Publicado el: mié, 15 May, 2019
Opinión

Las democracias aquí y allá

A punto de cumplir tres años en este país he podido darme cuenta grosso modo de las diferencias que imperan entre México y España en el rubro político. Ya he hablado en esta columna sobre basura, nivel de inglés, el carné de conducir y sobre cómo los isleños se estorban unos a otros cuando caminan por la calle. Esta vez toca hablar de las elecciones, un asunto que vivo por primera vez en cuestiones autonómicas. ¿Qué diferencias son las más notables respecto a México? Veamos.

La publicidad y propaganda
Lo primero que me ha llamado la atención es la laxitud de los candidatos y partidos políticos en la intrusión a los medios. La publicidad en la calle, en la televisión e internet es increíblemente más relajada y distanciada de la población. Recuerdo en cada elección federal, estatal o de ayuntamiento cómo en México resultaba un verdadero dolor de cabeza al grado de aprenderse de memoria la canción oficial del candidato y los slogans en las fotos con amplias sonrisas y retoques de Photoshop que ocupaban cualquier espacio público. Esas fotos y slogans iban directo al merchandising en forma de playeras, vasos, llaveros, mecheros, juguetes, mochilas, fundas de móvil, y hasta condones (como suele hacer aquí la UGT, que me ha tocado ver). Pero en México los actos de campaña son terriblemente desmedidos, hay espectáculos de baile con magos y payasos, sin olvidar las tortas y los refrescos cortesía del partido político y su respectivo candidato, ocasionando las tradicionales masas de «acarreados» para vitorearlos. Esto en las zonas más pobres sigue siendo bastante redituable, por desgracia.
Manda cojones, ¿verdad? España es otra cosa. En mi deambular en varias regiones de Andalucía, me he percatado que existe contaminación visual de partidos y candidatos en las calles, pero es de hacer notar cómo se mantiene relajado hasta el día de las elecciones. No he podido asistir a un mitin en directo, pero vamos, en Cancún te los encontrabas sin quererlo, a cualquier día y hora, como si fuese un desfile de circo o feria, con música y gritos a tope. Hasta ahora, aquí las elecciones sindicales me han parecido más pesadas que las oficiales, pero sin siquiera acercarse a esos niveles.

El tiempo de campaña electoral
En España me ha llamado la atención los cortos tiempos. Un mes para presidenciales, otro tanto para las autonómicas. Madre mía, qué alivio. Los candidatos no suelen ser una sorpresa, el votante usualmente sabe de qué va su ideología y propuestas, además del partido o coalición que les respalda. Las últimas sorpresas notorias han sido la irrupción de Podemos y su tono desenfadado y populista, y Vox, el partido de ultraderechas que resucita la ideología franquista, entre otras perlitas. Los demás partidos están prácticamente definidos en filosofía y candidaturas. En México, la ideología depende más del candidato en cuestión (al no haber reelecciones en los puestos resulta interesante descubrir lo que el candidato está dispuesto a jugarse en una elección directa popular, incluyendo promesas firmadas ante notario público).
En México las campañas pueden prepararse desde un año antes si las condiciones son favorables o hay un «destape» de candidato anticipado. Y una vez que eso ocurre, hay que prepararse: veremos su cara hasta en la sopa. Y lo digo en el sentido literal de la palabra. Creo que el expresidente Vicente Fox tiene uno de los récords, lanzando sus intenciones presidenciales a los medios masivos tres años antes de las elecciones. Otra cosa es la longeva campaña política que Andrés Manuel López Obrador hizo continuamente desde 2006 hasta que en 2018 consiguió la presidencia constitucional (de hecho, él se autoproclamó «presidente legítimo» cuando perdió las elecciones federales de 2006 por escaso margen, ocasionando un plantón de protesta de varios meses en Ciudad de México; nuevamente perdió en 2012 por una mala campaña política). López Obrador se dedicó a viajar por todo el país por más de diez años, virtualmente pueblo a pueblo, aprovechando los terribles réditos de la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón y el infame mandato de Enrique Peña Nieto, aunado a los escándalos de miembros importantes de su propio partido, el PRI; en el ínterin fundó su propio partido político (Morena) con el que se invistió presidente y que ahora rige además por mayoría aplastante el Congreso. Claro ejemplo del que quien la quiere la consigue.

Y claro, el sistema electoral En México, el voto es directo y no se necesitan mayorías conformadas de otros partidos, ni mucho menos. El voto se contabiliza uno a uno, y el que tenga más, gana. Así de simple. Aquí en España se necesitan alianzas poselectorales (algo que me fue difícil de entender al principio) ya que en mi país el que gana ostenta el cargo y se atiene a los vaivenes de su propia oposición en su Cámara o Congreso. Los partidos solo hacen coaliciones para trabajar y registrar candidatos antes de las elecciones, no después.

Mociones de censura

Yo aluciné cuando se presentó la moción de censura a Rajoy y lo destituyeron, así sin más. A Enrique Peña no lo pudo sacar ni la tragedia de Ayotzinapa, ni los muertos del narco, ni sus terribles chistes cada vez que hablaba. A pesar de lo que pueda decirse, la moción de censura y la posibilidad de que ocurra en cualquier momento, es un buen aliciente para hacer bien las cosas, y en caso contrario, para se puedan corregir los rumbos en los mandatos. Algo todavía inaccesible para un país como México: ni los casos extremos como el del gobernador Roberto Borge en Quintana Roo, quien hasta meses después de terminar su cargo, fue detenido; hasta hoy sigue preso por una larga lista de actos de corrupción, sin contar el abuso de poder y violación de Derechos Humanos. Otro gobernador, Javier Duarte, quien durante su gestión se dio tratamiento con agua destilada a niños con cáncer en vez de quimioterapia, fue detenido después de su mandato, y su sentencia hoy se tambalea, incluso puede quedar en libertad.

¿Y bien, qué podemos sacar de todo esto? Pues que la Democracia hace todo posible. Es diferente en ambos países, casi diametralmente opuesta; hoy mi país pasa por una prueba de confianza, algo parecido en España con la irrupción de Vox en el mapa político. Obrador estuvo más de una década en la oposición trabajando y acariciando la presidencia; en 2018 la alcanzó porque el PRI, el partido que regía, cometió estupideces inconmensurables de la mano de Peña Nieto, y vamos, se lo dejó en bandeja de plata: la gente estaba más que harta de lo que se vivía en el país. Hace poco, los andaluces mandaron un claro mensaje al PSOE que no perdía desde 1982: cedió al PP la presidencia de la Junta por más o menos las mismas razones: el infame olvido y atraso de Andalucía respecto a las otras comunidades autónomas, aunado a las precarias situaciones de paro y los desatinos de la expresidenta Susana Díaz. Ya veremos si el PP aprovecha la ola que la democracia les ha enviado, o se repite la historia de siempre.

Sobre el autor

Mauro Barea

- Escritor, sí, pero también fui proyeccionista de cine,agente de tráfico aéreo y asesor de telecomunicaciones, donde clientes cabreados intentaron aventarme móviles a la cara varias veces. Trabajé en una agencia de viajes donde estaba prohibido dejarse crecer la barba. Esta columna esta hecha desde una visión extranjera, pero nunca ilegal.

Mostrando 1 comentario
  1. Avatar Sin acritud. dice:

    Cuando dice que VOX resucita la ideología franquista ¿a qué se refiere? ¿Cuales son esas demás perlitas? Aclárelo por favor.

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