Publicado el: mié, 28 Nov, 2018
Opinión

Días grises

Foto. cardonalab.com.

Ahora llegan los días grises, esos días en los que llegas del trabajo, el afortunado que lo tenga, coges tu mantita tricolor y te enroscas como puedes en el sofá ante el televisor, donde pueden estar echando una película de Paco Martínez Soria y que tú te la tragas con un ojo entreabierto y el otro cerrado.

Previamente a llegar a casa has pasado la mañana entre café y desidia. Todo se torna gris en un día cerrado de lluvia otoñal en toda regla hasta que suena la sirena y fuera, por fin libre, son las dos de la tarde, que más bien parecen las diez de la noche y sin quejarme tampoco porque estos días al año los tenemos contados. Si estuviéramos en Berlín sería lo contrario tendríamos tres días de sol y el resto del año serviría en colores grisáceos. Gracias a Dios vivimos en el sur de España.

Dispuesto a tomar el tren de regreso a casa con mi mundo gris cuando de repente se sienta a mi lado un anciano de unos ochenta y tantos años que irradiaba colores en cada palabra que esputaba por la boca iniciando siempre la conversación con su frase comodín: En mis tiempos se trabajaba de sol a sol. Se jactaba sobre sí mismo y se reía hasta de su sombra.

“Ahora se quejáis por todo, mira el día de hoy si es feo, pues imagínate entrar a las siete de la mañana y salir a las siete de la tarde del trabajo”, seguía hablando el anciano. “En mis tiempos se cobraban tres perras gordas de jornal y todo era destinado en la casa para subsistir, ni coches, ni chalets, ni viajes, nada de eso había, chico”, me decía el anciano con esos ojos acuosos grisáceos pero también azulados que denotaban la sapiencia del haber vivido y haberlo sabido vivir.

“En mis tiempos la educación primaba sobre todas las cosas, si alguien entraba en cualquier sitio saludaba o si había una dama de pie en un vagón o un anciano o anciana se le cedía el sitio. Para unas cosas se ha avanzado y para otras por desgracia no. Aunque sí tengo que serle sincero. prefiero mil veces estos nuevos tiempos que los ya vividos. “En mis tiempos un caudillo era el único que hacía y deshacía imponiendo la Ley. Cierto es que había trabajo y orden o disciplina, pero, ¿a qué precio joven?. Por eso preocúpense de seguir conservando el estado del bienestar en el que vivimos y no rompan España con trozos o jirones rojigualdas para sonarse los mocos o mofarse de huesos, polvo y cenizas grises de alguien que ya no va a volver gracias a Dios, y sin saber dónde lo terminarán ubicando. Sea donde fuere, seguro que contento a todo el mundo. Por eso, jóven, busque los colores dónde buenamente pueda y verá como cambian estos días grises”.

Y así fue como caminando cabizbajo hacia casa aprendí una importante lección, y es que los colores los ponemos nosotros siempre dependiendo del cristal con que miremos las cosas y que un día gris no tiene por qué ser así y puede tornarse multicolor siempre que nosotros pongamos de nuestra parte. Gracias anciano, y gracias siempre a nuestros mayores, ellos siempre son sabios.

Sobre el autor

Alas

- Crítica, sátira y lúdica de temas candentes y no tan candentes

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