Publicado el: Lun, 5 Nov, 2012
~Archivo de opinión

La Gripe

¿De qué hablamos?

La conocidísima gripe es una enfermedad contagiosa que afecta fundamentalmente al aparato respiratorio y que está causada por una infección vírica. En líneas generales, se trata de una patología leve, pero en determinadas circunstancias puede complicarse y llegar a ser letal, especialmente en personas de edad avanzada y pacientes con enfermedades crónicas.

Una de sus características es su gran contagiosidad y suele presentarse en forma de epidemias anuales durante los meses de otoño-invierno. Ocasionalmente provoca lo que se denomina pandemias, que no son más que epidemias que afectan a varios países e incluso continentes. Para que esto no ocurra, la medida más eficaz es prevenirla mediante vacunación anual que en nuestra comunidad autónoma se realiza en octubre y noviembre.

 

¿Qué síntomas provoca?

Los síntomas fundamentales son la fiebre (generalmente alta), el dolor de cabeza (cefalea), el malestar general, los dolores musculares (mialgias) y los síntomas respiratorios, siendo muy característico que comience de forma brusca.

Frecuentemente también se manifiesta con tos seca, dolor de garganta, secreción o congestión nasal o incluso con síntomas digestivos (nauseas, vómitos o diarreas).

El pronóstico es bueno con recuperación parcial a la semana y total a los quince días, siendo los casos letales consecuencia de la patología o del deficiente estado inmunitario, previos a la infección gripal.

 

¿Cuál es su causa?

Como decíamos al principio, la gripe está causada por una infección por virus (Influenzavirus A, B y C) con una gran capacidad de variación, cambiando de año en año los tipos circulantes, además de poder coexistir circulando varias cepas distintas cada temporada. Por tanto, la vacunación o el padecimiento de la enfermedad sólo protege frente al virus que causó la gripe o frente a las cepas que contiene la vacuna, por lo que es posible padecer más de una gripe en la misma temporada, a pesar de haberse vacunado correctamente.

Para conocer cómo varían los virus de la gripe y cuales son los tipos circulantes que predominan cada año, existe una red mundial de laboratorios de control, coordinada por la Organización Mundial de la Salud, que le permite a esta institución decidir anualmente la composición idónea de las vacunas.

Su transmisión se realiza de persona a persona a través de las pequeñas gotitas de secreciones respiratorias que se lanzan al ambiente al toser y al estornudar. La mayoría de los adultos sanos pueden infectar a otras personas desde 1-2 días antes del inicio de los síntomas hasta 5-6 días después de contraer la enfermedad.

Puede presentarse como casos aislados; en forma de brotes en colegios y residencias y en forma de epidemias que llegan a afectar al 10-20% de la población y que duran de 4-6 semanas durante la estación fría en las regiones de clima templado. En España la epidemia anual de gripe se presenta en el periodo comprendido entre enero-marzo y afecta entre 1 y 4 millones de personas cada año, provocando un gran absentismo tanto escolar como laboral

 

¿Cómo se diagnostica?

El diagnostico es fundamentalmente clínico, no existiendo ninguna prueba específica para confirmar la enfermedad. La presencia de un cuadro de fiebre, malestar general, mialgias, cefalea, tos y secreción nasal en la época de la gripe, suele ser suficiente. La necesidad o no de realizar estudios analíticos, radiografías o cultivos, quedará determinada por la posible existencia de complicaciones.

Reiteramos, como ya hicimos en nuestro artículo anterior, que no se debe confundir resfriado o catarro común con gripe y que la vacuna de la gripe no protege frente al catarro, en contra de la creencia de muchos pacientes.

 

¿Se puede complicar?

Dependiendo del estado de salud previo de los pacientes afectados, existe la posibilidad de que la gripe se complique. En niños y jóvenes lo más común es que pueda producirse sinusitis y/o otitis. Mucho menos frecuente es el llamado síndrome de Reye, complicación neurológica y hepática de inicio súbito, que se puede presentar en niños con gripe cuando se asocia al uso de aspirina.

En los adultos, las complicaciones más frecuentes son las respiratorias, como la neumonía bacteriana, la bronquitis y el agravamiento de la insuficiencia respiratoria en los bronquíticos crónicos.

 

¿Cómo se previene?

Sin duda, la mejor manera de prevenir la gripe es vacunándose todos los años en los meses otoño (octubre-noviembre), con vacunas inactivadas (elaborada con virus muertos) que se administran mediante inyección habitualmente en el brazo (o en el muslo en los bebés), generándose los anticuerpos protectores contra la infección dos semanas después, aproximadamente.

 

Deben vacunarse especialmente por presentar mayor riesgo de complicaciones, las personas mayores de 65 años, los enfermos con patologías crónicas (asma, bronquitis crónica, diabetes, cardiopatías, etc.), así como los profesionales sanitarios y las gestantes.

Para conseguir disminuir la circulación de los virus y por tanto la transmisión entre personas, sería aconsejable tomar una serie de medidas de higiene:

  • Cubrirse la nariz y la boca con un pañuelo desechable cuando se tose o se estornuda, tirando el pañuelo después de usarlo.
  • Lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón, especialmente después de toser o estornudar.
  • Evitar acercarse a personas que estén enfermas.
  • No tocarse los ojos, la nariz ni la boca para evitar transmitirse los virus con las manos.
  • El paciente con gripe debe de quedarse en casa y no ir al trabajo, la escuela o centros públicos para evitar transmitir la gripe y que otros enfermen.

 

¿Cómo se trata?

El tratamiento es sintomático, con medidas generales como el reposo en cama y procurar una hidratación adecuada mediante la toma de abundantes líquidos (agua, infusiones, zumos naturales). Por supuesto, se debe dejar de fumar y no se recomiendan el consumo de alcohol.

Para aliviar los síntomas es útil el uso de analgésicos-antitérmicos como el paracetamol, el ibuprofeno o el ácido acetil salicílico (salvo en niños), además de lavados nasales con suero fisiológico o antitusivos o descongestionantes, si se precisara y siempre bajo indicación médica.

El uso de los antivirales es controvertido por su limitada eficacia, pudiendo ser de utilidad en la prevención y tratamiento de personas de edad avanzada o con alto riesgo de complicaciones.

Hay que recordar que, al igual que en el catarro o resfriado común, en esta patología los antibióticos no son eficaces salvo en los casos en que haya una infección bacteriana asociada.

 

Dr. Juan Ramón Prieto Massoni

Médico Especialista en MFYC

 

Sobre el autor

- Médico Especialista en MFYC. Médico especialista en Pediatría y en Medicina de Familia.

Deja tu opinión

XHTML: Puedes usar las siguientes etiquetas HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>