Publicado el: Vie, 11 Dic, 2020
Opinión

¿Y si lo paranormal no existe?

Imagen. Banco de Pixabay.

Internet está lleno de leyendas urbanas, vídeos de fantasmas, lugares embrujados, extraterrestres y todo lo que quieras contemplar. Es más, la red ha creado a sus propios monstruos: Slenderman, Jeff “the killer”, The Rake “El Rastrillo”, entre otros muchos…

El principal problema que nos atañe es la mentira que esconde. Los creepypastas provienen del imaginario colectivo de grandes foros, mientras que la mayoría de las pruebas audiovisuales que encontramos son montajes. Se nota que el alien es un disfraz, que el fantasma es de cartón o que la criatura infernal es 3D.

Si eliminamos el mundo paranormal de “moda”, y nos quedamos con lo clásico, seguirán saliendo voces críticas que pondrán en duda su veracidad. Aprovechando mis raíces gaditanas, voy a preguntar cuántas personas desconfían de la leyenda de “La casa de los espejos”, del milagro de la Virgen de la Palma o de la monja del hospital. Y si nos vamos a mi ciudad, San Fernando, también los hay que ponen en duda los sucesos de la antigua casa de socorro de la Cruz Roja, de la niña fantasma de la “Casa Palomo” o de los lamentos del Penal de las Cuatro Torres.

Incluso, en los casos donde existen muchos testigos como en el avistamiento de ovnis de Conil de la Frontera, la fotografía del fantasma de la catedral de Jerez, el fenómeno de “The Hum” que se escuchó en la provincia, u otros tantos casos que se han contado hasta la saciedad por los afectados, tienen sus más duros detractores.

La historia nos ha demostrado que tiene mil caras, y que podemos darle la forma que queramos según la narremos. Ocurre con la historia de España, así que ya sabemos lo fácil que puede ser  deformar un suceso histórico dentro de nuestro “lado oscuro”.

El museo de los difuntos Warren, junto con sus psicofonías y demás, están en el punto de mira. Se demostró con la pandemia del Covid-19 que a Iker Jiménez no se le toma en serio, ya que fue criticado cuando nos advirtió, meses antes, de la llegada del virus que asola el planeta. La carrera del filósofo Allan Kardec se vino abajo cuando se metió en el espiritismo. Y podría seguir con muchos más ejemplos, como el escritor Gerald Gardner con la Wicca, Fernando Jiménez del Oso y las críticas que recibió por el sector de la Iglesia y la ciencia…

Sin embargo, voy a echar el freno, ya que la duda viene bien para que las investigaciones paranormales no se ensucien con falsas pruebas. No se puede creer en el primer rumor que llegue, en cualquier sonido que aparezca en nuestra psicofonía, o en que la puerta no se haya cerrado sola por una ráfaga de viento.

Por otra parte, todo haría aguas si dejamos la religión de lado, y es algo que ocurre mucho entre los investigadores. Por ejemplo, los Warren tenían su base en el cristianismo, pues sin creer en el alma, y en el concepto del cielo y del infierno, ¿cómo creer en fantasmas y demonios? Si no creemos en las religiones, la mayoría de los muñecos malditos se vendrían abajo… Pregunta del millón, ¿los muñecos pueden estar malditos? ¿Dónde está el límite de los objetos poseídos?

Si no hubiera religión de por medio, tampoco habrían milagros, ni exorcismos, apariciones de rostros… Nos quedamos con la ufología y otros fenómenos de índole más terrenal, cuando curiosamente son los menos atractivos de este submundo. Que si abrimos en canal el temario de los extraterrestres, además de platillos volantes, hay que valorar los rods que, a grosso modo, son pequeñas criaturas desconocidas del espacio. ¿Descartamos lo último también?

Quizás, la realidad nos aburra y nos tengamos que inventar, o creer, que existe algo más allá que “esto” que vivimos todos los días. Que realmente existen los fantasmas, los demonios, las hadas, los vampiros y los duendes. Que todos los casos que nos han contado a lo largo de los años no se han ido distorsionando de boca en boca. Pensar que algunas de las pruebas de los grandes maestros no sean falsas.

El mundo paranormal es muy frágil y, al mismo tiempo, hermoso. ¿Dónde está tu límite? ¿Qué es real y qué es mentira?

Sobre el autor

Richard Stine

- Aficionado del mundo paranormal

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