Publicado el: Mié, 19 Ago, 2026
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Muere Juan Tamariz, el mago de la Transición que encontró en San Fernando su refugio

Juan Tamariz disfrutando de un tazón de caracoles en el Bodegón de Andalucía en mayo del 2013 - El Castillo de San Fernando

El maestro del ilusionismo fallece a los 83 años en Madrid tras una vida dedicada a la magia y deja una especial vinculación con San Fernando, donde tenía una casa y pasaba varios meses al año

Juan Manuel Tamariz-Martel Negrón, conocido en todo el mundo como Juan Tamariz, ha fallecido este martes 18 de agosto a los 83 años en Madrid. El célebre ilusionista murió en el Hospital Clínico San Carlos después de una vida dedicada por completo a la magia y deja también un vínculo muy especial con San Fernando, ciudad en la que tenía una casa desde hacía décadas y donde acostumbraba a pasar largas temporadas cada año.

La noticia de su fallecimiento fue comunicada por su hija, la también ilusionista Ana Tamariz, que despidió públicamente a su padre destacando tanto su figura personal como el amor que siempre sintió por la magia. Tamariz había continuado vinculado a los naipes y al mundo del ilusionismo prácticamente hasta el final de su vida.

Nacido en Madrid el 18 de octubre de 1942, Tamariz descubrió la magia cuando tenía apenas cuatro años, después de asistir con sus padres a un espectáculo de ilusionismo. Aunque estudió Física y dirección cinematográfica e incluso realizó trabajos relacionados con el cine, su verdadera vocación terminó siendo la magia.

Su carrera alcanzó uno de sus grandes hitos en 1973, cuando obtuvo el Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso Mundial de París con su conocido 'Número de París'. Su manera de entender el ilusionismo rompió con la imagen tradicional del mago serio y solemne y combinó la cartomagia con el humor, la teatralidad y una extraordinaria capacidad para conectar con el público.

Fue el mago de la Transición, una época en la que llevó la magia a millones de hogares españoles y ayudó a transformar la imagen del ilusionista. Con sus vaqueros, su sombrero de copa, su peculiar sentido del humor, el violín imaginario y su inconfundible '¡Chan-tatachán!', Tamariz reinventó la cartomagia y convirtió el ilusionismo en un espectáculo cercano, popular y accesible.

Su presencia en programas como 'Un, dos, tres... responda otra vez' y sus propios espacios televisivos lo convirtieron en uno de los rostros más populares de la televisión española durante décadas, aunque su reconocimiento trascendió ampliamente las fronteras del país.

Pero detrás de ese personaje televisivo existía también uno de los grandes estudiosos y teóricos de la magia contemporánea. Sus investigaciones y publicaciones, entre ellas 'La vía mágica', 'Los cinco puntos en magia', 'Mnemonica', 'Sonata' y 'Verbal Magic', ejercieron una enorme influencia entre generaciones de ilusionistas. Tamariz fue además uno de los impulsores de la Escuela Mágica de Madrid y ejerció como maestro y referente para numerosos profesionales de todo el mundo.

Entre los reconocimientos recibidos a lo largo de su trayectoria figuran el Masters Fellowship de la Academy of Magical Arts de Hollywood, el Mandrake d'Or y otros de los principales galardones internacionales del mundo del ilusionismo.

Para San Fernando, sin embargo, su figura tiene una dimensión especialmente cercana. Tamariz mantuvo durante décadas una relación muy estrecha con La Isla, donde tenía una vivienda y pasaba varios meses al año. En 2025 se llegó a señalar que permanecía cuatro o cinco meses cada año en San Fernando, donde vivía, trabajaba, disfrutaba de la ciudad y recibía también a otros magos.

El propio Tamariz explicó en una entrevista que, a partir de finales de mayo, se retiraba durante dos o tres meses de los escenarios y se trasladaba a su casa de San Fernando para crear nuevos números, estudiar y pensar en su magia. La ciudad se convirtió así en uno de sus principales refugios personales y creativos, alejado de los escenarios y de la televisión, y sus visitas a uno de sus rincones favoritos, la Punta del Boquerón en la playa isleña de Camposoto.

Tamariz llegó incluso a definirse como “medio gaditano”, reflejando el arraigo que había desarrollado con la provincia después de tantos años vinculado a la Bahía de Cádiz. Su relación con San Fernando no fue, por tanto, la de una figura que visitaba ocasionalmente la ciudad, sino la de alguien que regresaba cada año a su casa isleña y que había convertido La Isla en un lugar fundamental para su vida y para su trabajo creativo.

Su vínculo con San Fernando dejó también imágenes que hoy adquieren un significado especial. En 2013, este periódico El Castillo de San Fernando fotografió a Juan Tamariz disfrutando de una taza de caracoles en el restaurante isleño Bodegón de Andalucía durante una de sus estancias en la ciudad. Bajo el título 'La magia de los caracoles'.

La imagen forma parte ahora de esos pequeños recuerdos que muestran la relación cotidiana que Tamariz mantuvo con la ciudad más allá de los escenarios. San Fernando fue durante años uno de sus lugares de descanso, pero también un espacio para trabajar, pensar y compartir la magia con otros profesionales.

La alcaldesa de San Fernando, Patricia Cavada, también ha reaccionado al fallecimiento a través de sus redes sociales, donde ha trasladado el pesar de la ciudad por la pérdida del ilusionista. Cavada ha destacado que Tamariz “quiso y disfrutó profundamente de nuestra ciudad” y que durante muchos años encontró en San Fernando un lugar “para vivir, para pensar, para crear y también para compartir la magia. Gracias por tanta ilusión, maestro. San Fernando siempre te recordará”.

En los últimos meses, el ilusionista atravesó además un periodo complicado debido al Parkinson que padecía. Según explicó su hija, llegó a tener dificultades para manejar una baraja, algo especialmente duro para alguien que había hecho de las cartas una extensión de su propio lenguaje artístico. Cuando su estado se lo permitió, volvió a cogerlas y continuó haciendo magia para otros prácticamente hasta el final.

Tamariz deja cuatro hijos, Mónica, Ana, Alicia y Juan Diego, y a su esposa, Consuelo Lorgia, también vinculada al mundo de la magia. Pero deja, sobre todo, un legado que ha trascendido generaciones y fronteras: una manera de entender el ilusionismo como una combinación de técnica, imaginación, humor y capacidad para provocar asombro.

El velatorio se celebra este miércoles 19 de agosto en el Tanatorio de San Isidro de Madrid, en un acto de carácter laico. Posteriormente está prevista su incineración en El Escorial, en un acto privado, por lo que no consta una misa de funeral pública.

La muerte de Juan Tamariz supone la desaparición de uno de los grandes maestros de la magia española, pero también la de una figura que durante décadas encontró en San Fernando un lugar para vivir, descansar, pensar y crear. La Isla fue para él mucho más que un destino de verano: fue uno de sus hogares y uno de los espacios donde siguió alimentando una pasión que comenzó cuando apenas era un niño y que terminó convirtiéndolo en una referencia mundial del ilusionismo.

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