Disciplina de voto
La falta de democracia y transparencia que estamos sufriendo los ciudadanos cobra, como no podÃa ser de otra forma, su mayor esplendor en las Cortes Generales. Tanto los senadores como los diputados elegidos por el pueblo para, en teorÃa, representarles, resulta que se convierten en meros monigotes sumisos al servicio de su partido que les impide, bajo amenaza de sanciones, expresar libremente sus opiniones y votar en conciencia.
A pesar de que  el artÃculo 67 de la Constitución establece que "los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo" y el 79 dice que "el voto de senadores y diputados es personal e indelegable", la realidad es bien distinta. En la práctica, votar en contra de lo que manden desde la cúpula, sea por convencimiento, conciencia o moral, es sinónimo de no volver a salir en la foto, aunque lo realmente triste es que el propio Tribunal Constitucional avala estos comportamientos en varias sentencias. En una de 1990 dice que “los diputados son representantes del pueblo español considerado como unidad, pero el mandato que cada uno de ellos ha obtenido es producto de la voluntad de quienes los eligieron determinada por la exposición de un programa polÃtico". O dicho de otro modo, se supone que si militan en un partido es porque están de acuerdo con su programa y, por tanto, solo cabe votar a favor. Hasta ahÃ, con matices, podemos estar de acuerdo pero, ¿qué ocurre cuando ese partido incumple el 90% de su programa?
La subida de IVA no la tenÃa el PP en su programa, ni la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas, ni la congelación del salario mÃnimo, ni las atrocidades contra los estudiantes Erasmus, ni la brutal subida de las cuotas de autónomos, ni la bajada de sueldos a funcionarios y la eliminación de una paga extra, ni la subida del IRPF, ni los inhumanos recortes en Sanidad y Educación. Tampoco creo que constaba en ese programa el convertirnos en el paÃs europeo con la mayor subida de electricidad ni que se iba a fomentar el despido y la proliferación de contratos basura gracias a una reforma laboral pactada con los empresarios. A pesar de ello, ninguno de sus diputados se movió. Ninguno hizo de representante de los ciudadanos. Ninguno tuvo la gallardÃa necesaria para votar lo que el cuerpo le pedÃa. Salir en la foto, sigue siendo lo más importante para estos ‘representantes’ del pueblo.
Hasta 500 euros le podrán caer a Celia Villalobos por haber roto esa férrea disciplina de partido y votar en contra de la reforma de la Ley del aborto que pretende Gallardón. Enfrente de ella, el resto de mujeres del PP que aplaudÃan felices al falso progre que acababa de retrotraer el derecho de las mujeres -ellas incluidas- varias décadas. Eso sÃ, la imagen de unidad del partido que habÃan mostrado habÃa sido magnÃfica. Asà nos va.






