Publicado el: sáb, 18 Feb, 2017
Opinión

Las adversidades

La ancianidad.

Conozco la triste historia de una anciana alcohólica que desde hace muchos años no sale de su casa. Se podría decir que vive enclaustrada, que ha cerrado puertas y ventanas ante toda posibilidad de visitas.

Sus dos hijas son mayores, pero aún eran pequeñas cuando su madre declaró la huelga a la vida, y ellas crecieron como si estuviesen sepultadas en una tumba.

Un amor mal soportado fue la causa que esterilizó tres existencias que pudieron ser fecundas.

La señora, cuando jovencita, adoró a su novio que luego fue su esposo ¡un amor romántico! Un amor auténtico, un amor de esos de novelas o películas.

Un ramo de flores.

Ya casados él tuvo que separarse durante cuatro años por motivos de trabajo  en el extranjero. Durante ese tiempo le escribió diariamente y el día 15 de cada mes conmemoraba su matrimonio enviando desde allí un hermoso ramo de flores a su esposa. Ho había cumplido ocho años de casados; cuando he aquí, que repentinamente él enfermó y murió.

En el momento en  que la vida de su esposo se extinguía, ella lo abrazó con locura y lanzó un grito horrible. Desde entones esa mujer murió por dentro e ignoro que a su lado crecían dos niñas que necesitaban su ternura y su alegría. No se volvió loca, simplemente se amuralló en el egoísmo de su pena.

Sin duda el dolor de la pena purifica, pero a condición de que seamos sus vencedores y no sus vencidos, es algo así como ‘padecer o morir’ algo así como los atletas que corren en el estadio y piden que les pongan en la pista de carreras, unos obstáculos  para saltar sobre ellos ¡Claro que no será para estrellarse, descalabrarse o romperse una pierna!

En realidad, todos deberíamos tomar nota y aprender ese magnífico deporte, que no hará otra cosa que vigorizarnos y, así podremos decir: ¡Venga el dolor! ¡Venga el trabajo! ¡Venga el sacrificio! Pero para luchar contra ellos y hacer fuerte nuestro cuerpo y campeón a nuestro espíritu.

Carrera de obstáculos.

El propósito de triunfar sobre ‘las adversidades’ no se improvisa cuando ya nos están cayendo encima; hay que anticiparse y conviene preparar el ánimo diariamente con constancia como las ciudades antiguas edificaban en tiempo de paz  sus murallas defensivas y así no las sorprendían el enemigo.

Hay que prepararse concienzudamente, teniendo la firma voluntad de que nada ni nadie, logrará abatirnos, porque a todo trance sabremos guardar, aún en medio de la borrasca; nuestra serenidad interior.

Las técnicas en este grandioso y simulado deporte son muchas y variadas. Cada país, desde los tiempos más remotos se ha preocupado y preparado en este sentido, y así nos ha legado sabios consejos. Entre ellos, en el que casi todas las naciones coinciden y con ellas sus ciudadanos, destacaría la anticipación, el trabajo, la solidaridad y la fraternidad, aunque otra cosa muy distinta sea: su práctica efectiva.

Sobre el autor

José María Vieytes Beira

- Profesor, articulista y cofrade.

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