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	<title>Memoria Marginal - El Castillo de San Fernando:  Noticias de La Isla</title>
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	<description>Noticias de San Fernando. Periódico digital.</description>
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		<title>El castillo olvidado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Dec 2022 20:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_155393" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/12/castillo-de-san-romualdo.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="castillo de san romualdo" data-rl_caption="Foto. Eduardo Formanti." title="castillo de san romualdo"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-155393" class="size-medium wp-image-155393" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/12/castillo-de-san-romualdo-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/12/castillo-de-san-romualdo-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/12/castillo-de-san-romualdo-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/12/castillo-de-san-romualdo.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-155393" class="wp-caption-text">Foto. Eduardo Formanti.</p></div>
<p>En cierta ocasión escribí que el castillo de San Romualdo, el edificio más antiguo de esta ciudad, paradójicamente, ha vivido durante lustros olvidado de la mano de todos. A pesar de haber sido liberado de su inaceptable uso —no olvidemos que durante muchísimos años sus recios muros albergaron viviendas vecinales, un mesón y almacenes comerciales— aún hoy su puesta en valor dista mucho de ser la que se merece por su historia y por todo lo que significó para La Isla. El que fuera refugio de los isleños tras los violentos asaltos perpetrados por holandeses y franceses en los años 1588, 1596, 1625 y 1702, sigue sin encontrar el lugar de privilegio que debería tener en la memoria colectiva de la población.</p>
<p>Más allá de algún que otro evento lúdico o cultural en su patio de armas, alguna boda civil o un tímido recorrido por su interior trocado en museo histórico municipal,  este singular castillo de mediados del siglo XIII sigue pasando desapercibido para la gran mayoría de la población. Ni siquiera el hecho de que en su recinto interior se construyera en torno a 1676 la primera parroquia que existió en la isla de león, contribuye al alza y mejor conocimiento de lo que este vetusto edificio significó para esta urbe.</p>
<p>Este es un hecho que debería hacernos reflexionar, porque a nadie se le debe escapar que una sociedad que ignora las huellas de su pasado vive peligrosamente de espaldas a su historia y a su memoria, y corre el irreversible riesgo de perder su identidad.</p>
<p>Es tan escaso y pueril el interés que suscita para la ciudadanía nuestro castillo, que a nadie le ha sorprendido que ninguna institución, asociación o partido político bien sea local, regional, nacional o interestelar, con mayor o menor responsabilidad en la puesta en funcionamiento del tranvía que recorre las entrañas de nuestra villa camino de Cádiz o Chiclana, haya considerado relevante dedicarle el nombre de una de las numerosas paradas que jalonan su paso por la calle Real. Es desolador constatar que, a pesar de que el tan deseado <em>trambahía</em> se detiene todos los días frente a sus viejos muros, se haya ignorado su existencia, condenándole a la terrible máxima de que aquello que no se nombra no existe.</p>
<p>Una vez más y, por enésima vez, hemos perdido una ocasión única para poner en valor el castillo de San Romualdo y todo lo que este significó desde sus inicios, cuando daba cobijo y protección a los vecinos de <em>El logar de la Puente, </em>embrión poblacional de San Fernando, hasta nuestros días. Aunque tan solo se tratara de un simple gesto tan insignificante <em>a priori</em> como la denominación de una parada de tranvía, casi un brindis al sol, hubiese sido, sin embargo, toda una declaración de intenciones y un justo reconocimiento a uno de los mayores activos con los que cuenta el importante patrimonio histórico de esta ciudad.</p>
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		<title>Castillos de naipes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Jul 2022 19:30:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_147439" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/07/castillos-de-naipes.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Castillos de naipes" data-rl_caption="Fotografía Eduardo Formanti." title="Castillos de naipes"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-147439" class="size-medium wp-image-147439" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/07/castillos-de-naipes-300x282.jpg" alt="" width="300" height="282" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/07/castillos-de-naipes-300x282.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/07/castillos-de-naipes-768x722.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/07/castillos-de-naipes.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-147439" class="wp-caption-text">Fotografía Eduardo Formanti.</p></div>
<p>Qué delgada es la línea que separa la sabiduría de la pedantería. Cuánto sabio de ocasión pulula a nuestro alrededor ofreciéndonos, sin oficio ni vocación y de manera inoportuna, su vasta sapiencia. Quién no ha tenido que soportar —y estoy seguro que en más de una ocasión— al erudito de turno que, sin previo aviso y a traición, nos ha ofrecido toda una “clase magistral” sobre urbanismo y humanidad, sobre el origen del universo o la mortandad del mosquito tigre. Cuántas veces flamencólogos, politólogos, historiadores, profetas, literatos o científicos, en todo un alarde de conocimiento y con el noble fin de “salvarnos del tedio y la ignorancia” nos han abrumado con un sinfín de datos, anécdotas, títulos de libros de lectura obligada, documentales y una lista interminable de recomendaciones, sin percatarse en ningún momento de que lo que trataban de transmitir, si en un principio pudiera haber sido interesante, a fuerza de ofrecer testimonios y eternos argumentos entrelazados, había dejado de serlo para convertirse en una auténtica tortura, una gota malaya que iba taladrando nuestro intelecto al tiempo que aumentaba a pasos agigantados nuestro fastidio y las ganas de salir corriendo.</p>
<p>Qué raro es el erudito que prefiere el silencio y huye de la multitud, para encerrarse o bien en su laboratorio con su equipo de trabajo y poco más, o a solas en su despacho rodeado de apuntes y de libros y, desde allí, lejos de los focos, tratar de aportar con la mayor humildad posible cuanto sabe, eludiendo la peligrosa adicción al protocolo o al papel cuché. Un ejemplo claro de esta forma de proceder la encontramos en el escritor latinoamericano Adolfo Bioy Casares, quien, en un derroche de genialidad (que no pedantería) para eludir hablar en público solía decir: “Yo soy escritor por escrito.”</p>
<p>En estos tiempos donde desafortunadamente hay tanto “intelectual” que, con una soberbia que raya la estupidez, intenta sentar cátedra en cuanto dice, sería oportuno recordar que todos vivimos de opiniones prestadas y que, simplemente, solo somos constructores de castillos de naipes y que, por tanto, todo cuanto decimos y creemos aportar para la posteridad es tan frágil e insignificante que una minúscula ráfaga de viento lo desmoronaría en apenas un suspiro.</p>
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		<title>Obsolescencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Jun 2022 19:30:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
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					<description><![CDATA[Nada permanece eternamente, todo camina hacia la transformación o la pérdida definitiva. Más tarde o más temprano, todo alcanza su temido nivel de obsolescencia y, a partir de ahí, su inevitable ostracismo. Sumido en la vorágine del progreso, vamos sustituyendo equipos informáticos incapaces de asumir una enésima actualización, nos desprendemos de ropa que pasa de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/06/bunker.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="bunker" data-rl_caption="" title="bunker"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-145788" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/06/bunker-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/06/bunker-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/06/bunker-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/06/bunker.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Nada permanece eternamente, todo camina hacia la transformación o la pérdida definitiva. Más tarde o más temprano, todo alcanza su temido nivel de obsolescencia y, a partir de ahí, su inevitable ostracismo.</p>
<p>Sumido en la vorágine del progreso, vamos sustituyendo equipos informáticos incapaces de asumir una enésima actualización, nos desprendemos de ropa que pasa de moda sin apenas haber sido usada, televisores, radios, y así todo un sinfín de objetos y utensilios que, simplemente, nos cansamos de ver o, peor aún, sus repuestos se han dejado de fabricar, finiquitando de este modo su efímera vida útil.</p>
<p>Por nuestras manos pasaron cintas de cassettes, discos de vinilo, mp3, mp4, CD…, con una velocidad de vértigo. Como si nos fuésemos a convertir en bíblicas estatuas de sal, avanzamos sin atrevernos a mirar hacia atrás, sucumbiendo a las modas y tendencias, con una actitud sumisa e incondicional que nos obliga a desdeñar lo anterior por obsoleto, para poder seguir nadando a favor de la corriente, para poder continuar “estando en la onda”.</p>
<p>Por suerte, a pesar del angosto sendero de la obsolescencia al que parece que todo está destinado, aún permanecen bastiones que se resisten a sucumbir ante esta epidemia de irreversible modernidad. Una de esas “<em>rara avis</em>” es el libro. Como nos reseñara Irene Vallejo en su magistral ensayo, <em>El infinito en un junco</em>, frente a todos los artilugios que vamos usando y desdeñando a lo largo de nuestras vidas hay un singular artefacto que resiste contra todo pronóstico, desafiando el nivel de obsolescencia: el libro. Además, a pesar del tiempo transcurrido desde su creación, seguimos empleando el mismo método que usaron nuestros antepasados para poder utilizarlo: simplemente lo abrimos y, al igual que hicieran ellos, comenzamos a leerlo, palpándolo entre nuestras manos, sintiendo su olor, su tacto, adentrándonos en su lectura con la misma avidez y entrega.</p>
<p>Con un libro en nuestras manos viajamos por otros mundos y vivimos otras vidas, con la misma celeridad y asombro que lo hicieron nuestros ancestros, mientras que todo lo que nos rodea, lo útil, lo indispensable, el tiempo o la moda lo va devastando sin piedad, condenándolo a la obsolescencia más absoluta, como a un búnker en la orilla del mar, al que, poco a poco, las olas van devorando hasta convertirlo en una solitaria roca sin pasado y sin memoria.</p>
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		<title>Pan y circo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Mar 2022 21:00:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
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					<description><![CDATA[Panem et circenses es una expresión latina peyorativa que describe la práctica que lleva a cabo un gobierno para sosegar los ánimos de la población, ocultándoles hechos controvertidos, mientras la provee de alimentos y entretenimientos de baja calidad, siempre con criterios asistencialistas y de supuesta camaradería y fraternidad. Poco ha cambiado la Historia desde los [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/03/mosaico.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Mosaico" data-rl_caption="" title="Mosaico"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-141656" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/03/mosaico-224x300.jpg" alt="" width="224" height="300" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/03/mosaico-224x300.jpg 224w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2022/03/mosaico.jpg 766w" sizes="auto, (max-width: 224px) 100vw, 224px" /></a>Panem et circenses</em> es una expresión latina peyorativa que describe la práctica que lleva a cabo un gobierno para sosegar los ánimos de la población, ocultándoles hechos controvertidos, mientras la provee de alimentos y entretenimientos de baja calidad, siempre con criterios asistencialistas y de supuesta camaradería y fraternidad.</p>
<p>Poco ha cambiado la Historia desde los tiempos de la Roma clásica, donde era habitual este tipo de espectáculos de masa, destinados, sobre todo, a disuadir cualquier tipo de revuelta y mantener entretenida a la población. Hoy en día, más de veinte siglos después, nuestra clase política lo sigue desempeñando con absoluta maestría.</p>
<p>En estos días, en plena batalla de don Carnal contra doña Cuaresma, hemos asistido a todo un ejemplo de ello. Mientras la inflación alcanzaba máximos históricos y el continente europeo volvía a temblar por el atronador rugido de las bombas, la población de la Ínsula se debatía entre acudir a un espectáculo carnavalesco o a un recital de bandas de músicas procesionales. Todo en el mismo día y a la misma hora. Por las calles de nuestra isla, sin ir más lejos, lo mismo podíamos toparnos con gente disfrazada de diablillo o fantoche, que con jóvenes vestidos con uniformes de gala recién planchados, ataviados con su tambor, su trompeta o su clarinete, ensayando marchas procesionales.</p>
<p><em>Pan y circo</em>, así se anestesia a una población que prefiere mirar para otro lado mientras todo se derrumba a su alrededor. Lastimosamente, en estos momentos donde se barrunta que la escasez de materias primas, la amenaza de nuevos ERTES y la inexorable subida de precios van a mermar sobremanera nuestro poder adquisitivo, se sigue optando, sin embargo, por seguir escondiendo la cabeza cual avestruz y esperar a que todo amaine. Todo este desinterés y abulia que subyace en nuestro entorno, me lleva a pensar que la consabida fórmula de <em>Pan y circo</em> para el pueblo, tal vez y a poco que nos pongamos a ello, puede llegar a reducirse simplemente a ofrecer “Circo” y poco más.</p>
<p>Esperemos que nuestra clase política, empecinada en que no falte una fiesta que guardar y festejar a lo largo de todo el año —da igual que para ello tenga que pregonarse la fiesta de turno blandiendo un plumero de carnaval o tocada con una mantilla y bajo un estandarte o vestida de salinera, mientras sirva para el regocijo y entretenimiento de la abúlica población— no llegue a plantearse que, dada la conformidad de sus conciudadanos, sería factible variar la añeja fórmula y, dando una vuelta de tuerca más, olvidarse de dedicar sus mayores esfuerzos y energías en conseguir el bienestar de todos y centrarse, simplemente, en ofrecer solo “Circo” obviando todo lo demás.</p>
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		<title>El esqueleto de la duna</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Sep 2021 19:50:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
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					<description><![CDATA[El esqueleto de la duna proyecta su macilenta sombra sobre la arena de la playa. El viento de poniente ulula a su alrededor alimentándolo de sueños y lágrimas de sal. A lo lejos, el murmullo de las olas lo atenaza y exaspera como a una fiera agazapada entre los brazos del olvido. El esqueleto se [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/08/dunas-camposoto.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Dunas.Camposoto" data-rl_caption="" title="Dunas.Camposoto"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-133465" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/08/dunas-camposoto-300x269.jpg" alt="" width="300" height="269" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/08/dunas-camposoto-300x269.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/08/dunas-camposoto-768x689.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/08/dunas-camposoto.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>El esqueleto de la duna proyecta su macilenta sombra sobre la arena de la playa. El viento de poniente ulula a su alrededor alimentándolo de sueños y lágrimas de sal. A lo lejos, el murmullo de las olas lo atenaza y exaspera como a una fiera agazapada entre los brazos del olvido.</p>
<p>El esqueleto se gira buscando el mar, husmea el aire y se retuerce sobre sí mismo, mientras sueña que es un barco a punto de zarpar. Sabe que el viento pronto cubrirá de arena sus nudosas tablas carcomidas, trocando su espíritu marino en un triste y quebradizo fósil sin pasado.</p>
<p>Nada quedará de él, como ya nada queda de nosotros, los de entonces, los que una vez retozamos al abrigo de ese mismo esqueleto bajo una luna preñada de espuma. La arena del tiempo también cubrirá para siempre nuestro recuerdo, y quebrará inexorable nuestra memoria, borrando toda huella de lo que un día pudimos llegar a ser y no fuimos.</p>
<p>El esqueleto de la duna lo sabe y se siente tan perdido como lo estuvimos nosotros, los de entonces, cuando sentíamos la inmensidad del océano a nuestros pies. Receloso, otea el horizonte azul e infinito y quiere alcanzarlo, pero sus pasos invisibles se hunden aún más en la arena de la playa y se desespera. Resignado, se vuelve a retorcer sobre sí mismo, consciente de que su desvencijada madera gris jamás rozará el mar.</p>
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		<title>La Semana del Libro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Jun 2021 20:01:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
		<category><![CDATA[Ínsula]]></category>
		<category><![CDATA[Periódico]]></category>
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					<description><![CDATA[En los próximos días se va a celebrar la denominada Semana del Libro. Serán varios actos y tendrá lugar en distintos enclaves de nuestra Isla. Al leer el cartel anunciador del evento uno no puede evitar recordar aquellas míticas Ferias del Libro que, algunos años atrás, se celebraban en la Alameda Moreno de Guerra y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/06/periodico-insula.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Periódico.Ínsula" data-rl_caption="" title="Periódico.Ínsula"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-130919" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/06/periodico-insula-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/06/periodico-insula-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/06/periodico-insula-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/06/periodico-insula.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>En los próximos días se va a celebrar la denominada <em>Semana del Libro</em>. Serán varios actos y tendrá lugar en distintos enclaves de nuestra Isla.</p>
<p>Al leer el cartel anunciador del evento uno no puede evitar recordar aquellas míticas Ferias del Libro que, algunos años atrás, se celebraban en la Alameda Moreno de Guerra y volverse a ver deambulando por las improvisadas calles en las que se transformaban los vericuetos de la plaza -calles a las que se les denominaba con nombres de escritores y escritoras de nuestra ciudad-, buscando entre las casetas cuajadas de libros las últimas novedades editoriales.</p>
<p>En aquellas ferias confluía el mundo de las letras de San Fernando. Lectores, escritores y libreros se daban cita en torno a una mesa y departían sobre el panorama cultural actual. No eran muchos, es cierto, pero nadie faltaba al encuentro. Por unos días todas las tertulias literarias de la ciudad abandonaban sus locales de reunión y se desplazaban hasta el recinto ferial, donde presentaban sus revistas o las últimas obras publicadas por los miembros que las componían. Recuerdo que se realizaban actuaciones teatrales, talleres y espectáculos para niños y adultos, incluso se organizaba un certamen literario internacional—que llevaba el nombre <em>Premio Feria del Libro de San Fernando</em>— y cuyo fallo se hacía público en unos de los actos más importantes de la feria. También en los días que duraba el evento se imprimía una pequeña gacetilla <em>(Ínsula), </em>que se repartía gratuitamente entre los visitantes para informarles sobre todo lo que acontecía en torno a la feria.</p>
<p>Era una feria humilde, sin grandes pretensiones, pero en la que todos los escritores y escritoras de La Isla tenían cabida y, por tanto, se sentían partícipes de la misma.</p>
<p>En esta 'Semana del Libro' que se va a celebrar en estos días, sin desmerecer a los escasos escritores y escritoras que participan en ella, he de reseñar que echo de menos en el cartel a otros muchos autores isleños de reconocida solvencia literaria. Autores que, con sus tertulias, sus obras, sus talleres literarios y los numerosos eventos que organizan o en los que participan, son los que, sin lugar a dudas, sostienen la vida cultural/literaria de La Isla a lo largo de todo el año y, en definitiva, son los que llevan el nombre de esta ciudad más allá del Puente Zuazo.</p>
<p>El día del libro pasó sin pena ni gloria sin ningún acto oficial u “oficioso” que lo reivindicara, espero, por el bien de la ya de por sí preterida y orillada cultura local isleña, que no le ocurra lo mismo a esta semana del libro enmarcada como un acto más a celebrar en ese cajón de sastre denominado <em>Summer San</em>. Confío en que, poco a poco, ya sin la covid-19 o muy disminuida su letalidad -situación que dicho sea de paso se está convirtiendo en algunas ocasiones en una excusa perfecta para preparar actos a medias y poco planificados- podamos, una vez recuperadas las calles y las plazas, disfrutar por fin de la Feria del Libro que se merece esta ciudad.</p>
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		<title>Mirar hacia atrás</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 31 May 2021 19:30:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
		<category><![CDATA[Castillo sancti petri]]></category>
		<category><![CDATA[ciudad de Gadir]]></category>
		<category><![CDATA[Hércules]]></category>
		<category><![CDATA[lágrimas de Julio César.]]></category>
		<category><![CDATA[playa de Camposoto]]></category>
		<category><![CDATA[poeta Rainer María Rilke]]></category>
		<category><![CDATA[Sann Fernando]]></category>
		<category><![CDATA[templo fenicio de Melkart]]></category>
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<p>Ciertamente, ahora que atesoramos años en la mochila, nos asombra el hecho de mirar hacia atrás y percatarnos de que muchas de las cosas vividas han quedado sepultadas bajo el limo de nuestra memoria. Tanto es así que en incluso, en ocasiones, cuando nos topamos con una foto antigua perdida en un álbum de fotos o en algún cajón, nos sorprende lo olvidado que teníamos ese momento y los pocos datos que conservamos de ese recuerdo. Observamos la foto con mayor detenimiento y poco a poco vamos reverdeciendo el momento de la instantánea, el cúmulo de vivencias que se desarrollaron en torno a ella, y esbozando una sosegada sonrisa cuajada de nostalgia, nos recordamos tal y cómo éramos entonces y cómo era la ciudad por la que transitábamos. Una ciudad que aun siendo la misma nos parece distinta, en algunos aspectos incluso irreconocible, y es que en el fondo, nosotros, los de entonces, tampoco somos ya los mismos.</p>
<p>Sin embargo, todavía hay rincones de nuestra villa que permanecen inmutables, que resisten el paso del tiempo y los inevitables vaivenes sociopolíticos que, en aras de embellecer la urbe o hacerla más accesible, transitable y moderna o, simplemente, más atractiva para el turismo, modifican o crean espacios públicos nuevos, donde por más que lo intentamos nos cuesta encontrar las huellas de nuestros pasos, la sombra de lo que fuimos. Por suerte, aún quedan muchos rincones donde todavía al transitarlos nos reconocemos y podemos retrotraernos con cierta facilidad  a esa patria que tanto reivindicara el poeta Rainer María Rilke: la infancia.</p>
<p>Uno de esos lugares mágicos es la Punta del Boquerón, donde es toda una delicia sentarse en la orilla y contemplar el castillo de Sancti-Petri, en cuyo islote cuenta la leyenda que estuvo ubicado el antiguo templo fenicio de Melkart, lugar de culto para todo viajero de la antigüedad y desde donde la ciudad de Gadir comerciaba con el mítico reino de Tartessos. Un templo que en época romana latinizó su nombre y mudó su culto del dios Melkart a Hércules, donde el mismísimo Julio César lloró ante una estatua de Alejandro, al comprobar que siendo de su misma edad, no había alcanzado su fama y barruntaba -equivocadamente-, que nunca llegaría a conseguirla.</p>
<p>Si bien de un tiempo a esta parte, todos los trabajos de investigación que se están realizando abogan por una ubicación distinta del templo, en concreto en la misma punta del boquerón o en el Cerro de los Mártires, a mí, particularmente, me reconforta pensar -privilegios de la imaginación- que el templo estuvo ubicado en aquel islote y que cuando me siento en la orilla de la playa de Camposoto a contemplar una puesta de sol, oteo el mismo horizonte que vieron nuestros ancestros, el mismo sol que se reflejó en las lágrimas de Julio César.</p>
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		<title>El dueño del mundo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Mar 2021 21:35:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_124223" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/03/inscripcion-en-punta-cantera-san-fernando.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="inscripción en Punta Cantera, San Fernando" data-rl_caption="Inscripción en Punta Cantera, San Fernando. Foto Eduardo Formanti." title="inscripción en Punta Cantera, San Fernando"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-124223" class="size-medium wp-image-124223" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/03/inscripcion-en-punta-cantera-san-fernando-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/03/inscripcion-en-punta-cantera-san-fernando-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/03/inscripcion-en-punta-cantera-san-fernando-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/03/inscripcion-en-punta-cantera-san-fernando.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-124223" class="wp-caption-text">Inscripción en Punta Cantera, San Fernando. Foto Eduardo Formanti.</p></div>
<p>En ocasiones el hombre tiene minutos de conciencia, donde su poderosa arrogancia se tambalea y fluyen en su mente todo tipo de malos augurios. Son momentos breves y pasajeros, momentos en los que mira receloso al cielo que le manda huracanes y pisa con miedo la tierra que tiembla bajos sus pies, temeroso de que todo lo que ha acumulado en su larga vida se pierda en apenas unos segundos.</p>
<p>Pero, pasado el fervor de la tragedia, se vuelve a sentir como el que siempre fue: el amo absoluto de la <strong>T</strong>ierra, a la que, como un dios menor, intenta transformar a su imagen y semejanza. Tal es la cólera que ha sembrado sobre su reino que no hay criatura que no sienta miedo al atisbar su sombra, que no sepa que el rey de la creación ejerce su soberanía con la más despiadada de las tiranías.</p>
<p>Este afán de dominio, este desbordado deseo de adquirir cuanto le rodea, es algo que el hombre lleva en sus genes desde sus más tempranos orígenes. Una enfermiza pasión que carga sobre sus hombros, con más pena que gloria, desde que el <em>homo neanderthalensis</em> plasmara el negativo de su mano a la entrada de la cueva, para dejar constancia de quién era el nuevo dueño del Mundo.</p>
<p>Desde los albores de la <strong>H</strong>istoria, el hombre ha sentido la necesidad de dejar constancia de su pasó allá por donde caminara, bien fuera en una corteza de un árbol o en los recios muros de una fortaleza. No ha podido resistirse a la tentación de inmortalizarse, aunque fuera en un mustio rótulo.</p>
<p>Su historia es el intento desesperado y suicida por conseguir la potestad sobre todas las cosas que pueblan la <strong>T</strong>ierra, inclusive el propio hombre. Cada paso que ha dado lo ha hecho apropiándose de algo que no le pertenecía y a lo que le ha asignado, con asombrosa inmediatez, un nombre viejo y un precio nuevo.</p>
<p>Sin embargo, por más que el hombre se empeñe en apropiarse de todo lo que no es suyo, tarde o temprano, la <strong>N</strong>aturaleza siempre le recuerda, bien sea a través de huracanes, temblores de tierra, o un minúsculo virus, aquella sentencia que los esclavos le gritaban en las grandes procesiones triunfales al magnánimo emperador romano, cuando con el rostro teñido de rojo, simulando al mismísimo dios Júpiter, caminaba hacia a su templo para ofrecer un sacrificio por su última victoria. “<em>Respice post te! Hominun esse te memento</em>!” le vociferaban al nuevo dueño de sus tierras y sus vidas: ¡Mira detrás de ti! ¡Recuerda que sólo eres un hombre!</p>
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		<title>Cuando vuelvan los abrazos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Feb 2021 20:45:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_121761" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/01/cruce-peatonal-de-shibuya-tokio0a.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Cruce peatonal de Shibuya (Tokio)" data-rl_caption="Cruce peatonal de Shibuya (Tokio). Foto Eduardo Formanti Llorens." title="Cruce peatonal de Shibuya (Tokio)"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-121761" class="size-medium wp-image-121761" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/01/cruce-peatonal-de-shibuya-tokio0a-300x223.jpg" alt="" width="300" height="223" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/01/cruce-peatonal-de-shibuya-tokio0a-300x223.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/01/cruce-peatonal-de-shibuya-tokio0a-768x571.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/01/cruce-peatonal-de-shibuya-tokio0a.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-121761" class="wp-caption-text">Cruce peatonal de Shibuya (Tokio). Foto<br />Eduardo Formanti Llorens.</p></div>
<p>Uno se pregunta qué ocurrirá cuando toda esta “realidad distópica” que estamos viviendo en estos largos meses termine. Qué pasará entonces, cómo reaccionaremos cuando ya no sea necesario el uso de las mascarillas ni se requiera guardar la lacerante distancia social. Qué sucederá cuando no tengamos que guardar cola allá donde vayamos, bien sea la panadería, el supermercado o cualquier edificio oficial o sucursal bancaria. Después de habernos acostumbrado a esta nueva cotidianidad, a ver butacas sin ocupar en cines y teatros, a no compartir el ascensor ni el periódico, después de asumirlo todo con absoluta normalidad como si así lo hubiéramos estado haciendo durante toda nuestra vida, cuán raro nos resultará volver a nuestras viejas costumbres. “El hombre es vil, a todo se acostumbra” reseñaba Fiodor Dostoyevski y, ciertamente, todos nos hemos acostumbrado, relativamente pronto, a deambular por las calles topándonos con rostros sin sonrisas, con transeúntes tocados por la prisa y el recelo al contagio.</p>
<p>Quizás cuando más temprano que tarde todo esto pase y recuperemos la vida anterior, nos gustará entonces volver a sumergirnos en la multitud, volver a rozarnos y a atravesar las calles atestadas, en cualquier dirección, por el simple placer de dejarnos arrastrar por la marea humana, como si estuviéramos en el centro neurálgico de Tokio, caminando por el famoso cruce de Shibuya, el paso de peatones más transitado del mundo y el que suele ser atravesado una y mil veces, cual si fuera una atracción de feria, por alrededor de un millón de personas al día.<br />
Cuando llegue ese día, posiblemente, nos hacinaremos en pequeños espacios por el simple placer de romper con lo prohibido y sentir que todo vuelve a fluir como siempre a nuestro alrededor. Pero cuando llegue ese momento, cuando nos sintamos nuevamente libres y, liberadas nuestras sonrisas del yugo de las mascarillas, nos podamos mirar a los ojos frente a frente ¿volveremos a abrazarnos como antes? Antes de la pandemia el acto de abrazarse había proliferado hasta cotas tan altas que se había convertido, en muchas ocasiones, en un puro acto protocolario. En política, por ejemplo, ya no bastaba con plasmar la firma de un acuerdo en un documento, aunque los protagonistas hubieran manifestado en más de una ocasión su irreconciliable animadversión, tenían que abrazarse bajo una lluvia de flashes de decenas de cámaras de fotos para refrendar el pacto que acababan de rubricar sobre el papel. Antes de las mascarillas y la distancia social, se había devaluado tanto el abrazo, que incluso se había perdido su significado. El abrazo es una muestra de afecto o de consuelo o condolencia ante una situación difícil que calma nervios, alivia tensiones y fortalece la autoestima. Es ante todo una muestra de cariño y afectividad. “Yo solo creo en lo que puedo tocar, besar o darle un abrazo. El resto es solamente humo” decía el escritor Edward Paul Abbey, quien no sé qué pensaría hoy en día al comprobar cómo se ha expandido en lo que llevamos de siglo tanto abrazo suelto e insustancial entre congéneres que apenas si se conocen y, en algunos casos, ni se soportan.<br />
Quizás cuando llegue la tan ansiada “nueva normalidad” nos quede algún rescoldo de recelo en nuestra memoria colectiva y, tal vez, por temor a la propagación de nuevos virus o al resurgir de viejas cepas que vuelvan a campar a sus anchas sin control, todos nos volvamos más selectivos y seamos, por tanto, más reacios a la hora de prodigarnos en estériles y ceremoniosos abrazos que no significan nada para nosotros y que ni nos reconfortan ni nos alimentan el alma, y decidamos guardarnos las ganas para una ocasión más propicia y sincera, cuando, verdaderamente, lejos de todo protocolo, espoleados por los inefables criterios que nos dicta el corazón, sintamos la imperiosa necesidad de fundirnos en un abrazo.</p>
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		<title>Gente nueva</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Formanti Llorens]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Jan 2021 20:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Memoria Marginal]]></category>
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					<description><![CDATA[Se les suele ver paseando por la calle Real empujando un cochecito de bebé. Caminan sin prestar atención a los demás viandantes, con el despiste del que sabe que no se va a topar con nadie a quien saludar en su paseo. Me refiero a esa gente, que no se atreve a desviarse de la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/04/calle-coronavirus-san-fernando-9.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Calle coronavirus San Fernando 9" data-rl_caption="" title="Calle coronavirus San Fernando 9"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-105778" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/04/calle-coronavirus-san-fernando-9-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/04/calle-coronavirus-san-fernando-9-300x224.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/04/calle-coronavirus-san-fernando-9-768x574.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/04/calle-coronavirus-san-fernando-9.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Se les suele ver paseando por la calle Real empujando un cochecito de bebé. Caminan sin prestar atención a los demás viandantes, con el despiste del que sabe que no se va a topar con nadie a quien saludar en su paseo. Me refiero a esa gente, que no se atreve a desviarse de la calle Real, a los que siguen el itinerario de la  plaza del rey a la Alameda Moreno de Guerra; los que desconocen el significado de la palabra <em>güichi,</em> y jamás sabrían ubicar el Zaporito o el Carrascón. Gente nueva, que no se adapta a su nueva ciudad, porque sienten demasiado cerca la proximidad de su antigua morada, a la que visitan con asiduidad, y a la que le unen vínculos tan fuertes como la familia, los amigos, el trabajo...</p>
<p>La razón de su despego y alejamiento viene producida por la pérdida de lo que en Geografía Humana se conoce como topofilia, es decir, los lazos afectivos que establece un hombre con el lugar en el que vive y que perdurarán y se fortalecerán a lo largo de toda su vida; una pérdida difícilmente recuperable, sobre todo cuando ni siquiera se da por perdida, cuando se piensa que la nueva situación sólo es transitoria.</p>
<p>La gente nueva que llega desde otra localidad para echar raíces en nuestro suelo, por norma general es gente joven que acaba de atravesar el umbral de una vida diferente, con todos los recelos que ello conlleva, cuyas preocupaciones quedan restringidas a un ámbito tan pequeño como el de su recién estrenado hogar, al que se aferran cual cordón umbilical; gente que necesita de un largo período de adaptación para que en sus mentes y corazones se vayan acumulando vivencias y recuerdos que asociar con los rincones de la ciudad que van descubriendo día tras día. Recuerdos que se irán sobreponiendo sobre los antiguos, abocándolos a un lugar preciso y definido de la memoria, para dejar paso a variopintos retales de vida acontecidos en un nuevo barrio, calle o alameda, pequeños ecosistemas urbanos por los que sentirán el mismo afecto y apego que sintieron por aquellos por los que transitara su infancia.</p>
<p>En cualquier caso, quieran o no, el tiempo avanza inexorable, y esa gente que pasea por la calle Real, que se sienta distraída sobre un banco de la Plaza del Rey, para quien la multitud que transita cada tarde por las inmediaciones de la plaza es tan anónima como las palomas que revolotean en derredor, se encuentran con que de pronto son años los que llevan paseando por la misma calle, y que ya hace mucho tiempo que dejaron de empujar su cochecito tan característico; porque ese bebé de antaño, ahora  es un niño nacido y criado en la Isla, que comienza a ir a un colegio donde se relaciona con otros niños isleños, un niño que, el día de mañana, tendrá sobre sus espaldas el futuro de esta ciudad, su ciudad.</p>
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