Publicado el: Mié, 28 Abr, 2021
Opinión

…Aquí, donde tu aroma

Fotografía. Leonor Montañés Beltrán.

Todo huele a cuando estabas, el aire, la vida, incluso yo mismo. Debió ser cuando el abrazo ese que casi nos metió al uno dentro del otro. Debe ser que se ha quedado impregnando el aire, debe ser que te respiro.

En cada momento, en cada gota de polvo, en cada instante, aquí donde mi piel lleva tatuado tu olor. Aroma a amor, casi las mismas letras. Olor que se cuela dentro y se queda como bálsamo contra el mal de tu ausencia. Es un olor dulce, letanía tuya en este ahora en el que no estás, un aroma que viste entonces mi piel, contigo. Esencia que dura menos que tu recuerdo. Un olor que impide que me olvide de tu cuerpo.

Y te respiro a fondo, en el aire, en la vida, en mí mismo. Te espero, te recojo, te llevo conmigo. Me huelo y te huelo, parece entonces que somos lo mismo. Ahora tu olor es mi olor y sin embargo mi piel no se parece a la tuya.

Te huelo en mi insomnio, te huelo en los ojos cerrados que se hacen noche, te huelo entre la franela que viste mi cama, a la que he contagiado de ti, a la que he llevado también tu nombre. Aroma perenne, sin espacio ni tiempo, olor que aviva el fuego, que me abrasa siempre, que no se apaga nunca.

E inspiro un aire que me perfuma el cuerpo, que se destila como si esta soledad fuese entonces una primavera.

Olor que me rodea, fragancia que aparece de pronto y se cuela dentro.
Siempre he sido de olores: a petricor, a bajamar, a pleamar, a mar, a hierba recién cortada, a libro nuevo, a romero, a pan recién hecho, a tenerte cerca, a magdalenas, a almohada, a madres, a leña quemada de la chimenea, a puesta de luna, a café recién hecho, a canela, a hierbabuena, a roca mojada, y ahora también a ti.

Aromas de niñez, recuerdo perenne de olores que se han quedado ya para siempre y que significan todo. Olores que arrancan sonrisas, y traen recuerdos de la mano.

Olor a vino y a sal, a marisma, a estero, a infancia, a pino, a almoradux, a agua amarga que cura, a huevos frescos, a naranja, a fresas, a olivos, a damascos del campo del vecino…

Y sigue oliendo todo a ti. Y me recrea en tu ausencia. En ese olor de ida y vuelta. Debe ser que te has quedado impregnada en el aire. Debe ser que te respiro.

Sobre el autor

Enrique Rojas Guzmán

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