Publicado el: jue, 26 Mar, 2020
Opinión

¡Adiós vice!

Ayer pude hablar con él durante un minuto y medio. Eran las 11:30 horas de la mañana de un día inseguro, tenebroso, desapacible, incierto… tanto en lo meteorológico como en lo emocional, como a todos los que nos está tocando vivir en esta racha maldita.

Respondió a mi llamada con mucha dificultad; casi no podía articular palabra, pero aún así no desistió a mantener esa breve pero grata conversación, como todas las que manteníamos porque siempre era un placer hablar con él; cada una de sus palabras eran siempre un impulso positivo, de aliento, de júbilo; su máxima era ser feliz a todos los que lo rodeábamos.

Tras colgar el teléfono, me sumí en un estado de preocupación, de intranquilidad, de desasosiego … porque lo noté mal, muy mal, peor de lo que me esperaba.

Fue la última conversación que mantuve con mi querido amigo Antonio Sánchez Aguilera porque pasada las tres y media de la tarde de ese fatídico 25 de marzo suena mi móvil: Pepe acaba de fallecer, me dijo su hermano Juan.

Quedo quieto sin reacción y las ideas y los recuerdos del último viaje que hicimos muy recientemente a Huelva, entre otros muchos, se me agolpan formando un nudo en la garganta.

Serán los muchos y muchos de sus amigos que hemos sido golpeados con la mano despiadada de la realidad tristemente consumada que tuvimos el privilegio de conocerle y quererlo los que suframos su perdida.

Como todos los miembros de la Cofradía Gastronómica Isleña “Los Esteros”, de cuya entidad, que tengo el honor de presidir,  era mi vicepresidente. Nunca me alegraré lo bastante de haberle proporcionado su incorporación en esta cofradía, cosa que él siempre me agradeció, porque  a todos nos hacía feliz en “Los Esteros”.

Al igual que en su siempre querida Asociación de Reyes Magos, de San Fernando, donde demostró su caballerosidad y gran talla humana, dando a todos una lección de humildad y generosidad por el bien de la entidad y que por que en La Isla no hubiera nunca “ningún niño sin juguete”   –y ahí dejémoslo ahí–   

Tú, Antonio, sin querer has abandonado a tus amigos para encontrarte con tu madre, Rosario, que tristemente también nos dejó tan solos seis días ante de tu marcha. La aglomeración de sentimientos hace difícil la claridad y poco puede hacer mi condolencia a su inseparable y querida Quica, su esposa, sus hijas Mariángeles y Marta y su hermano Juan.

Sentimiento que no puede paliar ni solo un ápice la profunda pena que sentimos todos los que los tuvimos como amigo poseedores de ese dolor inexplicable que produce la separación de un ser querido tan privilegiado por la bondad y por su calidad humana.

Adiós vice, querido amigo Antonio, en el corazón de todos los que tuvimos la dicha de conocerte y quererte ocuparas siempre un lugar privilegiado, porque tus recuerdos vivirán eternamente en nuestra memoria.

Sobre el autor

Pepe Oneto

- Comunicador Gastronómico. Cerca de cincuenta años de carrera profesional, defensor a ultranza del aceite de oliva virgen extra, de la alimentación mediterránea e investigador nato de la cocina antigua.

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