El torero isleño David Galván honra la meritocracia del toreo en Algeciras
La meritocracia, término proveniente del latÃn merÄtum (‘debida recompensa’), a su vez de mereri (‘ganar, merecer’). Algo tan evidente en la vida, pero que en el toreo parece pasar de largo, sin hacer ruido; sin ese ruido que, a su vez, es el ruido del silencio, de ese silencio que se hace cuando algo no cuadra, pero a la vez resulta ruidoso cuando parece que sÃ, pero no. Yo me entiendo.
Y es la meritocracia el deber de quien decide, de quien pone el dedo, de quien levanta el pulgar o lo baja, de quien juega con el parné del que está abajo, en la arena. Por esa meritocracia, Galván estaba hoy en Algeciras: por ser el triunfador de las dos ediciones anteriores, por mérito propio. El mismo mérito propio que hoy se han ganado sus dos compañeros de cartel, Rufo y Marco Pérez; y la misma meritocracia que hará que el año que viene Torrealta vuelva a estar en Algeciras. Corrida notable, con nobleza; quizás faltó algo de chispa en los primeros, pero se subsanó con el extraordinario quinto. HacÃa tiempo que no se veÃa algo asà por esos lares.
Comenzaba la corrida con Galván de hinojos en la puerta de chiqueros. Quizá en la mente del torero estaba la meritocracia, esa que le ha llevado a estar donde está; la que lo llevará a torear en Pamplona en diez dÃas mal contados, la misma que deberÃa haberle puesto en La LÃnea, pero vete a saber por qué allà la meritocracia se mira de otra forma. El primero fue de más a menos, tónica habitual de los primeros de la suelta. Se le cuidó e
n la lidia; Ruiz y Pacheco brindaron un buen tercio de banderillas, y Galván tiró de valor y arrojo en la muleta. Hubo dos tandas que presagiaban una faena de alta enjundia artÃstica, pero el toro se fue apagando. Quien no se apagó fue el torero cañaÃlla, que se pegó a los pitones del toro y sacó pases ligados en cercanÃas; expuso y puso todo lo que le faltaba al contrincante para darle a la faena la altura debida. Pasaportó al primero de estocada en todo lo alto y dos generosas orejas le fueron concedidas.
Esa generosidad del presidente fue la que faltó en el cuarto, toro que empujó en el caballo con una bravura asombrosa, llegando a mandar por los aires a caballo y picador. ParecÃa que podÃa ser uno de los toros de la corrida, pero se vino pronto abajo en la muleta. Le duró a David tres tandas antes de decir basta. Cerró el torero la faena con ajustadas bernardinas antes de matar de pinchazo, estocada y descabello. Luego el público pidió la oreja en mayorÃa, pero el presidente, que en la primera parte de la corrida era excelso en trofeos, en la segunda decidió guardarlas para él. Vuelta al ruedo entre vÃtores de torero, torero, una de esas vueltas al ruedo que amén de los trofeos tienen un sabor especial.
Debutaba en Algeciras Tomás Rufo, quien se topó con el regalo de la tarde: Algarrobito, de Torrealta. Un toro de embestida infinita y armonÃa en cada embroque. Llegó a dar algunos pases con una embestida mejicana en la que el toro pasaba andando, y fue eso lo que al público le entró: esa dulzura en la embestida que tan bien entendió Rufo y que tan pronto vio, Rufo supo darle al toro el tiempo que necesitaba, tiempo. Estuvo a la altura del toro, pues hay ocasiones en las que se le ahoga con tanto pase. El público pidió el indulto y el presidente lo concedió. Quedará para el recuerdo Algarrobito como también quedaron en esta plaza real Verones, Cautivo o Pegajoso. Se celebró la vida, la bravura y sobre todo la nobleza infinita. Paseó dos orejas simbólicas el torero.
Antes, en el segundo, otro toro noble pero falto de chispa, Rufo dejó pasajes de calidad, sobre todo por el pitón izquierdo. La meritocracia hará que Rufo y Torrealta vuelvan a Algeciras.
Y la meritocracia hará que Marco Pérez también vuelva. Tarde de compromiso y seriedad del torero salmantino, que aprovechó la noble embestida del tercero para sacarle pases de notoriedad por ambos pitones y que mató de una estocada hasta las gamuzas. Como anteriormente reseñamos, la generosidad del presidente en la primera parte de la corrida hizo que se le otorgaran dos trofeos. El sexto fue el peor: cabeceando, con la cara suelta y descompuesto. Aun asÃ, fue el joven matador metiéndolo en la muleta en una labor de paciencia, logrando embeberlo en más de una tanda. Fue una faena de mérito que terminó con media estocada efectiva, Oreja.
Por eso, si el toreo es justo, el año que viene todos los protagonistas del cartel deberán estar de nuevo en Algeciras, porque la meritocracia es justicia. Justicia es ver de nuevo a Galván ante sus paisanos, merece la corrida de la Feria, justo es ver de nuevo a Rufo después de la tarde de hoy, justo es que Marco Pérez vuelva y más que merecido que Torrealta esté de nuevo por aquÃ. Eso es el toreo justicia, recompensa, mérito. Apúntenlo a quien no lo sepa.
Plaza de toros de Algeciras. Segunda de abono.
Toros de Torrealta. Correcta presentación. Indultado el quinto de la tarde, de nombre Algarrobito.
David Galván, de tabaco y oro: dos orejas y vuelta al ruedo.
Tomás Rufo, de azul marino y oro: dos orejas y dos orejas simbólicas.
Marco Pérez, de champagne y oro: dos orejas y oreja.








