Administrar
Desde pequeño siempre he oÃdo decir a los mayores, que para vivir con todas las necesidades básicas bien cubiertas, es fundamental ejercer una buena administración.
Y el ejemplo que sostenÃan aunque repetitivo y por doméstico, no menos real e ilustrativo, consistÃa en establecer la comparación entre dos familias normales de tipo medio con las mismas condiciones, el mismo número de hijos e idénticos ingresos.
Mientras una familia conseguÃa llegar a final de mes a lo justo pero sin apuros. La otra, necesitaba solicitar ayuda o algún tipo de préstamo para conseguirlo.
Y no cabe la menor duda que no se producÃa ningún milagro ni invento, sólo era el resultado de una buena administración. Es decir; una distribución ajustada y estrechamente relacionada entre la disponibilidad, la necesidad y el control del gasto.
Salvando las distancias, esta simple y sencilla regla de tres, resulta igual de aplicable a cualquier otra actividad privada o pública en cuanto a la racionalidad y a la coherencia que debe existir entre el control de los ingresos y de los gastos: especialmente si se nutren de dinero ajeno o de los contribuyentes.
La administración de cualquier ente público incluido el propio Estado es similar aunque en mayores proporciones y complejidades, y no difiere substancialmente de lo básico: “control del dinero y del despilfarro". Por lo tanto administrar asÃ, depende de la competencia de las personas con el añadido de no ejercer como dueños absolutos de lo que no es suyo.
Hasta aquà esta exposición puede que no sea académica ni sofisticada, pero es sumamente entendible porque es la de andar por casa. La cuestión es tan sencilla como la vida misma, pero los humanos nos empeñamos en complicarla.
Por eso, pienso que las ideologÃas están caducas y sólo se utilizan como vÃas de accesos. Los sistemas no funcionan acorde con las exigencias del mundo actual. HabrÃa que cambiar o suprimir bastantes cosas obsoletas que más bien perjudican al bien común de muchos en beneficio del interés particular de pocos.
Creo que ha llegado ya el momento de aparcar algunas de ellas y enterrar definitivamente otras. Y sobre todo, sustituir la cultura del dinero por la "cultura" de la -cultura- y acabar con la carrerilla de la corrupción y de tantas acciones inútiles e innecesarias, en lugar de centrarnos y remar -todos juntos- hacia el mismo lado.
Sólo asà -codo con codo- tal vez seriamos capaces de vencer las dificultades y salir adelante como en tantas otras ocasiones, ha demostrado el coraje de nuestra raza; resolviendo -otros entuertos- de manera singular a lo largo de la historia. ¿Por qué no en ésta ocasión?.






