Publicado el: Lun, 13 May, 2024
Opinión

El padre/madre prior/a y Manuel Alcántara

Raramente hablamos, aunque sea tangencialmente, en las columnas de las personas que tienen el cargo máximo de responsabilidad de las comunidades religiosas.

El milagro y enigma del articulismo de opinión es precisamente éste. Que está bien, que se escriba y hable y dialogue de todos los temas que existen en la realidad, que la realidad no es lo mismo que la actualidad y ni realidad y actualidad son lo mismo que la novedad, y, todos los adjetivos y substantivos anteriores, no es tampoco lo mismo que la audiencia aumentada o disminuida de ese tema o cuestión...

Pero esos temas que están presentes con nosotros y en nosotros son esenciales. Es una combinación de Autoridad, entraría dentro del concepto de Autoridad, y, de lo Religioso, es una Autoridad Religiosa. Quizás, usted no se ocupe o preocupe de estos temas. Lo primero, es cuantificar, cuántas Autoridades Religiosas existirán, pongamos por caso, seleccionemos el conjunto de colegios religiosos en el que existe un Padre que es la Autoridad religiosa máxima en el colegio, aunque después, existan Directores seculares en cuanto a la formación. Pero de comunidades religiosas: conventos, monasterios... cuántos existirán, unos cientos o unos miles en el territorio español, decenas de miles en Europa...

Aunque no sea una novedad esta realidad, es una realidad, y, quizás, nosotros debamos abordarlo. Quizás, los grandes ojos del notabilísimo Manuel Alcántara, uno de los diez o veinte columnistas más importantes de estos tres siglos que ha pasado por este enorme pan que es Celtiberia, sí fue capaz de captar esta realidad. Como su talento lo expresa, concretiza en un prior, en el prior de Los Valles de los Caídos, según mi idiosincrasia, yo hablo en general, para que si alguien se fija en este modesto artículo, piense en el prior o priora o madre superiora del colegio dónde lleva a su hijo o hija, o el prior del convento que está en la misma calle de su casa o en sus experiencias del pasado.

Demos al César lo que es del César, y, además así continuamos con este viaje que estamos realizando por el columnismo de opinión de esta Piel de Toro, en estos tres siglos últimos. Pues Manuel Alcántara firmó una columna titulada: El padre prior, en El Correo, el domingo 06 de enero del 2019, unos tres meses antes de pasar su tránsito, Dios lo tenga en su paz eterna –saludo que se hacía antes y durante siglos, o Dios lo tenga en su seno, saludo que todos los oídos escuchaban de vez en cuando, pero que ahora se ha olvidado, y, por eso le recuerdo a usted una frase que quizás ya sea arqueológica, la arqueología del lenguaje, gran tema, para tratar algún día-.

Los de una edad ya apreciable, hemos tenido relación en nuestras vidas, con los superiores de entidades religiosas, de diverso orden, no solo colegios religiosos, no solo de monasterios o conventos, no solo de seminarios, y, de diversidad de pareceres y entendederas, por ejemplo, Rectores religiosos de Colegios Universitarios, etc.

Y, uno mirando hacia atrás, se da cuenta, se percibe, recuerda que dependía mucho de la personalidad, personalidad psicológica y moral de la persona que ocupaba ese cargo y esa carga, la forma de ser y de estar en el mundo. De lo que hacía y de lo que se hacía. Siempre en las tradiciones religiosas, exactamente, siempre existe mucho peso de la tradición. Pero también es cierto, que la personalidad de la persona que ocupa ese lugar, en ese momento, en ese paso, puede tener mucha importancia, para la entidad concreta, sea del tipo que sea, pero también, para las personas que diríamos están bajo ese paraguas...

Es la condición humana, toda la sociedad, queramos o no es jerárquica, no es lo mismo la personalidad de una persona que ocupa un alto cargo económico y de gestión en una empresa u otra. De ahí, todos los estudios que se han hecho y se aplican en la racionalidad de los Recursos Humanos. Quizás, aquí en el caso de los priores, símbolos de todos los cargos religiosos, estaríamos en la misma situación... la personalidad de esas personas es condicionante, en mayor grado para algunos de los que están bajo su responsabilidad, pero para otros son determinantes...

La microhistoria que apenas se estudia en los relatos de la historia. La microhistoria, la microhistoria es esencial para entender el mundo. Quizás, sea un trocito de una tesela de un mosaico enorme que es la historia. Pero siempre me he preguntado, cómo se vería afectada la personalidad de Stalin o de Azaña por estar en entidades religiosas, durante un tiempo de su vida. Tanto en aptitudes y actitudes positivas y menos positivas...

Hoy, al menos, cuándo se vaya a dormir esta noche, recuerde, que hoy ha leído un modesto artículo sobre una realidad, que quizás usted no había pensado lo suficiente, la personalidad de las autoridades intermedias de multitud de entes que ocupan cargos y cargas, no solo religiosos, sino civiles... personas que pueden ocupar ese cargo y carga, diez o cuarenta años, y que condicionan y determinan, ese movimiento de ese ente, y, que condiciona a muchas personas... Esos cargos y cargas, intermedios y bajos, pero que tienen autoridad. Quizás, sea bueno ocuparse alguna vez de ellos.

Por eso, la experiencia me ha enseñado, no eleven a personas demasiados jóvenes, a cargos importantes, porque condicionarán demasiado, durante treinta años o más, esas entidades, tanto en lo bueno, como en lo menos bueno... Quizás, este haya sido un error, durante siglos en nuestro lugar y terruño ibérico... Alguien es ya la autoridad máxima con treinta años o un poco más, de ese ente económico o político o jurídico o social o administrativo o... ¿O, no...?

Sobre el autor

- Sección en la que trataremos temas de actualidad con un sesgo literario-filosófico.

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