El torero isleño David Galván triunfa con 'Los Adolfos'
El torero isleño David Galván, ante el reto de Adolfo Martín en Ubrique
Gran dimensión del diestro isleño, que cortó dos orejas de su primer toro y, ante el quinto, un manso que no quiso saber nada de la muleta, se inventó una faena en tablas
Tarde de torísmo a medias la que se vivió ayer en Ubrique. Digo a medias porque de torísta solo hubo los toros de Adolfo Martín. De imponente estampa, limpios de pitones y aplaudidos en su salida los seis. También se aplaudieron en el arrastre, cosa que quien les escribe desconoce el porqué. Porque, como siempre fue, se aplaude en el arrastre al toro bravo, al que pone ímpetu en su embestida. Pero, por lo visto, el público que se dio cita en Ubrique debió ver algo que yo no y también aplaudió en el arrastre a cinco de los seis toros, que lo único que tuvieron fue nobleza.
Y si digo que fue una tarde de torísmo a medias es porque la corrida no se lució en varas. Solo fueron una vez al caballo los toros, cosa que recriminaron desde el tendido al grito de “¡venimos a ver tercio de varas!”. Y, si bien no les faltó razón, si la corrida hubiera ido más de una vez al caballo, el juego en la muleta hubiera sido nulo, porque la corrida vino justa de fuerzas.
Abría cartel El Payo. El mexicano debutaba con 'Los Adolfos' y a su primero, que paró en el tercio, no pudo lucirlo con el capote. Lo llevó al caballo para que tomara una vara y, con la muleta, quizá anduvo demasiado dubitativo en las primeras tandas. Probó demasiado la embestida de un toro que desde el primer momento le demostró nobleza, pero poca fuerza y menos transmisión aún. En las postrimerías de la faena se asentó algo más el de Querétaro, dejando algún natural largo y ceñido. Mató de estocada algo contraria y una oreja le fue concedida.
A su segundo lo recibiría con verónicas. Era más cómodo de cara este segundo toro, que también recibió un puyazo. Lo puso difícil en banderillas, recortando a los subalternos, tanto que lo cambiaron con tres palos. El toro reservaba y los subalternos no terminaron de confiarse. Al quedarse solo con el torero en el ruedo, el toro se centró en querer perseguir la muleta de El Payo y llegaron los momentos más lucidos de la tarde, con tandas por ambos pitones que, si no hubiera sido por algunos enganchones finales, hubieran sido rotundas. Se ajustó más el torero en su segundo y se pudo ver a ese torero de clase que es el mexicano. Lo mató de una estocada hasta la gamuza y dos orejas le fueron concedidas.
Galván demostró una vez más ser un torero que puede con todo tipo de ganaderías. Más allá del toreo clásico que tanto nos gusta por aquí, el de San Fernando es capaz de enfrentarse a todo tipo de encastes y eso es de agradecer en tiempos en los que el monoencaste empieza a convertirse en plaga en el escalafón.
A su primero, de imponente estampa, veleto y algo cornivuelto, lo recibió con verónicas en el tercio. Lo llevó el propio torero al caballo, donde recibió un puyazo. Reservón también en banderillas, hizo pasar ciertas dificultades a la excelente cuadrilla de Galván.
En la muleta hubo pasajes de gran belleza que calaron rápidamente en los tendidos. Dos tandas con la derecha, con profundidad, aunque afeadas por el desentendimiento con el que el toro salía de las telas. Aun así, la estética del torero cañaílla hizo casi pasar desapercibida tal virtud del animal.
Faena rotunda, demostrando con creces que hay que contar con David Galván en las grandes ferias. Lo mata de media estocada efectiva y corta dos orejas.
El quinto fue un manso de solemnidad, acapachado de pitones, al que recibió en el tercio llevándoselo a los medios con la capa. Después de recibir un puyazo y banderillas, el toro no quiso saber nada más de la pelea y se fue a tablas. No había manera de sacarlo y Galván se inventó una faena pegado a las tablas. El toro no quería saber nada de la pelea y lo poco que tenía había que sacárselo allí. Le puso el toreo todo porque el toro no tenía nada. Lo mató de pinchazo hondo y descabello. El público pidió la oreja, pero la presidencia no se la concedió. Aun así, obligaron al torero a dar una vuelta al ruedo.
Daniel Crespo sigue demostrando que merece tener su sitio. No es normal que un torero con la clase de Crespo solo haya toreado cinco corridas esta temporada.
A su primero lo recibió con verónicas en el tercio. Tomó dos puyazos, pero no porque se le pusiera dos veces, sino porque se fue al caballo que guardaba puerta. Lo brindó a Octavio Chacón. Brindis de torero a torero. Ellos saben lo que cuesta. Con la muleta empezó con la derecha. Parecía tener algo más de movilidad este toro y los muletazos fueron de trazo largo y estético. Lo probó por el izquierdo, pero el toro al tercer pase se paraba. El derecho era el pitón. Otra tanda más con la derecha, acompañando al toro en la embestida. Lo intentó de nuevo por el izquierdo, pero por ahí ponía más el Adolfo.
Finalizó la faena con naturales de largo trazo. Estocada caída y trasera, que quizá fruto de algún resbalón con una banderilla, porque la espada quedó muy mal colocada. Aun así, el público le pidió la oreja y le fue concedida.
El sexto fue el toro con mejor embestida de la corrida. Cárdeno claro. Ya lo dice el maestro Ruiz Miguel: en los albaserradas, ese pelaje no falla. Y así fue. Fue el toro de más transmisión y el que embistió con más ímpetu, aunque también fue el más flojo en cuanto a presentación de la corrida. Verónicas con poso para recibirlo y una media muy buena. Sin probaturas en la muleta se puso por la derecha. El toro humillaba y tenía transmisión y llegaron momentos sublimes del torero de El Puerto de Santa María. Dos tandas más por el derecho y una por el izquierdo, antes de irse a por la espada de matar. No es Crespo un torero que prolongue mucho las faenas y es algo que se agradece. Esta vez lo mató de estocada, pero la tardanza en caer hizo necesario el descabello. Falló a la primera y las dos orejas se convirtieron en una.
Aun así, gran dimensión de Crespo. Sin duda, torero que apetece ver y que, si el toreo es justo, deberíamos ver en más plazas la próxima temporada.
Ficha del festejo
Plaza de toros de Ubrique. Media entrada. Toros de Adolfo Martín, bien presentados e íntegros, con nobleza pero faltos de transmisión y chispa en su embestida. Aplaudidos de salida.
El Payo, de azul rey y oro: oreja y dos orejas.
David Galván, de tabaco y oro: dos orejas y vuelta al ruedo.
Daniel Crespo, de grana y oro: oreja y oreja.
El subalterno David Pacheco tuvo que pasar por la enfermería al banderillear al quinto de la tarde, aquejado de un fuerte dolor en la parte posterior del muslo. Según las primeras informaciones, sufrió una rotura fibrilar.







