Publicado el: jue, 29 Sep, 2016
Opinión

La asistencia en el Hospital de San Juan de Dios de Cádiz en la época del traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla

Figura 1: Patio del Hospital de San Juan de Dios (fotografía del autor).

Figura 1: Patio del Hospital de San Juan de Dios (fotografía del autor).

Al celebrarse en el próximo año de 2017 el tricentenario del traslado de la Casa de Contratación del Consulado de Indias desde Sevilla a Cádiz, se ha realizado un estudio sobre la actividad asistencial del Hospital de San Juan de Dios en el periodo 1712-1721, haciendo énfasis en la morbimortalidad de la institución, motivos de ingreso y procedencia de los pacientes, terapéutica prescrita, así como los gastos que el nosocomio tuvo que afrontar ante el aumento de la demanda sanitaria.

Hospitales existentes en Cádiz a inicios del siglo XVIII

El primer hospital del que se tiene constancia en la ciudad es el Hospital de la Misericordia, también llamado de San Juan de Dios. Su fundación data desde 1598 en su ubicación actual, aunque existen referencias de que ya funcionaba como tal en los albores del siglo XVI. Es a partir de 1614 cuando la Orden de San Juan de Dios se hace cargo de la gobernanza y asistencia sanitaria del mismo. Su capacidad inicial era de veinte camas, ampliándose a lo largo de los siglos hasta alcanzar el número de ciento veinte. Hizo las veces de hospital militar ocasional en las epidemias de tabardillo (tifus exantemático), peste bubónica y fiebre amarilla que asolaron a la ciudad (figuras 1 y 2).

El segundo hospital a nivel cronológico fue el de Nuestra Señora del Carmen, también llamado Hospital de Mujeres. Sus orígenes se remontan a 1634 cuando la filantropía de la beata Antonia de la Cruz y las disposiciones testamentarias del capitán vasco Diego de Aguirre, consiguen acoger a mujeres pobres y desamparadas en una casa del barrio del Pópulo. En 1657 el local se traslada a la esquina de las calles Columela y Feduchi y, finalmente, en 1736 la Diócesis de Cádiz, a través de su obispo Tomás del Valle, inicia la construcción del nosocomio actual, que se inaugura en 1748. Llegó a alcanzar una capacidad de 122 camas distribuidas en dos salas comunes, una de cirugía, una de incurables, una de parturientas y otra de venéreas.

El tercer y más importante hospital en la ciudad de Cádiz en la época objeto del estudio, fue el Real Hospital de la Armada. Existen referencias de que en 1634 se construyó el Hospital del Rey en el centro de la ciudad para la existencia de personal militar, desconociéndose su exacta ubicación. Los hermanos hospitalarios de San Juan de Dios fueron requeridos para prestar asistencia. En 1668 ―año del traslado de las galeras a Cartagena, al colmatarse el fondeadero del río Guadalete en El Puerto de Santa María―, se erige el definitivo Real Hospital de la Armada en el sitio denominado «del Campo Santo», llamado así por ser el lugar del enterramiento de los fallecidos en la epidemia de peste bubónica de 1648. En dicho enclave existía una ermita edificada por la cofradía del Santo Ángel y de la Guarda. En la nueva epidemia de peste de 1681, la Armada lo cedió a la población civil. Su pleno funcionamiento aconteció en el siglo XVIII. En 1742, el hospital real tenía una capacidad para albergar 492 enfermos, distribuidos en diferentes salas: medicina, cirugía y cuartos de circunferencia.

En el año 1721, el hospital real requirió el auxilio de los Hermanos de San Juan de Dios. En su sede se inició la reforma de la Sanidad Naval, y anexo a él, se erigió en 1748 el Real Colegio de Cirugía de la Armada, primer establecimiento en España donde comenzó la enseñanza conjunta teórico-práctica de la Medicina y la Cirugía.

No se puede olvidar en esta relación, al Lazareto de Infantes que la ciudad de Cádiz disponía, entre 1713 y 1728, en la Isla de León junto a Punta Canteras, para la cuarentena de personas y enseres provenientes de embarcaciones sospechosas de transportar enfermos de epidemias. En el mismo paraje, la Armada instaló en 1777 el Real Provisional Hospital de Infantes, que fue asimismo utilizado en las epidemias de fiebre amarilla de 1800 y 1804.

Actividad del Hospital de San Juan de Dios entre los años 1712 y 1721

Figura 2: Capilla de los Sacerdotes de la Hdad. de la Sta. Caridad de Cádiz (fotografía del autor).

Figura 2: Capilla de los Sacerdotes de la Hdad. de la Sta. Caridad de Cádiz (fotografía del autor).

Se ha procedido a revisar seis libros del hospital custodiados en el archivo de la Hermandad de la Santa Caridad de Cádiz, cuatro de ellos de afiliaciones y fallecimientos de pacientes, uno de tributos, censos y salarios y un último de gastos extraordinarios, todos referentes al período objeto del estudio. De ellos se han extraído una serie de datos que se refieren a continuación.

1.- Clientes

Al Hospital de San Juan de Dios acudían todos aquellos pobres y necesitados que requerían recibir asistencia médica o cuidados de albergue y manutención en su hospedería. Es preciso resaltar que la connotación de hospital a principios del siglo XVIII era muy distinta de la que tenemos en la actualidad. Nos encontramos al principio de la Ilustración, en la que los hospitales estatales, entre ellos los militares, inician un proceso de transformación en instituciones con una mentalidad científico-docente. Por contrapartida, los hospitales de la Iglesia continuaban en su práctica de «caridad indiscreta» ―denunciada por algunos ministros de Carlos III―, con una función más de acogida física y espiritual, propia de los hospitales de la Edad Media, que de una estricta asistencia sanitaria.

En el Hospital de San Juan de Dios se atendía a todo tipo de personas, sin distinción de raza, condición social, religión, ni procedencia. En el período estudiado estaba vigente la esclavitud, ingresando cautivos y numerosos esclavos negros, pardos o mulatos, propiedad de comerciantes o potentados locales, procedentes mayoritariamente de países africanos: Angola, Guinea, Cabo Verde y Congo. Muchos presbíteros y religiosos de órdenes menores (carmelitas, agustinos…) también acudían a la institución. Asimismo se asistían a protestantes y musulmanes (infieles), la mayor parte originarios de Berbería (Argelia), Marruecos y Turquía (Constantinopla) (apéndices documentales 1 a 7).

Es llamativo la cantidad de montañeses, genoveses, venecianos, napolitanos, gibraltareños ―época anterior al Tratado de Utrech de 1713―, españoles asiáticos (filipinos), españoles americanos (ciudades de Guatemala, San Salvador, México, Campeche, Mérida, Quito, Lima, Caracas, Santa Fe de Bogotá, Cartagena de Indias, Curazao, La Guaira, Isla Margarita, Cumaná, La Habana, Santo Domingo, etc.), y europeos (franceses, portugueses, ingleses, irlandeses, holandeses, flamencos, suecos, noruegos, daneses, alemanes, polacos, griegos, turcos y malteses) asistidos en el hospital.

En ocasiones acudían doctores y licenciados en situación de pobreza además de toda clase de lisiados y discapacitados (sordomudos, paralíticos, etc.). Durante el periodo estudiado solo ingresaron ocho militares, dos de la Armada y el resto soldados y granaderos.

2.- Capacidad asistencial

Al inicio de la segunda década del setecientos, el Hospital de San Juan de Dios disponía de cincuenta y tres camas distribuidas en una sala general con cuarenta catres, una sala llamada «de niños» con diez, y tres aposentos individuales. A mediados del decenio, al aumentar la demanda asistencial se abren nuevas salas o enfermerías: sala del Rosario, en agosto de 1716, con trece camas; sala de San Rafael, en febrero de 1718, con nueve camas; barandal, en octubre de 1719, con una cama; sala de San Juan de Dios, en septiembre de 1720, con nueve camas y sala de la Torre, en febrero de 1721, con cuatro camas. Al finalizar el período estudiado el nosocomio tenía una capacidad de albergar a ochenta y nueve enfermos en camas individuales.

Se tiene constancia documental que hasta finales de 1617 ingresaron mujeres, estando acreditado el fallecimiento de cincuenta de ellas. Es probable que a partir de esa fecha acudiesen al Hospitalillo de Mujeres, con una creciente capacidad asistencial.

3.- Obras

Entre los años 1711 y 1719, el Hospital de San Juan de Dios ejecutó obras por un importe total de 3.181.676 reales de vellón. Se empedró la calle colindante; se techaron zonas comunes, capillas y enfermerías (salas); se construyó una nueva ropería; se instalaron nuevas cañerías y sumideros en cocinas y comedores; se hicieron reparaciones en la hospedería, botica, camposanto y claustros; y se restauraron cuadros y capiteles.

4.- Movimiento de enfermos

En el período estudiado se han contabilizado 6.969 pacientes ingresados, de edades comprendidas entre dos y ciento cuatro años, de los que fallecieron en la sala de socorro o durante su estancia en el hospital 1.174, lo que supone una mortalidad del 16,8%. Es importante reseñar que no hubo ninguna epidemia durante esa etapa. Los amanuenses encargados del registro de enfermos eran muy meticulosos, habiendo reseñado el motivo de ingreso en 4.879 de ellos, lo que supone un 70,1%.

5.- Motivos de ingreso

Tabla 1: Motivos de ingreso (1712-1721).

Tabla 1: Motivos de ingreso (1712-1721).

En la tabla 1, se refieren los motivos de ingreso que figuran en los libros de afiliaciones de pacientes del periodo 1712-1721.

En cuanto a los motivos de ingreso referidos, se pueden realizar las siguientes consideraciones. La hipótesis etiopatogénica de las fiebres o calenturas —de difícil diagnóstico diferencial al ser la clínica muy similar—, se basaba en la teoría miasmática vigente en la época, atribuida a las emanaciones pútridas originadas por la descomposición de las aguas, del aire o de cualquier sustancia orgánica, motivadas por los cambios atmosféricos o climáticos, tanto en épocas lluviosas o calurosas del estío. Por esta circunstancia, en muchas ocasiones se les adjudicaban el apelativo de «estacionales» y para su prevención se colocaban productos aromáticos en los locales.

Andrés Piquer, en su Tratado de Calenturas de 1788, clasificaba las fiebres en tres grandes grupos: diarias, las que duraban 24 horas; pútridas, las que suponían putrefacción de los humores; y por último héticas, que eran lentas, continuas y consumían al organismo, siendo causadas siempre por otra enfermedad causal.

En cuanto a las enfermedades del sistema nervioso, aparato digestivo, sistema cardiovascular y genitourinario, se invocaba como tesis etiopatogénica el desequilibrio de los humores (bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre) lo cual justificaba la terapéutica imperante que seguía basándose en la trina ordenación de Celso: dietética, cirugía y farmacoterapia. Por ello, tal como señalan Antonio Pérez Pérez y Carlos Márquez Espinós en su excelente tratado, eran de uso habitual los regímenes alimentarios, el ejercicio físico, el reposo, los baños, masajes y fumigaciones; los vomitivos, purgantes y enemas; las sangrías —tanto mediante flebotomía como las practicadas con sanguijuelas—, el uso de las ventosas y las escarificaciones; las cauterizaciones, la estimulación de la transpiración, además de productos del reino vegetal, mineral y animal, muchos de ellos utilizados de forma empírica con escasa, nula o perjudicial utilidad terapéutica.

En la tabla 1 es interesante resaltar, por su interés lingüístico, la jerga médica utilizada a inicios del siglo XVIII. Así a los forúnculos se les llamaba diviesos; a los abscesos, apostemas; a las adenitis, incordios; a las diarreas, cursos; al edema generalizado, opilación; a la epilepsia, perlesía, etc.

6.- Morbimortalidad

Tabla 2: Enfermos ingresados y fallecidos (1712-1721).

Tabla 2: Enfermos ingresados y fallecidos (1712-1721).

En la tabla 2 se exponen las estadísticas de morbimortalidad en el Hospital de San Juan de Dios durante el periodo estudiado.

7.- Dirección

Durante el decenio estudiado, dirigieron la institución tres reverendos padres priores de San Juan de Dios: fray Agustín Montero de Espinosa (1712-1719), fray Pedro de los Ríos (1719-1721) y fray Joseph Escolano (1721). Con una periodicidad, de entre dos y cuatro años, visitaban el hospital los padres provinciales que fiscalizaban, entre otros, los libros de afiliaciones y fallecimientos, instando a los padres priores a «que continuasen en recibir y curar a todos los demás que en adelante viniesen, asistiéndoles con todo el amor y la caridad en cumplimiento de nuestra principal obligación del Santísimo Instituto de la Hospitalidad que profesamos». Visitaron el hospital los padres provinciales fray Juan de Pineda (junio de 1712), fray Joseph del Pino (junio 1714), fray Juan del Cuero (noviembre 1919) y fray Juan de Pineda (mayo 1720).

8.- Médicos, enfermeros, barberos y cirujanos

Tabla 3: Médicos, enfermeros, barberos y cirujanos (1707-1730).

Tabla 3: Médicos, enfermeros, barberos y cirujanos (1707-1730).

En la tabla 3 se refieren los profesionales sanitarios encargados de la asistencia del hospital durante el periodo comprendido entre los años 1707 y 1730.

En los inicios del siglo XVIII, los protomédicos constituían la «casta aristocrática» de la Medicina. Tras ellos se situaban los cirujanos, sangradores y barberos. En España, la Cirugía estaba estancada y poco desarrollada desde la Pragmática de Felipe II de 1556 por la que se prohibía cursar estudios en universidades extranjeras, y la disciplina era practicada por barberos-sangradores con escasos conocimientos científicos y técnicos. Por el contrario, en la Medicina se iniciaban nuevas doctrinas iatroquímicas e iatromecánicas. Los cirujanos latinos tenían que ingresar en la universidad con su bachiller en Artes y luego cursar tres años de Medicina y dos de Cirugía. Pero la Pragmática de Felipe III de 1603, empeoró la formación de los cirujanos romancistas al autorizarles examinarse en el Protomedicato «aunque no hayan estudiado Arte ni Medicina», con tal de que tuviesen tres años de experiencia en un hospital y dos años al lado de un cirujano o médico. Si éste era el nivel científico de los cirujanos revalidados, el de sus auxiliares, barberos y sangradores, era muy inferior.

En el Hospital de San Juan de Dios, los barberos-sangradores tenían la obligación de rasurar a los enfermos cada quince días y cobraban por cada sangría (flebotomía) practicada.

9.- Tributos, censos y salarios

Tabla 4: Tributos, censos y salarios pagados por el hospital (9 junio 1719).

Tabla 4: Tributos, censos y salarios pagados por el hospital (9 junio 1719).

El Hospital de San Juan de Dios tenía unas obligaciones económicas contraídas con distintas instituciones y profesionales. En la tabla 4, se refleja el resumen de lo retribuido por el hospital el 9 de junio de 1719.

10.- El día a día

El personal destinado en el Hospital de San Juan de Dios, tal como era habitual en todos los hospitales de la Iglesia, debía funcionar como una gran familia. No se ha tenido acceso a los estatutos de la institución, pero si nos fijásemos en otro hospital de caridad, el Hospital de San José de la Isla de León fundado en 1768 por el obispo Tomás del Valle, la plantilla del nosocomio, salvo el personal especializado (médicos, cirujanos, barberos-sangradores, boticario) vivía en el propio edificio.

El hospital disponía de una sala de socorro o de curaciones, hospedería, enfermerías o salas de pacientes, iglesia, botica, cocinas, despensas, cuadra, camposanto, además de celdas para los hermanos de la Orden y dependencias para los empleados.

El gasto medio mensual promediado entre los doce meses del año 1717 ascendió a 173.717 reales de vellón. De los libros de gastos extraordinarios se podían extraer las siguientes partidas de compras:

  • Menaje: ollas, cacerolas, lebrillo, canastas, cubos, ruedas de fuego, hornillos, barriles, espuertas, platos, tazas, cuchillos, campanas, botas de vino, piezas de cobre, alcarrazas, orinal.
  • Alimentación:
    • Cereales, legumbres, dulces: harina, pan, trigo, cebada, arroz, tortas, bizcochos, galletas, mazamorra, patatas, batatas, garbanzos, cacao y turrón.
    • Verduras y frutas: pimientos, ajos, cebollas, ciruelas, cerezas, peras, castañas, aceitunas.
    • Especias y otros: azafrán, canela, albahaca, clavo, mostaza, aceite, panales, miel, sal.
    • Carnes, pescados y huevos: gallinas, carnero, cabrito, vaca, cerdo, manteca, tocino pavos y pescado.
    • Bebidas: vino de jerez, aguardiente y vinagre.
  • Vestimenta y ropas: zapatos, chamarreta, lienzos, crea, hilo, camisa, almohadas.
  • Higiene y otros: jabón, soga, cordel, cerraduras, clavos, tinta, papel.
  • Iglesia: cera, misales, velas, zayas, mantos.
  • Salarios y tributos: predicador, mozos, carnicero, cocinero, boticario, sacristán, organista, lavandera, sacadores de botas, trasquilador, enterrador, músicos, cancillerías, pleitos, fletes, portes, aguinaldos.
  • Caballos: compra de dos ejemplares con sus aditamentos (herraduras, cinchas, serones, albardas, frenos).

Los gastos por la compra de trigo ascendieron en el periodo 1711-1714 a 941 ½ reales de vellón, a 2.513 ½ en el periodo 1714-1719 y finalmente, en el periodo 1714-1719, a 1.259 reales de vellón.

11.- Botica

Como todo hospital, el de San Juan de Dios disponía de su propia botica en la que se preparaban los compuestos recetados por los médicos a partir de los «simples» que se adquirían en los respectivos almacenes. La farmacia disponía de hornillos, alambiques, morteros, tamices, cedazos, orzas, etc., para la preparación de los medicamentos.
Los productos simples, como venía ocurriendo desde los primeros siglos de nuestra era, procedían mayoritariamente del reino vegetal, sin olvidar productos del reino animal o mineral:

  • Reino vegetal: yerbas, plantas, flores, raíces, frutos, granos, cortezas, gomas, resinas y bálsamos.
  • Reino animal: productos de mamíferos, aves, insectos, anfibios, reptiles y moluscos.
  • Reino mineral: metales, no metales y sales.
  • Vinos, aguardientes y alcoholes.

Una vez confeccionados los compuestos en la botica, se administraban mediante infusiones, electuarios, jarabes, julepes, arropes, gelatinas, zumos, infusiones, tisanas, píldoras, polvos, ungüentos, pomadas, pastas, cataplasmas, unciones, tinturas, linimentos, emplastos y fomentos. Para la administración de los enemas, dilataciones de ano, uretra o vagina se utilizaban las composturas de ayuda, candelillas y algalias, realizadas con lienzo o crea, ceras y gomas.

Por su importancia terapéutica contrastada, de todos los productos utilizados en la botica de San Juan de Dios se podrían resaltar la «cascarilla», corteza del árbol de la quina utilizada para la malaria y las fiebres; la «adormidera», de donde se extraía el opio para calmar el dolor; el «mercurio», utilizado en unciones para las enfermedades venéreas; y las «lombrices», sanguijuelas utilizadas para el drenaje de forúnculos, abscesos y para la evacuación de sangre y líquidos (edemas).

A partir del año 1721, la botica del hospital comenzó a comprar directamente la mayoría de los compuestos recetados por los médicos a un «almacén» externo al hospital, facturando los gastos en una sola partida a final de cada mes. Se desconoce a qué institución o comerciante perteneciese, pudiendo tratarse de la botica del Real Hospital de la Armada de Cádiz, la principal institución suministradora de medicamentos de la bahía de Cádiz entre mediados de los siglos XVII y XIX.

Conclusiones

Del pequeño estudio realizado, se pueden extraer las siguientes conclusiones:

  • En el hospital de San Juan de Dios se atendía a los pobres, independientemente de su procedencia, raza, condición social o religiosa.
  • En su primera época ingresaban mujeres, probablemente hasta la mayor capacidad asistencial del Hospital de Nuestra Señora del Carmen.
  • Coincidiendo con el traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla, ante el aumento de la demanda asistencial, el hospital tuvo que incrementar el número de salas, con el consiguiente aumento de gastos en obras de infraestructura, alimentación y botica.
  • El auxilio espiritual con la administración de los sacramentos —entre ellos el bautismo— era tan o más importante que la curación física de los enfermos.
  • La farmacopea prescrita durante la década estudiada estaba fundamentalmente basada en el reino vegetal, en atención a los principios establecidos por Dioscórides y Galeno, griegos de los siglos I y II de nuestra era.
  • A partir del año 1721, la botica comenzó a comprar directamente la mayoría de los compuestos recetados a un almacén externo al hospital.

Bibliografía

1.- Fuentes documentales primarias

Archivo Hermandad de la Santa Caridad de Cádiz (AHSCCa)

  • Libros número 26 (años 1711-1717), número 27 (años 1717-1720) y número 28 (años 1720-1722) de ingresos de pacientes.
  • Libro número 128 de índice general de fallecidos (1599-1783).
  • Libro número 444 de gastos extraordinarios (1703-1730).
  • Libro número 462 de salarios y censos (1703-1725).

2.- Bibliografía crítica

Clavijo y Clavijo, S. La trayectoria hospitalaria de la Armada Española. Madrid: Editorial Naval, Escelicer, S.L., 1944, 327 págs.

Cowen, DL, Helfand, WH. Historia de la Farmacia. Tomos I y II. Barcelona: Ediciones Doyma, S.A., 1992. ISBN: 84-7592-471-9.

De Castro y Rossi, A. Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814. Cádiz, Imprenta de la Revista Médica, 1858.

Ferrer y Fernández de la Riva, D. De la unión del estudio de la Medicina y la Cirugía. Medicina e Historia, 1966: XXIV.

García-Cubillana de la Cruz, JM. El Hospital de San José (1767-1956) de la Isla de León. Jerez de la Frontera: Publicaciones del Sur, 2011, 356 págs. ISBN: 978-84-95813-44-2.

López Moreno, MA. La Heredad de Fadrique. Chiclana de la Frontera: Gerencia Municipal de Urbanismo del Excmo. Ayuntamiento de San Fernando, Línea Offset, 2003, 313 págs. ISBN: 84-606-3273-3.

Orozco Acuaviva, A. Pedro Virgili y el Hospital Real de Cádiz. En el Bicentenario de la muerte del fundador del Real Colegio de Cirugía de Cádiz. Medicina e Historia, 1976; 63: 8-25.

Pérez Pérez, A. Márquez Espinós, C. La medicina en la época de las Cortes de Cádiz. Jerez de la Frontera: Publicaciones del Sur Editores, 2014, 501 págs. ISBN: 987-84-95813-92-3.

Vidal Galache, B. Tesis doctoral «El Hospital de San José de San Fernando en los siglos XVIII y XIX y sus relaciones con el Real Colegio de Cirugía de Cádiz». Director: Antonio Orozco Acuaviva. Cátedra de Historia de la Medicina, Facultad de Medicina, Universidad de Cádiz, 1989.

Juan Manuel García-Cubillana de la Cruz

Apéndice 1: Ingreso de un cautivo. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 80.

Ap. 1: Ingreso de un cautivo en San Juan de Dios. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 80.

Apéndice 2: Fallecimiento de un esclavo donado como limosna al hospital, donde ejerció como enfermero. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 136v.

Apéndice 2: Fallecimiento de un esclavo donado como limosna al Hospital. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 136v.

Ingreso de un esclavo negro 'bozal'. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 155.

Apéndice 3: Ingreso de un esclavo negro ‘bozal’. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 155.

Apéndice 4: Ingreso de un enfermo de color pardo, 'libre'. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 220v.

Apéndice 4: Ingreso de un enfermo de color pardo, ‘libre’. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 220v.

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  1. […] Rebuscando un poco en Internet, queda claro que el edificio cuenta con un pasado más que interesante. Hay referencias a él desde finales del siglo XVII. En el blog gente del puerto, encontrarás una breve narración sobre su historia, y sobre su relación con la orden hospitalaria. Esta publicación deja evidencia del importante papel que tuvo en momentos muy dificil para la localidad gaditana. Más referencias, aunque se repite bastante el contenido lo podemos encontrar en: infohostal, cofradíastv, o en el castillo de san fernando. […]

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