Publicado el: Dom, 22 Mar, 2020
Opinión

II Cuestiones sobre la libertad de pensamiento

Vista del espléndido cordón dunar de la Punta del Boquerón. Un privilegio de paisaje que tenemos la obligación de conservar.

Hoy, con las enormes tecnologías de la información y los enormes poderes y de documentación sobre hechos y personas, es absolutamente, necesario reivindicar dos principios, la libertad de conciencia-pensamiento y por tanto de expresión-difusión, por un lado, y al mismo tiempo, que esa información o datos o conceptos o ideas o narración de hechos, sean lo más verdaderos o bondadosos posibles, es decir, lo más reales.

Toda persona puede equivocarse, en sus ideas y en su expresión, pero a toda persona, según parámetros amplios de la legalidad y la moralidad, según los derechos humanos de 1948, como carta moral máxima de convivencia humana, de cualquier persona, sea del continente que sea. Toda persona tiene derecho a recibir información lo más correcta posible, y al mismo tiempo, toda persona, aunque se equivoque, tiene derecho a la libertad de conciencia y de expresión. Este elemento es tan esencial, que si se cercenase o cortase en individuos o sociedades, dichos entes, crecerían de forma irracional y asimétrica.

Ciertamente la libertad de pensamiento y de conciencia, junto con la libertad de expresión y publicación hay que difundirla de forma racional, correcta, prudente, moral, con sentido común y situándose en circunstancias…

Todo el mundo habla de libertad y de tolerancia, pero en el fondo, no toleran la libertad de pensamiento. La mayoría de personas no aceptan que otras personas no piensen como ellos. Pueden ser muy tolerantes con la sexualidad, por poner un ejemplo, pero no lo son con otras personas tengan otra opción sociopolítica, o incluso crean que disponen de otra.

Respetar las opciones de pensamiento de otras personas, no quiere decir, estar de acuerdo con ellas. Sino solo tener diferentes puntos de vista, y cada uno, puede y debe argumentar con respeto y tolerancia sus propias posiciones.

Si una sociedad quiere alcanzar altos niveles de libertad y de equidad, debe incentivar el librepensamiento. Igual que si desea alcanzar un alto nivel de riqueza debe incentivar la investigación en todos los campos y saberes.

Es cierto, que el libre pensamiento no exige necesariamente ir en contra de todo y de todos, ni tampoco ir a favor de todo y de todos. El librepensamiento, que es hija de la libre conciencia, y consecuencia la libre expresión, es dentro del enorme marco de la legalidad y la moralidad, con todos los matices de estos dos conceptos, es intentar que los conceptos e ideas y datos sean armónicos con la realidad y lo real.

Para ello la sociedad, debe permitir el librepensamiento, y por tanto, no castigar y no sancionar a las personas, que se dedican a ello. Cosa, que ni siquiera en las democracias se respeta. Porque “si no eres de los míos, o no atacas a los contrarios a los míos, entonces no eres de los míos”, y te cerramos muchas puertas, mucho ascenso laboral y profesional y social. Y esto, aunque parezca un cuento, ocurre y ha ocurrido, incluso en las democracias…

El librepensador debe, buscar la realidad, la verdad-bondad de la realidad, de lo real, le guste o disguste. No debe expresar la proyección solo de su ser o de su estar en el mundo. O dicho de otra manera, de sus traumas y heridas y de su ideología o su sociedad o su cultura. Todos esos condicionamientos y otros, no podemos obviarlos y negarlos. Pero el librepensador, si lo es de verdad, el pensador observador si lo es de verdad, se mueve en el terreno de la búsqueda constante de la realidad. Y por tanto, no negar lo evidente y lo obvio, pero tampoco lo secundario y terciario, le guste o disguste, esté de acuerdo con sus posiciones primigenias y originales o no lo esté…

Si miramos hacia atrás, en estos últimos tiempos, estás últimas décadas, y estos últimos siglos, el territorio de la libertad de pensamiento y de conciencia y de culto y de religiosidad y de expresión de esa libertad, no ha sido tan grande. Más bien siempre ha estado restringido, sin negar que en cada periodo del tiempo es diferente el concepto o el grado de libertad y de libertad de pensamiento…

Pero, incluso en sociedades que constitucionalmente abogan por la libertad y la defienden en sus leyes y en todos sus marcos jurídicos. La realidad social tiene otros colores, imperan otras fuerzas y otros colectivos y otras ideologías y otros intereses. No podemos negar, que se han cortado y mermado muchas carreras profesionales, incluso en los ámbitos de los centros educativos, por no tener o no ser afín o no tener el “suficiente pedigrí de una ideología equis”, puede incluso, según el territorio o el centro educativo, primar una sobre otra.

Demasiadas personas, se les llena la boca de luces de colores hablando de libertad. Pero pocas personas, de verdad, buscan la libertad del pensamiento, la libertad de la realidad. No es, como muchos piensan estar en contra de todo, o estar a favor de todo. Sino buscar en todas las ideologías y culturas y sociedades y concepciones lo que sea más verdad o sea menos, encontrar los datos y los conceptos y los argumentos y las razones, para en un tema equis, indicar, con modestia y humildad, que bajo su parecer esto es lo correcto o más correcto o menos… Tomar y beber y analizar todas las fuentes, no solo las ciencias y las tecnologías, ni solo las filosofías, sino también las artes, las estéticas, las culturas, las metafísicas, las religiones-teologías, la realidad de la vida…

Ciertamente, si el saber de las humanidades, de la filosofía, de las letras y de las ciencias sociales avanzasen más deprisa y más acertadamente, los humanos alcanzaríamos mayores grados de verdad y de realidad y por tanto de libertad. Cierto sería, que si nos aproximásemos más a las ciencias naturales y matemáticas, que han dado un florecimiento enorme en estos últimos tres siglos o si quieren cinco, estaríamos en otra situación. Somos unos gigantes en ciencias y tecnologías, aunque no tanto como creemos y muy pequeños en los terrenos de las humanidades, la filosofía y los saberes del sentido…

Si se encuentra, por casualidad o causalidad, un librepensador, que no intenta imponerle a usted, ni a nadie, ninguna idea, ninguna ideología, sino solo desea observar y pensar, y solo después exponer lo que cree ha encontrado. Si encuentra usted, en toda su vida, un librepensador con esas características, que quizás, no le caiga bien, no sea extrovertido o quizás si lo sea, si lo halla, no le ponga más zancadillas, de las que ya soporta y sufre, no les ponga más cruces de las que ya lleva, que es hoy, hoy muy difícil, seguir observando y pensando y analizando con libertad.

Y desde luego, porque crea que no es de su ideología o de su pensamiento o de su carácter, no le cierre su desarrollo profesional o laboral o vocacional o social o económico, porque como usted necesita aire y vestido y cobijo y alimento… Si encuentra usted una persona así, porque en toda su vida, no creo que halle más de dos o tres, tenga la sabiduría y el conocimiento de respetar a esa persona, porque es una especie a extinguir, incluso en las democracias… ¡Paz y bien!

Sobre el autor

JMM Caminero

- Sección en la que trataremos temas de actualidad con un sesgo literario-filosófico.

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