<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>La Guarida del Lobo - El Castillo de San Fernando:  Noticias de La Isla</title>
	<atom:link href="https://www.elcastillodesanfernando.es/seccion/opinion/opinion-general/la-guarida-del-lobo/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://www.elcastillodesanfernando.es</link>
	<description>Noticias de San Fernando. Periódico digital.</description>
	<lastBuildDate>Thu, 09 Feb 2023 18:19:42 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	
	<item>
		<title>San Fernando y yo</title>
		<link>https://www.elcastillodesanfernando.es/2023/02/san-fernando-y-yo/</link>
					<comments>https://www.elcastillodesanfernando.es/2023/02/san-fernando-y-yo/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Carrasco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Feb 2023 20:45:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Guarida del Lobo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elcastillodesanfernando.es/?p=158055</guid>

					<description><![CDATA[A Leonor Montañés Beltrán. Empecé con mi propio blog allá por 2014. Buscaba, antes de saber que llegaría a publicar libro alguno, dar rienda suelta a esta pasión que tengo por escribir y por traer al hoy recuerdos de un ayer, de un San Fernando del ayer, que me hace inmensamente feliz. Buscaba, además, encontrar [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_158203" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2023/02/patera.jpeg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="patera" data-rl_caption="Foto Leonor Montañés Beltrán. Blog lalunaesblanca." title="patera"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-158203" class="size-medium wp-image-158203" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2023/02/patera-300x225.jpeg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2023/02/patera-300x225.jpeg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2023/02/patera-768x576.jpeg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2023/02/patera.jpeg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-158203" class="wp-caption-text">Foto Leonor Montañés Beltrán.<br /><a href="http://lalunaesblanca.blogspot.com/">Blog lalunaesblanca.</a></p></div>
<p>A Leonor Montañés Beltrán.</p>
<p>Empecé con mi propio blog allá por 2014. Buscaba, antes de saber que llegaría a publicar libro alguno, dar rienda suelta a esta pasión que tengo por escribir y por traer al hoy recuerdos de un ayer, de un San Fernando del ayer, que me hace inmensamente feliz.</p>
<p>Buscaba, además, encontrar esa comunión con posibles lectores de aquel incipiente diario personal digital adjuntando a esos recuerdos relatados imágenes. Fotografías de una Isla que el tiempo ha ido convirtiendo en una especie, al menos para mí, de amor platónico. Amar con el deseo y no poder tocar es lo más parecido a sufrir por sufrir y aún así querer seguir amando.</p>
<p>En alguna red social encontré una página donde se compartían fotografías de aquella ciudad que ya tan solo duerme en el imaginario de los que la conocieron e indagué sus autorías. Nombres como Miguel Ángel López Moreno, Fco. Javier Rodríguez, Rafael Olvera, por supuesto conocidísimos apellidos como Quijano o Rioja… Junto a estos hallé también un enlace: sanfernandoyyo.blogspot.com.</p>
<p>Sanfernandoyyo era un viaje de hoy al ayer y del ayer al hoy de la mano y la cámara de una mujer que plasmaba entre reseñas y estampas justo lo que yo andaba recabando. Renacieron junto a esas estampas y reseñas otros recuerdos que yacían dormidos con profundidad en mi memoria. Se reavivaron gentes y lugares, la mayoría desaparecidos por entonces, y en mí se removió la necesidad, entiéndase, de resucitarlos. Surgieron ahí lo que durante estos años he compartido en esas ondas: las Memorias de aquella Isla.. Aquel blog lo firmaba Leonor Montañés Beltrán que, además de otros tipos de diarios personales en este formato digital, dejaba para el haber del recuerdo isleño una interesante y diría que necesaria bitácora para quien quisiera saber y observar más que mirar qué escondía este San Fernando nuestro.</p>
<p>Esta semana Leonor ha colgado su cámara y como remolino levantero se ha conjurado todo el isleñísmo de su legado en torno a ella. La cultura de la ciudad ha despedido a una adalid de todo lo que repercutiese en ella, la cultura, para la ciudad. Vayan estos Breves de las Memoria de aquella Isla, que tanto sentido han tenido, como he citado, también gracias a ella como humildísimo homenaje.</p>
<p>Sin embargo, a modo de curiosa metáfora, creo que no hay epitafio más castizo para Leonor que el que, sin saberlo, ya tuviera escrito: San Fernando y yo.</p>
<p>Para concluir, extraigo uno de sus haikus de su blog <em>lalunaesblanca</em> y que, como aquel viejo candray varado para siempre a los pies de nuestro puente Suazo, describe la desazón del adiós y del recuerdo:</p>
<p>Sobre la arena<br />
llora abandonada<br />
la barca vieja.</p>
<p>Descansa en paz, Leonor Montañés Beltrán.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.elcastillodesanfernando.es/2023/02/san-fernando-y-yo/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Rincones de aquella Isla. Bares y literatura</title>
		<link>https://www.elcastillodesanfernando.es/2021/08/rincones-de-aquella-isla-bares-y-literatura/</link>
					<comments>https://www.elcastillodesanfernando.es/2021/08/rincones-de-aquella-isla-bares-y-literatura/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Carrasco]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Aug 2021 20:03:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Guarida del Lobo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elcastillodesanfernando.es/?p=133459</guid>

					<description><![CDATA[Todos tenemos ese lugar favorito donde desasirnos de las prisas o donde continuar con lo cotidiano porque forma parte de nuestras costumbres. Hay quien se escapa a orillas de La Casería, hay quien se va al último rincón de La Alameda, hay quien se pierde por la tranquilidad de las calles de los barrios, hay [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/12/bar-el_-pescadito.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Bar. El Pescaito" data-rl_caption="" title="Bar. El Pescaito"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-118194" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/12/bar-el_-pescadito-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/12/bar-el_-pescadito-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/12/bar-el_-pescadito-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/12/bar-el_-pescadito.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Todos tenemos ese lugar favorito donde desasirnos de las prisas o donde continuar con lo cotidiano porque forma parte de nuestras costumbres. Hay quien se escapa a orillas de La Casería, hay quien se va al último rincón de La Alameda, hay quien se pierde por la tranquilidad de las calles de los barrios, hay quien se va a la plaza o a mirar escaparates y hay quienes, como yo, busca su particular templo del café. Y donde pongo café pongan el néctar de su gusto.</p>
<p>Bares, cafeterías, pequeños restaurantes, bodeguitas, pubs, güichis (qué palabra tan bonita y tan nuestra: <em>güichi</em>). En aquellos, si no es uno escogido al azar, tenemos nuestro rincón, nuestra esquina, nuestra mesa predilecta y miramos con recelo y hasta maldecimos si estos nos han sido arrebatados -¡cómo se atreven!- por otros clientes que no habíamos visto nunca. Y es que los parroquianos, los habituales en el lugar de café o tapa diaria conocemos de los usos y manduca del resto.</p>
<p>Puestos a poner un lugar me permito pararme en uno en el que lejos del romanticismo estético del 44, lejos de la lírica de los cafés de la Generación del 27 del Torreplaza, del novecentismo de La Mallorquina, del realismo vívido de los cincuenta de Los Gallegos hay otra literatura.</p>
<p>Y es que la literatura y los lugares del comercio y bebercio están hondamente ligados. Ya sabrán de Bécquer y la famosa Venta de los Gatos en Sevilla, Lorca y el Café Alameda en Granada, Cela y demás pléyade literata y el Café Gijón en Madrid… Me detengo, decía, en un lugar donde el tiempo se debate entre las tapas y el café o chocolate con churros; entre la televisión a toda voz con un partido de fútbol, una corrida de toros o el programa pertinente según la hora de fondo, la lectura pausada de la prensa y la charla animosa, charlatana diría, parlanchina, desquiciante, casi de máquina de tricotar y casi siempre de mujeres, con la consumición consumida, valga la redundancia, en la mesa o la conversación de casi todo en la misma barra con el chato de vino o la cerveza los hombres. Aquellas voces huecas, guturales algunas, portentosas al punto de la estridencia. Y entre tantos y cuántos le confieren al lugar la etiqueta, sin duda, de popular. De popularísimo diría.</p>
<p>No tiene pérdida. En una de las arterias con más sangre comercial de La Isla, a pesar de la sangría económica a la que nos hemos visto abocados, nuestro punto de encuentro debiera ser considerado por el Ayuntamiento con uno de esos rótulos que destacan los emplazamientos: «Está usted en <em>El Pescaíto</em>».</p>
<p>Con sus aires de eclecticismo sesentero, hoy tan solo más noventero por mucho que se haya acondicionado, por su barra y mesas han pasado y pasan las filosofías de personajes de toda La Isla y hoy sigue siendo esa parada maravillosa de saludos entre viandantes y sedentes en sus sempiternos veladores de aluminio. Que fíjense si han sabido crear tipismo. Mismas mesas exteriores, mismas mesas interiores, misma distribución interior, mismo cartel luminoso exterior y con una carta tan escueta que cabe en un mostrador con apenas seis bandejas sobre la barra. ¿Y eso no es Arte?</p>
<p>Sí. Reconozco que en mis viajes a La Isla soy un habitual. Que cuando quedo y tengo que señalar un sitio, ya sea por cercanía, por costumbre o por vicio, lo hago allí. Ese te espero en <em>El Pescaíto</em> forma tan parte de mi vocabulario como del, estoy seguro, no pocos isleños que en la Semana Santa tienen un palco de excepción con merienda o cena ad hoc. Que en las noches de verano se complementa a la perfección un papelón de bienmesabe, croquetas, chocos, huevas con el helado de la vecina Jijona que le guiña dulce a sus clientes.</p>
<p>Permítanme este pequeño reconocimiento a este local hostelero y junto a él a otros tantos que, para qué desmentirlo, para no pocos es como el lugar de esparcimiento donde desasirse de la pesada cotidianidad, aunque también hagamos de lo cotidiano fiesta cuando acudimos a uno de estos rincones de La Isla. Estos benditos rincones de La Isla. Esta literatura oculta que comentaba, y que este que suscribe estas líneas ha plasmado en algunas hojas aunque de forma taimada, guarda historias y hasta poesía:</p>
<p style="text-align: center;">Ponme un trago de eso<br />
que quema la garganta<br />
y te calma el alma.<br />
Ponme un trago de eso…<br />
Que no hay quien dé<br />
la extremaunción, camarero,<br />
como quien sirve copa a copa,<br />
como quien dice un ego te absolvo,<br />
y deja que las penas<br />
queden liberadas<br />
en un líquido responso.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.elcastillodesanfernando.es/2021/08/rincones-de-aquella-isla-bares-y-literatura/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Breves de las memorias de aquella isla: el patrimonio romántico de La Isla</title>
		<link>https://www.elcastillodesanfernando.es/2021/06/breves-de-las-memorias-de-aquella-isla-el-patrimonio-romantico-de-la-isla/</link>
					<comments>https://www.elcastillodesanfernando.es/2021/06/breves-de-las-memorias-de-aquella-isla-el-patrimonio-romantico-de-la-isla/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Carrasco]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Jun 2021 19:30:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Guarida del Lobo]]></category>
		<category><![CDATA[bastiones románticos de La Isla.]]></category>
		<category><![CDATA[callejón Croquer]]></category>
		<category><![CDATA[puente de La Casería]]></category>
		<category><![CDATA[San Fernando]]></category>
		<category><![CDATA[vecindaban]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elcastillodesanfernando.es/?p=129460</guid>

					<description><![CDATA[Hace tiempo que se nos despeñó el romanticismo de esta Isla con una de las estampas más románticas de la bahía: la de su silueta recortada viniendo desde Chiclana. ¡O la de sus calles en los barrios de la Pastora o de la Iglesia Mayor! ¡O la de la plazuela de San Juan enfilando hacia [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_57817" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/Alopez3.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Patrimonio" data-rl_caption="Puente de La Casería. Archivo Á. López." title="Patrimonio"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-57817" class="size-medium wp-image-57817" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/Alopez3-300x185.jpg" alt="" width="300" height="185" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/Alopez3-300x185.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/Alopez3.jpg 520w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-57817" class="wp-caption-text">Puente de La Casería. Archivo Á. López.</p></div>
<p>Hace tiempo que se nos despeñó el romanticismo de esta Isla con una de las estampas más románticas de la bahía: la de su silueta recortada viniendo desde Chiclana. ¡O la de sus calles en los barrios de la Pastora o de la Iglesia Mayor! ¡O la de la plazuela de San Juan enfilando hacia la playita de la Casería! ¡O la del callejón Croquer! ¡O la de la Alameda con el fondo fantástico de sus viejas casonas-palacios! ¿Y qué me dicen del paisaje de esteros?</p>
<p>Hace tiempo que se nos despeñó el romanticismo, pero esta tierra sigue agarrada al resquicio de su breve pero intensa historia. Con los dedos enrojecidos por el esfuerzo y con las uñas sangrantes del quiero y no puedo mientras las clava valiente en la última piedra de ese precipicio al que los tiempos modernos casi la abocaron.</p>
<p>Hace tiempo que se nos despeñó el romanticismo, pero aún hay quienes luchan y luchamos por conservar de alguna manera esa piel que parece desgajarse, como muerta, del cuerpo de nuestra Isla de León. Y yo, miren por donde, con toda la humildad, me uno o me hallo entre estos. Y hoy resucito la estampa inimitable, la estampa que fue el culmen romántico para este que les habla.  La estampa que quedó impresa en los ojos, en el corazón y en el alma de aquellos isleños que tuvimos la suerte de contemplarla. La estampa de un lugar de leyenda: la de los amantes del Camino de la Cruz, que hasta la placa de la cruz que lo rememoraba ha desaparecido. La estampa de un ferrocarril bajo un puente. La estampa de un puente cordón umbilical entre un barrio y una ciudad: la del puente de La Casería.</p>
<p>Murió de la manera más trágica: a traición. Una mañana amaneció y las araucarias que lo <em>vecindaban</em><em> </em>pusieron el grito en el cielo al ver que no estaba. La Isla había perdido a uno de sus vecinos más carismáticos, de sus vecinos más viejos, de sus vecinos más queridos, de sus vecinos más amables que hacían de la despedida o de la llegada un monumento a la nostalgia, a los tiempos pasados y perdidos, a las imágenes más bellas que uno pudiera encontrarse o dejar atrás. Había que acabar, parece ser, con un vetusto apéndice que había aguantado el peso de los años, que había soportado el desprecio de las administraciones locales, que había llevado bien haber sido sustituido por un puente sin gracia alguna; feo, impersonal. Y, sin embargo, a pesar de tanto agravio, había mantenido su estatus como monumento emotivo y hasta votivo por parte de quienes se encontraban con él cada día.</p>
<p>San Fernando no sabe o no supo conservar reliquias. Conservar las pequeñas esencias que lo hacen único o, cuanto menos, único para sus gentes. Aunque parece que la cosa, a Dios gracias, va cambiando. Parece. Quién sabe.</p>
<p>Aquel galán de piedra oscurecida por los soles, vientos y lluvias de tantos lustros, fue poco menos que acuchillado por el hierro frío de una traición de madrugada. El de aquellos que, en todo caso, debieron haber buscado otra solución –con seguridad más cara–. Fue, probablemente, más sencillo, más práctico, más barato, no sé, descuartizar uno de los bastiones románticos de La Isla.</p>
<p>Uno de esos sitios con encanto, una de esas escenas eternizadas en la retina de muchos, uno de aquellos dandis que, a pesar de los años, siguen embobando con su apostura.</p>
<p>sí, hace tiempo que se nos despeñó el romanticismo y, sin embargo, en el trabajo, en la constancia, en las herramientas y en las plumas de no pocos, aún se pulsa con la memoria más volátil. Aún se mantiene, espadas en alto, la batalla por recuperar el patrimonio de esta bendita Isla de San Fernando. El patrimonio no solo material sino aquel que, incluso desaparecido, como dijo Crespo en la obra del inmortal Calderón de la Barca, nuestro patrimonio romántico: <em>«que no es sino patrimonio del alma».</em></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.elcastillodesanfernando.es/2021/06/breves-de-las-memorias-de-aquella-isla-el-patrimonio-romantico-de-la-isla/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La Casería sí se toca</title>
		<link>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/11/la-caseria-si-se-toca/</link>
					<comments>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/11/la-caseria-si-se-toca/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Carrasco]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Nov 2020 20:30:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Guarida del Lobo]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elcastillodesanfernando.es/?p=116766</guid>

					<description><![CDATA[Me voy a mojar con un tema que, por una vez, ha puesto de acuerdo a casi toda La Isla  y que, como isleño, tengo una íntima obligación en ello. Y a ello voy. ¡La Casería SÍ se toca! La playita de la Casería es un lugarzuelo que hace orilla a la bahía gaditana. Una [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_117053" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/11/la-caseria-de-ossio.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="La Caseria de Ossio" data-rl_caption="Fotografía. Ignacio Escuin." title="La Caseria de Ossio"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-117053" class="size-medium wp-image-117053" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/11/la-caseria-de-ossio-300x167.jpg" alt="" width="300" height="167" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/11/la-caseria-de-ossio-300x167.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/11/la-caseria-de-ossio-768x428.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/11/la-caseria-de-ossio.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-117053" class="wp-caption-text">Fotografía. Ignacio Escuin.</p></div>
<p>Me voy a mojar con un tema que, por una vez, ha puesto de acuerdo a casi toda La Isla  y que, como isleño, tengo una íntima obligación en ello. Y a ello voy.</p>
<p>¡La Casería SÍ se toca!</p>
<p>La playita de la Casería es un <em>lugarzuelo</em> que hace orilla a la bahía gaditana. Una visión extraña en un paraje extraordinario. Son viejos palos y viejas chapas conformando un paisaje raído que más pareciera uno de aquellos coloristas jamaicanos. Al viajero pudiera llamar la atención su destartalada geografía, su ribera alfombrada de sapina, sus fronteras: al este las nuevas torres, al oeste su centenario barrio, al sur Cádiz y al norte, lejos, más que Cádiz, La Isla.</p>
<p>La Casería y su playita es un <em>lugarzuelo,</em> decía, donde se reflejan los recuerdos de generaciones de isleños. Un <em>lugarzuelo</em> donde todo está revestido de una invisible pero palpable nostalgia. Un <em>lugarzuelo</em> entrañable. Un <em>lugarzuelo</em>, como decía, de viejos maderos y viejas chapas que, sin duda, le confieren peculiaridad y pasmo al visitante y familiaridad al propio. Y entre ese pasmo y familiaridad se da una insospechada belleza.</p>
<p>La Casería y su playita es un balcón privilegiado al mayor monumento de este rinconcito: su mar. Porque la mar a la que abraza pareciera que le perteneciera. Un balcón con olor a caballa asada, a sardinas, a chocos, cómo no, ¡de La Casería!, que juega a embargarnos con aquel otro inherente, contenido por décadas por no decir siglos, entre la sal y las huertas que lo circundan. Un lugar donde la paz se busca a sí misma.</p>
<p>Volver como un hijo pródigo, viva o no en La Isla, a pisar la arena de este <em>lugarzuelo</em> es patrimonio del cañaílla y como tal quiero que perdure el patrimonio que me fue legado. Un patrimonio que debe cuidarse, ¡desde luego!, pero respetándose y respetando a sus verdaderos propietarios: el pueblo. La Casería, ese<em> lugarzuelo</em> -que digo <em>lugarzuelo</em> como a una placilla se le llama con cariño <em>plazoleta- es</em>, ni más ni menos, que historia de mi pueblo.</p>
<p>¿Cómo que no se toca La Casería? No solo hay que tocarla, ¡hay que pisarla!, ¡hay que olerla!, ¡hay que saborearla!, ¡hay que pasearla!, ¡hay que vivirla! La Casería se toca, ¡¡claro que hay que tocar La Casería!!</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/11/la-caseria-si-se-toca/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>De las distancias</title>
		<link>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/09/de-las-distancias/</link>
					<comments>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/09/de-las-distancias/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Carrasco]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Sep 2020 19:30:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Guarida del Lobo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elcastillodesanfernando.es/?p=113805</guid>

					<description><![CDATA[Con lo de la extensión quería exponer que, salvo para visitar las nuevas urbanizaciones —en lo que ya decimos el extrarradio— podemos ir a pie a cualquier sitio gracias a que nos han dejado la callerreal como una autopista: libre de gracia alguna y con casi nada que te detenga (eso sí, de pagar el [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_113812" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/09/antigua-parada-de-autobuses-de-la-bazan-san-fdo-.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Antigua parada de autobuses de la Bazán San Fdo." data-rl_caption="Antigua parada de autobuses en la Bazán. &quot;Fotos antiguas de Cádiz San Fernando 2&quot;." title="Antigua parada de autobuses de la Bazán San Fdo."><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-113812" class="size-medium wp-image-113812" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/09/antigua-parada-de-autobuses-de-la-bazan-san-fdo--300x217.jpg" alt="" width="300" height="217" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/09/antigua-parada-de-autobuses-de-la-bazan-san-fdo--300x217.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/09/antigua-parada-de-autobuses-de-la-bazan-san-fdo--768x555.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/09/antigua-parada-de-autobuses-de-la-bazan-san-fdo-.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-113812" class="wp-caption-text">Antigua parada de autobuses en la Bazán. "Fotos antiguas de Cádiz San Fernando 2".</p></div>
<p>Con lo de la extensión quería exponer que, salvo para visitar las nuevas urbanizaciones —en lo que ya decimos el extrarradio— podemos ir a pie a cualquier sitio gracias a que nos han dejado la callerreal como una autopista: libre de gracia alguna y con casi nada que te detenga (eso sí, de pagar el peaje de la paciencia esperando un cinematográfico tranvía llamado deseo nadie nos ha librado todavía).</p>
<p>2007, con la transformación de la principal vía de la ciudad, marco, sin duda, la línea divisoria entre aquella Isla y esta: la de ayer y la de hoy. Hasta entonces era cuando te parabas para cruzar de acera; te quedabas acarajotao oyendo el pipipipi ese que pusieron en los nuevos semáforos —con botoncito ad hoc— el cuál, con ingenua esperanza, pulsábamos de forma inmisericorde, cual mensaje en morse, para forzar el rojo con el fin de detener a los automóviles. Yo no sé a otros, pero cuando el pitito aquel tomaba visos de electrocardiograma plano, y aquel pipipipi era casi un piiiii anunciando que ya se ponía la luz verde para los vehículos, me entraba un estrés... Ahora me pasa lo mismo, pero con el muñequito o el segundero; cuando el primero pasa de andar a correr puedo asegurar que hasta sudo.</p>
<p>Perdón por disiparme.</p>
<p>Como decía, hoy parece que todo está al lado. Sin embargo, cuando en aquella calle Real se formaban los atascos, moverte entre aquella jungla de gases y bocinazos ya te parecía una odisea solo para ir hasta Correos a echar una carta.</p>
<p>A eso iba. A la impresión que tenía antes sobre lo extensa que era La Isla.</p>
<p>Recuerdo que en la calle Calatrava había una pollería —en vocablo culto, asador de pollos. Hasta el vocabulario popular se nos va desgajando— que vendía uno de aquellos manjares desplumados y salseados más exquisitos. Yo, que vivía por Capitanía, para ir a comprarlo acudía junto a mi padre en el SEAT 127 familiar. Términos antagónicos: 127 y familiar parecían incompatibles, ¡pero no! Hoy, sin embargo, no se me ocurriría gastar ni un solo decilitro gasolina para ello. Pasar de La Pastora al Cristo andando por sus callejuelas bien merece una caminata.</p>
<p>Cito en alguna entrada de estas Memorias de aquella Isla ¡que hasta cinco líneas de autobuses existieron! Y me cabe la duda si no llegó a crearse una más; que si fue así, duró lo que el paseo de la Magdalena presentable.</p>
<p>Así, había paradas, por ejemplo, desde El Carmen —dirección San Francisco— frente al solar que había en lo que hoy es la biblioteca Luis Berenguer; otra frente a Recreativos El Carmen (originalidad y marketing ante todo), justo antes de la esquina de la avenida Manuel de Falla. Donde, por cierto, había una pastelería atravesando dicha avenida y pasando la joyería de la familia Jones, junto a la Mercería Loli, que me recordaba mucho a la de La Victoria y, ¿adivinan qué carmelitano nombre ostentaba?</p>
<p>Desde Borrego hasta la Compañía de María podía contarse, en un solo sentido, hasta cuatro paradas en ese breve espacio, y no sé si otras tantas a la viceversa. A ver, repasemos: una donde el colegio Miramar, otra donde la Casa de la Juventud, pasando Roype; otra en la misma Alameda del General Pidal, la del Patio Cambiazo... ¡Buf! ¡Pues fíjense! Hagan lo que los psicólogos llaman un mapa cognitivo —un mapa mental, vamos— y calculen distancias y paradas.</p>
<p>Visto así, pareciera que San Fernando era una enorme orbe, aunque solo tuviese cuatro grandes vías: Real, San Marcos, Pery Junquera y la de la Carretera de La Carraca.</p>
<p>También es cierto que ya casi no hay terraplenes urbanos; esos que, como los del Almendral, Cañorrera o El Boquete daban la sensación, al no haber edificaciones, de que las distancias entre dos puntos eran enormes. Aquellos eran terrados donde muchos niños hacíamos como los topguns (tohgan, en nuestra fonética particular) con nuestras bicicletas en lugar de reactores; cogíamos velocidad y salíamos disparados al cielo tras enfilar un advertido montículo que hacía las veces de lanzadera. ¡Qué de postillas no nos habrán salido en las rodillas al terminar el vuelo en aterrizaje forzoso!</p>
<p>En mi álbum particular, volviendo a lo de las distancias, tengo la imagen clara, al salir una tarde invernal del Liceo, donde estudiaba, y tomar el camino hacia el parque Sacramento para ir a casa de un amigo a hacer la tarea. Al pasar aquella zona, donde se solían instalar los circos que venían por la ciudad, había que transitar por un callejón angosto que, en las anochecidas, bien pudiera haber servido a Michael Jackson (Maikelyason en nuestro decir) para una de las escenas de su «Thriller».</p>
<p>Aquél camino con una sola farola —que no daba luz..., ¡daba miedo!— que se sujetaba a la fachada sobre una cancela verde, que era la entrada a una huerta, era todo chumberas y pedregal. Al pasar aquella temible calleja dabas a un inmenso terreno baldío, plagado de la misma vegetación, con lagartijas que eran Tiranosaurios Rex y con más socavones que la orilla de la segunda pista de Camposoto.</p>
<p>Con mis libros de texto Senda y Regata en una maleta, llegar desde la zona de Tercio de Flandes, con aquella cuesta horrorosa que padecíamos los alumnos de ese colegio, que en los días de levante parecíamos Clint Eastwood (en isleño, Clinnisvu), pero mascando arenisca en vez de tabaco, hasta la Huerta Chaves era una odisea hoy inexistente.</p>
<p>Ir a la barriada Bazán, a la de La Ardila, o a La Casería, por ejemplo, era considerado una temeridad hacerlo andando. Sin embargo, para algunos descerebrados, como el que suscribe, que tomaba dirección al primero de los núcleos nombrados entre vinagrillos, sobre el camino que existía paralelo a la ya citada Carretera de la Carraca, aquella travesía era una aventura que, en mi caso, obtenía el premio de diez duros (o veinte) que me daba mi abuela para coger el Chulo de vuelta. Cinco era lo que costaba el billete del autobús, lo otro para chucherías variadas, o guardarlo hasta reunir los quince que valía la entrada para la sesión infantil del Cine Almirante. ¡Que ese sábado estrenaban Rambo!</p>
<p>Sería mi estatura, y que mi visión y patitas de pequeño saltamontes recorriendo las calvas que entonces existían, hacía que creyese que mi pueblo era enorme. Sería que cuando volvía de la escuela a mi casa, sisando así a mi madre el dinero del autobús, uno iba con otra tranquilidad.</p>
<p>Sería que para mí no había más mundo que mi pueblo. Seguramente sería eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imagen. "Fotos antiguas de Cádiz San Fernando 2".</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/09/de-las-distancias/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Juan el Caña</title>
		<link>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/07/juan-el-cana/</link>
					<comments>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/07/juan-el-cana/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Carrasco]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jul 2020 20:00:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Guarida del Lobo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elcastillodesanfernando.es/?p=111314</guid>

					<description><![CDATA[Les presento a Juan. Como comprobarán, por una vez, no hablo en pretérito. Juan es un isleño de esos que nacieron en la posguerra que trabaja en un bar de la Zona Franca gaditana. Todos en su trabajo le llaman «el Caña», pero no porque despache cervezas, ni por ser de La Isla. No. Sino [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_111406" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-111406" class="size-medium wp-image-111406" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/07/juan-el-cana-300x297.jpg" alt="" width="300" height="297" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/07/juan-el-cana-300x297.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/07/juan-el-cana-150x150c.jpg 150w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/07/juan-el-cana-768x761.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/07/juan-el-cana.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-111406" class="wp-caption-text">Foto. José Manuel Fernández-Andes.</p></div>
<p>Les presento a Juan. Como comprobarán, por una vez, no hablo en pretérito.</p>
<p>Juan es un isleño de esos que nacieron en la posguerra que trabaja en un bar de la Zona Franca gaditana. Todos en su trabajo le llaman «el Caña», pero no porque despache cervezas, ni por ser de La Isla. No. Sino porque así se apellida: Juan Cañas Román. Pero es cierto que su apellido y el que le denominaran por este le enorgullece.</p>
<p>Más cañaílla que las torres de la Iglesia Mayor; más capillita que el cerrojo de la parroquia de la Pastora y más carnavalero que febrero, Juan es un enamorado de su tierra. De hecho, lo que más le gusta de Cádiz, argumenta jocoso, es volver a su casa, allá por el barrio del Cristo.</p>
<p>Acérrimo defensor del sentimiento isleño, en los remites de los sobres —al escribir su dirección— nunca indica la provincialidad de San Fernando. Quien no supiera por dónde caía este bastión de la hispanidad que le puso la cara colorada a los franceses, no tenía idea de geografía ni de historia. De hecho, para él, aunque no fuese esa la razón, que la calle Real tuviese tal título era marca de fuego en la memoria local que, una vez, La Isla de León fuese capital del Reino; allá cuando los de la erre vaga —la egge— intentaron entrar por el Puente Zuazo y exclamaran: «¡Merde spagnol!».</p>
<p>Socio del CD San Fernando desde que tenía dos años de edad, no comprendía cómo teniendo equipo propio había quien se hacía seguidor del Barcelona, del Real Madrid, ¡o del Cádiz! De lo que se queja, eso sí, es de lo lejos que le queda el estadio ahora, con lo cerquita que estaba el Marqués de Varela.</p>
<p>De católicas maneras, cree que un buen isleño debe rezarle al Nazareno y colgarse el escapulario del Carmen. Costumbre obligada era, camino de ida y vuelta de su trabajo, cada día, pasar por el callejón Croquer y persignarse bajo el arco del que penden sendos cuadros de estos fervores populares.</p>
<p>En su personal cruzada por dar a La Isla el lugar que los políticos locales no supieron darle; acudió incluso al Obispado para que este promoviera ante la curia vaticana hacer del collado ursoniano (El Cerro) un sitio de peregrinación al haber sido lugar de martirio y de promulgación de la Fe cristiana «un día que los romanos pasaban por aquí», asevera con convicción y mucha sorna, y dieron hierro a los dos díscolos hermanos, Servando y Germán. A día de hoy sigue acompañando a la Romería de los santos y comiendo piñones, almendras y nueces donde el muro lateral de la ermita.</p>
<p>El hombre se considera devoto de tapeo diario en Los Gallegos, donde se consagra a su ensaladilla, acompañada al gañote por un Ribeiro; aunque echa de menos las reuniones parroquianas en La Diana o La Alhóndiga. Recuerda nostálgico el famoso sacaculos —a base de carne mechada en aceite— que servían en el Patio del Maestro Luis.</p>
<p>Según él, en lo que se corresponde al buen yantar, los chocos de la Casería, las doradas de Gallineras, las tortillitas de camarones, las bocas y ostiones, el bienmesabe, los fideos con caballa ... son, y han ser elevados oficialmente, Bien de Interés Cultural y Gastronómico.</p>
<p>Aboga por la lingüística isleña: él no dice picha, sino <em>vieho</em>. No va a El Deán, sino al <em>Ardeán</em>. Cuando iba a pescar no compraba gusanas, sino <em>biñocas</em>. No usa el autobús, sino el <em>Chulo</em> o la <em>Carterilla</em>. No paraba en bares, sino en <em>güichis</em>. Y así un diccionario completo.</p>
<p>Alardea, con mucha guasa, sobre aquello de que San Fernando posee el coso taurino más grande de España, pues no hay forma de llenarlo hasta la bandera.</p>
<p>Juan tiene la ciudad delimitada en sectores perfectamente identificados. A saber:</p>
<p>— La Isla. Que iba de la Pastora a la Casería, y de la Bazán hasta la citada Gallineras pasando, por supuesto y en todo caso, por el casco antiguo y céntrico.</p>
<p>— El Pentágono. Así denominaba a los cinco puntos claves militares situados en la población (La Carraca, Capitanía, Camposoto, San Carlos y los polvorines de Fadricas).</p>
<p>— Cádiz, la nueva. Esto comprendía, en esencia, las urbanizaciones más allá de lo que se denominaba La Isla.</p>
<p>Él no se cambia de acera cuando ve aparecer a Antonio —ese que unos dicen el Loco, el Profeta o el Garve—. Se para a charlar y hasta apoya el razonamiento cuando el susodicho personaje le dice lo de la correa de los japoneses, o lo de las jaulas para los langostinos. ¿Quién sino uno de La Isla sería capaz de aguantarle una cháchara? Como bien sintetiza el mismo Antonio: «Lo que no es, no es».</p>
<p>¡Ah! ¿Qué no saben lo de la correa esa ni lo de las jaulas? Pues ... Pregúntenle a Antonio. Pregúntenle.</p>
<p>Espíritu abierto, nunca se ha señalado anti nada. No como aquellos exaltados en el fútbol, que veían a sus contrincantes como enemigos de guerra. No. Él era proisleño. Crítico, por defecto, con cualquier político que ocupara con sus posaderas los sillones del palacio de la Plaza del Rey; pues desde siempre ha considerado que no habían sabido cuidar la ciudad. Aunque, mención aparte, sentía cierta predilección por Avelino, el primer alcalde que llegó con la democracia, allá por 1979.</p>
<p>«Todavía recuerdo cuando Avelino llegó al Ayuntamiento y prometió cambiar la ciudad, y solo cambió de sitio la feria y los gitanos, el nota» —reía.</p>
<p>Ese es Juan Cañas Román, «el Caña». El paroxismo del isleñismo.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/07/juan-el-cana/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Una especie en extinción</title>
		<link>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/06/una-especie-en-extincion/</link>
					<comments>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/06/una-especie-en-extincion/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Carrasco]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Jun 2020 20:13:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Guarida del Lobo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elcastillodesanfernando.es/?p=109873</guid>

					<description><![CDATA[Familia de los insula calvitium, solían salir en bandada desbocada y ansiosa búsqueda de alguna presa con la que saciar su hambre, sobre todo, los fines de semana. No sé si en otro sitio se les llamaría igual, pero en La Isla a esta fauna –por lo general no siempre autóctona– se les conocía por [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_109610" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-109610" class="size-medium wp-image-109610" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/06/militares-en-la-calle-rosario-san-fernando-300x170.jpg" alt="" width="300" height="170" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/06/militares-en-la-calle-rosario-san-fernando-300x170.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/06/militares-en-la-calle-rosario-san-fernando-768x435.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2020/06/militares-en-la-calle-rosario-san-fernando.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-109610" class="wp-caption-text">Imagen. Fotos antiguas de San Fernando y Cádiz.</p></div>
<p>Familia de los <em>insula calvitium</em>, solían salir en bandada desbocada y ansiosa búsqueda de alguna presa con la que saciar su hambre, sobre todo, los fines de semana.</p>
<p>No sé si en otro sitio se les llamaría igual, pero en La Isla a esta fauna –por lo general no siempre autóctona– se les conocía por el vulgo de pelones (la traducción, permítanme la componenda, de insula calvitium sería la de 'Pelones de La Isla')</p>
<p>¡Sí! Hablo de la flor y nata de cada nido que –porque España así lo demandaba– acababan emigrando a esta tierra de soles y sales durante, por último, nueve meses: aquellos soldados de reemplazo.</p>
<p>La condición militar de esta tierra regaló a la ciudad la imagen melancólica de muchos barbilampiños muchachos venidos de otros lugares, más desorientados que un topo a campo descubierto, con sus maletas y bolsas de viajes buscando sus destinos en el Cuartel de Instrucción, el Tercio de Armada, la Capitanía General ... Esa escena pintoresca que Alfredo Landa supo calcar con fidelidad, con su cara de panoli de pueblo de la España profunda, en «Cateto a babor».</p>
<p>Donde yo vivía, y aún lo hacen mis padres, en la calle Escaño, justo frente a la cancela verde que daba acceso a la trasera del edificio ora Capitanía ora Comandancia, y desde la atalaya inmejorable del único bloque de viviendas que existía entonces allí, observaba el continuo trajín de camiones y lepantos. Y, al atardecer, me asomaba a contemplar el solemne momento del arriado de la bandera. La impronta de aquél patriótico acto estaba llena de toda la pompa que el evento requería: Un suboficial de testigo, un soldado honrado con el deber de recoger la enseña nacional que, en el asta, se batía con los vientos y se desplegaba orgullosa.</p>
<p>Con solemnidad les relato el momento.</p>
<p>La rojigualda avanza con lentitud hacia los brazos del mando; el sol, en su ocaso, acompaña su descenso. Suena leve el himno granadero, es como una banda sonora perfecta que acompaña con gallardía, y sus compases parecen querer alargarse, dándole tintes de pontifical al suceso. Cuando la tela llega a las manos del suboficial, se la ofrece al entregado soldado que la dobla con gran celo hasta hacerla triangular. Punto seguido, el primero le da al botón de STOP de la radio que tenía la cinta de casette con la Marcha Real grabada. El pelón agarra la bandera bajo su axila, mientras su superior se enciende un cigarro del que le ofrece y ambos se marchan.</p>
<p>¡Igualito que en Buckingham Palace, vamos!</p>
<p>Anécdotas aparte, todo era tan, tan marcial, que hasta los bolígrafos –serigrafiados en blanco con un Armada Española- también lucían el mismo color que aquellos muros de un gris sargento de los de antes.</p>
<p>Eran los años donde las calles se vestían de las galas de los domingos y ver a un militar no era nada extraño. Los negocios de comercio y bebercio se extendían de acuartelamiento a acuartelamiento, y hacían su agosto en cada salida de la tropa. Recuerdos de mesas llenas de jovialidad exacerbada y risotadas en La Marina, La Maestranza, Casa Facio, El Naca, La Bodeguita, La Coracha, Casa Nanai, Los Gallegos, Gloria Bendita, La Alhondiga...</p>
<p>Aquella esquina antológica en la calle Mayorazga –triunvirato de la bocatería isleña– con El Quijote y sus inseparables Sancho y Popeye. Lugares de parada obligada donde ponían en rompan filas los estómagos mientras intentaban acoplar en sus adentros el submarino Peral hecho bocadillo.</p>
<p>En relación a los citados hubo un intento de cervantina connivencia con otro local de idénticas lujurias gastronómicas, el Dulcinea, pero aquello no prosperó.</p>
<p>Por entonces en mi pueblo aquella marinería era el compendio del aquí te pillo, aquí te mato porque, al parecer, el uniforme era un imán, y ellos –aguilillas siempre dispuestos a morir con las botas puestas ... O quitadas– lo sabían. Y en discotecas como Papillón, Moby Dick, Jockey, Élite o Quetzal, desplegaban sus plumajes militares y danzaban alrededor de las hembras cual cortejo sexual.</p>
<p>En mi tierra el soldado formaba parte del paisaje, y este no se entendía sin aquel. Era inevitable nombrar San Fernando y no vincularlo a la mili. Sin embargo, en su silueta de ayer y hoy, a la ciudad le falta el recuerdo perenne, y no solo evocador en las palabras, de una parte de ella que ya no existe como tal; aquella que rinda homenaje a un trozo indiscutible de su historia y que, como aquellas salinas, ya son solo vestigios.</p>
<p>En fin, ahora el pelón isleño es una especie casi extinta que merece la pena no olvidar.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.elcastillodesanfernando.es/2020/06/una-especie-en-extincion/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
