Publicado el: vie, 11 Oct, 2019
Opinión

La Caridad en la década de 1970

En la década de 1970, el Martes Santo era un día tranquilo, de relativa calma para la cuadrilla de Nicolás Carrillo que únicamente sacaba la Virgen de la Caridad, y de responsabilidad para el
capataz Perico Sánchez encargado de los dos pasos de la Oración del Huerto.

El Martes Santo, casi a mitad de semana, habiendo ya contemplado el procesionar de Cristos cautivos, flagelados, presentado al pueblo, afligidos, Cristos sufrientes pero aún con vida, al llegar la
Caridad uno se encontraba de golpe con la muerte. El primer Cristo yacente de la Isla. La Caridad con el Hijo muerto en el regazo. Y entonces enmudecíamos al paso de la Virgen con Jesús a sus pies
estremeciéndonos con un ligero temblor. La muerte aparecía de pronto, sin esperarla, haciendo acto de presencia en nuestros corazones.

La cuadrilla de la Virgen de la Caridad en aquellos años se denominaba cariñosamente el paso de la familia, en referencia a que la mayoría de los treinta y tres cargadores que iban a San Francisco llevaban el apellido Tinoco o Carrillo, completada además con otros cargadores muy allegados e incondicionales, íntimos del capataz, y que también se podría afirmar que casi eran de la familia.

La Caridad contrataba dos o tres saeteros de renombre como el Compare o el Manteca, para que en la salida, recogida y ciertos puntos del recorrido cantaran, en ciertos casos a través del
micrófono, pagándole por su cante, cosa lógica por otra parte, esperándose que los cargadores colaboraran también en el lucimiento de la Virgen que esculpiera el escultor Antonio Bey. Ejemplo y prueba de ello pueden ser las apoteósicas salidas y recogidas o la brillantez de la calle Comedias,
considerado uno de los momentos álgidos y más vibrantes de la Semana Santa, dando origen incluso a un libro del escritor Enrique Montiel titulado precisamente así: “Calle Comedias”. Paquiqui, benefactor de la cofradía, obsequiaba en su casa particular de la calle San Marcos con un surtidor de
lujo, donde los cargadores entraban a reponer fuerzas y refrescarse, para subir luego con ánimo la empinada cuesta. Mientras, desde el balcón de la casa, le cantaban saetas a la Virgen.

Recordamos a la añorada banda del Cuartel de Instrucción de Marinería, uniformes marineros y lepantos con sones procesionales de cornetas, gaitas y música acompañando al paso; el olor
humeante a bienmesabe que exhalaba el hoy desaparecido freidor de los hermanos Bey, mezclándose
fraternalmente con el incienso procesional; el punto largo del cornetín de órdenes para que los
penitentes se detuvieran; la Tienda Chica, lugar de reunión de cargadores y cofrades en animosas tertulias y puestas a punto de detalles cofrades; la banda que abría carrera; el largo recorrido que
llegaba hasta el final de la calle Colón, curvas de Capitanía, Almirante Cervera para iniciar en San Marcos una larga travesía hasta arribar en Comedias.

Y allí estaba Juan Foncubierta Rojas Juanini, mayordomo intemporal de la cofradía y que mantenía una relación muy especial con los cargadores. Con su ingenio logró sacar a la Hermandad
de más de un apuro. En el año 1971, debido a la lluvia, la Hermandad salió en Viernes Santo y al no encontrar banda de música, a Juanini no le quedó otra solución que echar mano de dos cajistas de los que salen en las comparsas y chirigotas tocando el tambor, revistiéndose la túnica negra de raso de la hermandad y el fajín. De esta manera, a cara descubierta, dos chirigoteros se olvidaron por unas horas del ritmo del tres por cuatro carnavalero y marcaron con precisión militar el compás a los cargadores en aquel extraño Viernes Santo de 1971.

Recuerdos de una Isla marinera y salinera, que aún hoy se agarra tímidamente al Zaporito y a la calle Comedias, casi rozando los esteros, y que cada Martes Santo, bordeando el sur del itinerario procesional, recorre la Virgen de la Caridad para no perder la esencia de un barrio y de una Isla que vivió siempre de cara al mar.

Sobre el autor

Alberto Salas Sánchez

- Alberto Salas Sánchez, es autor de los libros Cargadores de la Isla, (Historia, tradición y anécdotas) y Anecdotario comentado de Semana Santa. Ha ejercido como cargador durante 26 años perteneciendo a las Cuadrillas de Nicolás Carrillo, Mater Amabilis y Jóvenes Cargadores Cofrades (JCC). En la actualidad es capataz de la JCC.

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