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	<title>Patrimonio la Isla - El Castillo de San Fernando:  Noticias de La Isla</title>
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	<description>Noticias de San Fernando. Periódico digital.</description>
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		<title>Los incunables de la biblioteca del Real Observatorio de la Armada</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Apr 2021 19:30:29 +0000</pubDate>
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<p>Reciben el nombre de «incunables» todos los libros impresos en el siglo XV, es decir, aquellos que fueron publicados entre 1456 (fecha de la puesta en marcha de la imprenta por Gutenberg) y el año de 1500. Se trata de unos ejemplares que, por su antigüedad y sus especiales características tipográficas, son de gran interés para la historia del libro y de la cultura. La Biblioteca del Observatorio conserva entre sus fondos algunos de estos libros salidos de las primeras imprentas europeas. Aunque la inmensa mayoría de los incunables son obras de contenido religioso y literario, los conservados en el Observatorio son cuatro ejemplares poco habituales, pues están dedicados a cuestiones astronómicas y científicas.</p>
<p>El más antiguo de ellos, titulado <strong><em>Introductorium in astronomiam</em></strong>, es un tratado de astronomía escrito en los inicios de la Edad Media por Albumasar (Abû Ma’shar) (787-886), que trabajó como astrólogo en Bagdad en los tiempos de al-Khwarizmi y fue autor de unas cincuenta obras de astronomía y astrología, algunas de ellas de gran influencia en la Europa medieval. El ejemplar conservado en San Fernando fue impreso en Augsburgo en 1489, en las prensas de Erhard Ratdolt, un conocido impresor alemán de la época cuyos trabajos se caracterizan por el uso de letras góticas y por las ilustraciones mediante xilografías (grabados en madera).</p>
<p>La siguiente obra a destacar es una colección de tablas astronómicas preparadas por Blanchinus, astrónomo italiano del siglo XV nacido en Bolonia, que ejerció como profesor en Ferrara. Su libro, titulado <strong><em>Tabularum Ioannis Blanchini Canones</em></strong>, se inscribe en ese grupo de obras muy habitual en aquella época en las que se reunían tablas y almanaques perpetuos que podían ser usados tanto por los astrónomos como por los astrólogos. El ejemplar conservado en el Observatorio fue impreso en Venecia en 1495 con una tipografía gótica muy cuidada por el editor Simón Bivilaqua.</p>
<p>El tercero de los incunables de la Biblioteca del Observatorio es una edición de la conocida historia natural (<strong><em>C. Plinii Naturae historiarum Libri XXXVII</em></strong>) del escritor y militar romano Cayo Plinio Segundo, más conocido como Plinio el Viejo. Se trata de una obra de carácter enciclopédico que fue preparada por su autor gracias a la recopilación de datos efectuada durante el tiempo que ejerció cargos militares en Germania y en Hispania. La conservada en San Fernando es una edición publicada en Venecia en 1499 y se caracteriza por la convivencia entre la letra gótica y la letra romana de inspiración humanística, con un diseño mucho más redondeado para facilitar el grabado y la lectura.</p>
<p>La colección de incunables de la Biblioteca del Real Observatorio se completa con el volumen conocido genéricamente como <strong><em>Astronomi veteres apud Aldum</em></strong>, formado por un conjunto de obras clásicas de astronomía y astrología escritas en la época grecorromana. Esta recopilación fue realizada por Aldo Manuzio (1450-1515), uno de los más notables impresores del Renacimiento italiano, conocido especialmente por dedicarse a la edición sistemática de obras clásicas en la imprenta veneciana que él mismo había fundado en 1490. La obra conservada en la Biblioteca del Observatorio fue publicada en 1499 y contiene las siguientes obras: <strong><em>Iulii Firmicii Astronomicorum libri octo</em></strong>, <strong><em>Marci Manilii Astronomicon ad Caesarem Augustum</em></strong>, <strong><em>Arati Phaenomena Germanico Caesare interprete</em></strong>, <strong><em>Fragmentum Arati Phaenomenon M. Tulio Cicerone interprete</em></strong>, <strong><em>Arati Phaenomena Rufo Festo Avieno paraphraste</em></strong>, <strong><em>Arati Solensis Phaenomena cum commentariis </em></strong>(en griego), <strong><em>Procli Sphaera</em></strong> (en griego) y <strong><em>Procli Diadochi Sphaera Toma Linacro Britanno</em></strong>.</p>
<p>Pero estas no son las únicas joyas de la Biblioteca del Real Observatorio. A ellas habría que añadir los veintiocho postincunables que se guardan en sus estanterías, libros igualmente raros y valiosos impresos entre 1501 y 1550. Tanto éstos como los incunables anteriormente descritos están a disposición de los investigadores interesados. Además, tras su digitalización, todos ellos pueden ser consultados tanto en la <a href="https://bvpb.mcu.es/">Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico Español</a> como en la <a href="https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/">Biblioteca Virtual de Defensa</a>.</p>
<p>A través de estas obras se puede seguir sin dificultad el comienzo de un proceso cultural que, después de casi un siglo de imprenta, llevaría a la publicación del <strong><em>De revolutionibus orbium coelestium</em></strong> de Copérnico en 1543. En esa fecha los historiadores de la ciencia sitúan el inicio de la llamada «Revolución Científica», un fenómeno cultural caracterizado por grandes cambios en las concepciones astronómicas que culminaría en el siglo XVII con la formulación de la ley de la gravitación universal por Isaac Newton. Pero eso ya es otra historia.</p>
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		<title>El Maremoto del 1 de Noviembre de 1755</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Jan 2017 13:56:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Patrimonio La Isla]]></category>
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					<description><![CDATA[El maremoto. Origen, consecuencias, daños y cómo se percibió El pasado 1 de noviembre se cumplieron 261 años del conocido como 'Maremoto de Lisboa'. En realidad, lo que sucede en la capital portuguesa es un fuerte terremoto que los geólogos estiman de una magnitud aproximada de 9 en la escala Ritchter. Lisboa queda completamente destruida, no solo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_62142" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-62142" class="size-medium wp-image-62142" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/01/08_tsunami_lisboa_1755-300x183.jpg" alt="Imagen idealizada del desastre natural." width="300" height="183" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/01/08_tsunami_lisboa_1755-300x183.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/01/08_tsunami_lisboa_1755.jpg 712w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-62142" class="wp-caption-text">Imagen idealizada del desastre natural.</p></div>
<p style="text-align: justify;"><strong>El maremoto. Origen, consecuencias, daños y cómo se percibió</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El pasado 1 de noviembre se cumplieron 261 años del conocido como 'Maremoto de Lisboa'. En realidad, lo que sucede en la capital portuguesa es un fuerte terremoto que los geólogos estiman de una magnitud aproximada de 9 en la escala Ritchter. Lisboa queda completamente destruida, no solo por el movimiento sísmico, sino también por un gran incendio; al punto de que tardan dos meses en poder entrar en la ciudad desde el muelle para llevar en barcos ayuda para socorrer a la población.</p>
<p style="text-align: justify;">El epicentro del terremoto se localiza en la zona sureste del Atlántico y el choque de las placas tectónicas provoca una serie de olas en el mar que llegarán a tierra en forma de Tsunami. El Golfo de Cádiz queda muy afectado por esta catástrofe natural y en concreto Cádiz y Huelva. Se trata de uno de los terremotos 'históricos' -aquellos que no se han podido documentar con instrumentos sismográficos- mejor evidenciados.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1979 se descubre en el Archivo Histórico Nacional (AHN) más de un millar de documentos sin catalogar con importantes noticias de los efectos del gran terremoto en más de 1.200 localidades españolas. Se ha transcrito y clasificado solo una parte (1).</p>
<p style="text-align: justify;">De la información que aportan los documentos del AHN sabemos que, ante el impacto que causó al Rey y a su Corte el terremoto, éste pidió a todos los pueblos de su reino un 'informe' en el que se narrase cómo lo habían sentido y las consecuencias sufridas.</p>
<p style="text-align: justify;">En la mentalidad religiosa española del siglo XVIII, esto se interpretó como un castigo divino. Pero éste de modo muy especial, pues los documentos escritos que han llegado a nosotros son prolijos, desgarradores y explícitos del miedo y de su posible origen de castigo divino. A lo que se añade que la catástrofe ocurrió el 1 de noviembre de 1755, sábado, Día de Todos los Santos, en torno a las 10 de la mañana. El rey Fernando VI se encontraba en El Escorial con su esposa Doña Bárbara de Braganza, posiblemente en el momento en que iban a comenzar lo solemnes oficios del día. De repente todo el edificio se movió y un enorme estruendo subterráneo les aterrorizó. Las lámparas que colgaban se balanceaban, los pequeños objetos caían al suelo desde las hornacinas, el pulpito y el altar; las maderas de los retablos crujían, y de lo alto de la bóveda se desprendían algunos yesos. El pánico se apoderó de todos los que estaban allí presentes. Rey, cortesanos y dignidades eclesiásticas salieron al Patio de los Reyes mientras que el ruido subterráneo continuaba. No fue cosa de segundos, duró bastantes minutos según cuentan las crónicas. Demasiado tiempo y mucho pánico. Todos los que vivieron ese momento reconocieron que se trataba de un fortísimo terremoto. Ante esto, el Rey y la Reina se desplazaron de inmediato a Madrid, al Palacio del Buen Retiro, donde se encontrarían más seguros (2).</p>
<p style="text-align: justify;">El mismo 1 de noviembre -y en los días sucesivos- se remitió al Supremo Tribunal de Castilla información de todo lo ocurrido en cada municipio del reino. Las informaciones estaban suscritas por los corregidores y otras autoridades que abundan en detalles: ruinas, muertes, miedo, pérdidas, etc. El terremoto se había sentido en toda la Península Ibérica. Pero lo que más consternación causó a la Corte fue la destrucción de la ciudad de Lisboa, el incendio y la muerte del embajador del reino de España, Conde Perelaba, con nueve miembros de su familia. Solo se salvó su hijo, a quien el Rey de España Fernando VI concedió para su consuelo las siguientes prebendas: llave de su Gentil-Hombre de Cámara y una pensión de quinientos doblones (3). Por su parte, el Rey de Portugal José I, hermano de la Reina de España Doña Bárbara de Braganza, había resultado indemne en el palacio de Belem (4), de donde huyeron y se resguardaron en la campiña. Allí permanecieron un tiempo acampados hasta que fue seguro volver (5).</p>
<p style="text-align: justify;">Ante las terribles noticias que llegaban de Portugal y las cartas que iban recibiendo de los distintos lugares del reino sobre la gravedad de las consecuencias del terremoto, el rey Fernando VI se reúne con el ministro secretario Ricardo Wall y dispone dos cosas: la primera, que se enviaran auxilios urgentes a los Reyes de Portugal en dinero y víveres (6). La segunda orden fue que a través del Gobernador del Consejo Supremo de Castilla -Obispo de Cartagena, Don Diego Rojas y Contreras- se pidiera a todas las autoridades locales una rápida y fiable información de lo sucedido con el terremoto en todas las localidades de su Reino (7). Lo interesante de la carta es que se trata de un precedente de los cuestionarios sismológicos al plantear una serie de cuestiones básicas de forma indirecta para conocer los efectos del seísmo en el lugar que se ha producido. En algunas naciones civilizadas y muy burocratizadas de finales del siglo XIX se realizaban estos cuestionarios tras un terremoto. Fue a principios del siglo XX cuando se establecieron formularios normalizados, necesarios para la indagación sísmica en plena era instrumental, ya que existía la necesidad de cubrir informaciones subjetivas de distintos lugares afectados.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Visión del terromoto de Lisboa en la época de la Ilustración</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Una de las inquietudes que predominaron entre los hombres desde la antigüedad fue lo que denominaremos 'señales previas', sobre todo en catástrofes naturales; es decir, averiguar los indicios para saber cómo actuar ante estas situaciones. Pero en este caso nos centraremos en la época de la Ilustración, en la que destaca Louis Godin, astrónomo y matemático francés, Académico de Ciencias en París, que estuvo al servicio de España en Perú. Allí sufrió el terremoto y maremoto de El Callao el 28 de octubre de 1746. Regresó a Europa y se convirtió en director de la Academia Naval de Cádiz -hoy en día Real Instituto y Observatorio de la Armada en San Fernando-, donde vuelve a ser testigo del Gran Terremoto de Lisboa y el consecuente maremoto del Golfo de Cádiz, el 1 de noviembre de 1755. Remite una carta a Madrid, escrita en francés, donde explica sus observaciones de lo ocurrido:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>&lt;&lt;La mañana del 1 de noviembre fue clara y tranquila; Un viento moderado del Noroeste había cesado, después se disiparon hacia el norte algunas nubes bajas; la atmósfera estaba en agradable equilibrio, indicado por la altura del mercurio en el barómetro: 28 pulgadas y un tercio, y la temperatura del aire respondía a este estado de tranquilidad: el termómetro, puesto al aire, marcaba a las 6 de la mañana 11 grados; otro en el interior marcaba 15</em><em>&gt;&gt;</em> (8)</p>
<p style="text-align: justify;">Godin indica en este informe que no existía ninguna señal previa el mismo día de la catástrofe y que hay en la zona una situación de absoluta normalidad meteorológica. Posteriormente recogió más información sobre la hora a la que se produce el maremoto en San Fernando.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras el gran terremoto, con el epicentro en el sudoeste de la Península Ibérica, en las profundidades del océano Atlántico, se produjo un fuerte maremoto en el golfo de Cádiz (9). Los efectos del terremoto sobre las costas andaluzas -sobre todo en la zona más occidental; Cádiz y Huelva- junto con la de Marruecos fueron muy graves, en especial como consecuencia del choque de las placas tectónicas dominantes en el estrecho de Gibraltar, iniciado en la falla Azores-Gibraltar.</p>
<p style="text-align: justify;">Pensadores importantes del siglo XVIII establecieron un debate epistolar sobre el significado del terremoto y su origen divino o terrenal. En este sentido, conocemos cartas entre filósofos racionalistas como Rousseau y Voltaire, fechadas en 1756, relevantes sobre el concepto moderno de las catástrofes naturales.</p>
<p style="text-align: justify;">Agrupados todos los documentos que mencionan el maremoto, debemos destacar el informe realizado por el francés Lois Godin por proporcionar valiosos datos para el estudio posterior del seísmo:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>&lt;&lt;Estos cinco primeros ataque de las olas que, por haber sido más sensibles a causa de la pleamar, me parecieron merecer más la atención tuvieron lugar de la forma siguiente:</em><br />
<em>La 1ª a las 11h 10 min intervalos de una y otra:</em><br />
<em>La 2ª a las 11h 30 min. 20 minutos.</em><br />
<em>La 3ª a las 12h 0 min. 30 min.</em><br />
<em>La 4ª a las 12h 35 min. 35 min.</em><br />
<em>La 5ª a las 13h 45 min. 70 min.&gt;&gt;</em></p>
<p style="text-align: justify;">Esta, una de las muchas observaciones realizadas por Godin, es el primer documento de maremotos históricos con una información científica, detallada, exacta y verídica.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Testimonios epistolares como forma de documentar la catástrofe</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Son muchas las localidades de Huelva y Cádiz que se ven afectadas por el maremoto y tenemos una cantidad ingente de documentos que nos hablan explícitamente de cada población, los daños materiales que ocasiona la catástrofe y sus víctimas. En Cádiz capital fallecen 206 personas ahogadas y en San Fernando, concretamente, 22 personas. Concluiremos con dos cartas transcritas por Martínez Solares a modo de ejemplo que dan testimonio directo de lo ocurrido.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>&lt;&lt;Cádiz, 4 de noviembre de 1755.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>El Gobernador.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Da cuenta de el terremoto que se experimentó en aquella ciudad de Cádiz a las diez de la mañana del día 1º, y tormenta de agua que sobrevino.</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Ilustrísimo Señor:</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Muy Señor mío:</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* El día 1º de este mes, a las diez de la mañana, estando el tiempo en agradable tranquilidad, sobrevino en esta ciudad un terremoto que duró el espacio de cinco minutos, con tan incesante violencia, inquietud, que llenó de pavor a todo el pueblo, pero sin causar grave daño porque no derribó edificio ni fábrica alguna, y sólo se llevó la veleta del convento de Santo Domingo, quebrantando una pared de él, y cuarteó y lastimó algunas casas de las más antiguas, entre las que fue una la de mi habitación, que se rajaron las paredes por tres partes, sin haberse experimentado desgracia entre la gente.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Cuando empezaba ésta a respirar y convalecer del susto pasado fue asaltada de mayor consternación, porque a la hora de haber sucedido el terremoto, se advirtió que, con acelerado impulso, ascendieron las aguas del mar por todas partes, derribando por la de la Caleta gran parte de los parapetos de su muralla de piedra, que arrojó en desmedida pedazos a cuarenta varas de distancia, inundando el barrio de la Viña, que está al frente de la expresada muralla y por las Puertas de Sevilla y del Mar, entró éste, con tanta rapidez, que por la primera llegó a bañar las casas de su parte y por la segunda hasta la playa Real, habiendo maltratado muchas embarcaciones menores de las que se hallaban en la bahía y hecho otros daños en el muelle, siendo mucho mayor el que acaeció en la frente de Tierra de esta Plaza, que habiéndose juntado los dos mares de las playas que llaman Santa María y Puntales al Norte y Sur, arruinó muchas casillas de aquel sitio, quedando sumergida alguna gente.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Destruyó esta inundación todo el Arrecife, hecho para comunicación desde esta ciudad a la población de la Isla de León, dejándola intransitable, de suerte y para poder hacer este viaje es forzoso esperar la bajamar y caminar por la citada playa de Santa María.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Luego que supe el primer movimiento de las aguas, acudí a la parte en que amenazaba el mayor riesgo, destiné mis subalternos militares y políticos a las demás, distribuyendo la tropa en los parajes necesarios para aplacar el lamento inconsolable del vecindario que, como le encontró el fracaso, andaba desatentado por las calles y plazas, abandonando las casas, repartí las patrullas en los sitios más convenientes para evitar los robos y toda alteración del pueblo, doblé las guardias, y tan oportunamente la de la cárcel Real, donde se halla gran número de presos, que quitándose las prisiones intentaban escalarla para librar las vidas.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Cambié una partida a la cárcel obispal, que está dentro del Palacio, porque tuve aviso de que los reos para conseguir su soltura querían ponerle fuego, y finalmente entre otras muchas providencias que di, conforme lo pedía la urgencia, mandé que a nadie dejasen salir por las Puertas, señaladamente por la de Tierra, previendo que desordenadamente correrían a ella por librar las vidas y encontrarían la muerte, como sucedió a don Juan Mason y don Juan Racine [Nota: Este súbdito francés era nieto del célebre dramaturgo Jean Racine. FRT], comerciantes franceses que, habiendo marchado inmediatamente después del terremoto para la Isla [= Isla de León], perecieron en el camino del Arrecife, de suerte que con esta importante disposición se atajó que acaeciese la misma fatalidad a innumerables personas de todos estados que solicitaban hacer fuga de la ciudad por aquella parte.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* No es posible explicar los clamores, los llantos y deprecaciones que en las tres horas que duró el desusado movimiento y amago del mar se oían en el pueblo, pero fue Dios servido que, pasado este tiempo, se sosegasen algo las aguas, con cuyo motivo se fueron aquietando algo los ánimos, aunque con el recelo de que a la creciente, que fue a media noche, repitiera aún con más fuerza el golpe, pero por si ocurriese procuré hacer todas las prevenciones posibles, pasándola yo y mis subalternos en vela, y aún se continuará el cuidado.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Las personas que hasta ahora se ha descubierto haber perecido ahogadas son treinta y cuatro, aunque es regular parezcan más de las que habitaban en la frente de tierra de esta Plaza.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* En consecuencia de este tan inesperado raro acaecimiento ha dispuesto el Obispo, de acuerdo con los Cabildos Eclesiásticos y Secular, un ayuno para mañana, y que por la tarde se haga procesión general en que salgan las principales más auténticas reliquias, que se veneran en esta Iglesia, y que al día siguiente se cante una misa solemne y el TeDeum, en hacimiento de gracias de haber la piedad Divina libertado a esta ciudad de las contingencias del terremoto y del inminente peligro de sumersión de que ha estado amenazada.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Declino al arbitrio de V. S. I. mi verdadero afecto y ruego a Dios guarde a V. S. I., como deseo.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Cádiz, 4 de noviembre de 1755.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Ilustrísimo Señor: Besa la mano de V. S. I. su más afecto servidor,</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Antonio de Azlor.</em> (10)</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Ilustrísimo Señor Don Diego de Roxas y Contreras&gt;&gt;</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&lt;&lt;<strong>Relación de lo acaecido en esta Ciudad de Cádiz con motivo del Terremoto y Creces del mar que se experimentaron el día 1º de Noviembre del corriente año de 1755.</strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Este día amaneció con todos los horizontes claros y salió el Sol con la mayor serenidad de tiempo; el mar, hermoso; continuó así hasta las 9 y 50 minutos de la mañana en que se sintió un temblor general con estrepitoso ruido en pozos y aljibes; pavorido [sic] todo el pueblo desalojó su respectiva habitación, saliéndose a la calle cada uno en el estado de vestuario en que se hallaba.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* El tiempo que duró el temblor, o terremoto, nadie lo sabe a punto fijo, pues aún entre los hombres más especulativos se halla la variedad que admite el de 4 a 15 minutos; pero, el que menos, afirma los 4.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* El temblor fue de los más violentos, según aseguran los que se han hallado en otros iguales casos, y lo cierto es que apenas hubo persona a quien no hiciese el primer efecto del mareo en el estómago, con vahídos a la cabeza.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Cayeron dos casas, se cuartearon infinitas; a algunas Iglesias sucedió lo mismo, entre las cuales la de San Antonio padeció bastante, habiendo venido a tierra la mitad de su tejado, con la fortuna de no haber hecho daño a persona alguna de las que había dentro, por haber corrido fuera de la pared maestra toda la ruina.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Amedrentado el pueblo no acertaba a restituirse a sus habitaciones, y cuando ya empezaban a aquietarse las gentes, retirándose a dar gracias al Altísimo a los templos, se oyeron a las 11 en punto lamentables voces por toda la ciudad, diciendo «¡el mar se traga la tierra!», «!que nos anegamos, y ahogamos!», «¡a la Puerta de Tierra, a la Puerta de Tierra!»...</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* En esta confusión, unos corrieron, sin saber a dónde, otros quedaban accidentados, otros se arrodillaban a pedir misericordia, y los más se confesaban a gritos al Todopoderoso. En este lamentable estado, lleno del horror que se puede considerar al ver enfurecido el mar, introduciendo sus aguas con la mayor violencia dentro de tan altas murallas por la parte de la Caleta, y no menos por las Puertas de la Mar y de Sevilla, se pasaron dos horas; de modo que a las 11 fue el primer golpe del agua, el segundo a las 11 y 3 /4, y el tercero cerca de la una, con más aparato que el primero. Finalmente, este triste espectáculo no es posible aparentarlo como él era.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Las ruinas, y desgracias de las aguas no se han podido verificar enteramente, pero en la parte de la Caleta los tres golpes del agua arrancaron el pretil, o cenefa, de la muralla por diferentes partes, hasta la cantidad de 300 varas, y arrojó pedazos enteros de 6 y 7 varas, que cada uno pesará 100 quintales (antes más que menos) a distancia de 80 varas; de modo que se hará casi increíble a quien no lo haya visto.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Abrió toda la muralla de aquella parte, e hizo notables daños, pues en todo aquel barrio llamado la Viña, se inundaron de agua las casas, y se hallaron a poco rato, retrocedidas dichas aguas, algunos cadáveres y multitud de varios peces.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Por la Puerta de la Mar entraron las aguas hasta la Plaza de San Juan de Dios; por la de Sevilla hasta la esquina de la de San Agustín, y casa del Correo, y por debajo de la Recova hasta mediados de la calle de Juan de las Andas.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* La gente que corrió a la Puerta de Tierra tuvo la fortuna de que impidiese su salida un prudente y experto Oficial, que con sus compañeros estaba de guardia en aquel paraje, a que le movió el haber oído algunas desgracias acaecidas a la parte de afuera de dicha Puerta; pues a no haberlo ejecutado así, hubieran perecido todos cuantos hubiesen salido, cuya desgracia aconteció a los que cogieron las aguas en el camino entre Cádiz y la Isla de León, pues no sólo llevaron dichas aguas a los que transitaban, sino también su piso, del que no ha quedado ni aún una señal en más de una legua de distancia, llevándoselo de raíz todo el camino que estaba hecho a mano, con el dispendio de muchos pesos.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Se han hallado muchos cadáveres y animales por esta parte, pero tampoco se sabe, a punto fijo, los que perecieron en este tránsito. De los varios alojamientos, y pequeños almacenes que había en lo largo del muelle de la mar, no ha quedado señal de que los hubiese.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Últimamente, con tan horrendo caso se halla este pueblo el más consternado, con incesantes actos de devoción, saliendo todas las Comunidades en rogativa por las calles con el mismo pueblo.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* El nuevo Gobernador, Don Antonio de Azlor, dio las más acertadas providencias, así para evitar todo robo, y ratería, en tal confusión, como para que si acontecía alguna repetición de noche, estuviese iluminada toda la ciudad, y la tropa en el mejor orden, así en la multitud de patrullas, que estableció para aquella noche, como en los puestos que debía ocupar la restante tropa.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Con la novedad del agua, y las voces del pueblo se levantaron los presos de la cárcel, cuyo número llega a 400, queriendo dar fuego a la prisión, pero se acudió en tiempo con tropa, y se evitó otra nueva confusión, con tales enemigos.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* La Ciudad y Cabildo eclesiástico tienen sus respectivas juntas sobre hacer un voto solemne para memoria de tan funesta recordación.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Se han tenido noticias de que en todas estas inmediaciones, y aún en Sevilla han padecido mucho con igual terremoto, a el que aquí se ha experimentado.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>En Conil ha perecido medio pueblo (según dicen). </em><br />
<em>En Bejer [= Vejer de la Frontera] padecieron mucho. </em><br />
<em>En Chiclana [= Chiclana de la Frontera] y Puerto R. [= Puerto Real] se sintió bastante. </em><br />
<em>En el Puerto de Stª María [= El Puerto de Santa María] se elevaron mucho las aguas, pero no hubo desgracias, pues aunque se cuartearon diferentes Iglesias y casas con el terremoto, la gente salió al campo, luego que sintió el temblor. </em><br />
<em>En Xerez [= Jerez de la Frontera] cayó la torre de San Miguel, se arruinaron muchas casas, se cuartearon los templos y hubo algunas desgracias.</em><br />
<em>En Rota perecieron muchas gentes al golpe de las aguas. </em><br />
<em>En San Lucar [= Sanlúcar de Barrameda] se inundaron los dos barrios bajos, pero no se sabe el pormenor de desgracias.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Esta es la situación y estado en que quedamos todos contristados, continuando las rogativas. Cádiz, 4 de noviembre de 1755</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>[Sin firma. Relación evidente de un testigo de Cádiz, remitido al Consejo Supremo de Castilla, bien directamente o por alguna autoridad intermediaria]&gt;&gt;</em> (11)</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Notas</strong></p>
<ol>
<li style="text-align: justify;">Rodríguez de la Torre 2005.</li>
<li style="text-align: justify;">Rodríguez de la Torre 2005.</li>
<li style="text-align: justify;">Cal Martínez 2005. El doblón fue una moneda de oro española que equivalía a dos escudos o 32 reales y pesaba 6,77 gramos. Originalmente el "doblón" fue llamado así porque representaba un valor igual al de dos excelentes de oro.</li>
<li style="text-align: justify;">Rodríguez de la Torre 2005. Cal Martínez 2005.</li>
<li style="text-align: justify;">Cal Martínez 2005.</li>
<li style="text-align: justify;">Rodríguez de la Torre 2005.</li>
<li style="text-align: justify;">Rodríguez de la Torre 2005.</li>
<li style="text-align: justify;">Rodríguez de la Torre 2005.</li>
<li style="text-align: justify;">Campos 1992.</li>
<li style="text-align: justify;">Martínez Solares, 2000. Pp220-221</li>
<li style="text-align: justify;">Martínez Solares, 2000. Pp223-224</li>
</ol>
<p><strong>Verónica Gómez Fernández</strong></p>
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		<title>Las Artes Plásticas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Dec 2016 12:45:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Patrimonio La Isla]]></category>
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					<description><![CDATA[De entrada no voy a decir cuál es mi profesión -algunos la adivinarán- porque daría lugar a opiniones negativas de manera automática; “Mira éste, po no se lo ha creío…” (lo escribo así porque el que opine sin saber es que está un poco primitivo). A mí me gusta hablar y escribir, pero casi siempre [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_60809" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-60809" class="size-medium wp-image-60809" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/12/14825750_1408459935846022_1102777342_n-300x225.jpg" alt="'Trafalgar', la última de las grandes obras del autor del artículo." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/12/14825750_1408459935846022_1102777342_n-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/12/14825750_1408459935846022_1102777342_n-768x575.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/12/14825750_1408459935846022_1102777342_n.jpg 960w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-60809" class="wp-caption-text">'Trafalgar', la última de las grandes obras del autor del artículo.</p></div>
<p style="text-align: justify;">De entrada no voy a decir cuál es mi profesión -algunos la adivinarán- porque daría lugar a opiniones negativas de manera automática; “Mira éste, po no se lo ha creío…” (lo escribo así porque el que opine sin saber es que está un poco primitivo).</p>
<p style="text-align: justify;">A mí me gusta hablar y escribir, pero casi siempre malentienden mis escritos que no son sino directos y claros.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando estoy inaugurando y ven mi obra, se acercan y me dicen, “pues mi novio también hace eso, o mi primo”, o quien sea… la cosa es que lo que yo hago es tan sencillísimo que lo hace todo el mundo. Pues con la cantidad de personas que hacen lo que yo, cuando se convoca un certamen, son cuatro obras y como hechas a la bulla lo más que ha aparecido.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto solo es la entrada del articulo que hoy se trae. El tema es ‘Las Artes Plásticas’.</p>
<p style="text-align: justify;">La definición que reza en el diccionario de la Real Academia de La Lengua es: “aquellas en que se crean volúmenes en el espacio”. Leerán muchas versiones no oficiales, pero la que le oí a un galerista que se dio de instruido es la misma de Internet -puede que él la escribiera-, atentos: “Artes Plásticas son aquellas en las que se utilizan plásticos y materiales flexibles”. Toma ya.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya nos metemos en faena. Cuando un artista tiene ya pensado el cuadro que quiere realizar, y colocado en el caballete el lienzo que va a utilizar, con una superficie lisa y sin mácula, traza las líneas teóricas de la obra -porque un cuadro es una obra con teoría y laboriosidad-, estudia los distintos planos que le darán profundidad (aquí entran en juego los volúmenes), y los colores se alejan; marcan las distancias cambiando los tonos.</p>
<p style="text-align: justify;">Una vez terminado vemos que el lienzo, aunque sigue estando liso, da ahora la sensación de distancia. Los troncos son redondos, en el horizonte hay atmósfera y todo parece como en relieve. Ya es una obra plástica. Aquel galerista de los plásticos y materiales flexibles tenía seco el cerebro.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay profesiones artísticas que no tienen por qué ser plásticas. Por ejemplo; un escultor es un artista enorme, pero el volumen está ya en la base. La madera, el mármol o las distintas clases de piedras ya cuentan con el volumen del que saldrá la escultura. Mismo caso el de los arquitectos; no crean el volumen de los ladrillos y demás materiales que utilizan en sus obras pese a ser un arte de primera fila.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo sí hablamos de Arte Plástico durante el inicio del proyecto, cuando se le da -pongamos por caso- un espacio para construir un hotel, en plena montaña y cerca de un poblado antiquísimo- El arquitecto debe estudiar el impacto medioambiental y es entonces cuando comienza a trazar el proyecto de la obra. Es en esa ejecución del dibujo donde hay volúmenes creados para darle forma.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta es la fase del ‘Arte Plástico’, una denominación como la de los ‘ismos’.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.facebook.com/angeltorresaleu"><strong>Ángel Torres Aléu</strong></a></p>
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		<title>Pasajes de esteros</title>
		<link>https://www.elcastillodesanfernando.es/2016/10/pasajes-de-esteros/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Oct 2016 12:06:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Patrimonio La Isla]]></category>
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					<description><![CDATA[Los paseos por la Bahía de Cádiz en aquel coche familiar contribuyeron a forjar el carácter observador de Germán. A veces participaba en los entretenimientos de sus hermanos que consistían en cantar, en jugar al ‘veo, veo’ o en entablar un forcejeo a ver quién era el que le daba cuerda al juguete de hojalata, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_59267" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-59267" class="size-medium wp-image-59267" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14607970_1067268910057657_1010458150_n-300x225.jpg" alt="Montes de sal con restos de embarcaciones en primer plano." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14607970_1067268910057657_1010458150_n-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14607970_1067268910057657_1010458150_n-768x575.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14607970_1067268910057657_1010458150_n.jpg 876w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-59267" class="wp-caption-text">Montes de sal con restos de embarcaciones en primer plano.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Los paseos por la Bahía de Cádiz en aquel coche familiar contribuyeron a forjar el carácter observador de Germán.</p>
<p style="text-align: justify;">A veces participaba en los entretenimientos de sus hermanos que consistían en cantar, en jugar al ‘veo, veo’ o en entablar un forcejeo a ver quién era el que le daba cuerda al juguete de hojalata, un cerdito-cocinero con un mecanismo capaz de voltear un huevo frito en la sartén que llevaba sujeta en la mano. Pero la mayoría de las veces, mientras los pequeños gastaban su tiempo en aquellas inocentes distracciones, él permanecía con su nariz pegada a la ventanilla contando los montes blancos de sal que aparecían al paso o mirando aquellas aves entre blancas y rosas que se apoyaban sobre una de sus finas patas.</p>
<p style="text-align: justify;">-Son flamencos -le dijo su padre.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Papá! pero si flamenco son los cantes y los bailes que tanto os gusta a los mayores. ¿Cómo se van a llamar igual?</p>
<p style="text-align: justify;">Las preguntas de los niños se sucedían para satisfacer las curiosidades propias de la edad o pedir algo que les apeteciera.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Podemos ir a ver las playas chicas de ese camino? Insistían.</p>
<p style="text-align: justify;">El padre con más paciencia que el Santo Job, según decía su madre, les explicaba:</p>
<p style="text-align: justify;">-No son playas, son pequeños estanques dispuestos en las marismas de modo que formen las salinas, también se llaman esteros. El agua del mar entra a través de un caño, y el calor del verano hace que se evapore y cristalice la sal. Los salineros vigilan todo el proceso y, cuando finaliza, la recogen y la amontonan.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquello llamó la atención de los dos niños mayores que solicitaron con zalamería bajar del coche. Anduvieron y corretearon por los estrechos senderos y al llegar cerca de uno de aquellos lagos se encontraron con un hombre que manipulaba una pequeña compuerta que, según dijo, se empleaba para regular, permitir o impedir la entrada del agua del mar.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante la conversación con los padres y el bromeo con los chiquillos cogió agua entre sus manos y, sonriendo, les salpicó un poco a la cara de los tres, diciendo:</p>
<p style="text-align: justify;">-Quién de vosotros era el que dudaba si era agua dulce o salada. ¡Piscinas, menudas piscinas…! -y continuó riendo.</p>
<p style="text-align: justify;">Los invitó a que lo acompañaran hasta la siguiente compuerta, avisándoles que estuviesen en silencio y atentos, a ver si eran capaces de descubrir algunos peces.</p>
<p style="text-align: justify;">Así conocieron las salinas, los esteros y a Fermín ‘el salinero’. Al hombre le cayó bien la familia y los invitó a un despesque ante la algarabía de los niños.</p>
<p style="text-align: justify;">Era costumbre que los trabajadores, al terminar la recogida de sal, celebraran una fiesta, y los propietarios de los terrenos les permitían que sacaran el pescado de los esteros, pues a ellos lo que les importaba era el negocio de la sal; una jornada de asueto en la que se reunían las familias para comer las lisas, las anguilas, los lenguados, las doradas, los robalos… esas especies que soportan bien el alto grado de salinidad. En los caños menos salinos capturaban camarones, quisquillas, coquinas y cangrejos, cuyos nombres divertían a los chiquillos que soltaban sonoras carcajadas mientras repetían “coñeta” o “barrilete”, a este último Fermín también llamó “violinista”, conocido como Boca de La Isla. Les explicó que si se les quitaba la pinza mayor volvía a crecerle. El salinero afirmaba que todos esos pescados y mariscos tan sabrosos no los comía ni Neptuno, el mismísimo dios del mar. Los chiquillos se quedaban embobados escuchando las historias que les iba contando Fermín.</p>
<p style="text-align: justify;">El chaval mayor quedó tan encantado que el primer día que fue al colegio le narró su aventura al profesor, hombre avispado que aprovechó la ocasión para explicar en clase que los primeros que intervinieron en las marismas fueron los fenicios (1.000 a.C); que crearon las sencillas estructuras formando las salinas, dirigiendo el comercio de la sal por todo el Mediterráneo, además de disponer de fábricas de salazones a lo largo de la costa gaditana. Añadió que el arte de pesca en el estero es igualmente milenario, continuando con la misma forma tradicional de captura en la actualidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Bien entrado en el otoño acudieron al despesque. Presenciaron cómo Fermín y otros compañeros se metieron en el agua de uno de los estanques -ellos le llamaron ‘chiquero’- que les cubría las rodillas y, acto seguido, extendieron al ancho una red. Luego iban arrastrándola y los peces se agrupaban junto a la compuerta principal. A los zagalillos les daba cierto pesar ver sacar a aquellos peces agitándose con brío. Entonces, uno de los hombres, al contemplar el semblante sombrío de los niños les dijo: “estos grandes ya han cumplido su misión, no preocuparos que los chiquitillos como vosotros los devolvemos al agua para que sigan con vida”. Un gesto que tranquilizó a los hermanos.</p>
<p style="text-align: justify;">No les permitieron introducirse en el agua, como hubiesen deseado, pero sí los enviaron con otros chicos mayores, familiares de los trabajadores, a recoger unas plantas leñosas con las que harían las brasas para asar el pescado conocidas como ‘salado blanco’ que crecen en abundancia en las salinas. Aquel día comprobaron que los pescados de estero tenían un sabor inigualable, y que siendo los mismos que a veces preparaba su madre, estaban más ricos.</p>
<p style="text-align: justify;">En otra ocasión les resultó extraño que les sirvieran el pescado en una especie de ladrillo. Como siempre, le preguntaron a Fermín, que con su calma infinita les contestó que eran tejas de arcilla, apuntándoles que tenían dos ventajas: una, no acarrear platos, y otra, si se rompían nadie se enfadaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvieron durante años, hasta que Fermín murió. Sus padres suavizaron la triste noticia diciéndoles que se había marchado a otro lugar a enseñar cuanto él sabía a otras personas. Aunque dejaron de ir por allí, Germán, el hijo mayor, siguió interesándose por todo ese mundo. Observaba con añoranza que cada vez había menos pirámides de sal por la zona. Aun así, le seguía entusiasmando el paisaje y cuando fue padre de familia llevaba a los suyos a disfrutar de la temporada de despesques y a comer pescados y mariscos de estero.</p>
<p style="text-align: justify;">Casi con toda seguridad aquello influyó en la decisión de estudiar Ciencias Ambientales de uno de sus hijos y defender a ultranza los Parques Naturales de la Bahía de Cádiz y al pescado de estero de la Isla, al que se considera un emblema gastronómico de San Fernando, por su gran calidad, por su excelente sabor y por ser un sistema de producción único en España y en Europa.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>María Luisa Ucero Manzano</strong></p>
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		<title>Los ojos velados de La Isla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Oct 2016 12:00:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Patrimonio La Isla]]></category>
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					<description><![CDATA[Escuchando hablar a los habitantes de San Fernando, uno puede llegar a pensar que la ciudad no tiene un rico legado o un patrimonio atrayente, cuando lo cierto es que todavía puede presumir de mantener un conjunto histórico muy coherente. Este legado aporta belleza y singularidad, como telón de fondo de la vida diaria, pero [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_58772" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58772" class="size-medium wp-image-58772" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14642994_1191275170943568_421788320_n-300x225.jpg" alt="Magnífica restauración de una casa barroca con decoraciones esgrafiadas en la calle Real." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14642994_1191275170943568_421788320_n-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14642994_1191275170943568_421788320_n-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14642994_1191275170943568_421788320_n.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58772" class="wp-caption-text">Magnífica restauración de una casa barroca con decoraciones esgrafiadas en la calle Real.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Escuchando hablar a los habitantes de San Fernando, uno puede llegar a pensar que la ciudad no tiene un rico legado o un patrimonio atrayente, cuando lo cierto es que todavía puede presumir de mantener un conjunto histórico muy coherente. Este legado aporta belleza y singularidad, como telón de fondo de la vida diaria, pero sí es cierto que no se muestra con sencillez, hay que ir predispuesto a descubrir sus encantos.</p>
<p style="text-align: justify;">El escaparate principal de la ciudad es, ha sido y parece que seguirá siendo la calle Real. Un espacio peatonalizado, por las circunstancias, que ofrece al ojo curioso una tremenda abundancia de edificaciones en muy buen estado de conservación, pertenecientes a la segunda mitad del siglo XVIII. Esto se complementa con las agregaciones del siglo XIX y las pragmáticas construcciones del siglo XX. Cuando uno pasea por esta calle, con espíritu crítico, se ve sorprendido por la cantidad de detalles y edificios singulares que se arremolinan en este espacio principal. Si no se está pendiente, no se aprecian las, a veces intrincadas, decoraciones en almagra que saltan a los ojos de una fachada a otra y que, en ocasiones, hay que jugar a descubrir debajo de las ingentes capas de cal que las protegen. Los merlones coronados por puntas de diamantes y reforzados por flamígeras volutas, a modo de un castillo en llamas, forman parte del paisaje habitual, simplemente alzando la vista. En algunas esquinas, podemos tropezar con la pasión religiosa hecha arquitectura, al conservarse las hornacinas para colocar la imagen del santo o santa que protegía la casa y de la que era devota la familia o familias que vivían en ella. Toda la calle es un catálogo de los talleres de forja, hoy desaparecidos pero que todavía compiten en cuanto a calidad, complejidad y, en algunos casos, belleza de sus trabajos. Trabajos que no veremos hoy día por la complejidad o simplemente por la falta de rentabilidad actual de los mismos.</p>
<div id="attachment_58770" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58770" class="size-medium wp-image-58770" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14580581_1191275167610235_959025696_n-300x225.jpg" alt="Casas tradicionales con reforma de los años 60-70 del siglo XX." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14580581_1191275167610235_959025696_n-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14580581_1191275167610235_959025696_n-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14580581_1191275167610235_959025696_n.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58770" class="wp-caption-text">Casas tradicionales con reforma de los años 60-70 del siglo XX.</p></div>
<p style="text-align: justify;">La coherencia y racionalidad de estos edificios se mantiene a lo largo del siglo XIX, una vez erradicadas las decoraciones barrocas por la Academia de San Fernando. La construcción en este siglo sigue los parámetros neoclásicos impuestos y que podemos apreciar en las casas de vecinos. A pesar de todo, muchas de ellas conservan, en sus puertas principales, decoraciones de piedra ostionera en forma de volutas. Esta arquitectura vernácula se da en toda la provincia, con sus patios centrales, recovecos, escaleras y muros de ripio y tapial. Cobijan a varias familias, a modo de familia extensa por obligación y alquiler, pero a pesar de ello mantienen, en muchos casos, cierto aire señorial que irán perdiendo con el pragmatismo del siglo. Todavía, podemos ver algún estípite, columna esquinera salvada del expolio y destrucción e integrada en un edificio de nueva planta, a modo de inserto quirúrgico.</p>
<p style="text-align: justify;">Las diferentes ampliaciones de la ciudad han ido rodeando el centro histórico, al mismo tiempo que cubrían las bajas que el tiempo y el capricho humano van provocando, convirtiéndolo en un todo singular. A lo largo del siglo XIX, si bien se mantiene el modelo de casa de vecinos, va desapareciendo la ornamentación en las fachadas, convirtiéndose en algo más neutro y menos ostentoso, pasando del barroco al neoclásico, incluyendo un repunte más llamativo en el período isabelino de los años sesenta del siglo pasado. No será hasta el comienzo del siglo XX que encontremos edificios de singular belleza, enmarcados dentro del movimiento modernista de finales del XIX y principios del XX. Ejemplos de ello son el Centro Obrero, los edificios modernistas de carácter orientalizante de la calle San Rafael o la decoración de la farmacia Matute en la misma calle y de la misma época. También de estos momentos es la ornamentación del cementerio de la ciudad, destacando el mausoleo del general Varela, que contrasta en todos los aspectos, desde el estético hasta el ideológico, con la tumba en mármol negro de Camarón. Son elegantes algunos edificios racionalistas dispersos por la ciudad, pero, sobre todo, son especialmente interesantes las fachadas de comercios de los años sesenta y setenta, que aún se conservan y que si no se protegen desaparecerán con el tiempo.</p>
<div id="attachment_58771" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58771" class="size-medium wp-image-58771" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14625237_1191275157610236_1183702566_n-300x225.jpg" alt="Casa de arquitectura vernácula con portada en piedra ostionera." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14625237_1191275157610236_1183702566_n-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14625237_1191275157610236_1183702566_n-768x575.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/10/14625237_1191275157610236_1183702566_n.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58771" class="wp-caption-text">Casa de arquitectura vernácula con portada en piedra ostionera.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Hay un viaje en el tiempo muy singular en el que podemos apreciar la evolución urbana del siglo XX. Es el tramo que va desde Gallineras hasta la playa de Camposoto. En este recorrido podemos ir observando los buenos y malos hábitos que se han practicado en el crecimiento desatado de la ciudad. Tan singular es este viaje que se puede apreciar incluso el antiguo paisaje costero fosilizado hoy al interior, en el parque del Cerro de los Mártires. En el camino observamos cómo se han ido realizando las expansiones, tanto regulares como irregulares, y cómo se han manifestado, físicamente, los diferentes estilos arquitectónicos de la segunda mitad del siglo XX hasta prácticamente el siglo XXI. Asimismo se pueden observar extrañas convivencias y el triunfo de la especulación inmobiliaria por encima de todo lo demás.</p>
<p style="text-align: justify;">Resaltando el carácter masónico de San Fernando, presente hasta en su escudo, la ciudad es un gran libro de piedra, cuyos habitantes deberían leer y dejar de buscar su identidad fuera de sí mismos y de su entorno. Su pasado es muy coherente con lo que es actualmente y la necesidad de reinventarse, debido al cambio de las condiciones económicas y de las tradicionales bases de existencia -como son las salinas, los astilleros o las Fuerzas Armadas-, pasa por el conocimiento patrimonial y turístico de su entorno, que tiene en gran cantidad y calidad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Juan Miguel Pajuelo Sáez</strong></p>
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		<title>La asistencia en el Hospital de San Juan de Dios de Cádiz en la época del traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Sep 2016 12:45:16 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Al celebrarse en el próximo año de 2017 el tricentenario del traslado de la Casa de Contratación del Consulado de Indias desde Sevilla a Cádiz, se ha realizado un estudio sobre la actividad asistencial del Hospital de San Juan de Dios en el periodo 1712-1721, haciendo énfasis en la morbimortalidad de la institución, motivos de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_58577" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58577" class="size-medium wp-image-58577" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Foto-1-300x200.jpg" alt="Figura 1: Patio del Hospital de San Juan de Dios (fotografía del autor)." width="300" height="200" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Foto-1-300x200.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Foto-1.jpg 642w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58577" class="wp-caption-text">Figura 1: Patio del Hospital de San Juan de Dios (fotografía del autor).</p></div>
<p style="text-align: justify;">Al celebrarse en el próximo año de 2017 el tricentenario del traslado de la Casa de Contratación del Consulado de Indias desde Sevilla a Cádiz, se ha realizado un estudio sobre la actividad asistencial del Hospital de San Juan de Dios en el periodo 1712-1721, haciendo énfasis en la morbimortalidad de la institución, motivos de ingreso y procedencia de los pacientes, terapéutica prescrita, así como los gastos que el nosocomio tuvo que afrontar ante el aumento de la demanda sanitaria.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hospitales existentes en Cádiz a inicios del siglo XVIII</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El primer hospital del que se tiene constancia en la ciudad es el Hospital de la Misericordia, también llamado de San Juan de Dios. Su fundación data desde 1598 en su ubicación actual, aunque existen referencias de que ya funcionaba como tal en los albores del siglo XVI. Es a partir de 1614 cuando la Orden de San Juan de Dios se hace cargo de la gobernanza y asistencia sanitaria del mismo. Su capacidad inicial era de veinte camas, ampliándose a lo largo de los siglos hasta alcanzar el número de ciento veinte. Hizo las veces de hospital militar ocasional en las epidemias de tabardillo (tifus exantemático), peste bubónica y fiebre amarilla que asolaron a la ciudad (figuras 1 y 2).</p>
<p style="text-align: justify;">El segundo hospital a nivel cronológico fue el de Nuestra Señora del Carmen, también llamado Hospital de Mujeres. Sus orígenes se remontan a 1634 cuando la filantropía de la beata Antonia de la Cruz y las disposiciones testamentarias del capitán vasco Diego de Aguirre, consiguen acoger a mujeres pobres y desamparadas en una casa del barrio del Pópulo. En 1657 el local se traslada a la esquina de las calles Columela y Feduchi y, finalmente, en 1736 la Diócesis de Cádiz, a través de su obispo Tomás del Valle, inicia la construcción del nosocomio actual, que se inaugura en 1748. Llegó a alcanzar una capacidad de 122 camas distribuidas en dos salas comunes, una de cirugía, una de incurables, una de parturientas y otra de venéreas.</p>
<p style="text-align: justify;">El tercer y más importante hospital en la ciudad de Cádiz en la época objeto del estudio, fue el Real Hospital de la Armada. Existen referencias de que en 1634 se construyó el Hospital del Rey en el centro de la ciudad para la existencia de personal militar, desconociéndose su exacta ubicación. Los hermanos hospitalarios de San Juan de Dios fueron requeridos para prestar asistencia. En 1668 ―año del traslado de las galeras a Cartagena, al colmatarse el fondeadero del río Guadalete en El Puerto de Santa María―, se erige el definitivo Real Hospital de la Armada en el sitio denominado «del Campo Santo», llamado así por ser el lugar del enterramiento de los fallecidos en la epidemia de peste bubónica de 1648. En dicho enclave existía una ermita edificada por la cofradía del Santo Ángel y de la Guarda. En la nueva epidemia de peste de 1681, la Armada lo cedió a la población civil. Su pleno funcionamiento aconteció en el siglo XVIII. En 1742, el hospital real tenía una capacidad para albergar 492 enfermos, distribuidos en diferentes salas: medicina, cirugía y cuartos de circunferencia.</p>
<p style="text-align: justify;">En el año 1721, el hospital real requirió el auxilio de los Hermanos de San Juan de Dios. En su sede se inició la reforma de la Sanidad Naval, y anexo a él, se erigió en 1748 el Real Colegio de Cirugía de la Armada, primer establecimiento en España donde comenzó la enseñanza conjunta teórico-práctica de la Medicina y la Cirugía.</p>
<p style="text-align: justify;">No se puede olvidar en esta relación, al Lazareto de Infantes que la ciudad de Cádiz disponía, entre 1713 y 1728, en la Isla de León junto a Punta Canteras, para la cuarentena de personas y enseres provenientes de embarcaciones sospechosas de transportar enfermos de epidemias. En el mismo paraje, la Armada instaló en 1777 el Real Provisional Hospital de Infantes, que fue asimismo utilizado en las epidemias de fiebre amarilla de 1800 y 1804.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Actividad del Hospital de San Juan de Dios entre los años 1712 y 1721</strong></p>
<div id="attachment_58578" style="width: 210px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58578" class="size-medium wp-image-58578" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Foto-2-200x300.jpg" alt="Figura 2: Capilla de los Sacerdotes de la Hdad. de la Sta. Caridad de Cádiz (fotografía del autor)." width="200" height="300" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Foto-2-200x300.jpg 200w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Foto-2.jpg 309w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /><p id="caption-attachment-58578" class="wp-caption-text">Figura 2: Capilla de los Sacerdotes de la Hdad. de la Sta. Caridad de Cádiz (fotografía del autor).</p></div>
<p style="text-align: justify;">Se ha procedido a revisar seis libros del hospital custodiados en el archivo de la Hermandad de la Santa Caridad de Cádiz, cuatro de ellos de afiliaciones y fallecimientos de pacientes, uno de tributos, censos y salarios y un último de gastos extraordinarios, todos referentes al período objeto del estudio. De ellos se han extraído una serie de datos que se refieren a continuación.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1.- Clientes</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Al Hospital de San Juan de Dios acudían todos aquellos pobres y necesitados que requerían recibir asistencia médica o cuidados de albergue y manutención en su hospedería. Es preciso resaltar que la connotación de hospital a principios del siglo XVIII era muy distinta de la que tenemos en la actualidad. Nos encontramos al principio de la Ilustración, en la que los hospitales estatales, entre ellos los militares, inician un proceso de transformación en instituciones con una mentalidad científico-docente. Por contrapartida, los hospitales de la Iglesia continuaban en su práctica de «caridad indiscreta» ―denunciada por algunos ministros de Carlos III―, con una función más de acogida física y espiritual, propia de los hospitales de la Edad Media, que de una estricta asistencia sanitaria.</p>
<p style="text-align: justify;">En el Hospital de San Juan de Dios se atendía a todo tipo de personas, sin distinción de raza, condición social, religión, ni procedencia. En el período estudiado estaba vigente la esclavitud, ingresando cautivos y numerosos esclavos negros, pardos o mulatos, propiedad de comerciantes o potentados locales, procedentes mayoritariamente de países africanos: Angola, Guinea, Cabo Verde y Congo. Muchos presbíteros y religiosos de órdenes menores (carmelitas, agustinos...) también acudían a la institución. Asimismo se asistían a protestantes y musulmanes (infieles), la mayor parte originarios de Berbería (Argelia), Marruecos y Turquía (Constantinopla) (apéndices documentales 1 a 7).</p>
<p style="text-align: justify;">Es llamativo la cantidad de montañeses, genoveses, venecianos, napolitanos, gibraltareños ―época anterior al Tratado de Utrech de 1713―, españoles asiáticos (filipinos), españoles americanos (ciudades de Guatemala, San Salvador, México, Campeche, Mérida, Quito, Lima, Caracas, Santa Fe de Bogotá, Cartagena de Indias, Curazao, La Guaira, Isla Margarita, Cumaná, La Habana, Santo Domingo, etc.), y europeos (franceses, portugueses, ingleses, irlandeses, holandeses, flamencos, suecos, noruegos, daneses, alemanes, polacos, griegos, turcos y malteses) asistidos en el hospital.</p>
<p style="text-align: justify;">En ocasiones acudían doctores y licenciados en situación de pobreza además de toda clase de lisiados y discapacitados (sordomudos, paralíticos, etc.). Durante el periodo estudiado solo ingresaron ocho militares, dos de la Armada y el resto soldados y granaderos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>2.- Capacidad asistencial</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Al inicio de la segunda década del setecientos, el Hospital de San Juan de Dios disponía de cincuenta y tres camas distribuidas en una sala general con cuarenta catres, una sala llamada «de niños» con diez, y tres aposentos individuales. A mediados del decenio, al aumentar la demanda asistencial se abren nuevas salas o enfermerías: sala del Rosario, en agosto de 1716, con trece camas; sala de San Rafael, en febrero de 1718, con nueve camas; barandal, en octubre de 1719, con una cama; sala de San Juan de Dios, en septiembre de 1720, con nueve camas y sala de la Torre, en febrero de 1721, con cuatro camas. Al finalizar el período estudiado el nosocomio tenía una capacidad de albergar a ochenta y nueve enfermos en camas individuales.</p>
<p style="text-align: justify;">Se tiene constancia documental que hasta finales de 1617 ingresaron mujeres, estando acreditado el fallecimiento de cincuenta de ellas. Es probable que a partir de esa fecha acudiesen al Hospitalillo de Mujeres, con una creciente capacidad asistencial.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>3.- Obras</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Entre los años 1711 y 1719, el Hospital de San Juan de Dios ejecutó obras por un importe total de 3.181.676 reales de vellón. Se empedró la calle colindante; se techaron zonas comunes, capillas y enfermerías (salas); se construyó una nueva ropería; se instalaron nuevas cañerías y sumideros en cocinas y comedores; se hicieron reparaciones en la hospedería, botica, camposanto y claustros; y se restauraron cuadros y capiteles.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>4.- Movimiento de enfermos</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En el período estudiado se han contabilizado 6.969 pacientes ingresados, de edades comprendidas entre dos y ciento cuatro años, de los que fallecieron en la sala de socorro o durante su estancia en el hospital 1.174, lo que supone una mortalidad del 16,8%. Es importante reseñar que no hubo ninguna epidemia durante esa etapa. Los amanuenses encargados del registro de enfermos eran muy meticulosos, habiendo reseñado el motivo de ingreso en 4.879 de ellos, lo que supone un 70,1%.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>5.- Motivos de ingreso</strong></p>
<div id="attachment_58572" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58572" class="size-medium wp-image-58572" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-1-300x160.jpg" alt="Tabla 1: Motivos de ingreso (1712-1721)." width="300" height="160" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-1-300x160.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-1.jpg 681w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58572" class="wp-caption-text">Tabla 1: Motivos de ingreso (1712-1721).</p></div>
<p style="text-align: justify;">En la tabla 1, se refieren los motivos de ingreso que figuran en los libros de afiliaciones de pacientes del periodo 1712-1721.</p>
<p style="text-align: justify;">En cuanto a los motivos de ingreso referidos, se pueden realizar las siguientes consideraciones. La hipótesis etiopatogénica de las fiebres o calenturas —de difícil diagnóstico diferencial al ser la clínica muy similar—, se basaba en la teoría miasmática vigente en la época, atribuida a las emanaciones pútridas originadas por la descomposición de las aguas, del aire o de cualquier sustancia orgánica, motivadas por los cambios atmosféricos o climáticos, tanto en épocas lluviosas o calurosas del estío. Por esta circunstancia, en muchas ocasiones se les adjudicaban el apelativo de «estacionales» y para su prevención se colocaban productos aromáticos en los locales.</p>
<p style="text-align: justify;">Andrés Piquer, en su Tratado de Calenturas de 1788, clasificaba las fiebres en tres grandes grupos: diarias, las que duraban 24 horas; pútridas, las que suponían putrefacción de los humores; y por último héticas, que eran lentas, continuas y consumían al organismo, siendo causadas siempre por otra enfermedad causal.</p>
<p style="text-align: justify;">En cuanto a las enfermedades del sistema nervioso, aparato digestivo, sistema cardiovascular y genitourinario, se invocaba como tesis etiopatogénica el desequilibrio de los humores (bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre) lo cual justificaba la terapéutica imperante que seguía basándose en la trina ordenación de Celso: dietética, cirugía y farmacoterapia. Por ello, tal como señalan Antonio Pérez Pérez y Carlos Márquez Espinós en su excelente tratado, eran de uso habitual los regímenes alimentarios, el ejercicio físico, el reposo, los baños, masajes y fumigaciones; los vomitivos, purgantes y enemas; las sangrías —tanto mediante flebotomía como las practicadas con sanguijuelas—, el uso de las ventosas y las escarificaciones; las cauterizaciones, la estimulación de la transpiración, además de productos del reino vegetal, mineral y animal, muchos de ellos utilizados de forma empírica con escasa, nula o perjudicial utilidad terapéutica.</p>
<p style="text-align: justify;">En la tabla 1 es interesante resaltar, por su interés lingüístico, la jerga médica utilizada a inicios del siglo XVIII. Así a los forúnculos se les llamaba diviesos; a los abscesos, apostemas; a las adenitis, incordios; a las diarreas, cursos; al edema generalizado, opilación; a la epilepsia, perlesía, etc.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>6.- Morbimortalidad</strong></p>
<div id="attachment_58573" style="width: 247px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58573" class="size-full wp-image-58573" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-2.jpg" alt="Tabla 2: Enfermos ingresados y fallecidos (1712-1721)." width="237" height="281" /><p id="caption-attachment-58573" class="wp-caption-text">Tabla 2: Enfermos ingresados y fallecidos (1712-1721).</p></div>
<p style="text-align: justify;">En la tabla 2 se exponen las estadísticas de morbimortalidad en el Hospital de San Juan de Dios durante el periodo estudiado.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>7.- Dirección</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Durante el decenio estudiado, dirigieron la institución tres reverendos padres priores de San Juan de Dios: fray Agustín Montero de Espinosa (1712-1719), fray Pedro de los Ríos (1719-1721) y fray Joseph Escolano (1721). Con una periodicidad, de entre dos y cuatro años, visitaban el hospital los padres provinciales que fiscalizaban, entre otros, los libros de afiliaciones y fallecimientos, instando a los padres priores a «que continuasen en recibir y curar a todos los demás que en adelante viniesen, asistiéndoles con todo el amor y la caridad en cumplimiento de nuestra principal obligación del Santísimo Instituto de la Hospitalidad que profesamos». Visitaron el hospital los padres provinciales fray Juan de Pineda (junio de 1712), fray Joseph del Pino (junio 1714), fray Juan del Cuero (noviembre 1919) y fray Juan de Pineda (mayo 1720).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>8.- Médicos, enfermeros, barberos y cirujanos</strong></p>
<div id="attachment_58574" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58574" class="size-medium wp-image-58574" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-3-300x84.jpg" alt="Tabla 3: Médicos, enfermeros, barberos y cirujanos (1707-1730)." width="300" height="84" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-3-300x84.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-3.jpg 650w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58574" class="wp-caption-text">Tabla 3: Médicos, enfermeros, barberos y cirujanos (1707-1730).</p></div>
<p style="text-align: justify;">En la tabla 3 se refieren los profesionales sanitarios encargados de la asistencia del hospital durante el periodo comprendido entre los años 1707 y 1730.</p>
<p style="text-align: justify;">En los inicios del siglo XVIII, los protomédicos constituían la «casta aristocrática» de la Medicina. Tras ellos se situaban los cirujanos, sangradores y barberos. En España, la Cirugía estaba estancada y poco desarrollada desde la Pragmática de Felipe II de 1556 por la que se prohibía cursar estudios en universidades extranjeras, y la disciplina era practicada por barberos-sangradores con escasos conocimientos científicos y técnicos. Por el contrario, en la Medicina se iniciaban nuevas doctrinas iatroquímicas e iatromecánicas. Los cirujanos latinos tenían que ingresar en la universidad con su bachiller en Artes y luego cursar tres años de Medicina y dos de Cirugía. Pero la Pragmática de Felipe III de 1603, empeoró la formación de los cirujanos romancistas al autorizarles examinarse en el Protomedicato «aunque no hayan estudiado Arte ni Medicina», con tal de que tuviesen tres años de experiencia en un hospital y dos años al lado de un cirujano o médico. Si éste era el nivel científico de los cirujanos revalidados, el de sus auxiliares, barberos y sangradores, era muy inferior.</p>
<p style="text-align: justify;">En el Hospital de San Juan de Dios, los barberos-sangradores tenían la obligación de rasurar a los enfermos cada quince días y cobraban por cada sangría (flebotomía) practicada.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>9.- Tributos, censos y salarios</strong></p>
<div id="attachment_58575" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58575" class="size-medium wp-image-58575" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-4-300x277.jpg" alt="Tabla 4: Tributos, censos y salarios pagados por el hospital (9 junio 1719)." width="300" height="277" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-4-300x277.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Tabla-4.jpg 373w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58575" class="wp-caption-text">Tabla 4: Tributos, censos y salarios pagados por el hospital (9 junio 1719).</p></div>
<p style="text-align: justify;">El Hospital de San Juan de Dios tenía unas obligaciones económicas contraídas con distintas instituciones y profesionales. En la tabla 4, se refleja el resumen de lo retribuido por el hospital el 9 de junio de 1719.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>10.- El día a día</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El personal destinado en el Hospital de San Juan de Dios, tal como era habitual en todos los hospitales de la Iglesia, debía funcionar como una gran familia. No se ha tenido acceso a los estatutos de la institución, pero si nos fijásemos en otro hospital de caridad, el Hospital de San José de la Isla de León fundado en 1768 por el obispo Tomás del Valle, la plantilla del nosocomio, salvo el personal especializado (médicos, cirujanos, barberos-sangradores, boticario) vivía en el propio edificio.</p>
<p style="text-align: justify;">El hospital disponía de una sala de socorro o de curaciones, hospedería, enfermerías o salas de pacientes, iglesia, botica, cocinas, despensas, cuadra, camposanto, además de celdas para los hermanos de la Orden y dependencias para los empleados.</p>
<p style="text-align: justify;">El gasto medio mensual promediado entre los doce meses del año 1717 ascendió a 173.717 reales de vellón. De los libros de gastos extraordinarios se podían extraer las siguientes partidas de compras:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Menaje: ollas, cacerolas, lebrillo, canastas, cubos, ruedas de fuego, hornillos, barriles, espuertas, platos, tazas, cuchillos, campanas, botas de vino, piezas de cobre, alcarrazas, orinal.</li>
<li>Alimentación:
<ul>
<li>Cereales, legumbres, dulces: harina, pan, trigo, cebada, arroz, tortas, bizcochos, galletas, mazamorra, patatas, batatas, garbanzos, cacao y turrón.</li>
<li>Verduras y frutas: pimientos, ajos, cebollas, ciruelas, cerezas, peras, castañas, aceitunas.</li>
<li>Especias y otros: azafrán, canela, albahaca, clavo, mostaza, aceite, panales, miel, sal.</li>
<li>Carnes, pescados y huevos: gallinas, carnero, cabrito, vaca, cerdo, manteca, tocino pavos y pescado.</li>
<li>Bebidas: vino de jerez, aguardiente y vinagre.</li>
</ul>
</li>
<li>Vestimenta y ropas: zapatos, chamarreta, lienzos, crea, hilo, camisa, almohadas.</li>
<li>Higiene y otros: jabón, soga, cordel, cerraduras, clavos, tinta, papel.</li>
<li>Iglesia: cera, misales, velas, zayas, mantos.</li>
<li>Salarios y tributos: predicador, mozos, carnicero, cocinero, boticario, sacristán, organista, lavandera, sacadores de botas, trasquilador, enterrador, músicos, cancillerías, pleitos, fletes, portes, aguinaldos.</li>
<li>Caballos: compra de dos ejemplares con sus aditamentos (herraduras, cinchas, serones, albardas, frenos).</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Los gastos por la compra de trigo ascendieron en el periodo 1711-1714 a 941 ½ reales de vellón, a 2.513 ½ en el periodo 1714-1719 y finalmente, en el periodo 1714-1719, a 1.259 reales de vellón.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>11.- Botica</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Como todo hospital, el de San Juan de Dios disponía de su propia botica en la que se preparaban los compuestos recetados por los médicos a partir de los «simples» que se adquirían en los respectivos almacenes. La farmacia disponía de hornillos, alambiques, morteros, tamices, cedazos, orzas, etc., para la preparación de los medicamentos.<br />
Los productos simples, como venía ocurriendo desde los primeros siglos de nuestra era, procedían mayoritariamente del reino vegetal, sin olvidar productos del reino animal o mineral:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Reino vegetal: yerbas, plantas, flores, raíces, frutos, granos, cortezas, gomas, resinas y bálsamos.</li>
<li>Reino animal: productos de mamíferos, aves, insectos, anfibios, reptiles y moluscos.</li>
<li>Reino mineral: metales, no metales y sales.</li>
<li>Vinos, aguardientes y alcoholes.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Una vez confeccionados los compuestos en la botica, se administraban mediante infusiones, electuarios, jarabes, julepes, arropes, gelatinas, zumos, infusiones, tisanas, píldoras, polvos, ungüentos, pomadas, pastas, cataplasmas, unciones, tinturas, linimentos, emplastos y fomentos. Para la administración de los enemas, dilataciones de ano, uretra o vagina se utilizaban las composturas de ayuda, candelillas y algalias, realizadas con lienzo o crea, ceras y gomas.</p>
<p style="text-align: justify;">Por su importancia terapéutica contrastada, de todos los productos utilizados en la botica de San Juan de Dios se podrían resaltar la «cascarilla», corteza del árbol de la quina utilizada para la malaria y las fiebres; la «adormidera», de donde se extraía el opio para calmar el dolor; el «mercurio», utilizado en unciones para las enfermedades venéreas; y las «lombrices», sanguijuelas utilizadas para el drenaje de forúnculos, abscesos y para la evacuación de sangre y líquidos (edemas).</p>
<p style="text-align: justify;">A partir del año 1721, la botica del hospital comenzó a comprar directamente la mayoría de los compuestos recetados por los médicos a un «almacén» externo al hospital, facturando los gastos en una sola partida a final de cada mes. Se desconoce a qué institución o comerciante perteneciese, pudiendo tratarse de la botica del Real Hospital de la Armada de Cádiz, la principal institución suministradora de medicamentos de la bahía de Cádiz entre mediados de los siglos XVII y XIX.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Conclusiones</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Del pequeño estudio realizado, se pueden extraer las siguientes conclusiones:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>En el hospital de San Juan de Dios se atendía a los pobres, independientemente de su procedencia, raza, condición social o religiosa.</li>
<li>En su primera época ingresaban mujeres, probablemente hasta la mayor capacidad asistencial del Hospital de Nuestra Señora del Carmen.</li>
<li>Coincidiendo con el traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla, ante el aumento de la demanda asistencial, el hospital tuvo que incrementar el número de salas, con el consiguiente aumento de gastos en obras de infraestructura, alimentación y botica.</li>
<li>El auxilio espiritual con la administración de los sacramentos —entre ellos el bautismo— era tan o más importante que la curación física de los enfermos.</li>
<li>La farmacopea prescrita durante la década estudiada estaba fundamentalmente basada en el reino vegetal, en atención a los principios establecidos por Dioscórides y Galeno, griegos de los siglos I y II de nuestra era.</li>
<li>A partir del año 1721, la botica comenzó a comprar directamente la mayoría de los compuestos recetados a un almacén externo al hospital.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"><strong>Bibliografía</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1.- Fuentes documentales primarias</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Archivo Hermandad de la Santa Caridad de Cádiz (AHSCCa)</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Libros número 26 (años 1711-1717), número 27 (años 1717-1720) y número 28 (años 1720-1722) de ingresos de pacientes.</li>
<li>Libro número 128 de índice general de fallecidos (1599-1783).</li>
<li>Libro número 444 de gastos extraordinarios (1703-1730).</li>
<li>Libro número 462 de salarios y censos (1703-1725).</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"><strong>2.- Bibliografía crítica</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Clavijo y Clavijo, S. La trayectoria hospitalaria de la Armada Española. Madrid: Editorial Naval, Escelicer, S.L., 1944, 327 págs.</p>
<p style="text-align: justify;">Cowen, DL, Helfand, WH. Historia de la Farmacia. Tomos I y II. Barcelona: Ediciones Doyma, S.A., 1992. ISBN: 84-7592-471-9.</p>
<p style="text-align: justify;">De Castro y Rossi, A. Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814. Cádiz, Imprenta de la Revista Médica, 1858.</p>
<p style="text-align: justify;">Ferrer y Fernández de la Riva, D. De la unión del estudio de la Medicina y la Cirugía. Medicina e Historia, 1966: XXIV.</p>
<p style="text-align: justify;">García-Cubillana de la Cruz, JM. El Hospital de San José (1767-1956) de la Isla de León. Jerez de la Frontera: Publicaciones del Sur, 2011, 356 págs. ISBN: 978-84-95813-44-2.</p>
<p style="text-align: justify;">López Moreno, MA. La Heredad de Fadrique. Chiclana de la Frontera: Gerencia Municipal de Urbanismo del Excmo. Ayuntamiento de San Fernando, Línea Offset, 2003, 313 págs. ISBN: 84-606-3273-3.</p>
<p style="text-align: justify;">Orozco Acuaviva, A. Pedro Virgili y el Hospital Real de Cádiz. En el Bicentenario de la muerte del fundador del Real Colegio de Cirugía de Cádiz. Medicina e Historia, 1976; 63: 8-25.</p>
<p style="text-align: justify;">Pérez Pérez, A. Márquez Espinós, C. La medicina en la época de las Cortes de Cádiz. Jerez de la Frontera: Publicaciones del Sur Editores, 2014, 501 págs. ISBN: 987-84-95813-92-3.</p>
<p style="text-align: justify;">Vidal Galache, B. Tesis doctoral «El Hospital de San José de San Fernando en los siglos XVIII y XIX y sus relaciones con el Real Colegio de Cirugía de Cádiz». Director: Antonio Orozco Acuaviva. Cátedra de Historia de la Medicina, Facultad de Medicina, Universidad de Cádiz, 1989.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Juan Manuel García-Cubillana de la Cruz</strong></p>
<div id="attachment_58587" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58587" class="size-medium wp-image-58587" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-2-300x196.jpg" alt="Apéndice 1: Ingreso de un cautivo. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 80." width="300" height="196" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-2-300x196.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-2.jpg 622w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58587" class="wp-caption-text">Ap. 1: Ingreso de un cautivo en San Juan de Dios. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 80.</p></div>
<div id="attachment_58588" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58588" class="size-medium wp-image-58588" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-3-300x198.jpg" alt="Apéndice 2: Fallecimiento de un esclavo donado como limosna al hospital, donde ejerció como enfermero. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 136v." width="300" height="198" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-3-300x198.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-3.jpg 658w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58588" class="wp-caption-text">Apéndice 2: Fallecimiento de un esclavo donado como limosna al Hospital. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 136v.</p></div>
<div id="attachment_58589" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58589" class="size-medium wp-image-58589" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-4-300x193.jpg" alt="Ingreso de un esclavo negro 'bozal'. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 155." width="300" height="193" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-4-300x193.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-4.jpg 494w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58589" class="wp-caption-text">Apéndice 3: Ingreso de un esclavo negro 'bozal'. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 155.</p></div>
<div id="attachment_58590" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58590" class="size-medium wp-image-58590" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-5-300x198.jpg" alt="Apéndice 4: Ingreso de un enfermo de color pardo, 'libre'. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 220v." width="300" height="198" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-5-300x198.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Apendice-5.jpg 577w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58590" class="wp-caption-text">Apéndice 4: Ingreso de un enfermo de color pardo, 'libre'. AHSCCa, libro nº 26 (1711-1717) de ingresos de enfermos, p. 220v.</p></div>
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		<title>La Catedral de la Sal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Sep 2016 11:20:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Patrimonio La Isla]]></category>
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					<description><![CDATA[En uno de los yacimientos más famosos de nuestra tierra, el de Doña Blanca, se puede observar como aquella ciudad fenicia tuvo una importante zona portuaria en un territorio en el que hoy día, a simple vista, no se vislumbra el mar. Actualmente, se puede ver un amplio territorio agrario en la más plena tierra [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_58323" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58323" class="size-medium wp-image-58323" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1575-300x225.jpg" alt="Las casas salineras forman parte del legado del hombre en nuestro medio." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1575-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1575-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1575.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58323" class="wp-caption-text">Las casas salineras forman parte del legado del hombre en nuestro medio.</p></div>
<p style="text-align: justify;">En uno de los yacimientos más famosos de nuestra tierra, el de Doña Blanca, se puede observar como aquella ciudad fenicia tuvo una importante zona portuaria en un territorio en el que hoy día, a simple vista, no se vislumbra el mar.</p>
<p style="text-align: justify;">Actualmente, se puede ver un amplio territorio agrario en la más plena tierra firme, autovías, vías de ferrocarril, un pueblo de repoblación agrícola… en definitiva, un mundo humanizado. Pero cuando aquella urbe estuvo viva, allá por el siglo VII a.C., el océano llegaba a sus orillas, y las islas gaditanas se observaban desde sus casas. Por aquel entonces, las marismas no eran tan abundantes y gobernaba el mar abierto. La desembocadura del Guadalete presentaba un amplio estuario que llegaba desde lo que hoy es Rota hasta Chiclana, con las tres islas gaditanas en el centro de la misma, de un modo parecido a lo que hoy día presenta la ría de Vigo con las Cíes. Posteriormente, apenas unos siglos más tardes, en época romana, ya empieza el terreno a colmatarse y se recogen textos en los que la civilización latina supo aprovechar la transformación de las -por entonces jóvenes- marismas para convertirlas en salinas para sus famosos salazones, delicias gastronómicas de nuestra tierra por aquellos tiempos. Y aunque en las decadentes épocas posteriores toda transformación humana fuera al traste -pues el abandono absoluto de la zona hizo que las marismas volvieran a su estado natural- solo fue un paréntesis hasta el siglo XVII, cuando ya se ven en diversos grabados y pinturas la presencia de distintas salinas con sus correspondientes edificios.</p>
<div id="attachment_58324" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58324" class="size-medium wp-image-58324" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1619-300x225.jpg" alt="Formaciones de 'spartinas marítimas' en el saco de la Bahía." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1619-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1619-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1619.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58324" class="wp-caption-text">Formaciones de 'spartinas marítimas' en el saco de la Bahía.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Ahora bien, una vez dada esta breve reseña histórica, nos pararemos a comentar la importancia del ser humano en la formación actual del Parque Natural que nos circunda. Como sabemos, las marismas son ecosistemas que con el tiempo tienden a colmatarse y acabar desapareciendo para acabar como el típico territorio sedimentario, es decir, llano, y, si no tiene tendencia arcillosa -como en el sur de nuestra provincia-, suele ser de una fertilidad absoluta. Son territorios areniscosos en su mayoría, como sucede en las tierras blancas albarizas de Jerez o Sanlúcar, o como en el ejemplo del primer párrafo, los campos que rodean Doña Blanca y el Puerto de Santa María. Sin embargo, eso no ha ocurrido con gran parte de las marismas que existen al sur de la última localidad hasta Chiclana de la Frontera. Ello es debido a su uso como salina; un medio de vida que no solo aportaba la preciada sal, sino que también en lo gastronómico y en lo festivo, como ha ocurrido siempre con el despesque, se ha asegurado una economía para cierta parte de la población, así como, sin darse cuenta, la creación del principal monumento del ser humano en nuestra tierra. Aunque algunos lo vean exagerado, es realmente un trabajo de mucho tiempo, como si de una catedral se tratara, con sus seres vivos haciendo las funciones de gárgolas móviles y los caños como si de arbotantes, básicos en su estructura, fueran. Es una auténtica transformación del medio sin dañarlo, y mejorándolo -para la avifauna ha sido clave- de modo absolutamente sostenible, algo que hoy día en muchos aspectos de nuestra economía se habla y se estudia, pero en la mayoría de los casos, no se logra.</p>
<div id="attachment_58325" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58325" class="size-medium wp-image-58325" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1673-300x225.jpg" alt="Los tajos de las antiguas salinas perviven entre el paisaje y permiten la supervivencia de muchas especies." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1673-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1673-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/100_1673.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58325" class="wp-caption-text">Los tajos de las antiguas salinas perviven entre el paisaje y permiten la supervivencia de muchas especies.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Para colmo de méritos, la obtención de sal es un auténtico trabajo de ingeniería: hay que saber de Física, en concreto de hidráulica, ya que desde el estero hasta el cristalizador o tajo -hoy día van juntos- el flujo de agua debe reducirse hasta llegar a un par de dedos de profundidad en un juego de equilibrios entre las compuertas y la propia evaporación. También de Química, pues cuando ésta llega al cristalizador, el ph tiene que alcanzar una cantidad determinada, que si bien hoy día todo se hace con medidores, en aquellos tiempos, los salineros tenían que determinar a ojo que el agua del cristalizador estuviese al punto para recoger la sal, lo cual se adivinaba por el color rosado del líquido elemento. Aquellas 'catedrales' de nuestro parque se hicieron en gran parte con escombros de derribos de edificios de la ciudad, tierras y/o piedras de distintas canteras que servían para la creación de muros, diques, vueltas de afuera, tajos, lucios, etc. que hoy día permanecen abandonadas, pero que entre el siglo XVIII y mediados del XX fueron parte muy importante del paisaje isleño y un tercio de su economía. Actualmente es parte integrante de nuestra alma cañaílla y su valor sentimental está lejos de toda duda. Desde su nombramiento como Parque Natural en 1989, cada vez hay más adeptos y menos detractores.</p>
<div id="attachment_58326" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58326" class="size-medium wp-image-58326" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/102_5824-300x225.jpg" alt="Salina naturalizada con el abandono. En el centro una espátula, estrella del Parque." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/102_5824-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/102_5824-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/102_5824.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58326" class="wp-caption-text">Salina naturalizada con el abandono. En el centro una espátula, estrella del Parque.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Las salinas, además, han evitado la colmatación natural de las marismas que hubiera acabado con el ecosistema. En cambio, pese al abandono de las mismas a mediados del siglo XX y gracias a los trabajo de conservación, hoy en día está considerada la tercera zona húmeda en importancia de España, y una de los principales del Europa gracias a la nidificación de determinadas especies como la espátula. No todas las ciudades pueden decir esto. Y desde luego es el principal activo de nuestra localidad, tanto en lo económico como en lo sentimental. Pero no todo son alabanzas, hay aún amenazas que se pueden considerar importantes: precisamente, una de ellas es la mencionada colmatación, que desde la construcción del puente Carranza de Cádiz está acelerando el proceso en el llamado 'Saco de la Bahía'. Baste comprobar cómo la playa de la Casería es cada año menos arenosa y más fangosa. La escasez de presupuestos para el mantenimiento de las mismas ha hecho que, en unos casos, las salinas se naturalicen y vuelvan a su estado marismeño natural, bastante más pobre en vida que el salinero, y, en otros, que la rotura de compuertas creen terrenos secos que terminan muchas veces en un llano de costras salinas, o con la presencia de escombros y basura que terminan por ser invadida por plantas y vegetación de tierra firme.</p>
<div id="attachment_58327" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58327" class="size-medium wp-image-58327" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/102_5820-300x225.jpg" alt="Las compuertas permiten jugar con la cantidad de agua en los distintos sectores de las salinas." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/102_5820-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/102_5820-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/102_5820.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58327" class="wp-caption-text">Las compuertas permiten jugar con la cantidad de agua en los distintos sectores de las salinas.</p></div>
<p style="text-align: justify;">A diferencia de otras ciudades, la nuestra tiene la originalidad de que uno de los principales patrimonios construidos por el ser humano interfiere de pleno con la naturaleza y el paisaje que nos circunda. Es un monumento que no es ajeno al medio y que incluye construcciones típicas, importantes en términos etnográficos, como ocurre con las casas salineras o los molinos de marea; estos últimos con sistemas hidráulicos que hoy día se estudian como recurso para la energía sostenible; una importante cantidad de fauna, tanto ictiológica como de aves, y, sobre todo, de moluscos y crustáceos. En términos de turismo ornitológico y gastronómico. Precisamente en este último plano hay cocineros innovadores que tampoco desdeñan la vegetación de nuestras salinas, e incluso quienes ya preparan ensaladas de <em>sapina</em> o <em>salicornia</em> -algo que ya lleva haciéndose en Francia desde hace bastantes años-. También se sirven de otras especies como la lechuga de mar, o la propia <em>spartina marítima</em> que puede exportarse como planta para combatir la contaminación de otras zonas húmedas y cuyo ejemplo más claro podemos ver en su cultivo en las marismas del Odiel.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero claro, como todo en la vida, hay que saber montárselo bien y fomentar una buena industria relacionada con el medio y su explotación para volver a vivir de él sin dañarlo, así como el fomento del turismo ornitológico. Si la mentalidad de los isleños sigue anclada en la construcción de 'otra Barrosa', tendremos otra ciudad costera, con sus camareros y botones, pero nos corresponde ser más originales y menos perjudiciales; hay quien dice que de un Parque Natural no se vive. Pues que se lo pregunten a los de Grazalema, Cazorla o a los de Ordesa. Verán qué les contestan.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://miramosalsur.blogspot.com.es/"><strong>Antonio Carlos Baños Martínez</strong></a></p>
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		<title>Recuerdos de La Isla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Sep 2016 14:14:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Patrimonio La Isla]]></category>
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					<description><![CDATA[A veces consigo mandar en mis pensamientos y logro retener mi primer recuerdo como una imagen reflejada en el agua, entonces viene a mi memoria la abuela Juana sentada en su silla de enea en el cierro que daba a la calle San Rafael. Probablemente la ciudad y las personas que formaron parte de mi [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_58135" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58135" class="size-medium wp-image-58135" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14371802_1167001776704241_91835623_n-300x225.jpg" alt="Patio del Colegio de Ntra. Sra. del Carmen (Carmelitas)." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14371802_1167001776704241_91835623_n-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14371802_1167001776704241_91835623_n-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14371802_1167001776704241_91835623_n.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58135" class="wp-caption-text">Patio del Colegio de Ntra. Sra. del Carmen (Carmelitas).</p></div>
<p style="text-align: justify;">A veces consigo mandar en mis pensamientos y logro retener mi primer recuerdo como una imagen reflejada en el agua, entonces viene a mi memoria la abuela Juana sentada en su silla de enea en el cierro que daba a la calle San Rafael. Probablemente la ciudad y las personas que formaron parte de mi infancia existieron de forma diferente, aunque yo los reconozco como un paisaje donde viven mis recuerdos. Tenía dos años cuando quedó sellada en mi mente esta imagen y, poco tiempo después, mi abuela Juana falleció.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquellos a los que hemos perdido en el camino siguen congelados en el instante de su desaparición ocupando su lugar en el pasado. Es difícil dar un sentido cronológico a los sucesos, sobre todo, cuando aún eres una niña incapaz de calibrar con exactitud los espacios y los tiempos vividos, pero debo admitir que las primeras sensaciones que retengo, cuando vuelvo la vista atrás, llegan a través de los olores, esos que han formado parte de mi memoria: con ellos consigo atrapar algunos hechos de mi niñez que quedaron colgados de mi nariz.</p>
<p style="text-align: justify;">En aquella época, La Isla olía a salinas y algas; a bienmesabe del freidor; a higos chumbos; a incienso y roscos de canela en Semana Santa; a las tabletas de chocolate de la merienda; a los pasteles de la Mallorquina; a los helados de los Hermanos Picó; a pizarrines, lapiceros, gomas de borrar y libretas comprados en la papelería La Voz; a castañas, piñones y nueces de Todos los Santos engullidos en el Cerro; a jabón verde; a las pelotas de goma regaladas con los zapatos Gorila; a las aulas y pupitres de las Carmelitas. Sin embargo, el aroma que traza esta época es el olor de mi hogar y la fragancia del perfume de mi madre. De su mano recorrí parte de la ciudad donde nací. En la calle Mazarredo esquina con San Rafael, vi la primera luz, aunque pocos son los recuerdos de aquella casa, pues nos mudamos, antes de cumplir los tres años, a San Carlos.</p>
<div id="attachment_58140" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58140" class="size-medium wp-image-58140" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Rosa-300x223.jpg" alt="Casa de la calle Mazarredo donde nació la autora de este artículo." width="300" height="223" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Rosa-300x223.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Rosa-768x571.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/Rosa.jpg 776w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58140" class="wp-caption-text">Casa de la calle Mazarredo donde nació la autora de este artículo.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Sin duda, mis hermanas mayores marcaron el tiempo de San Carlos, bajo sus miradas y mientras me arrastraban al parvulario donde aprendí a leer y a escribir, comencé a vislumbrar el alma de mi ciudad. Hasta la calle Colón me conducían, al principio, a rastras e inmersa en un llanto profundo; no quería ir al colegio. Despegarme de mi madre me parecía insoportable. Sin embargo, tras cruzar la vía del tren, frontera que marcaba el territorio prohibido del permitido, y llegaba a La Glorieta, comenzaba el precario consuelo. Desde La Glorieta nos encaminábamos hacia esas calles interminables de San Fernando, cuyas siluetas aprendí de memoria y que aún se esbozan en mi mente, especialmente, cuando sueño con ellas.</p>
<p style="text-align: justify;">El colegio supuso un banco de prueba. Los comienzos fueron duros en el plano emocional, aunque rápidamente me acostumbré a su rutina. Las Carmelitas poseían un gran edificio con un hermoso patio central bien cuidado, cuyas plantas, algunas originarias de Las Indias, me parecían espectaculares por su brillo y verdor. Nunca olvidaré a la hermana Lucía, custodiaba con infinita bondad la entrada del colegio y a la hermana Pilar, soberbia y hostil, que encarnaba la peor esencia de un ser humano. Allí aprendí lo necesario para ir creciendo con una adecuada formación elemental.</p>
<div id="attachment_58139" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58139" class="size-medium wp-image-58139" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14349059_10210707015141232_469289091_n-300x221.jpg" alt="Rosa de la Corte y dos de sus hermanas en la casapuerta de la casa de su abuela." width="300" height="221" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14349059_10210707015141232_469289091_n-300x221.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14349059_10210707015141232_469289091_n.jpg 447w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58139" class="wp-caption-text">Rosa de la Corte y dos de sus hermanas en la casapuerta de la casa de su abuela.</p></div>
<p style="text-align: justify;">A los seis años, mi pequeño universo cambió, nos fuimos a vivir a la calle Arenal. El nuevo escenario me proporcionó calles y plazas más céntricas y significativas para mí. A esa edad, se comienza a abordar la vida y el entorno con filtro propio y yo empecé a mirar a La Isla con amor. Recuerdo el magnífico parque de tres niveles que se extendía delante de mi casa, el Almirante Laulhé. La estructura de sus jardines, arboledas y preciosos bancos de cierta inspiración romántica, muy distintos a la actual, le otorgaba un delicioso ambiente decimonónico. Las ramas de sus árboles se convirtieron en barras de gimnasia donde yo perfeccionaba e improvisaba cabriolas, volteretas y las incontables diabluras que se me ocurrían. Por aquellos árboles, trepaba con una sorprendente habilidad hasta alcanzar la cima más alta que conseguía con gesto triunfal, aunque algún batacazo empañó mis intachables logros. Allí fui feliz, de eso estoy segura. Y allí me dejé la piel de mis rodillas; de eso, también estoy segura.</p>
<p style="text-align: justify;">El Observatorio de Marina se transformó en un sucedáneo de la pericia, un sucedáneo de la sofisticación; un lugar asombroso para mí. El callejón, flanqueado de chumberas, huertas y barrancos, que se prolongaba desde la calle Arenal hasta las casas de los trabajadores de Bazán, supuso un increíble espacio de aventuras, donde estaba prohibidísimo acercarse; en sus aledaños había un peligroso pantano. La Iglesia Mayor, la Plaza del Rey, la Alameda, la calle Real y la calle Rosario, la Plaza de Santa Bárbara, Tejidos Jisol, el Economato de Marina, las calles Cecilio Pujazón y Sánchez Cerquero, la Iglesia de San Francisco y otros recintos, permanecen indelebles en mis retinas, configurando el paisaje que mejor recuerdo. Pero si alguno he de resaltar, sin duda, el cine Almirante se lleva la palma.</p>
<div id="attachment_58136" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58136" class="size-medium wp-image-58136" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14388953_1167001770037575_764856136_n-300x225.jpg" alt="Parque Almirante Laulhé." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14388953_1167001770037575_764856136_n-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14388953_1167001770037575_764856136_n-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14388953_1167001770037575_764856136_n.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58136" class="wp-caption-text">Parque Almirante Laulhé.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Entre sus paredes germinó mi capacidad de soñar, de sentir ante una imagen, de amar el cine… Aquel mágico espacio, colmado de aterciopeladas butacas, se convirtió en el lugar donde siempre quería volver para seguir vibrando y seguir sintiendo nuevas sensaciones. Los domingos a las tres y media de la tarde comenzaba la función infantil. No me perdí ninguna película, excepto los fines de semana de anginas y fiebre que pasaba en cama.</p>
<p style="text-align: justify;">Casi sin darme cuenta, irrumpieron los primeros fulgores de la pubertad. Mi corazón sensible se agitó y comencé a enamorarme de la vida, de la amistad, de un chico guapo que andaba por allí. Aquello explosionó como una bomba que destruyó en mil añicos mi infancia, dando paso a la alborotada adolescencia que sobrellevé durante cinco largos años. En esa época, dejé de trepar por los árboles del parque y poco a poco me fui centrando en otras cosas. Internamente, percibí una nueva forma de pensar, de sentir, hasta de caminar. Las risas y los llantos podían ser simultáneos. Las hormonas marcaban mi ánimo y el desconcierto mis actos… No sabía qué me ocurría. También notaba la rebeldía crecer sin control haciendo estragos en mi familia y mi alma, como los granitos que proliferaban en mi cara.</p>
<div id="attachment_58137" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58137" class="size-medium wp-image-58137" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/P7030034-300x225.jpg" alt="Antiguo Cine Almirante, hoy Centro de Congresos y Exposiciones." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/P7030034-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/P7030034-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/P7030034.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58137" class="wp-caption-text">Antiguo Cine Almirante, hoy Centro de Congresos y Exposiciones.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Y las nuevas costumbres triunfaron. Me citaba con las amigas en La Plaza del Rey para dar vueltas, durante horas, por la calle Real. Pasear desde La Mallorquina hasta San Francisco era la nueva diversión, muy alejada de los brincos y carreras en el parque. Quedábamos justo al lado de la estatua del Marqués de Varela, del que no teníamos ni idea de quién era, solo que poseía el honor de estar bilaureado, pero formaba parte de aquel paisaje rematado por el Ayuntamiento y las palmeras.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi vida transcurría dichosa hasta el día que mi padre anunció que había comprado una casa en Cádiz donde iríamos a vivir. Hasta ese momento, mi existencia permanecía impregnada de una luz blanca que me convertía en una niña feliz. Podría imaginar otros momentos felices en esa época, tal vez cuando saltaba de árbol en árbol, sin embargo, no acierto a reproducir en mi memoria ningún otro instante, con esa luz perfecta, después de marchar a otro lugar dejando atrás a La Isla y mi niñez.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.facebook.com/rosadelacortesorroche"><strong>Rosa de la Corte Sorroche</strong></a></p>
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		<title>La marea de la memoria histórica llega a La Isla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Sep 2016 12:04:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Patrimonio La Isla]]></category>
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					<description><![CDATA["¡Otra película de la Guerra Civil!"... No sé cuántas veces he tenido que escuchar esta manida frase y, a medida que pasan los años, más agradezco que la cinematografía española se haya dedicado a recoger, retratar y descubrir, en la mayoría de los casos, este período tan negro a la par que desconocido de nuestra [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_58026" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58026" class="size-medium wp-image-58026" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14218420_1160233004047785_1471903030_n-300x225.jpg" alt="Ángel en el Cementerio de San Fernando, donde se encuentra la fosa común de los fusilados." width="300" height="225" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14218420_1160233004047785_1471903030_n-300x225.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14218420_1160233004047785_1471903030_n-768x576.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/14218420_1160233004047785_1471903030_n.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58026" class="wp-caption-text">Ángel en el Cementerio de San Fernando, donde se encuentra la fosa común de los fusilados.</p></div>
<p style="text-align: justify;">"¡Otra película de la Guerra Civil!"... No sé cuántas veces he tenido que escuchar esta manida frase y, a medida que pasan los años, más agradezco que la cinematografía española se haya dedicado a recoger, retratar y descubrir, en la mayoría de los casos, este período tan negro a la par que desconocido de nuestra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">El cine, como medio de comunicación de masas pero, por supuesto, la literatura y la historia -no toda- de donde ha bebido el séptimo arte. Un triángulo que nos ha traído personajes-personas como los maestros republicanos Don Gregorio en <em>La lengua de las mariposas</em> o Ricardo, el profesor encerrado durante años en un armario de <em>Los girasoles ciegos</em>; la lucha de las mujeres en <em>Libertarias</em> o la represión franquista sobre ellas, con Pepita y Hortensia, de <em>La voz dormida</em> como magníficos ejemplos, el entusiasmo por la llegada de la República en <em>Belle époque</em> o su caída y el triunfo de los golpistas en la cotidianidad de <em>Las bicicletas son para el verano</em>. Y así... muchas que se detienen en este momento de la historia que se prolongó durante cuarenta años.</p>
<p style="text-align: justify;">Y ochenta años después del golpe de Estado -tan importante el lenguaje- aún tenemos que seguir hablando de RECUPERAR la memoria histórica, de llamar a las cosas por su nombre, de desterrar terminología como alzamiento nacional o tropas nacionales -cuando conculcaron un sistema democráticamente elegido por el pueblo y se apropiaron de lo español, aun con la participación de alemanes e italianos-, de conocer episodios como los campos de concentración, los esclavos del Régimen, las torturas a las mujeres o el drama para nuestro país del exilio de cientos de miles de personas. Y, por supuesto, de recuperar a todos aquellos que aún siguen en las cunetas de España: el segundo país del mundo, después de Camboya, con el mayor número de desaparecidos. Se lo debemos a sus familias y a nosotros mismos para cerrar de verdad las heridas y vivir en una auténtica democracia.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso, que la marea de la memoria haya llegado a San Fernando es una gran noticia después de años de lucha en el desierto capitaneada por el Ateneo Republicano de La Isla, por un lado, y por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de San Fernando (Amere) por otro, fusionadas hoy en un misma organización, Ateneo Republicano y Memorialista de La Isla (ARMI).</p>
<p style="text-align: justify;">Y vivimos en La Isla tiempos importantes: qué duda cabe que para algunos familiares, este momento llega tarde pero, no obstante, es para estar animados con el nacimiento en menos de un año de una nueva Asociación por la Recuperación de la Memoria Democrática de San Fernando, cuyo fin principal es la exhumación de los restos de las personas asesinadas por la represión franquista y la recuperación de su memoria y dignificación. Más de 200 personas que podrían estar en la fosa común de nuestro cementerio.</p>
<div id="attachment_58027" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-58027" class="size-medium wp-image-58027" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/std-300x221.jpg" alt="'Trigo Tronzado', de José Casado, será próximamente reeditado." width="300" height="221" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/std-300x221.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/std.jpg 489w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-58027" class="wp-caption-text">'Trigo Tronzado', de José Casado, será próximamente reeditado.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Momentos de esperanza cuando, en diez días, la campaña de micromecenazgo puesta en marcha por ARMI para reeditar la obra de José Casado, <em>Trigo Tronzado</em>, alcanzó la cantidad económica necesaria para que este pequeño gran trabajo de Casado en el que recogió los nombres y apellidos de los isleños que fueron fusilados en los primeros momentos del terror caliente, vea otra vez la luz en el mercado.</p>
<p style="text-align: justify;">Momentos de compromiso cuando el Pleno municipal del Ayuntamiento de San Fernando -con la abstención del PA y el voto en contra del PP- aprobó el pasado mes de enero la retirada del monumento ecuestre del General Varela. Actuación que seguimos esperando y que no debe justificarse en una actuación urbanística y sí en términos de justicia social. Y es que, frente la polémica, recuerdo siempre el argumento de ARMI: los espacios públicos deben ser espacios de encuentro de toda la ciudadanía, espacios consagrados a la convivencia y a los valores compartidos por unos y por otros, sean de derechas o de izquierdas, de una u otra opción política. Los valores de la Igualdad, de la Fraternidad y de la Democracia.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso, espacios como la Plaza del Rey deberían estar dedicados a referentes e ideas que todos los isleños podamos compartir: nuestros astilleros, nuestras salinas, nuestras Cortes. Como bien aclara ARMI, la presencia del General Varela sólo sirve para consagrar unas ideas, una época que choca contra la democracia, porque no es lo mismo que una plaza esté dedicada a un militar, que a un diputado o a un médico… La simbología no es neutral y por esa razón la pusieron allí.</p>
<p style="text-align: justify;">El entusiasmo, en todo caso, no debe hacernos olvidar que este país y este municipio llevan nueve años incumpliendo la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, conocida como Ley de Memoria Histórica, con ejemplos como el de la estatua pero además con todo un callejero dedicado a ensalzar un régimen dictatorial.</p>
<p style="text-align: justify;">Y no queda más que seguir y no flaquear frente a las críticas. Y educación, más educación. Es ahí donde las administraciones públicas tienen todo que decir: para que las nuevas generaciones no solo conozcan del Golpe, la Guerra y las atrocidades del Régimen, sino para que miren a nuestra República y sepan que durante el primer bienio de la misma se construyeron o habilitaron en este país 10.000 escuelas públicas, o que la Constitución de 1931 proclamó el voto femenino. Esa era la democracia contra la que "se alzaron" y destruyeron.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://vanessaperondi.blogspot.com.es/"><strong>Vanessa Perondi</strong></a></p>
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		<title>Mis bodas de plata con San Fernando</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patrimonio la Isla]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 31 Aug 2016 20:46:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Patrimonio La Isla]]></category>
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					<description><![CDATA[A mi mujer y a mí nos destinaron como maestros a San Fernando en 1991. Yo conocía la ciudad muy levemente porque había hecho, unos diez años antes, parte del servicio militar, concretamente el campamento, en Camposoto, entonces CIR 16. En aquellos tiempos todavía se hacía la mili. Poco recordaba de ella cuando llegamos, salvo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_57881" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-57881" class="size-medium wp-image-57881" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/thumbnail_Inaug-monumento-Bicentenario-21sept10-14-300x200.jpg" alt="El autor del artículo, durante la inauguración del monumento a Las Cortes." width="300" height="200" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/thumbnail_Inaug-monumento-Bicentenario-21sept10-14-300x200.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/thumbnail_Inaug-monumento-Bicentenario-21sept10-14-768x511.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/thumbnail_Inaug-monumento-Bicentenario-21sept10-14.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-57881" class="wp-caption-text">El autor del artículo, durante la inauguración del monumento a Las Cortes en 2010.</p></div>
<p style="text-align: justify;">A mi mujer y a mí nos destinaron como maestros a San Fernando en 1991. Yo conocía la ciudad muy levemente porque había hecho, unos diez años antes, parte del servicio militar, concretamente el campamento, en Camposoto, entonces CIR 16. En aquellos tiempos todavía se hacía la mili. Poco recordaba de ella cuando llegamos, salvo la existencia de un majestuoso ayuntamiento y una larga calle Real, siempre llena de gente y de vida. Aparecimos por aquí a finales de agosto, junto con un camión de la mudanza y unos corazones rebosantes de proyectos e ilusiones. También trajimos dos niñas pequeñas, que han crecido en esta tierra y se identifican con ella como dos isleñas más. Podría nombrar sin temor a equivocarme qué hicimos y qué comimos ese día y los siguientes. La gastronomía gaditana nos deslumbró. La calle San Rafael y la Plaza del Rey fueron nuestras primeras paradas. Vinimos con la idea de quedarnos unos pocos años, los suficientes para criar a nuestros hijas y gozar mientras tanto del mar y la playa. Pero algo encontramos en la Isla que fue provocando un paulatino aplazamiento de nuestro regreso. Hasta que un día decidimos quedarnos. Definitivamente. Y aquí seguimos. Veinticinco años llevamos ya. Es por eso que he titulado este artículo como <em>Mis bodas de plata con San Fernando</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo perfectamente cómo nada más llegar me impresiono el azul del cielo, tan nítido y luminoso. También la arquitectura me llamó la atención: los cierros invadiendo la calle y las portadas de las casas de piedra ostionera. Preciosas. Las almenas que coronaban las terrazas de las casas, tan diferentes unas de otras, me resultaron de una belleza y exquisitez difícil de superar. Monumentos y edificios importantes fueron saciando en los meses y años siguientes mis ganas de saber más de San Fernando y una tierra con la que hoy me identifico totalmente. El mercado de abastos me encandilaba con todos esos pescados que no había visto jamás, y la gracia de los vendedores, que te aconsejaban una receta mientras te envolvían la compra. Y si hablo de mercado tengo que recordar la cara de asombro y divertimento de toda la familia cuando lo visitábamos en la popular fiesta de Tosantos. El Cuartel de Instrucción de Marinería, adonde acudía de vez en cuando acompañando a mi buen amigo Agustín Cintas, me impresionó. Igual que el Arsenal de la Carraca y el Puente de Hierro. La identificación de una gran parte de la ciudad con la Marina me pareció algo digno de estudio y atención. El haz de luz que<a class="B7625o77omZPg S5Q88SK0" style="z-index: 2147483647;" title="Clic para continuar por Advertise" href="#59797157"> escapaba<img decoding="async" src="http://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png" /></a> por las noches del Real Observatorio y que rompía la quietud y oscuridad del firmamento me hipnotizaba. Años después, visitándolo, recibí una lección de arte, ciencia e historia difícil de olvidar. Cuántas cosas curiosas atesora la ciudad y su pasado. Y cómo no hablar de la infinita playa de Camposoto, de una arena tan fina y brillante, cuántos castillitos de arena he levantado a la sombra de otro castillo, el de Sancti Petri, que perfila el horizonte con una imagen que encierra en su interior mil leyendas y misterios. También es digno de mención el Cerro de los Mártires, que nos ofrece desde la ermita un horizonte en el que tierra y agua juegan a abrazarse y seducirse, el laberinto de esteros que se ofrece a sus pies tiene la facultad de conmover la mirada. La luz del sol enciende su superficie formando un cuadro iridiscente que hiere los sentidos. Uno de los espectáculos más bellos que he contemplado jamás. Este lugar también me viene envuelto en olor a castañas asadas y a paella popular de cuando iba con mis hijas a celebrar el Día del Cerro.</p>
<div id="attachment_57883" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-57883" class="size-medium wp-image-57883" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/thumb-300x199.jpg" alt="Una vista diferente de la Calle Real de San Fernando." width="300" height="199" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/thumb-300x199.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/thumb-768x510.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/08/thumb.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-57883" class="wp-caption-text">Una vista diferente de la Calle Real de San Fernando.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Hablo de edificios, monumentos y paisajes, pero igual podría hacerlo de sus gentes y costumbres. La manera de ser del gaditano, tan liberal y abierto, me encantó. Sin darme cuenta empecé a apreciarlo y a parecerme a él. Esa generosidad y comprensión ante los más diversos problemas me sigue sorprendiendo tantos años después. La manera de hablar, tan diferente a las gentes y pueblos de Jaén, yo procedo de uno de ellos, en concreto de Mengíbar, se me fue metiendo por los poros de la piel, y sin darme cuenta cambié ese -ico con el que terminaba los diminutivos por un -ito que ahora utilizo. Hasta expresiones, como quillo o cañaílla, que al principio me chocaron y parecieron vulgares hoy se me presentan pletóricas de gracia, y, sin duda, un ejemplo de lenguaje natural y autóctono. Yo mismo las utilizo más de una vez.</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de estos veinticinco años he hecho muchas cosas interesantes que difícilmente hubiera desarrollado en otro lugar. Aquí empecé a escribir con más asiduidad y empeño, intentando mejorar estilo y ampliando mi visión de la vida, para ello fue fundamental mi incorporación a la Tertulia Río Arillo, a la que pertenezco desde hace muchos años. Paralelamente llegaron las primeras publicaciones, premios literarios y libros. Aquí aprobé mis oposiciones a Secundaria y hasta he casado a una de mis hijas. En San Fernando compré casa y he trabajado en diversos centros educativos de la ciudad, primero en colegios y después en institutos. Años intensos y fructíferos los vividos aquí. Hasta hice un montón de amigos, a los que quiero como esa familia que no tengo en tierras gaditanas. De algo de lo que me siento especialmente satisfecho fue de mi participación en el Bicentenario, en 2010, donde tuve un papel destacado en algunos de los muchos actos que se desarrollaron en la ciudad. Fue gracias a un encuentro fortuito con Pepe Quintero, coordinador de la Oficina del Bicentenario e impulsor de todas aquellas actividades que buscaron estudiar y revisar la historia para darle a nuestra ciudad ese importantísimo papel que tuvo durante la Guerra de la Independencia y en la apertura, en 1810, de las Cortes en el Teatro Cómico de la ciudad, que aprobarían dos años después, ya en Cádiz, la Constitución de 1812. Podría seguir haciendo un amplio listado con las múltiples actividades culturales en las que he participado durante estos veinticinco años, pero no es este el objeto de mi artículo, sino el de rendir homenaje a una ciudad y a unas gentes que nos acogieron con agrado y cariño, dándonos la oportunidad de crecer profesionalmente y como personas. A cambio yo le he entregado lo mejor de mí, sobre todo el reconocimiento de que es el mejor de los lugares para vivir. Belleza, buen clima, ambiente tranquilo y, sobre todo, la calidez de los isleños para tratar y recibir al forastero así me lo aconsejan.</p>
<p style="text-align: justify;">Empezaba diciendo que en estos días celebro mis bodas de plata con la Real Isla de León, San Fernando. Sirvan estas palabras como declaración de amor hacia una ciudad y una tierra que me han dado la oportunidad de ser feliz.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ramón Luque Sánchez</strong></p>
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