Tattooneando
El cuerpo es un traje que
nos queda grande al final
Ramón Gómez de la Serna
Igual dibuja un rey que pinta un paje;
la leyenda del tiempo, Camarón;
a Elvis, el rey del rock; un mascarón
de proa... Gente de todo pelaje
busca y paga al artista del tatuaje
para llenar su piel cual figurón:
lienzo vivo, y que verse a Calderón.
En alguno tanta tinta es ultraje;
de su pellejo dirán «vieja tela».
Quien lo ostenta dice que está de moda;
cree su ego que al público retumba.
¡Pintor! ¡Que la pela no te la pela!
Que fama efímera no te incomoda;
aunque tu arte acabe en alguna tumba.
Confieso que este soneto fue por encargo de un amigo relacionado con este mundo del tatuaje, el cual ya no me habla.







