Publicado el: Mié, 23 Sep, 2020
Opinión

Equinocio

Foto. Leonor Montañés Beltrán.

La llegada del otoño empuja a los estados melancólicos y por eso hago inventario de sentimientos en este equinoccio que se asoma por el calendario. Por este otoño enfermo que nos acerca un poco antes al aire oscuro que pinta las noches. Recapitulo.

Me he enamorado muchas veces y siempre he tenido la impresión de que he querido más de lo que me han querido, lo que me ha producido la agridulce sensación de la pena y la satisfacción. Por amor he dejado otras cosas importantes en el camino.

He visto la muerte de cerca y el hambre ajena me ha dado más lástima que la mía -hambre de comida y de otras cosas que también alimentan-. He puesto gotas de agua allí donde la sequía lo inundaba todo de pobreza. Cada vez creo menos en la palabra. Me ha demostrado la vida que los peores son los que pregonan odiar lo evidente. Tengo apego a los abrazos de la gente a la que quiero. Aborrezco todo bien material con la única excepción del tiempo y creo que ha llegado la hora de cambiar algunas cosas – y algunas personas – de lugar y/o de forma. Necesito respirar.

Tengo incontinencia sentimental y por eso tengo que aprender a callarme algunos te quieros, incluso a riesgo de que ese silencio sea luego utilizado en mi contra. Adoro las puestas de sol, preferiblemente si vienen sonando a marea. Prequiero muy rápido y desquiero demasidado lento, a veces en exceso. Me causa una enorme tristeza haber dejado de amar las veces que lo he hecho, pero entendí que era entonces necesario. No recuerdo la última vez que me dormí sin pensarte. He dejado al tiempo en presente para no herirme de pasado y no olvidar mi futuro. Sigo mojando mi cara con algunas historias y algunas injusticias. Acabo de releer el Quijote para descubrir cosas que no descubría de niño. Te necesito cerca.

Requiero – del verbo requerer – los momentos contigo. Soy incapaz de imaginar el mundo sin aquella primera mirada tuya. Pienso que la lealtad debería ser el motor del mundo, no sólo de mi mundo. Soy adicto al sabor de tu piel. Tengo un hueco detrás del estómago que suena a vacío. Me encanta oler tu pelo, sin que te des cuenta, cuando te abrazo.

Reivindico mi derecho a soñar una noche contigo. Tengo un puñado de ideas sin empezar siquiera, una puesta de sol que iba a ser hoy, equinoccio contigo sin ti. Me considero culpable de amor, con alevosía.

Pero de un tiempo a esta parte las fuerzas flaquean, la luz se apaga, se enciende, se apaga, se enciende, se apaga... pero todavía resiste por esta cualidad mía de seguir luchando, amando por encima de todas las cosas, sabiendo que hay vida mientras hay esperanza. Como una vela que se consume. Como el fuego cuando le falta el oxígeno. Como un llama, cada vez más endeble, débil por agotamiento. Como el sol, que ahora se marcha para encenderse en otros lugares donde lo esperan para la vida.

Sobre el autor

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