El Bar la Teja cierra tras no poder hacer frente a las nuevas medidas impuestas por el Ayuntamiento
El establecimiento isleño pone fin a su actividad tras 17 años abierto, después de varios meses marcados por las restricciones, caída de clientes y la reducción de ingresos, una situación que también ha obligado al despido de varios trabajadores
El conocido establecimiento 'Bar La Teja' echó el cierre durante la madrugada de este jueves, 1 de octubre, después de no poder hacer frente a las nuevas medidas impuestas por el Ayuntamiento de San Fernando.
La decisión se toma “con mucha tristeza y mucho dolor”, después de una etapa marcada por la restricción de horarios, la reducción de aforo y la instalación de las nuevas sombrillas.
La situación económica ha ido empeorando hasta el punto de que el establecimiento ha tenido que despedir a varios trabajadores. “Si sumamos que tenemos que cerrar antes (y nuestros clientes ahora no se pueden tomar la copita después de comer y se tienen que ir a otros bares que sí les dejan más tiempo), que nos han obligado a reducir el número de mesas y que muchos de los clientes se van por no estar cómodos ante tantas restricciones y presencia policial, los ingresos acaban bajando, como es lógico, por lo que nos vimos a reducir también el personal”, declaran a este periódico los gerentes.
“A todo esto le tenemos que sumar el gasto de las nuevas sombrillas, que como mínimo tenemos que pagar 15.000 euros, precio que cada establecimiento tendrá que pagar atendiendo al número de mesas, dinero que, si nos negamos a pagar, automáticamente perderíamos la licencia de terraza”, añaden.
Por ello, la decisión ha sido poner fin a la actividad antes de que la situación sea todavía más difícil. “Es como un barco que se está hundiendo. Por mucho que hayas intentado tapar la vía de agua, llega un momento en que ya no puedes y te tienes que ir antes de que se hunda”, explican.
El cierre, aseguran, no se produce sin pesar. El establecimiento ha formado parte durante años de la vida cotidiana de muchas personas y ha sido un punto de encuentro para vecinos y clientes. “Mucha gente ha crecido aquí”, apuntan, al tiempo que comparan el establecimiento con “un club social de barrio donde la vida pasa, para bien y para mal, pero sobre todo con mucho cariño y mucho amor”.
Por eso, más allá de las dificultades económicas que han llevado al cierre, la despedida tiene también un componente emocional para quienes han estado vinculados al establecimiento durante estos años. “Esto lo hacemos con dolor”, concluyen, lamentando una decisión que consideran necesaria ante la imposibilidad de mantener el negocio en las actuales circunstancias.








