Publicado el: Sáb, 25 Abr, 2026
Opinión

Jubilación fantasmal

IA - Richard Stine

Cuando toca investigar un lugar, solemos repetir el mantra de que “no podemos descartar ninguna etapa histórica”, como si fuésemos arqueólogos del más allá con un máster en paciencia infinita. Una hacienda abandonada tiene su fase contemporánea, claro: paredes desconchadas, grafitis de dudoso talento y algún que otro vivo merodeando en busca de emociones fuertes o cobre que revender. Y, por supuesto, siempre existe la posibilidad de que allí ocurriera una tragedia reciente, de esas que nos encantan a los investigadores porque nos permiten hacer lo que mejor sabemos: acosar educadamente a la víctima para que nos cuente su experiencia post mortem.

Luego está el pasado cercano, ese que nos convierte en una especie de periodistas del corazón del inframundo. Preguntas profundas, filosóficas, de gran calado existencial: “¿Falleciste aquí?”, “¿Tu marido te asesinó porque te engañaba con otra?”, “¿Te acostaste con el cura que venía a dar misa los domingos?”. Auténticas cuestiones de Estado para comprender la naturaleza del más allá, dignas de una tesis doctoral en Telecinco.

Pero aquí es donde los amantes del morbo suelen detenerse, como si la historia del lugar empezara en 1950 y antes solo hubiese un vacío administrativo. Porque, claro, ¿a quién le interesa lo que pasó en ese terreno durante la Edad Media? ¿O durante la Ilustración? ¿O durante la Guerra de la Independencia? ¿Qué fue de los romanos que murieron en Hispania? ¿Siguen “en activo”? ¿Les corresponde ya una jubilación digna después de dos mil años de servicio espiritual? ¿O están condenados a seguir respondiendo a preguntas absurdas hasta el fin de los tiempos?

Y ya si nos vamos más atrás, al Neolítico, la cosa se vuelve directamente cruel. ¿Acaso esas almas prehistóricas siguen cotizando para el más allá? ¿O ya se les considera personal extinguido, sin derecho a pensión ni a descanso eterno? Porque, seamos sinceros, aguantar las sandeces que hacemos los investigadores debería contar como castigo divino. Si existe un infierno, probablemente tenga forma de sesión de psicofonías mal planteadas.

Y aquí surge la gran cuestión ética que nadie quiere abordar: ¿estamos explotando laboralmente a las entidades? ¿Es moral exigirles disponibilidad absoluta, 24 horas al día, siete días a la semana, para que respondan a nuestras preguntas sobre si “estás aquí” o si pueden “dar un golpe para confirmar”? ¿No merecen, al menos, un convenio colectivo del más allá, con descansos, vacaciones y derecho a no manifestarse si no les da la gana?

Porque, si lo pensamos bien, morirse debería ser el fin de las obligaciones, no el comienzo de un turno eterno en un edificio en ruinas esperando que llegue un grupo de curiosos con grabadoras y preguntas que ni un funcionario de ventanilla soportaría sin dimitir. Pero ahí están, según nuestra lógica, atrapados en su puesto de trabajo, cumpliendo con una jornada laboral que dura siglos, sin posibilidad de prejubilación ni de traslado a un destino más tranquilo.

Y mientras tanto, nosotros seguimos insistiendo, como si el más allá fuese una oficina de atención al cliente con un servicio pésimo pero obligatorio. Quizá algún día deberíamos plantearnos que, si realmente existen entidades, lo mínimo sería dejarles descansar. O al menos preguntarles si quieren seguir “colaborando” con la investigación. Porque igual la verdadera actividad paranormal no es que se manifiesten… sino que todavía no nos hayan mandado a todos a freír espárragos. Y puedo dar fe de ello.

Aunque a este ritmo acabaremos como el profesor Cuthbert Binns de “Harry Potter”. Si siguen retrasando la edad mínima para jubilarse a los vivos llegaremos al más allá echando horas en nuestro puesto de trabajo. Y por desgracia, de esto también puedo dar fe de ello.

Sobre el autor

- Aficionado del mundo paranormal

Deja tu opinión

XHTML: Puedes usar las siguientes etiquetas HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>