Publicado el: Vie, 14 Feb, 2020
Opinión

Catorce

Camina nervioso, erguido, bien vestido y perfumado, repasando la media sonrisa que ha ensayado delante del espejo todas las veces posibles para que quede natural al mismo tiempo que segura, acompañada de un gran ramo de margaritas, las flores elegidas por un bolsillo medio vacío para rosas rojas pero lleno de besos por si a su amada se le ocurre contar los pétalos y no salen impares en alguna flor.

Hay un gran corazón rojo coloreado con lápices de cera sujeto en la puerta del frigorífico compartiendo un imán de propaganda del supermercado, con una oferta semanal de la carnicería. Se ha despertado temprano con las ojeras peinadas antes que el cabello a preparle el desayuno a sus hijos pero al volver a fijarse en el dibujo ha vuelto a sentirse dichosa, guerrera, porque aunque apenas sepa coser y se las está ingeniando para los disfraces en carnaval, porque hace magia cada día en la mesa y se enorgullece del amor tan puro que siente desde el instante en que en esa sala de partos, fue nombrada de manera vitalicia una de las reinas del amor, que se llaman Madres, que aunque no ha llegado el primer domingo de mayo, este catorce ha sido una sorpresa y un guiño a su lucha diaria y su temido final de mes, del que mejor o peor está saliendo victoriosa.

El café que no me espero, el “dame el encuentro y nos vemos”, el compartir el sol, las carcajadas y lo que sea que al hacerlo se hace grande, la pulsera de mamá para que me proteja, el mensaje del otro lado del charco de mi hermana para saber cómo estoy, (echándola de menos siempre aunque no se lo diga) las risas y confidencias con mis amigos desde que imaginábamos que cuando creciéramos todo no sería tan difícil, nuestros consejos mutuos llenos de los mejores deseos y nuestros audios que desafían al propio Cronos a mordernos a nosotras. El teléfono en el que me atienden sin demora aunque sea para abrazarme y compartir un rato conmigo, el abrazo de mi vecina que anda pachucha con tanta humedad, me siguen demostrando que aunque el amor sea del color que queramos sigue siendo sagrado y sublime si sabes apreciarlo.

Así que hoy después de publicar de nuevo, me queda agradecer el poder deleitarme con todas las muestras que nos siguen empujando a luchar por lo que merecemos, a no desfallecer ante las adversidades, a la calidez de los brazos sinceros y de los besos en la frente que nos demuestran más de lo que dan, porque lo llevan todo dentro.

Gracias porque por vosotros, sigo subiendo un paréntesis horizontal a la nube de mi barbilla más veces de lo que nunca soñé. Gracias a todos los que formáis parte de mi pequeño mundo porque sois mis satélites y estrellas, mañana y ayer, por existir.

La foto es de una pequeña caja y unos osos que me regaló mi abuela paterna hace más de cuatro lustros a la que yo sigo honrando y amando desde la tierra y ella sigue haciendo lo mismo desde el cielo, todos los días de mi vida.

Sobre el autor

- Escribiente de profesión, escritora por devoción.

Mostrando 1 comentario
  1. María dice:

    Precioso, genuino y auténtico, lleno de sentimientos y entremezclando las emociones y los recuerdos de la infancia, siempre presentes en nuestra vida.

    Me ha encantado.
    Un beso muy grande preciosa, sigue contándonos tus relatos, son un soplo de aire fresco.

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