo haya visto.

* Abrió toda la muralla de aquella parte, e hizo notables daños, pues en todo aquel barrio llamado la Viña, se inundaron de agua las casas, y se hallaron a poco rato, retrocedidas dichas aguas, algunos cadáveres y multitud de varios peces.

* Por la Puerta de la Mar entraron las aguas hasta la Plaza de San Juan de Dios; por la de Sevilla hasta la esquina de la de San Agustín, y casa del Correo, y por debajo de la Recova hasta mediados de la calle de Juan de las Andas.

* La gente que corrió a la Puerta de Tierra tuvo la fortuna de que impidiese su salida un prudente y experto Oficial, que con sus compañeros estaba de guardia en aquel paraje, a que le movió el haber oído algunas desgracias acaecidas a la parte de afuera de dicha Puerta; pues a no haberlo ejecutado así, hubieran perecido todos cuantos hubiesen salido, cuya desgracia aconteció a los que cogieron las aguas en el camino entre Cádiz y la Isla de León, pues no sólo llevaron dichas aguas a los que transitaban, sino también su piso, del que no ha quedado ni aún una señal en más de una legua de distancia, llevándoselo de raíz todo el camino que estaba hecho a mano, con el dispendio de muchos pesos.

* Se han hallado muchos cadáveres y animales por esta parte, pero tampoco se sabe, a punto fijo, los que perecieron en este tránsito. De los varios alojamientos, y pequeños almacenes que había en lo largo del muelle de la mar, no ha quedado señal de que los hubiese.

* Últimamente, con tan horrendo caso se halla este pueblo el más consternado, con incesantes actos de devoción, saliendo todas las Comunidades en rogativa por las calles con el mismo pueblo.

* El nuevo Gobernador, Don Antonio de Azlor, dio las más acertadas providencias, así para evitar todo robo, y ratería, en tal confusión, como para que si acontecía alguna repetición de noche, estuviese iluminada toda la ciudad, y la tropa en el mejor orden, así en la multitud de patrullas, que estableció para aquella noche, como en los puestos que debía ocupar la restante tropa.

* Con la novedad del agua, y las voces del pueblo se levantaron los presos de la cárcel, cuyo número llega a 400, queriendo dar fuego a la prisión, pero se acudió en tiempo con tropa, y se evitó otra nueva confusión, con tales enemigos.

* La Ciudad y Cabildo eclesiástico tienen sus respectivas juntas sobre hacer un voto solemne para memoria de tan funesta recordación.

* Se han tenido noticias de que en todas estas inmediaciones, y aún en Sevilla han padecido mucho con igual terremoto, a el que aquí se ha experimentado.

En Conil ha perecido medio pueblo (según dicen).
En Bejer [= Vejer de la Frontera] padecieron mucho.
En Chiclana [= Chiclana de la Frontera] y Puerto R. [= Puerto Real] se sintió bastante.
En el Puerto de Stª María [= El Puerto de Santa María] se elevaron mucho las aguas, pero no hubo desgracias, pues aunque se cuartearon diferentes Iglesias y casas con el terremoto, la gente salió al campo, luego que sintió el temblor.
En Xerez [= Jerez de la Frontera] cayó la torre de San Miguel, se arruinaron muchas casas, se cuartearon los templos y hubo algunas desgracias.
En Rota perecieron muchas gentes al golpe de las aguas.
En San Lucar [= Sanlúcar de Barrameda] se inundaron los dos barrios bajos, pero no se sabe el pormenor de desgracias.

* Esta es la situación y estado en que quedamos todos contristados, continuando las rogativas. Cádiz, 4 de noviembre de 1755

[Sin firma. Relación evidente de un testigo de Cádiz, remitido al Consejo Supremo de Castilla, bien directamente o por alguna autoridad intermediaria]>> (11)

Notas

  1. Rodríguez de la Torre 2005.
  2. Rodríguez de la Torre 2005.
  3. Cal Martínez 2005. El doblón fue una moneda de oro española que equivalía a dos escudos o 32 reales y pesaba 6,77 gramos. Originalmente el “doblón” fue llamado así porque representaba un valor igual al de dos excelentes de oro.
  4. Rodríguez de la Torre 2005. Cal Martínez 2005.
  5. Cal Martínez 2005.
  6. Rodríguez de la Torre 2005.
  7. Rodríguez de la Torre 2005.
  8. Rodríguez de la Torre 2005.
  9. Campos 1992.
  10. Martínez Solares, 2000. Pp220-221
  11. Martínez Solares, 2000. Pp223-224

Verónica Gómez Fernández

Sobre el autor

Patrimonio la Isla

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