"Donde escribo, dónde escribes..."
Alguien que esté produciendo una novela, o una tesis doctoral o un trabajo académico o un artÃculo de opinión tiene que redactar las palabras desde un lugar, es necesario.
Hubo un tiempo, que en nuestra sociedad, quizás mitad marca, mitad escaparate, existÃan muchos escritores, de todo tipo, que redactaban sus poemas, y, a veces, ideas para sus ensayos o sus narrativas o pequeños cuentos, pero también artÃculos de opinión, desde bares o restaurantes, incluso desde una mesa particular y concreta, que se convertÃa la mesa de tal X o Z.
Se cuenta el caso de Ruano, que tenÃa sitio y lugar y hora precisa. Unas horas por la mañana y unas horas por la tarde. Y, allÃ, atendÃa a su público, allà hablaba, allà podrÃa encontrarlo quién quisiese. DecÃa, si no cuento mal mi recuerdo, que si ganaba unas cientos de pesetas por cada artÃculo, por lo general, uno lo escribÃa por la mañana, otro por la tarde, para distinto medio.
Le costaba o se gastaba en la infraestructura material: unas pesetas en el taxi desde su casa, creo que desde RÃo Rosas en Madrid –en ese mismo bloque también habitó el Nobel Cela-, has el café, cuatro viajes, dos por la mañana y dos por la tarde. Cierto que algunas veces, iba a otros lugares, ya que ahora se indica que padecÃa "adicción a las compras", quizás más bien era, de ser cierta este dato, un instrumento para olvidar cosas que hubiese hecho, supongo yo... Y, claro habÃa que sumar el café, el precio del café, supongo que tomarÃa café.
Y, según las crónicas, allà iban a visitarle, viejos y nuevos conocidos. Y, según, indican algunos, cuándo estaba redactando un artÃculo, no se le podÃa acercar nadie. Después, ya invitaba a que se le sentasen al lado, y, algunas veces, le daba al receptor conversador su artÃculo medio terminado o terminado a medias. Y, si le ofrecÃa alguna nueva idea lo insertaba, según algunas lenguas. Algo asÃ, como ahora la IA, Inteligencia Artificial, que recoge ideas y datos y conceptos de todos los sitios y de todas las bocas electrónicas...
Supongo que en el caso de Ruano, después tendrÃa que llevarlo a la redacción sus palabras en letra de pluma, -supongo que no escribirÃa con bolÃgrafo, ya que era un medio muy popular, supongo o imagino-, para que lo publicasen, porque evidentemente, no creo que tuviese un motorista que se lo recogiese, como después se hizo realidad particular, según cuenta el maestro Umbral, hasta que llegaron los faxes, que M. Alcántara mantuvo hasta su fallecimiento en Málaga, después Internet, etc. Ni tampoco, aquello de M. Alcántara, que le esperaba una moto del periódico que le arrastraba su carne y mente por las calles madrileñas hasta llegar a la redacción y redactase su crónica de boxeo...
Las grandes urbes-capitales son otro mundo, existe todo y casi todo, todo lo bueno y todo lo malo y todo lo que está en medio. De ahÃ, la enorme posibilidad de encontrar su propio lugar, y, la enorme probabilidad de perderse. Las grandes capitales del mundo recogen cada dÃa, cientos de personas que marchan para intentar triunfar, la palabra e idea del Triunfo romano, que un dÃa narraremos, de eso de pintar de rojo, de hacerle un desfile, pintar de rojo la cara como representar a los dioses, a Júpiter, el Padre de los dioses griegos, semejante al Zeus griego. Pero claro, el Triunfo, dado a generales, especialmente, a César, llevaba la contraofensiva, de alguien que le indicaba, un sirviente, algunos indican un esclavo: "solo eres un mortal". Y, el Triunfo, solo duraba un dÃa, después volvÃas a ser el mortal de siempre, aunque hubieses conquistado la Galia.
Por supuesto cada arte, supone un lugar desde dónde se escribe, cada ciencia o cada saber también. Vemos esas grandes salas con docenas de pizarras que se mueven, dónde los matemáticos y sus ayudantes se rompen la cabeza, junto con alumnos de doctorado, para intentar descubrir alguna nueva ecuación o algún nuevo fenómeno pasarlo a números o ecuaciones.
Recordamos la matemática, como saber tan abstracto, que parece no sirve de nada, y, un algoritmo de hoy, puede abrir puertas a tecnologÃas del mañana. Todo lo que existe tiene color, todo lo que existe lleva dentro embarazado en su seno, matemáticas. Pero también lleva fÃsica, lleva aspectos de la naturaleza, lleva ética y moral... Somos un conjunto de partes que formamos realidades. Estamos formados, todo lo que hacemos, por decenas de variables, finalidades, funciones, relaciones, interrelaciones...
Los artÃculos de opinión, se escriben en las redacciones de los periódicos, o, en los domicilios de los articulistas y escritores. Que yo sepa, ya pocos se hacen en tertulias o en bares de tertulias. Ahora, se necesitan los móviles y los ordenadores. Hay, articulistas que narran y cuentan, que terminan los artÃculos con el móvil como el notable articulista Jabois, y, los envÃan en el último momento, por tanto, ha surgido otro lugar donde se crÃan las palabras, que buscan sentidos al mundo, en los móviles y que pueden ser redactados, en una mesa de bar, en el trayecto del metro, en una espera del médico, cuidando a los niños mientras juegan...
Pero la gran pregunta es o serÃa: no solo dónde redactas tus novelas o tus poemas o tus trabajos académicos o tus columnas periodÃsticas, sino dónde las piensas. Dónde permites que tu mente y conciencia e inconsciencia piense y te hable. Además, de dónde te nutres y de dónde te informas y de dónde aprendes nuevas realidades...
Siempre recuerdo al gran Einstein, al menos grande como fÃsico matemático, que en periodos de su vida, alquilaba una casa o piso o vivienda, solo para pensar. Pensar tumbado, quizás, para que el inconsciente fluyera. Para que la pregunta o problema que tenÃa en la cabeza, saliese de dentro hacia la superficie...
Esta es la cuestión, se deja usted tiempo para pensar, se deja ser y estar en su sillón, al menos, para que su mente semiconsciente fluya, y, alcance más profundidad sus ideas, o sus ideas profundas surjan a la superficie. O, solo mira y escribe, come y escribe y respira y escribe. Pero no deja que su mente interior fluya, no deja ningún tiempo... Siempre llenándose de avaricia y lujuria de ideas y datos y palabras. Pero no deja que el cocido se caliente a fuego lento durante algunas horas al dÃa o al menos, a la semana. Paz y bien...







