Publicado el: sáb, 28 May, 2016
Opinión

“Leo Dicaprio: la estrella que sobrevivió al Titanic”

leonardo-dicaprio-actor-wide-wallpaper-51344-53042-hd-wallpapersMark Hammil, Sam Worthington, Linda Blair, Carrie Fisher, Hayden Christensen, Henry Thomas… la historia del cine está plagada de jóvenes actores a los que les fue imposible desembarazarse del estigma que en ocasiones produce protagonizar un inmenso éxito popular. Actores cuya bisoñez o escaso talento les impidió convencer al público en otros roles alejados del personaje que les hizo célebres, devorados por la inmisericorde maquinaria de Hollywood.

Pero hay algunas excepciones, actores que consiguen que su carrera se vea más reforzada que perjudicada por el enorme éxito de un film. Intérpretes talentosos que saben utilizar en su propio beneficio una fama inesperada. De ellos, el más célebre es Leonardo DiCaprio.

Este cuarentón de cara aniñada y con sangre rusa, alemana, americana e italiana en sus venas es hoy en día la mayor estrella de Hollywood. Y no solo por su flamante y reciente Oscar, ya que desde el monumental éxito de “Titanic” ha sabido imprimir a su carrera un marchamo de calidad no exento de interés comercial. Su nombre en el cartel es sinónimo de éxito, un elegido del destino…

Y ese destino ya parecía escrito desde el mismo momento en el que su madre le bautizó como Leonardo, tras recibir en su vientre una patadita de nuestro protagonista mientras admiraba una obra del genio italiano.

Esa presunta vertiente artística se hizo patente en sus primeros pinitos ante una cámara con varios spots televisivos que derivaron en apariciones en series americanas, siendo su participación en la recta final de “Los problemas crecen” la que más notoriedad obtuvo.

Pero todo cambió en 1992, cuando fue seleccionado para protagonizar una película de bajo presupuesto junto a un por entonces poco conocido Johnny Depp y la pujante Juliette Lewis. El film se llamaría “¿A quién ama Gilbert Grape? una pequeña joya de Lasse Hallström, quien quedó asombrado por la expresividad de los ojos y el rostro del joven actor. Pero no fue el único que quedó prendado con nuestro protagonista ya que la actriz Mary Steenburgen, coprotagonista del film, estaba decidida a pagarle el sueldo de su propio bolsillo si ese fuera el impedimento para que trabajase en el film.

Hoy en día esta obra es ya objeto de culto, consiguiendo Leo su primera nominación al Oscar como secundario y logrando así que su nombre comenzara a sonar con fuerza en la jungla de Hollywood.

En los años posteriores, su experiencia aumentó gracias a su participación en films alejados del circuito comercial como “Diario de un rebelde” o “Vidas al límite” con la excepción de “Rápida y mortal”, curioso western en el que tuvo la oportunidad de trabajar a las órdenes de Sam Raimi y junto a la entonces todopoderosa Sharon Stone.

Pero la película que le convirtió en estrella fue la peculiar adaptación que hizo Baz Luhrmann del “Romeo y Julieta” de William Shakespeare, producto atípico pero que supo conectar con la audiencia más joven y que hizo de DiCaprio y Claire Danes unos actores reconocibles por el gran público.

Saboreando este notable éxito se embarcó –nunca mejor dicho- en el proyecto que le cambió la vida: “Titanic”. Y eso a pesar de que en principio James Cameron prefería a Matthew McConaughey para el papel, aunque al final fue nuestro protagonista quien afrontó uno de los rodajes más largos y duros que se recuerdan. Pero tan agotador trabajo tuvo sus -inesperados- frutos porque nadie contaba con el arrasador éxito que obtuvo el film.

De la noche a la mañana, Leo era una celebridad cuya imagen decoraba las paredes y carpetas de jóvenes de medio mundo. Y este es el momento en el que DiCaprio comienza a mostrar una inteligencia por encima de la media.

Cuando lo más fácil era dejarse arrastrar por el fenómeno fan en productos olvidables, estrenó las previamente rodadas “Celebrity” junto a Woody Allen y “El hombre de la máscara de hierro” para tomarse un tiempo de reflexión y finalmente protagonizar “La playa” bajo las órdenes del director de “Trainspotting” Danny Boyle. Pero lo que verdaderamente marcó la carrera de DiCaprio fue trabajar en el espacio de un año con nada menos que Martin Scorsese y Steven Spielberg. El comienzo de siglo y su futura carrera no podían ser más prometedores.

“Gangs of New York” fue la primera colaboración con Scorsese e incluso redujo su salario para poder formar parte del proyecto. Trabajar junto a Daniel Day-Lewis fue una experiencia enriquecedora para él, al igual que compartir cartel junto a Tom Hanks en la taquillera “Atrápame si puedes”.

Tras el enorme éxito de ambos films en 2002, podía afirmar que su lugar en la industria estaba ya más que asentado y podía afrontar cualquier proyecto que desease.

Y así fue, ya que repitió con Scorsese en “El aviador” encarando un personaje tan complejo como el del magnate Howard Hughes. Con una interpretación muy superior al irregular resultado final de la película, logró el primero de sus tres Globos de oro.

Otro de los momentos fundamentales en su carrera fue incorporarse al reparto de “Infiltrados” junto a Matt Damon, Mark Whalberg y Jack Nicholson. Curiosamente fue el propio DiCaprio, junto a Scorsese y el guionista William Monahan, quien convenció al gran Nicholson para que participara en el proyecto, tras varias reticencias iniciales.

Tras reencontrase con Kate Winslet en la magnífica e infravalorada “Revolutionary Road” y colaborar por cuarta vez con Scorsese en la taquillera pero decepcionante “Shutter island”, Leonardo DiCaprio marcó otro hito en su carrera tras protagonizar “Origen” de Christopher Nolan.

Este director, por entonces la nueva sensación de la industria debido al fabuloso éxito comercial y artístico de “El caballero oscuro”, le permitió encabezar una superproducción de envergadura y un reparto de campanillas. Además la historia rebosaba imaginación, originalidad, misterio… y el resultado final fue un éxito de taquilla apabullante.

El nombre de DiCaprio, a comienzos de esta década, ya era sinónimo de calidad y enriquecía cualquier proyecto en el que se embarcara… pero el Oscar seguía sin llegar.

Tras trabajar con Clint Eastwood en “J. Edgar” y con Tarantino en la magistral “Django desencadenado” –en un papel impactante que seguía elevando su categoría como intérprete- llegó el momento de regresar con su adorado Scorsese y encarar el enormemente complejo proyecto de “El lobo de Wall Street”.

Y digo complejo porque plasmar las peripecias de Jordan Belfort no era una empresa fácil. Él llevo sobre sus hombros el peso total de un film de tres horas tan rebosante de adrenalina como de genialidad, asombrando al mundo con una interpretación tan rica en matices que todos le colocaban como favorito para el Oscar. Pero casualmente fue Matthew McConaughey, que casi le quita el papel en “Titanic”, quien finalmente le birló el Oscar por su estupenda y también compleja interpretación en “Dallas buyers club”.

Ni corto ni perezoso se embarcó en el nuevo proyecto de Alejandro González Iñárritu, “El renacido”, demostrando en cada uno de sus planos su hambre de Oscar. Pocas interpretaciones recientes pueden presumir de ser tan intensas y físicas, no necesitando excesivos diálogos para conectar con un espectador que se refugia en Leo para no dormirse en varios pasajes del film.

Y estaba cantado, el Oscar llegó y con él la gloria absoluta para un tipo inteligente que sabe escoger sus proyectos como ningún otro en la industria, que trabaja con los mejores logrando enormes éxitos de taquilla en cualquier tipo de género. Cuarenta y un años y ya parece todo un veterano curtido en mil batallas. Pero sigue conservando esa mirada aniñada que nos recuerda a ese jovenzuelo con el que hemos crecido, y que a mí ya me parece uno de los grandes… y no exagero.

Sobre el autor

Andrés Martín

- Empresario y crítico cinematográfico de Onda Cero Cádiz durante casi dos décadas. Además ha colaborado en tareas cinematográficas en medios como Guiadecadiz.com, Radio La Isla y Onda Litoral Cádiz.

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