Publicado el: Mié, 10 Feb, 2021
Opinión

Lágrimas negras

Fotografía. Leonor Montañés Beltrán.

Una lágrima es igual que una gota del mar, igual que una perla que nace del desaliento, es cristal de tristeza, emoción que rebosa por los párpados. Una lágrima empapa las entrañas, se derrama cuando aparece la pena, cuando la vida duele, cuando es necesario lubricar los sentimientos, una lágrima también cura, es el idioma de los ojos.
Lo primero que hacemos es derramarla, es prueba de vida entonces. Es el rocío que anticipa al llanto, la lluvia que sale cuando salen los sentimientos.

Lágrima a lágrima se llora a raudales, que no solo de penas llora el hombre, ni la mujer tampoco. Hasta las flores lloran. Una lágrima enseña, deja al descubierto los que somos y lo que sentimos. Nos da la paz, nos escarba dentro, nos araña, nos alivia, nos rescata.

Una lágrima lleva a cuestas también lo que pudo haber sido, por eso parece que huye de dentro de nosotros, para mojarnos la cara y secarse en nuestras manos. Quizás sea un trozo derretido del diamante que tenemos dentro, que se derrite, se desangra, que se hace añicos
Yo he llorado infinitas veces, en lo bueno y en lo malo, porque la magia de una lágrima es precisamente eso, que no es exclusiva de un estado de ánimo. Sale cuando el dolor se hace insoportable, y sale también cuando nos desborda la alegría. Y también con el miedo. La lágrima entonces es la cima de los sentimientos. De todos los sentimientos.
He llorado en soledad y en compañía, he llorado por la vida que se fue a cal y canto, por amores que entonces parecían eternos. He llorado de ausencia, de impotencia, de miedo. Pero también he derramado lágrimas de emoción, e incluso de risa. He exhalado su fragancia, amarga como la tuera, salada como el sur, meliflua también algunas veces.

He desenvainado lágrimas de ira, de lamento, de camas vacías, de nido vacío, de sueños vacíos, de completo vacío.

Algunas lágrimas han saciado mi sed, otras ha dejado cardenales por dentro de mi piel, como un tatuaje que no se ve, pero se siente. Lágrimas que han acariciado mis ojos para rendir homenaje a lo que pudo haber sido…

Pero también he conocido lágrimas que manipulan, que salen a destajo para mentir, No hay mentira más grande que la que se dice llorando porque esa mentira es el último recurso para lograr el afecto. No son lágrimas de pena, son lágrimas que dan pena. Lágrimas de cocodrilo, que lloran mientras devoran a sus víctimas, lágrimas hipócritas. Maldito llanto entonces. Maldita la lágrima que se usa como una bala cobarde.

Sobre el autor

Enrique Rojas Guzmán

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