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	<title>La Isla de Eolia - El Castillo de San Fernando:  Noticias de La Isla</title>
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	<description>Noticias de San Fernando. Periódico digital.</description>
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		<title>El pregón de Macandé</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2026 19:00:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
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					<description><![CDATA[Gabriel no fue un cantaor profesional de flamenco; sería más justo decir que fue un aficionado excepcional, de esos que cantan con más entrañas que técnica, con más verdad que oficio. Porque el flamenco no se aprende: se padece. Está hecho de sentimientos desgarrados, de angustias antiguas, de llantos sin consuelo… y también de celebraciones [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/macande.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-214958" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/macande-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>Gabriel no fue un cantaor profesional de flamenco; sería más justo decir que fue un aficionado excepcional, de esos que cantan con más entrañas que técnica, con más verdad que oficio. Porque el flamenco no se aprende: se padece. Está hecho de sentimientos desgarrados, de angustias antiguas, de llantos sin consuelo… y también de celebraciones luminosas.</p>
<p>Cada vez que abría la boca trastornaba a quien lo escuchaba. Pero no cantaba para vivir del arte: cantaba para vender sus caramelos. Su bohemia indómita no le permitía prestarle su voz a cualquiera. El mismísimo coronel Sanjurjo, en Ceuta, se quedó con veinte duros en la mano y la cara desencajada porque Gabriel se negó a cantarle. Y no le importó que, acto seguido, lo expulsaran de la ciudad. Porque él era Macandé.</p>
<p>Gabriel Díaz Fernández nació en Cádiz a finales del siglo XIX. Nació gitano y pobre, dos condiciones que en aquella época eran casi una condena. Vivió como pudo, sobreviviendo con ingenio y orgullo, hasta que encontró sustento en la fabricación artesanal de caramelos que él mismo elaboraba y envolvía en estampas de toreros. Pero el verdadero premio no era el dulce: era el pregón. Un pregón antológico. Un cante irrepetible. Un grito por fandangos que se quebraba en tercios de seguiriyas, se deslizaba por soleás, se encendía en tangos o estallaba en bulerías.</p>
<p>Gabriel Macandé pertenecía a esa estirpe de flamencos únicos, depositarios de cantes hoy casi extinguidos, que jamás tuvieron réplica ni escuela.</p>
<p>“A la salida de Asturias,</p>
<p>a la entrada en la montaña,</p>
<p>fabrico mis caramelos</p>
<p>para venderlos en España.</p>
<p>Si los quiere de menta,</p>
<p>yo los tengo de limón.</p>
<p>Los tengo de Gaona, Belmonte y Vicente Pastor”.</p>
<p>‘Macandé’ era el nombre con el que los gitanos extremeños designaban a los locos. Alguien, quizá intuyendo el destino que le aguardaba, le colgó ese apodo como una profecía anticipada. Y no anduvo desencaminado.</p>
<p>La vida de Gabriel fue una cuesta interminable. A su fragilidad emocional se sumaron los golpes de la existencia. Se casó con Encarnación, muda de nacimiento, y juntos trajeron al mundo tres hijos que heredaron la misma imposibilidad de palabra. La tragedia parecía perseguirlo con obstinación.</p>
<p>Con apenas treinta y ocho años, aquejado de una esquizofrenia devastadora, con la vista arruinada por un tracoma y consumido por la sífilis —oscuro tributo a su conocida afición por los prostíbulos— terminó ingresado en Capuchinos, nombre popular de la congregación que regentaba el manicomio de Cádiz. El edificio, asomado al Campo del Sur, bebía las aguas del Atlántico y respiraba salitre noche y día.</p>
<p>Era sabido el amor profundo que Manolo Caracol profesaba por Cádiz. No en vano era tataranieto de El Planeta, el primer cantaor del que se tiene constancia histórica, nacido en la Tacita de Plata. Para Caracol, la provincia gaditana era venero inagotable de inspiración. Siempre que podía abandonaba la Alameda de Hércules, en su Sevilla natal, para apropiarse —con la humildad del que sabe escuchar— de cantes, estilos y duendes escondidos en cualquier venta, en cualquier esquina o tablao.</p>
<p>Una noche de 'Cabiria' —así llamaban en el Colmao a esas veladas en que ocurre lo que no sucede nunca—, bajo una luna plena que parecía encender voluntades y desnudar conciencias, el irrepetible Manolo Caracol apareció en el local abarrotado. El Chato y Alonso Farina impartían una lección magistral en el reservaito de la derecha, mientras el gentío se apiñaba en la puerta tratando de adivinar el milagro que se cocía dentro.</p>
<p>Caracol no tardó en aferrarse a una botella de Botaina, ese amontillado jerezano que —decía él— le levantaba “las tapaeras del sentío”. Entre sorbo y sorbo convenció a su amigo Juan Vargas para que lo llevara en coche hasta el manicomio de Capuchinos. Con luna llena, aseguraba, el loco se inspiraba. Y aquello era un espectáculo que no podía verse en ningún otro lugar.</p>
<p>Juan, que trataba a Caracol como a un hermano, arrancó el coche y metió dentro a Caracol, a Melchor, a El Chato y a Alonso Farina. A eso de las cinco de la madrugada emprendieron camino hacia Cádiz, en busca de los melismas imposibles de Macandé.</p>
<p>En el Campo del Sur, con la luna reflejándose majestuosa sobre el mar, Caracol pidió a Melchor el de Marchena que templara la guitarra por seguiriyas. Iba a despertar a Gabriel. Iba a provocarlo. Con la cejilla en el cuatro y una falseta que parecía invocar espíritus antiguos, Melchor se apoyó en la pared del manicomio, mirando hacia las ventanas enrejadas. Caracol lanzó su llanto flamenco hacia la noche, esperando respuesta.</p>
<p>Un tercio. Otro tercio. Flamenco en estado puro resonando por las calles silenciosas de Cádiz.</p>
<p>Y entonces Gabriel Macandé despertó. Reconoció aquellas voces. Escuchó el cante que lo llamaba. Miró a la luna… y respondió.</p>
<p>De lo más hondo de su alma brotó un grito oscuro, primitivo, desgarrado. Sonidos negros que parecían haber habitado durante años el último rincón de su espíritu salieron a la intemperie bajo la luz lunar. Caracol y los suyos se golpeaban el pecho, se tiraban de la camisa, incrédulos ante lo que estaban presenciando. Aquello no era normal. Aquella inspiración era un milagro salvaje que había que beber, al menos, una vez al año.</p>
<p>Gabriel murió en Capuchinos. Tras los barrotes de su celda sentía el aliento del océano en el rostro y respiraba el salitre, pero no halló cura para su desdicha. Sin embargo, su alma escapaba a menudo en forma de cante, atravesando muros y rejas, para que aficionados como Caracol, Pericón, Juan Vargas o La Perla renovaran su devoción por lo jondo y amaran aún más el flamenco.</p>
<p>Porque nadie ha cantado jamás como Macandé.</p>
<p>Nadie.</p>
<p>Nadie.</p>
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		<title>El Molino</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2026 20:53:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
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					<description><![CDATA[Hoy sí era el día Los niños de la plazoleta del Carmen iban a vivir una de esas jornadas que luego se recuerdan durante años. Ya tocaba, después de tantos días de calor pegajoso y tardes interminables buscando cualquier sombra donde guarecerse. Y aquel día lo tenía todo a su favor. Primero, porque no soplaba [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/03/mujer-molino.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Mujer Molino" data-rl_caption="" title="Mujer Molino"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-216443" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/03/mujer-molino-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/03/mujer-molino-300x200.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/03/mujer-molino-768x512.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/03/mujer-molino.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Hoy sí era el día</p>
<p>Los niños de la plazoleta del Carmen iban a vivir una de esas jornadas que luego se recuerdan durante años. Ya tocaba, después de tantos días de calor pegajoso y tardes interminables buscando cualquier sombra donde guarecerse.</p>
<p>Y aquel día lo tenía todo a su favor.</p>
<p>Primero, porque no soplaba el viento, algo poco común en el sur de la bahía. Allí el aire nunca descansaba: levante, poniente, sureste… Aquella tierra parecía una auténtica cueva de Eolia, siempre abierta a los caprichos del cielo.</p>
<p>Y segundo, por la marea. Una pleamar generosa, de muchos grados, que subiría el agua del estero lo suficiente como para que pudieran lanzarse desde lo alto del molino de San José sin temor a partirse la cabeza contra el fango duro del fondo.</p>
<p>Para los niños de la plazoleta del Carmen, el molino de San José era el <em>non plus ultra</em> de sus aventuras, la última frontera hasta donde alcanzaba su pequeño mundo. Más allá de aquel molino empezaba un territorio casi legendario.</p>
<p>Habitualmente sus juegos transcurrían en el Caná, un terraplén extraño y fascinante, lleno de cuevas, huecos y caprichosas formaciones de piedra donde la imaginación siempre encontraba motivos para echar a volar. Allí había fortalezas, guaridas de piratas, túneles secretos y reinos inventados que solo ellos podían ver.</p>
<p>Pero el molino… el molino era otra cosa.</p>
<p>Desde lejos se levantaba sobre el estero como una vieja atalaya de piedra, silenciosa y paciente, viendo pasar los años, las mareas y las generaciones de chiquillos que habían hecho de aquel lugar su territorio de aventuras. Para ellos no era una ruina ni un vestigio del pasado; era una torre de saltos, un trampolín hacia el agua oscura del estero, un desafío que había que conquistar.</p>
<p>Aquella mañana caminaron juntos por los senderos de tierra que llevaban hasta allí, entre salinas y caños, con el sol todavía joven en el cielo. El aire olía a sal, a fango húmedo y a algas recién despertadas por la marea que subía despacio, empujada por la respiración tranquila de la bahía.</p>
<p>En el camino hacia el molino, Luichi y Joselito habían visto una imagen que les llamó poderosamente la atención.</p>
<p>Caminando en paralelo a la vía del tren iba una mujer de unos cuarenta años. Vestía completamente de negro y avanzaba con paso lento, casi solemne, como si cada uno de sus movimientos tuviera un propósito. Entre las manos llevaba un rosario y un pequeño libro que, por su tamaño y la forma en que lo sostenía, parecía una Biblia.</p>
<p>La escena resultaba extraña.</p>
<p>En aquellos parajes lo normal era cruzarse con salineros, con algún pescador que volvía del caño o con muchachos que, como ellos, andaban buscando aventura entre esteros y molinos. Pero aquella mujer, vestida de luto riguroso y caminando sola junto a la vía, parecía pertenecer a otro mundo.</p>
<p>Luichi fue el primero en fijarse.</p>
<p>—Mira, Joselito… —murmuró, dándole un leve codazo.</p>
<p>Joselito giró la cabeza y también la vio. Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. La mujer avanzaba sin apartar la vista del libro, moviendo los labios como si estuviera rezando o leyendo en voz baja.</p>
<p>—Qué cosa más rara… —susurró Joselito.</p>
<p>Luichi asintió, sin dejar de mirar.</p>
<p>No sabían por qué, pero aquella imagen les dejó una sensación extraña, como si algo en aquella escena no terminara de encajar en la tranquilidad luminosa de la mañana.</p>
<p>Después siguieron caminando hacia el molino.</p>
<p>Al llegar, se detuvieron un instante.</p>
<p>Desde lo alto del molino el estero parecía más profundo de lo que en realidad era, y el agua, moviéndose lentamente, reflejaba la luz como una lámina oscura y brillante. La pleamar estaba cumpliendo su promesa: el agua había subido lo suficiente para que el salto fuera seguro.</p>
<p>Uno de los niños, el más atrevido, subió primero por la vieja escalera de piedra, desgastada por los años y por los pies de tantos otros que antes que ellos habían sentido la misma mezcla de miedo y emoción. Los demás lo siguieron entre empujones, risas y algún que otro desafío.</p>
<p>Arriba, el viento apenas soplaba. Desde allí se veía media bahía: los caños serpenteando entre las salinas, las gaviotas girando en círculos lentos y, a lo lejos, las casas blancas de la Isla brillando bajo el sol.</p>
<p>El primero se asomó al borde.</p>
<p>Miró el agua.</p>
<p>Miró a los otros.</p>
<p>Y sin decir nada, se lanzó.</p>
<p>Durante un segundo pareció quedarse suspendido en el aire, con los brazos abiertos y el grito saliéndole del pecho, hasta que su cuerpo cortó el agua del estero levantando una salpicadura oscura y brillante.</p>
<p>Desde arriba estallaron las risas.</p>
<p>Durante un buen rato el molino fue suyo.</p>
<p>Los saltos se sucedían uno tras otro entre gritos, risas y desafíos. Cada vez que uno caía al agua, los demás esperaban arriba contando los segundos hasta que la cabeza volvía a aparecer entre las ondas del estero. La marea seguía subiendo despacio y el sol ya calentaba con fuerza sobre las piedras del molino.</p>
<p>Para ellos el mundo, en aquel momento, era simple: agua, amigos, verano y libertad.</p>
<p>Cuando el cansancio empezó a notarse en los brazos y en las piernas, decidieron volver. El camino de regreso siempre se hacía más lento, con la ropa pegada al cuerpo y el salitre secándose sobre la piel.</p>
<p>Caminaron entre bromas y empujones, recordando los saltos más arriesgados y discutiendo quién había llegado más lejos.</p>
<p>Pero al acercarse a la vía del tren, algo rompió de golpe aquella ligereza.</p>
<p>Luichi fue el primero en frenar.</p>
<p>—Esperad… —dijo, casi en un susurro.</p>
<p>Los demás también se detuvieron.</p>
<p>Sobre las piedras de la vía había un silencio extraño, pesado, como si el lugar hubiese cambiado mientras ellos estaban en el molino. Y entonces la vieron.</p>
<p>Primero fue el vestido negro.</p>
<p>Después el rosario, esparcido entre las salicornias.</p>
<p>Nadie dijo nada.</p>
<p>El libro estaba abierto unos metros más allá, con las páginas agitándose suavemente por la brisa que ahora sí había empezado a levantarse desde la bahía.</p>
<p>Los niños no entendían del todo lo que estaban viendo, pero sí comprendieron que algo terrible había ocurrido allí mientras ellos reían y saltaban al agua.</p>
<p>Joselito bajó la mirada.</p>
<p>Luichi sintió un nudo en la garganta.</p>
<p>Y por primera vez aquella mañana, ninguno de ellos tenía ganas de hablar.</p>
<p>Sin decir una palabra, comenzaron a caminar de nuevo hacia la plazoleta del Carmen, más despacio que antes, como si de pronto hubieran dejado de ser los mismos niños que unas horas atrás corrían hacia el molino.</p>
<p>El ruido lejano de otro tren se escuchó en la distancia.</p>
<p>Y durante mucho tiempo, cada vez que pasaban cerca de aquella vía, alguno recordaba a la mujer del vestido negro caminando sola junto al hierro, con el rosario entre las manos y la mirada perdida en las páginas de un libro que quizá buscaba respuestas que nunca llegaron.</p>
<p>Porque aquel día, sin saberlo, los niños de la plazoleta del Carmen descubrieron algo que hasta entonces no formaba parte de su mundo:</p>
<p>que a veces, incluso bajo el mismo sol que ilumina los juegos de la infancia, también caminan en silencio las sombras de la tristeza.</p>
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		<title>Toda una vida: La familia Picardo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Feb 2026 20:30:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
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					<description><![CDATA[José era el mayor; Lolo, su inseparable sombra. Dos hermanos criados en la plazoleta del Carmen, entre el canal y las callejuelas de La Isla, donde la infancia se forja en la calle y el carácter se templa al sol. Vivían entregados a sus padres, Mangolo y Luisa, y compartían hogar con sus hermanas —Uchita, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_214955" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/familiapicardo.jpeg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="FamiliaPicardo" data-rl_caption="Mi familia - Lolo Picardo" title="FamiliaPicardo"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-214955" class="size-medium wp-image-214955" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/familiapicardo-300x248.jpeg" alt="" width="300" height="248" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/familiapicardo-300x248.jpeg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/familiapicardo-768x636.jpeg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/familiapicardo.jpeg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-214955" class="wp-caption-text">Mi familia - Lolo Picardo</p></div>
<p>José era el mayor; Lolo, su inseparable sombra. Dos hermanos criados en la plazoleta del Carmen, entre el canal y las callejuelas de La Isla, donde la infancia se forja en la calle y el carácter se templa al sol. Vivían entregados a sus padres, Mangolo y Luisa, y compartían hogar con sus hermanas —Uchita, María Jesús, Teresa y Carmen—, todas menores que ellos salvo la mayor.</p>
<p>Corrían los años sesenta cuando su tía María Jesús los reclamó para la Venta. El trabajo apremiaba y toda ayuda resultaba escasa. Allí comenzaron a fraguar su destino.</p>
<p>A María Jesús —Tita María para toda la familia— la vida la había puesto a prueba demasiado pronto. Siendo apenas una niña, perdió a su madre a causa del tétano tras pincharse con una rosa. Aquel infortunio la dejó prácticamente en la calle junto a su hermano menor, Mangolo. Fue la familia materna, los Correa, quien se apiadó de los pequeños y les ofreció una humilde casapuerta donde cobijarse.</p>
<p>María Jesús volcó en su hermano todo el amor que le quedaba: lo vestía, lo cuidaba, procuraba que jamás le faltara un plato de comida y cada noche lo arropaba antes de dormirse abrazada a él, como si así pudiera protegerlo del mundo.</p>
<p>Y llegó ese instante decisivo que a veces irrumpe en la vida como un autobús que pasa ante nuestros ojos: el momento que determina el rumbo del destino. María Jesús se subió a él y se marchó a Cádiz, a la calle Botica, para vivir junto a aquel gitano emprendedor llamado Juan Vargas, quien había tomado las riendas de una modesta venta a las afueras de La Isla: la antigua Venta Eritaña, que él rebautizó con su apellido como Venta de Vargas.</p>
<p>El escándalo fue mayúsculo. Que una muchacha se marchara a convivir sin haber pasado por el altar resultaba entonces inconcebible.</p>
<p>Así comenzó la leyenda.</p>
<p>Juan Vargas, su madre Catalina y María Jesús formaron un trío irrepetible. Sanearon el local, lo dignificaron: manteles nuevos, mesas, cortinas, una cocina renovada. Pero, sobre todo, pusieron en los fogones su conocimiento, su esfuerzo y su alma. La fama de aquella venta de carretera comenzó a crecer de forma imparable. Raro era el viajero que llegara a Cádiz o a La Isla y no hiciera parada obligatoria para sentarse a su mesa.</p>
<p>Juan cantaba por alegrías como quien se juega la vida en cada tercio. Dio amparo a muchos flamencos que no tenían otro lugar donde ganarse unas pesetas. Allí floreció el flamenco íntimo, el de cuartito, el de cabales: noches interminables de cante y compás, de arte compartido, de oportunidades para quienes buscaban abrirse camino. La Venta se convirtió en santuario.</p>
<p>Joselito y Lolo Picardo, sobrinos de María Jesús, trabajaron sin descanso junto a su tía. Ambos desempeñaban su labor en la Armada, en La Carraca, y al concluir la jornada enlazaban directamente con el trabajo en la Venta, prolongando el esfuerzo muchas veces hasta la madrugada. Era una vida de sacrificio, pero también de orgullo.</p>
<p>Por aquella casa pasaron trabajadores que dejaron en ella algo más que su tiempo: Rafael “Cañavero”, Luis “El Chatito”, Antonio Haro, Rafalito Oneto, Pascuali, Pascual, Pepe Puerta, Paco Noé, Joaqui, Manuela, Manolo Hormigo, Antoñito, Añoño, Pepa… Nombres propios que forman parte de la memoria viva del lugar. También Manolín, Rafa, Juan “El Gitano”, y tantos otros que compartieron fatigas y alegrías con los hermanos.</p>
<p>El listón quedó alto para quienes vinieron después, porque en la Venta siempre se trabajó —viniera gente o no—. Allí no existía el ocio improductivo: siempre había algo que limpiar, que preparar, que mejorar.</p>
<p>Y cuando por fin llegaba el día libre, aquellos hombres se subían a los coches y ponían rumbo a Conil. Un arroz humeante, un pescado en tartera, un baño en las aguas del Atlántico y largas partidas de cartas al sol. Instantes sencillos que equilibraban una vida de entrega constante.</p>
<p>Pero si algo distinguió a los hermanos Picardo fue el espíritu que imprimieron a la Venta: una determinación inquebrantable, una voluntad que jamás se rinde. Ese carácter impertérrito que ha permitido que un establecimiento amado por muchos y cuestionado por otros, amenazado en dos ocasiones por proyectos urbanísticos que pretendieron derribarlo, superviviente de crisis y bonanzas, continúe hoy en pie, más sólido y vigoroso que nunca.</p>
<p>Porque la Venta no es solo un lugar donde se come.</p>
<p>Es memoria.</p>
<p>Es resistencia.</p>
<p>Es familia.</p>
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		<title>Las Quinientas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 20:00:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
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					<description><![CDATA[Que Camarón se haya ganado la vida en la Venta de Vargas con su cante, con su arte, ha creado controversia y no es nada más que una forma de decir que José Monje cantó en la Venta a sus clientes y ellos entusiasmado le regalaban dinero, lo invitaban a comer o como ocurrió con [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_214657" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/billete-de-500.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="billete de 500" data-rl_caption="Billete de 500 pesetas (serie de Ignacio Zuloaga), similar al que recibió Camarón en la Venta de Vargas" title="billete de 500"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-214657" class="size-medium wp-image-214657" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/billete-de-500-300x195.jpg" alt="" width="300" height="195" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/billete-de-500-300x195.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/billete-de-500-768x500.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2026/02/billete-de-500.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-214657" class="wp-caption-text">Billete de 500 pesetas (serie de Ignacio Zuloaga), similar al que recibió Camarón en la Venta de Vargas</p></div>
<p>Que Camarón se haya ganado la vida en la Venta de Vargas con su cante, con su arte, ha creado controversia y no es nada más que una forma de decir que José Monje cantó en la Venta a sus clientes y ellos entusiasmado le regalaban dinero, lo invitaban a comer o como ocurrió con el brillante diestro Antonio Ordóñez, le obsequió con un reloj de oro. Quizás era muy joven para utilizar el término “Ganarse la vida”, pero el mismo lo refería cuando lo entrevistaban y quería hablar de su complicidad con el restaurante. Citar la entrevista que le hicieron durante el programa “Música golfa”, allá por diciembre de 1988 o un famoso documental que le realizaron en una azotea de La Línea de la Concepción y en ambas alude a esa forma de vivir.</p>
<p>En estas lindes José Monje Cruz tenía un aliado listo y calculador. El sobrino de la propietaria, Joselito Picardo, con varios años más que él, estaba curtido en el restaurante, puesto que desde que contaba pocos años de edad, ya gestionaba perfectamente la  bolera de los montañeses anexa al local. Joselito era buen conocedor del flamenco de cabales y no en vano conocía los movimientos de clientes-artistas. Además era el encargado de coger su bicicleta y avisar a los artistas, cuando el flamenco era demandado en la Venta de Vargas. Incluso llegaba a coger el autobús para avisar a los flamencos de la capital, tales como La Perla, el Niño de los Rizos, Aurelio Sellez, El Beni, Gineto, El Bohiga…</p>
<p>Camarón y José eran íntimos, no en vano eran vecinos del barrio del Carmen, incluso la novia del hostelero, Lela Fontao, también lo era y Camarón visitaba la Venta de Vargas a escuchar a los flamencos, pegarse un cante y estar con sus amigos.</p>
<p>En cierta ocasión llegaron unos carniceros de Cádiz al restaurante y estuvieron comiendo y bebiendo copiosamente, al finalizar demandaron al chiquillo rubio, al gitano que estaba destapando el tarro de las esencias del cante. Juan Vargas mandó a Joselito a buscarlo y eso hizo, trayéndolo montado en el cuadro de la bicicleta, puesto que no tenía porta equipajes. Camarón entró y se quedó postrado frente a la mesa de los carniceros, que ya con unas cuantas copas de más, comenzaron a lanzar billetes desafiando el cante del gitano. El rubio de la calle del Carmen lo miró con cierta desazón, abandonó el patio de la Venta y se dirigió a la azotea. Joselito se fue detrás y le preguntó que le pasaba, que con esos billetes, su madre hubiese pasado el mes sin sobresaltos. Y Camarón mirando para el suelo le contó que aunque fuese humilde, que aunque fuese pobre, ningún hombre era más que nadie. Que tenían mucha guasa y así el cante no me sale. A continuación le pidió a Joselito unas monedas para ir a cantar a Cádiz. Así era Camarón.</p>
<p>A los meses otra vez lo mismo, pero en esta ocasión los clientes de la Venta eran cabales, de los que saben apreciar lo bueno, de los que disfrutan con un buen cante. Pues Camarón recibió por ese cante, por ese ratito de arte, un magnífico billete de 500 pesetas, esos azules, con el dibujo impreso del pintor guipuzcoano Ignacio Zuloaga. Lo miró y lo remiró. Se lo enseñó a su amigo orgulloso y le pidió que lo acercara con la bicicleta a las Callejuelas. Al llegar y temiendo que aquel tesoro no viera la luz del sol, dentro de su bolsillo, Camarón lo metió en el desagüe que recogía el agua de la azotea, en el mismo codo. Era agosto y en La Isla era improbable que lloviese. Los amigos se despidieron con un abrazo y se fueron a dormir.</p>
<p>Eran más de las tres de la mañana y José que dormía junto a su hermano Lolo en un patio de vecinos de la calle Jovellanos, en una lateral de la plazoleta del Carmen, escuchó un estrepitoso trueno y el posterior relámpago. Y por supuesto una tremenda tromba de agua que hizo a José acordarse del majestuoso billete de 500 pesetas que Camarón había ganado con su cante. Rápido y veloz se vistió, cruzó la Plazoleta del Carmen bajo la  intensa lluvia y comenzó a bajar la calle del Carmen. Y en la noche cerrada, empapadito hasta los tobillos, Camarón en el número 29 de su calle, vio venir a Joselito y con un gesto diciendo que no había nada que hacer, acabó la historia de ese precioso billete de 500 pesetas, que probablemente, con las primeras aguas salió a la calle y a algún afortunado le arregló el mes.</p>
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		<title>Alíx</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 May 2021 19:45:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
		<category><![CDATA[cámara Canon Réflex]]></category>
		<category><![CDATA[Camarón de La Isla]]></category>
		<category><![CDATA[Camarón en las Veladas]]></category>
		<category><![CDATA[El Maspapa.]]></category>
		<category><![CDATA[entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Fotografías Alberto García Alíx]]></category>
		<category><![CDATA[Joaquín Rodríguez]]></category>
		<category><![CDATA[La Niña de Pastori]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sara Baras]]></category>
		<category><![CDATA[Soy Gitano]]></category>
		<category><![CDATA[Venta de Vargas.]]></category>
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					<description><![CDATA[Quizás lo que mejor recuerde de mí paso por el Grupo Información, donde fui más a aprender que a trabajar, fue mis entrevistas a los flamencos que estaban despuntando allá por los años noventa en La Isla, es decir a Camarón en las Veladas que se organizaban para construir su peña o la entrevista cuando [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_129448" style="width: 308px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/05/camaron_de_la_isla--fotografia-alberto-garcia-alix.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Camarón_de_La_Isla. Fotografía.Alberto García Alix" data-rl_caption="Camarón de La Isla. Fotografía. Alberto García Alíx." title="Camarón_de_La_Isla. Fotografía.Alberto García Alix"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-129448" class="size-medium wp-image-129448" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/05/camaron_de_la_isla--fotografia-alberto-garcia-alix-298x300.jpg" alt="" width="298" height="300" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/05/camaron_de_la_isla--fotografia-alberto-garcia-alix-298x300.jpg 298w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/05/camaron_de_la_isla--fotografia-alberto-garcia-alix-150x150c.jpg 150w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/05/camaron_de_la_isla--fotografia-alberto-garcia-alix-768x773.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2021/05/camaron_de_la_isla--fotografia-alberto-garcia-alix.jpg 1017w" sizes="auto, (max-width: 298px) 100vw, 298px" /></a><p id="caption-attachment-129448" class="wp-caption-text">Camarón de La Isla.<br />Fotografía. Alberto García Alíx.</p></div>
<p>Quizás lo que mejor recuerde de mí paso por el Grupo Información, donde fui más a aprender que a trabajar, fue mis entrevistas a los flamencos que estaban despuntando allá por los años noventa en La Isla, es decir a Camarón en las Veladas que se organizaban para construir su peña o la entrevista cuando salió su trabajo discográfico <em>Soy Gitano</em>; a Sara Baras cuando volvía de su gira por Japón o a una chiquilla con unos diez años que empezaba a despuntar y que la llamaban <em>La Niña de Pastori</em>. La verdad que visto actualmente mi trabajo periodístico comenzó a lo grande con las tres grandes figuras de cada modalidad, aunque dicho con la máxima humildad con la que puedo expresarlo, eran personas del día a día de la Venta de Vargas.</p>
<p>Tras varios meses en el periódico fui reclamado por mi familia para trabajar en el restaurante y a regañadientes dejé mi incursión en el periodismo que era el oficio que más me gustaba, para ocupar mi lugar familiar en la hostelería. Eso sí, conocí a mucha gente e hice muchos amigos que aún sigo disfrutando.</p>
<p>Un medio día mi padre que estaba trabajando en su turno de la Venta, llamó a mi madre para que fuera a saludar a Camarón al que le estaban haciendo un reportaje fotográfico en la propia Venta. Nos montamos en el Seat Panda rojo de mi madre, llamé a mi amigo Carlos que era un gran admirador de Camarón y llegamos a la Venta. José estaba metido en el cuartito, el primero, el que ahora es cuartito de Camarón, con la puerta cerrada. Mi padre me dijo que el fotógrafo era un poco “malaje” y si íbamos a hacer algunas fotos, que esperáramos a que la sesión tuviera algún receso. En el transcurso de la espera llegó un amigo de mi padre muy aficionado al flamenco, Julián Guerrero y un comparsista muy amigo mío llamado Joaquín Rodríguez y que era conocido por estos lares como <em>El Maspapa</em>.</p>
<p>La sesión fotográfica en cuestión estaba dirigida por un tal Alberto García Alíx, para una revista de nuevo cuño denominada <em>El Europeo</em> y era cierto lo que decía mi padre, el carácter del fotógrafo era un poco agrio. Después de aquello leí y me interesé por aquel Alíx y el fulano era un personaje de la fotografía, Premio Nacional de Fotografía 1999, enmarcado en el movimiento contracultural de la <em>Movida Madrileñ</em>a que surgió en la capital durante los primeros años de la transición de la España posfranquista donde brillaron personajes como Francisco Umbral, Enrique Urquijo, Antonio Vega, Paco Clavel, Santiago Auserón, Olvido Gara (Alaska), Iván Zulueta o Pedro Almodóvar. El tal Alberto, un personaje, alto desgarbado, con unas grandes patillas insinuando a las de un bandolero y con un cuerpo que se adivinaba tatuado hasta las orejas.</p>
<p>Mi padre nos dio paso al reservado y allí vimos a ese Camarón inmortal sentado en el vértice de la mesa, digo inmortal porque aquella sesión de fotos junto a las de Pepe Lamarca son las más conocidas del cantaor; aprovechamos todos los que queríamos fotografiarnos con él y entramos todos con gran sigilo bajo la monstruosa mirada de Alix que bajo sus ojos de ira se adivinaba un gran mosqueo. Pues, cuando estaban todos colocados, me doy cuenta, debido a los nervios que estaba pasando, que mi cámara Canon Réflex, no tenía carrete. Porque antes las cámaras tenían carretes de película que después había que llevarlo a revelar y solían tener espacio para 36 fotografías. Mi amigo Carlos que moría con Camarón, casi llora y me dice que el fotógrafo no va a dejarnos entrar otra vez. Estaba claro que a Alberto no se lo iba a pedir, hubiese sido el colmo, salí corriendo a una estación de servicio que está anexa a la Venta pero me encontré a mi jefe del periódico, Antonio Atienza, que entraba con su inseparable Juan Franzón. Le conté mi problema y rápidamente me dio un carrete blanco y negro, puesto que ellos fotografiaban así para el periódico y además era revelado por ellos allí en su sede, San Nicolás, 34.</p>
<p>Magníficas poses, magnificas fotos. Todos locos con esas fotografías con Camarón el grande y todos sin ver el momento que fueran reveladas. Pues pasé por la tienda fotográficas y allí las dejé.</p>
<p>¡Ay Dios mío!, no salieron ninguna. Los fotógrafos del periódico reutilizaban los carretes de fotos, compraban película y rellenaban los carretes. El que me habían dado era una película de blanco y negro, y por fuera ponía que era de color. El resultado un carrete velado. Creo que aún en sueños se acuerdan de mí y en la historia de las mejores fotos de nuestra vida, que no salieron.</p>
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		<title>Sueños de Menta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Nov 2018 20:15:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-87266" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/10/jesus_monje_cruz-_el_pijote--300x175.jpg" alt="" width="300" height="175" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/10/jesus_monje_cruz-_el_pijote--300x175.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/10/jesus_monje_cruz-_el_pijote--768x447.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/10/jesus_monje_cruz-_el_pijote-.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" />Hoy 11 de noviembre, hace <a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/2018/10/fallece-el-cantaor-jesus-monje-cruz-pijote-hermano-de-camaron-de-la-isla/">un mes que nos dejó "El Pijote"</a>. Muchas tardes, bastantes, llegaba a la Venta, la de Vargas y se ponía a hablar con mi padre, Joselito Picardo. Que si ese cantaor valía, que aquel no tenía metal, que el otro no transmitía, y mientras me mandaba por un vaso de Casera blanca, “que era lo que mejor le quitaba la sed”. Otras veces nos traía el pescado de Antoñín “El Caña” y zampaba dos besos a quien se encontraba en el camino. “El Pijote” era bueno, pero no por haber fallecido, era buena persona, tenía buen fondo. Y no es de extrañar, el apellido Monje es sinónimo de bondad, de cariño, de amistad y Jesús rebosaba de todo lo bueno que tiene esa magnífica familia.</p>
<p>Jesús Monje Cruz, hermano de Camarón, <a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/2018/10/fallece-el-cantaor-jesus-monje-cruz-pijote-hermano-de-camaron-de-la-isla/">falleció el pasado 11 de octubre</a>, nos dejaba a eso de las doce del mediodía, lo hacía tras una larga enfermedad, de esas que cada vez se hace más protagonista de nuestras vidas, el cáncer. Sus hermanas Remedio e Isabel montaron guardia junto a su hermano y estuvieron a su vera hasta su último suspiro. El doctor que atendió sus últimos días de vida habla de un amor extremo entre hermanos, de unos cuidados, de unas caricias...</p>
<p>Lo recuerdo con María Jiménez, que fue su compañera de artisteo en el tablao sevillano de Los Gallos, cuando trajo a La Isla a un cantaor que María apadrinaba en un programa de televisión. “Israel yo te he <em>escuchao</em> y lo haces muy bien, pero cuando cantes no te de <em>jindama</em> echarlo afuera, tírate para arriba y lo que te salga”. Y parece que Israel Fernández le hizo caso y hoy en día pasea su cante por toda España. Después le cantó ese fandango con el que disfrutaba tanto y con él que alardeaba ser hermano de Camarón:</p>
<p style="text-align: center;"><em>Porque dicen que soy malo/si esa no es mi condición/ soy de La Isla y tengo un don/ lo mismito que mi hermano/ que le llaman Camarón.</em></p>
<p>Camarón y Pijote, Pijote y Camarón fueron la cal y la arena de una carrera musical, los dos nacidos de la misma madre, criados en el mismo sitio, ambos con el mismo metal de voz; uno todo y el otro nada. Y no fue porque Jesús no lo intentó, pero el Olimpo flamenco estaba reservado para José y listo. No obstante, “El Pijote” tuvo presencia en los <em>tablaos</em> de Madrid, en las compañías, en festivales, pero ser hermano del mejor cantaor de todos los tiempos era difícil y más si te movías en el mismo espectro artístico que él.</p>
<p>Antonio Arenas, el mismísimo que grabó el primer disco a Camarón, cuando el rubio de las callejuelas, no se si llegaba a los diecisiete años y que incluía a Chato de La Isla y Turronero; y que ha quedado para la historia como el primer guitarrista que participa en una grabación de estudio con Camarón, lo intentó con “El Pijote” tras morir José, “Quejío a mi hermano Camarón” y con “Viento de Menta” como copla principal. Pero aquello no rompió, no obstante aquella letra quedó siempre en nuestra memoria porque Jesús habitualmente nos la tarareaba cuando soñaba que cualquier día triunfaría, que le daría el pase al mundo de los grandes...</p>
<p style="text-align: center;"><em>«Navegaré en un viento de menta y al sur de la tormenta mi voz se quebrará; para soñar prefiero un horizonte que esté cargao de monte, que esté cargao de mar».</em></p>
<p>El hijo de “El Pijote”  llamado Luis es un buen palmero y cada día se lo rifan más los cantaores y bailaores, es más, uno de los cantaores más solicitados del planeta flamenco, Alonso Nuñez “Rancapino Chico”, lo lleva en su espectáculo. Ya en agosto, actuó en cuadro flamenco de Lidia Cabello y Jesús Carrillo en la Venta y nos decía que los pronósticos de su padre eran desfavorables y que ese veneno de enfermedad se había ramificado y se había vuelto incontrolable. Nos lo decía con dos lágrimas como garbanzos sobre su cara como no creyéndoselo, como no esperando perder a su padre que al morir su madre hace unos años, se le había vuelto imprescindible.</p>
<p>Tras el velatorio el cuerpo de Jesús fue llevado al cementerio de La Isla y como cosas que dirige el destino “El Pijote” descansará junto a su hermano “Camarón”, a dos metros y su familia ha querido que su madre Juana esté con él. Además los dos hermanos Picardo, José y Lolo estarán muy cerca de ellos, como compartiendo su amistad eternamente.</p>
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		<title>Lolo Picardo (AxSí): &quot;La Isla sin turismo. Seguimos siendo la ciudad de las oportunidades perdidas&quot;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Sep 2018 18:22:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
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					<description><![CDATA[Un año más llega el Día Mundial del Turismo, y desde el Ayuntamiento de San Fernando se celebra esta jornada proponiendo visitas y rutas turísticas para los isleños. "Curiosa elección. Los isleños somos conscientes de las muchas virtudes que tiene nuestra tierra. Estamos orgullosos de ellas y no necesitamos que nadie nos los recuerde. Presumimos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_83621" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-83621" class="size-medium wp-image-83621" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/08/ciudad-de-san-fernando-banco-imagenes-instituto-andaluz-de-patrimonio-historico--300x246.jpg" alt="" width="300" height="246" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/08/ciudad-de-san-fernando-banco-imagenes-instituto-andaluz-de-patrimonio-historico--300x246.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/08/ciudad-de-san-fernando-banco-imagenes-instituto-andaluz-de-patrimonio-historico--768x631.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/08/ciudad-de-san-fernando-banco-imagenes-instituto-andaluz-de-patrimonio-historico-.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-83621" class="wp-caption-text">Foto. Vista aérea de San Fernando. Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.</p></div>
<p>Un año más llega el Día Mundial del Turismo, y desde el Ayuntamiento de San Fernando se celebra esta jornada proponiendo visitas y rutas turísticas para los isleños.</p>
<p>"Curiosa elección. Los isleños somos conscientes de las muchas virtudes que tiene nuestra tierra. Estamos orgullosos de ellas y no necesitamos que nadie nos los recuerde. Presumimos de nuestra tierra siempre que podemos, ante nuestros amigos, pero también ante los turistas, a los que les damos motivos de peso para visitar nuestra ciudad y volver a ella. Nosotros lo tenemos claro, pero de poco sirve que así sea, si desde el Ayuntamiento no se articulan herramientas para avanzar hacia un modelo turístico de ciudad viable y realista". Declara Lolo Picardo, Coordinador Local de AxSí.</p>
<p>"Seguimos sin despertar el interés de las grandes cadenas hoteleras, porque tampoco tenemos espacio que ofrecerles. Los mejores sitios para este uso o bien están afectados militarmente o bien forman parte del Parque Natural. En el caso del suelo militar, las conversaciones con el Ministerio de Defensa siguen sin avanzar o dar fruto, y en el caso del entorno natural aún queda un buen trecho para hacer realidad proyectos turísticos sostenibles que incorporen espacios tan característicos como nuestras salinas". Detalla.</p>
<p>"Seguimos sin saber aprovechar los recuerdos y la nostalgia de tantos que hicieron en La Isla que guardan de nuestra ciudad. Seguimos sin saber explotar a La Isla flamenca, como una de las ciudades más importantes de este arte. Una ciudad que todo aficionado flamenco sueña con disfrutar y que cuando visita se le hace difícil de entender". Y es que no es fácil de comprender que desde las Administraciones no se haya tenido más prisa a la hora de dotar a la tierra del mejor cantaor de todos los tiempos de un Museo con su Patrimonio; que su Casa Natal, no sea visitable a todas horas; que no haya festivales flamencos repartidos durante el año o unos premios de referencia. Camarón es la identidad de la ciudad, no una promesa electoral". Asiente Picardo.</p>
<p>"Seguimos sin saber explotar nuestra gastronomía, nuestros esteros, nuestras salinas. Seguimos sin saber explotar nuestra mar, nuestros caños, ideales para actividades náuticas. Seguimos sin saber explotar nuestro sol, aquello que le falta a millones de europeos que viven en otras latitudes más sombrías. Seguimos sin saber explotar nuestro Patrimonio a pleno rendimiento, La Isla Constitucional, la de la Armada...Seguimos siendo la ciudad de las oportunidades perdidas y la ciudad en la que todos saben que hacer para atraer turismo pero nadie lo hace. En definitiva seguimos sin saber crear una industria turística". Lamenta Lolo Picardo.</p>
<p>"Necesitamos sentarnos con todos los actores locales vinculados al turismo. Necesitamos, desde el conocimiento de la realidad isleña, trabajar para hacer un análisis detallado de muestras fortalezas y debilidades en materia turística para llegar a conclusiones y establecer planes de futuro.La Isla es una ciudad atractiva. Ahora de trata de hacer visible ese atractivo". Concluye Lolo Picardo, Coordinador Local de AxSí.</p>
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		<title>Miedo al 45</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Jan 2018 22:36:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
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					<description><![CDATA["Pues sí, miedo. Como si de una película de terror se tratara, conocí a unas personas, unos paisanos que el número 45 les da grima. Y es que el numerito se las trae. Mis paisanos eran militares y para ellos ese número, ese cumpleaños se convirtió en el inicio de las pesadillas. Quizás fuera la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-74260" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/01/img-20180114-wa0001-300x295.jpg" alt="" width="300" height="295" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/01/img-20180114-wa0001-300x295.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/01/img-20180114-wa0001.jpg 720w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" />"Pues sí, miedo. Como si de una película de terror se tratara, conocí a unas personas, unos paisanos que el número 45 les da grima. Y es que el numerito se las trae.</p>
<p>Mis paisanos eran militares y para ellos ese número, ese cumpleaños se convirtió en el inicio de las pesadillas. Quizás fuera la peor celebración de sus vidas y ahora os cuento por qué…</p>
<p>Estos militares se alistaron en el ejército buscando un futuro, unos llamados por su vocación militar y otros por el acuciante paro que soportamos en este rinconcito de la provincia de Cádiz. La verdad es que firmaron su compromiso de servir al ejército con un ineludible condicionante y es que, a los 45 años si el militar no había conseguido una plaza fija en el ejército, iría a la reserva. Una reserva con unos emolumentos fijos de 600€, no contributivos, es decir, que no cotizan a la Seguridad Social y si quieren tener una jubilación fija, tienen que buscarse un trabajo que redunde en su pensión. Además este sueldo está condicionado a los presupuestos generales del estado y pueden acabarse en cualquier momento, más miedo todavía.</p>
<p>Entre ellos ha habido de todo. Algunos no se han preocupado en buscar la permanencia, aunque son los menos, porque la mayoría lo ha intentado. Unos no aprobaron el examen, otros si lo aprobaron, pero no había plazas permanentes. A otros le sobrevino algún motivo familiar y otros se encontraban en alguna misión en España o el extranjero durante los cursos.</p>
<p>El caso es que le sobrevino la edad máxima para presentarse y ahora les llega lo que pensaban que nunca les llegaría. El inicio de una película de terror. Casi todos con hijos a su cargo, hipotecas, empresas que huyen de trabajadores con más de 45 años, nula formación para la vida civil en determinadas profesiones, incompatibilidad de cursos entre la vida militar y la civil y una tremenda despreocupación del ministerio hacia ellos.</p>
<p>Al final, han hecho con ellos lo que un malvado empresario querría para su negocio, coger los años más productivos de un ser humano y “largarlos” cuando empiezan a envejecer. Pero que desperdicio tanta y tanta formación, tantos y tantos cursos.</p>
<p>Y ahí no queda la cosa. ¿Cómo creen que repercutirá a las ciudades esta circunstancia? Pues tremendamente mal. Las ciudades verán como familias de clase media que llevaban una vida tranquila y estabilizadas, comienzan a empobrecerse, comienzan a emigrar en busca de trabajo, comienzan a cambiar a peor. Y las ciudades comenzarán a perder poder económico.</p>
<p>Mi ciudad, La Isla de San Fernando, donde la industria naval se encuentra apunto de entrar en paliativos, la marina no es ni la cuarta parte de lo que fue, el turismo no saben iniciarlo y las salinas y esteros es una industria que no motiva a nadie; este problema puede terminar de hundir a la ciudad. Y no pretendo crear una falsa alarma, pero salir unos 1500 militares isleños en los próximos años, proyectan un futuro poco venturoso para la ciudad.</p>
<p>Ahora comienzan a movilizarse, hay que ayudarlos, esto no se puede quedar así. Su futuro es el nuestro".</p>
<p>Lolo Picardo Fontao Coordinador local de AxSí-SanFernando.</p>
<p>#45sindespidos</p>
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		<title>La Esclava</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jan 2018 17:59:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_73964" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-73964" class="size-medium wp-image-73964" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/12/foto--sete-gonzalez-300x208.jpg" alt="" width="300" height="208" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/12/foto--sete-gonzalez-300x208.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/12/foto--sete-gonzalez.jpg 344w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-73964" class="wp-caption-text">Manos de Camarón de La Isla. Autor de la Imagen. Sete González.</p></div>
<p>Fue una noche bastante complicada en el cuartelillo de la policía de La Isla y no en vano, para algunos, lo que paso esa noche, sería determinante para sus vidas. Detrás de todo aquello, una inocente copa de vino, unas risas, unas bromas y todos los naranjos que habían plantado a lo largo de la calle Real, destrozados. La policía visitó muchas viviendas aquella noche y se llevaron a bastantes agarrados del brazo, camino del “cuartelillo”.</p>
<p>Entre las declaraciones de los jóvenes muchas contradicciones… que yo no estaba, que estaba ese o que fue sin querer... La policía indagó y culpabilizó a varios de ellos, amparándose en el testimonio de muchos transeúntes. Entre los nombres que salieron mentaron a Camarón, quizás fue uno nada más el que se acordó del cantaor, pero levantaron las sospechas de los policías y el inspector jefe mandó buscarlo para que prestara declaración. La cosa se había puesto fea y algunos pasaron con premura a disposición judicial. Se hablaba de que los primeros ya estaban en el penal de El Puerto.</p>
<p>A las ocho de la mañana ya se asomaron por el umbral de entrada de la Venta de Vargas, dos policías grandes con amplios bigotes. En la cocina con su trajín, María Picardo preparaba una buena berza gitana. Ya a las ocho de la mañana se había metido dos o tres cafés en el cuerpo, de esos de pucherete, de esos de los que había que moler el grano con un molinillo y colarlo para no tragarte los posos del café. María se había encomendado hace años a las ánimas benditas y decía que a las seis de la mañana sentía una mano llamándola. Decía que le rezaba porque le daba pena que estuviesen malviviendo en el purgatorio, seguro que la buena de María tenía en sus pensamientos a alguien que no fue demasiado bueno en vida.</p>
<p>Buscaban a Camarón y fueron al grano preguntándole a la Ventera por el gitano rubio y si la noche anterior estuvo por la Venta, a lo que María afirmó tajante que había pasado el día entero en la Venta con su sobrino Joselito. Que estuvieron haciendo un perchero y Camarón estuvo ayudándole. Qué esos jóvenes detenidos habían estado en la barra de la Venta hasta bien entrada la madrugada y Camarón le había cantado, pero Joselito lo había llevado hasta su casa.  Ante esta afirmación tan explícita, los policías retornaron a la comisaría e informaron de todo al comisario.</p>
<p>De todas estas pesquisas Camarón se enteró por Joselito Picardo, su amigo ventero y por supuesto, tras oírlo se le estremeció todo el cuerpo. Era cierto que aquel día del suceso, pasó el día en la Venta, pero los chavales que habían detenido la policía eran conocidos del barrio y sabía que la autoridad seguiría detrás de él.</p>
<p>Todos estos sucesos no sentaron bien en el ánimo de José, además su carrera musical se encontraba en un punto muerto, justo después de haber pasado un tiempo en Málaga, junto a Miguel de los Reyes. Y es cierto que en La Isla había mucho arte y se vivía el flamenco, pero no para vivir de él. Así que reunió a su gente más próxima, Alonso Núñez “Rancapino”, a Lela Fontao y Joselito. Su inocencia estaba clara, pero sabía que en el próximo suceso lo meterían a él y por otro lado pensaba que Madrid era la única salida que le quedaba a su cante. Los florecientes tablaos estaban deseosos de gentes del sur y seguro que su metal de voz sería bien recibido.</p>
<p>Camarón comunicó a sus amigos su deseo y entre los cuatro juntaron algún capital para poder irse, pero no era suficiente. Así que Joselito, que tenía una esclava de oro, regalada por su tía María, la empeñó en Casa Pilo en seiscientas pesetas, compraron filetes en la tienda de Joselete, en la esquina de la calle del Gordo, lo empanaron, hicieron unos bocadillos y el resto se lo dieron al cantaor. Lo acompañaron a la estación de Renfe  y los cuatros hicieron una piña de abrazos y llantos. Joselito se dirigió a Camarón mirándole a los ojos:</p>
<p>-José en Madrid te vas a hacer el número uno, demuéstrales quien eres-</p>
<p>Y aquel tren se perdió entre las marismas y esteros de La Isla con dirección norte. En una parte tres amigos que amaban a Camarón y sabía que esa voz haría historia. En la otra parte, un hombre que cambiaría la historia del flamenco.</p>
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		<title>La Isla del nunca jamás</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lolo Picardo Fontao]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Aug 2017 15:47:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Isla de Eolia]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-66844" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/06/peter-pan-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/06/peter-pan-300x224.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/06/peter-pan-768x575.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/06/peter-pan.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" />Quizás este título nos suene a nuestra niñez más infantil, más dulce. Quizás nos evoque a Peter Pan, al capitán Garfio, al calamar gigante, a sus piratas, a la preciosa Wendy, a Campanilla y evidentemente a su espacio geográfico que llamaban “La Isla del nunca jamás” o como diría los anglosajones “Neverland”. Todo es válido está claro, pero en mis neuronas que alberga los recuerdos, me traslada a los carnavales de La Isla de hace un montón de años, cuando sacaron un coro con ese mismo nombre. Aquello si que eran carnavales en La Isla.</p>
<p>Si mal no recuerdo acababa de pasar el año de los mundiales, 1982, el año de nuestro fracaso deportivo más sonado. El año de Sócrates, de Paolo Rossi, de Paul Breitner. Italia campeona del mundo en el Santiago Bernabéu y Los Naranjitos de Juan Rivero que la formaron en el mundo del carnaval, con ese estribillos que contaban que ganaríamos el mundial, a lo que mi amigo Joaquín Rodríguez “El Maspapa” respondía “Y si no lo ganamos, y si no lo ganamos”. Magníficos años aquellos para el mundo del Carnaval isleño. Pues el año siguiente, 1983, bajo la dirección de Federico Gavilán, letra de Salvador Lucas y música de Francisco Mora; sacaron ese coro que representaba La Isla de Nunca Jamás, con los Peter Pan y los capitanes Garfio. Mi querido Paco “El Guti” también formaba parte de aquel coro y creo que a los que convivimos con él, aún no nos hemos acostumbrado a no verlo por su calle Dolores pasar con su “libretita” para apuntar los aconteceres de su Isla, que publicaba Diario de Cádiz o la agencia EFE.</p>
<p>Recuerdo las calles de La Isla a rebosar, los “puestecitos” por toda la calle Real, repletos de papelillos, serpentinas, cintas de cassete con los primeros premios del concurso. Muchas personas disfrazadas. Antonio “El Negro” con sus geniales disfraces, con su crítica constructiva.</p>
<p>Entonces yo comenzaba a salir solo a la calle con mis amigos y me acuerdo que acababan de abrir la “Hamburguesería La Coracha”, que buenos momentos. También parábamos en el “Falucho” o en el “Buchito”, lugares para los más jóvenes. Después nos recogía mi padre y nos llevaba al “Royalty” la casa de “El Espabilao” o a la Marisquería “La Isla”, donde nos matábamos, los tres hermanos, por las magníficas gambas al ajillo que servían.</p>
<p>Ese coro me trae muy buenos recuerdos de cuando hicieron su ensayo general en la Venta, la de Vargas. Con una letra muy bonita que sacaron al restaurante y que María Jesús Picardo, lloraba a moco tendido con las palabras que le dedicó Salvador Lucas. Y recuerdo un tango que cantaban a la hispanidad, a nuestros hermanos de ultramar,  con una letra magnífica que dedicaron a un mejicano, Virgilio Mejías, que había llegado en un barco que reparaban en Bazán y se hizo amigos de nosotros. Recuerdo esas dos cabalgatas que se hacían en los carnavales, la del humor y la oficial, propiamente dicha.</p>
<p>Quizás a esa evocación le viene muy bien el título “La Isla del Nunca Jamás”, porque ya nada es lo que fue allá por el año 1983. Ni el carnaval, ni Bazán, ni las personas. Todo ha cambiado para peor y nuestra Isla, nuestra bonita ciudad sureña, es La Isla del Nunca Jamás, porque será muy difícil que vuelva a ser lo que fue. Probablemente hemos dejado que demasiados capitanes Garfio vaguen por la ciudad a sus anchas y aniquilen a los Peter Pan que defendían La Isla a capa y espada.</p>
<p>Aunque ya lo publiqué en La Voz, quiero compartirlo con todos vosotros desde mi  sección de opinión <a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/seccion/opinion/opinion-general/la-isla-del-corazon/">La Isla del Corazón</a> que tengo en el periódico isleño <a href="https://www.facebook.com/ElCastilloDeSanFernando/?ref=hl">El Castillo de San Fernando.</a></p>
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