Publicado el: Jue, 23 Mar, 2017
Opinión

La misma piedra en el camino

Aquella vez que pisé por primera vez las tablas del rojo teatro.

Lo recuerdo como si fuese ayer:

Muchos años han pasado, pero la imagen, la sensación, los nervios, la ilusión, todo quedó guardado en un rincón de mi corazón. Aquella vez que pisé por primera vez las tablas del rojo teatro, siempre vivirá dentro de mí.

Recuerdo también, después de dar los premios, con un teatro lleno hasta la bandera, una marabunta de chiquillos correr por los pasillos, por las puertas abiertas, que daban a la caja del escenario, rebujarse en el mismo, más allá de haber quedado primero, segundo o último, todos saludando, saltando y chillando por el escenario.

Maravillosa imagen, que vuelve a mi retina para inmortalizar mi primera vez, allá por el año 86.

Por desgracia quedó un nubarrón negro en mis recuerdos. Al salir a la calle, a son de bombo y caja, para celebrar un humilde tercer premio, unos padres de una agrupación cualquiera, para que dar nombres  y hacer daño, nos abordaron gritando que enseñásemos los carnets, que habíamos robado el premio a sus hijos, y tras un rato de miedo y tensión, al darse cuenta que no éramos más que el tercer premio, se fueron tal como llegaron…….

Este año, la final infantil presentaba, un formato muy interesante. Un pasacalles por el teatro con todos los grupos, el veredicto del jurado con las agrupaciones  dentro, al más puro estilo que muchos vivimos y recordamos. Pero no;

Aquella piedra volvió, igual que vuelve siempre, y nos hace tropezar una y otra vez. Padres contra padres, gritos, abucheos, la maldita hiel por la boca de nuevo. El veneno que corre desde pequeño, hasta adultos, y serpentea entre las generaciones que van cayendo en sus redes, una y otra vez, ensombreciendo este concurso.

Al final nada de nada. Veredicto con el rojo teatro vacío, sin pasacalles y con la sensación amarga de que todos han perdido.

Ciertamente todos perdieron, aunque en mayor medida, sin duda, los pequeños.

Aunque en el fondo creo, que perdemos una y otra vez, la oportunidad, de desterrar desde los pilares, la cara oculta, el fanatismo, la poca vergüenza  y el asqueroso modelo de sociedad adquirido, el veneno que desde  pequeño nos inculcan y que no nos permite ver más allá de lo mío y lo demás no vale nada. Esa maldita piedra que nos hace caer una y otra vez, en errores que dormían en un rincón de mi memoria. Ojalá algún día desterremos del rojo teatro, ese mal que corrompe a las personas y las vuelve irracionales. Que algún día, consigamos apartarla del camino de los más pequeños, para que sean capaces de forjar, un concurso más limpio, más humano, y que sirva para engrandecer aún más, el don concedido, de narrar  el ritmo de la vida  al son de coplas.

Sobre el autor

José María Palmero (Caleti)

- El circo de la vida, a mi me enseño, que las penas se olvidan con buen humor y que el tiempo que perdemos no es recuperable.

Mostrando 3 comentarios
  1. Carmen Maria dice:

    Pues si Jose Maria es una pena que se inculque el fanatismo desde la infancia pero siempre nos queda la esperanza y la fe de esa ilusion que desde pequeño se tiene, es el mejor tesoro para que nuestra fiesta sea rica desde la Cantera.

  2. 7 ESCALONES BLANCO dice:

    SIN DUDA, OCURRE LO MISMO QUE HEMOS VISTO HACE POCOS DÍAS EN TELEVISIÓN, DONDE EN UN PARTIDO DE FÚTBOL, LOS PADRES SE COMPORTABAN COMO AUTÉNTICOS IRRACIONALES.

  3. Keko Melero dice:

    Quizas la solución seria que los niños no compitieran entre ellos, un concurso sin premios que solo el hecho de participar fuera sufiente para crear cantera.

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