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	<title>Andrés Martín - El Castillo de San Fernando:  Noticias de La Isla</title>
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	<description>Noticias de San Fernando. Periódico digital.</description>
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		<title>Aquellos pequeños templos del cine…</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Mar 2018 19:17:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Jamás podré olvidar la llegada del primer reproductor de video –VHS, cómo no- a mi casa. Corría el mes de noviembre de 1984 y mi emoción fue tal que todavía recuerdo con nostalgia ese momento. Yo, que siempre he sido un fanático seguidor del séptimo arte desde que tengo uso de razón, me estremecía ante [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-75645" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/03/img_20180302_150726-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/03/img_20180302_150726-300x300.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/03/img_20180302_150726-150x150c.jpg 150w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/03/img_20180302_150726-768x768.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2018/03/img_20180302_150726.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Jamás podré olvidar la llegada del primer reproductor de video –VHS, cómo no- a mi casa. Corría el mes de noviembre de 1984 y mi emoción fue tal que todavía recuerdo con nostalgia ese momento.</p>
<p>Yo, que siempre he sido un fanático seguidor del séptimo arte desde que tengo uso de razón, me estremecía ante la posibilidad de poder continuar con mi pasión al calor del hogar.  Yo fui de los últimos de mi pandilla en adherirme a las “nuevas” tecnologías y rápidamente empecé a tomar nota de los pasos a seguir en el nuevo, desconocido y fascinante mundo de los videoclubs…</p>
<p>Que si para alquilar pelis había que hacerse socio… que si para lograr eso había que dejar en depósito una peli en propiedad –entre 5.000 y 10.000 pesetas de la época, nada menos-…</p>
<p>Raudo fui a hablar con mi abuelo Antonio y, a pesar de su cara de estupefacción por el precio de la cinta, fuimos al tan visitado “Hipercor” de Jerez con la condición de que él elegía la película. Yo fantaseaba por el camino con la peli que compraría… ¿sería “La guerra de las galaxias”, “En busca del arca perdida”, “Superman”?... pues no, mi añorado abuelo se decidió –muy cañí él- por “Yo soy fulana de tal”, quizás seducido por la sensual carátula de la bella Concha Velasco. Pero daba igual, aunque nunca habría imaginado que la omnipresente actriz se iba a convertir en la llave de mi felicidad más inmediata.</p>
<p>De la mano de mi abuelo, subí los escasos tres escalones del videoclub “Andalucía” sito en la barriada de las casas de Marina y, mientras él cumplimentaba los pasos para hacerse socio, yo no podía cerrar la boca ante semejante visión. Cientos de carátulas, films de todo tipo que podría devorar en mis, escasos, ratos libres.</p>
<p>A partir de ese día, mi vida y mi casa se llenaron de interminables e inolvidables sesiones continuas en el que todo tipo de género tenía cabida. De Spielberg, Lucas o Stallone pasábamos a los films de Jaimito o Esteso y Pajares. Del cine de aventuras al de destape o al impactante terror de serie B italiano.</p>
<p>Pero no solo me encantaba ver películas, porque para mí ir a alquilar una cinta –o dos, tres o cuatro- formaba parte de un íntimo ceremonial. El tiempo corría veloz en esos pequeños templos del cine donde no me importaba esperar horas a que un cliente devolviese la peli que estaba esperando. Allí la espera era gozosa, me detenía analizando cada carátula y sinopsis. Cómo olvidar aquellas carteleras rojas de José Frade y esas imponentes de la Warner Home Video. Todo era especial en ese pequeño recinto.</p>
<p>Pero, con el paso del tiempo, el “boom” se iba extendiendo y ya era fácil encontrar uno en cada esquina. Además el asunto era cada vez más sofisticado, porque estaba aquel increíble videoclub “Madison” de la Glorieta con su catálogo de serie oro y plata, aquellos otros que te permitían ¡llevarte la cinta a casa con su carátula original! y, cómo no, aquellos que ofrecían cual contrabandista de tabaco películas piratas que estaban en los cines y que solo estaban al alcance de los que éramos clientes asiduos…</p>
<p>Ay, el maravilloso mundo del videoclub… cuánto aprendimos los de mi quinta entre esas entrañables cuatro paredes. Hoy, cuando ser propietario de uno ellos te convierte en un auténtico héroe, no puedo evitar echarlos de menos ante su práctica desaparición.</p>
<p>Paradójicamente, la misma piratería que ellos alimentaron y que tanto daño hizo a los cines -¿quién no tuvo en sus manos aquella mítica copia pirata de “E.T.” donde se escuchaban llantos y el crujir de cáscaras de pipas?- se volvió contra ellos. Llegó internet a finales de los 90 y arrasó todo a su paso.</p>
<p>Y ahora, observando cómo mis hijas acceden a todo tipo de productos audiovisuales con el desdén de quien tiene todo al alcance de un botón, no paro de pensar en lo especial que era aquella época donde nos conformábamos con lo esencial, con el mero hecho de elegir entre cientos de films aquel que pensabas podría encantar a toda la familia en aquellas reuniones, tan en desuso, frente al televisor.</p>
<p>En ciertos aspectos, pienso que estamos abocados a un mundo más impersonal y artificial. Recordando el encanto de los videoclubs, cualquier tiempo pasado fue mejor.</p>
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		<title>Jack Nicholson: Los 80 años del rebelde seductor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 May 2017 11:12:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Hacer balance de una vida tan dilatada como privilegiadamente exitosa resulta una tarea bastante complicada, sobre todo cuando su figura es referencia ineludible para millones de espectadores y una legión de actores que le tienen como un modelo a seguir. El bueno de Jack Nicholson acaba de llegar a unos significativos ochenta años, con un [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-66356" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/05/68a98022762671b82d5acc6ab3fb6ff5-207x300.jpg" alt="" width="207" height="300" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/05/68a98022762671b82d5acc6ab3fb6ff5-207x300.jpg 207w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/05/68a98022762671b82d5acc6ab3fb6ff5.jpg 516w" sizes="(max-width: 207px) 100vw, 207px" />Hacer balance de una vida tan dilatada como privilegiadamente exitosa resulta una tarea bastante complicada, sobre todo cuando su figura es referencia ineludible para millones de espectadores y una legión de actores que le tienen como un modelo a seguir.</p>
<p>El bueno de Jack Nicholson acaba de llegar a unos significativos ochenta años, con un presente enturbiado por un inesperado y voluntario ostracismo que permite elucubraciones no siempre agradables. Pero, sin embargo, parece que todavía tiene fuerzas para un último proyecto, una entrañable despedida a una carrera ejemplar.</p>
<p>Jack, el rebelde seductor de la época más apasionante de Hollywood, el “bon vivant” lujurioso y hedonista que posee el talento por castigo no podía imaginar que su largo camino en busca del éxito tendría recompensa.</p>
<p>Ese joven criado por su hermana y su madre que no supo hasta los treinta y ocho toda la verdad, no vivió una infancia fácil. Abandonado por su padre, desconoció que la vergüenza y la conservadora sociedad americana de la época impedían a su madre –bailarina de striptease- hacer público su embarazo no deseado. Su madre se convirtió en hermana y su abuela en madre a los ojos del pequeño Jack y de un entorno retrógrado. Solo un artículo de investigación de la revista “Time” en 1975 le amargó su reciente celebridad, ya que su madre/hermana había fallecido doce años antes.</p>
<p>Resultó duro su ascenso hacia la cumbre, familiarizándose con el mundo del espectáculo como chico de los recados del departamento de animación de la MGM.  Después, su época de veinteañero la pasó inmerso en la serie “B” pero con la suerte de ser apadrinado por genios incomprendidos de la talla de Roger Corman o Monte Hellman. Cuando toda esperanza parecía perdida, su golpe de suerte le llegó de la mano de un “pirado” inolvidable… el gran Dennis Hopper. Le ofreció a un Jack de ya 31 años un pequeño papel en un film que se convirtió en referencia para una generación de americanos. Las drogas y nuevos aires de libertad marcaban “Easyrider”, un film tan interesante como exitoso y creado tras un rodaje desquiciado y lisérgico, le permitió a Nicholson conseguir una nominación al Oscar como secundario y encontrar su pequeño lugar en el mapa de Hollywood.</p>
<p>Disfrutando de su nuevo estatus, confirmó su talento con una nueva nominación por “Mi vida es mi vida” de su gran amigo Bob Rafelson y comenzó a tomar erráticas decisiones fruto de su rebeldía contra esa industria que empezaba a engatusarle. Rechazar papeles en “El padrino” y “El golpe” –Pacino y Redford deben estar agradeciéndoselo todavía- fue un error, pero él se guiaba por un instinto que jamás le falló. Prefirió papeles en películas menos comerciales y la jugada le salió a la perfección.</p>
<p>Con “El último deber” de Hal Ashby consiguió el premio al mejor actor en Cannes y su figura se agrandó súbitamente en todo el  mundo.  Su famoso olfato le llevó hasta una de las obras claves para entender su grandeza… “Chinatown”.</p>
<p>La obra maestra de Polanski le permitió entablar una férrea amistad con el director polaco –no olvidemos que la tan comentada “presunta” violación de éste a una menor en 1977 fue en casa de Jack-, sufrir los arranques de diva de FayeDunaway durante el rodaje y conocer a AnjelicaHuston gracias a compartir cartel con su padre.</p>
<p>Tras quedar prendado de la hija del célebre director, parecía real la posibilidad de que Jack pudiese sentar la cabeza y abandonar su fama de mujeriego impenitente… pero fue solo un espejismo. Más de quince años de idas y venidas, de tempestuosa relación, un amor/odio que marcó a nuestro protagonista para siempre hasta el punto de prometer en 1987 a un John Huston casi moribundo que siempre cuidaría de ella… hasta que dejó embarazada a la modelo –y simulacro de actriz- Rebeca Broussard en 1989 y ahí acabó todo.</p>
<p>Pero si hay una película por la que siempre será recordado el gran Jack esa es, sin duda, “Alguien voló sobre el nido del cuco”. Milos Forman supo sacar su lado más gamberro y atrevido, permitiéndole improvisar diálogos –la entrevista con el director del centro al comienzo del film, sin ir más lejos- y desplegar toda su fuerza y talento en pos de una de las interpretaciones más grandes de la historia del cine que irremediablemente marcaría su carrera.</p>
<p>Con ella llegó el ansiado Oscar y una época en la que, instalado en la cima de Hollywood, comenzó a labrar su leyenda. Trabajaba con quien le apetecía sin reparar en la calidad del producto, por lo que su carrera se resintió… no así su prestigio, que no paraba de crecer.</p>
<p>Trabajó en estos años junto a Marlon Brando, Robert de Niro y Robert Mitchum y bajo las órdenes de Arthur Penn o Elia Kazan, pero “Missouri” o “El último magnate” resultaron ser films fallidos que no le merecían.</p>
<p>Era tan enorme su poder en la industria que incluso se atrevió a dirigirse por primera vez en aquel olvidable western llamado “Camino del sur” junto a sus amigos Danny de Vito, Christopher Lloyd y John Belushi. Su carrera iba por mal camino, hasta que llegó Stanley Kubrick y todo volvió a su sitio.</p>
<p>En la primavera de 1978 el maestro recluyó a Jack y todo su equipo durante más de un año para rodar la adaptación de una novela de Stephen King llamada “El resplandor”.  El film que, con el paso de los años, se ha convertido en uno de los grandes clásicos del terror, tuvo un rodaje tortuoso que puso a prueba a todo el que intervino. Nicholson acababa exhausto cada día de rodaje, aunque soportó la presión mucho mejor que una Shelley Duvall que casi pierde el cabello y la cordura durante aquel largo año.</p>
<p>Trabajar con un maestro de la talla de Kubrick nos permitió observar una nueva dimensión en la capacidad interpretativa de Nicholson. Su poderosa presencia en la pantalla no le abandonaría en el resto de su carrera… aunque conservara algunos tics para siempre.</p>
<p>Los 80 fueron grandes para Jack, alternando premios y éxitos de taquilla. Pero dos de sus films de esa década provocaron un profundo impacto entre el público: “La fuerza del cariño” y “Batman”.</p>
<p>La primera nos mostró el lado más sensible, cómico y entrañable del actor… eso sí, en la pantalla. Fuera de ella se dedicaba a provocar a la MacLaine paseándose medio desnudo por el set de rodaje e improvisando sus diálogos para cabreo de la inolvidable actriz. Pero Nicholson estaba en estado de gracia y su fabulosa interpretación le reportó su segundo Oscar.</p>
<p>Lo del “Batman” de Tim Burton ya fue otro cantar. Firmó con la Warner uno de los acuerdos económicos más lucrativos de todos los tiempos, reservándose un jugoso porcentaje sobre recaudación en taquilla que le permitió obtener al final ¡sesenta millones de dólares! de la época. En un papel que le birló a Robin Williams en el último momento, su Joker se convirtió en una carismática y disfrazada versión del Jack Torrance de “El resplandor”, convirtiéndose en pieza imprescindible de un film que bajaba muchos enteros cuando él no aparecía en pantalla.</p>
<p>Llegaban los 90 y el bueno de Jack no tenía nada que demostrar. Con dos Oscar, su inmenso prestigio intacto y la cuenta corriente a rebosar, se dedicó a emprender proyectos muy puntuales junto a grandes amigos. Bob Rafelson, Danny de Vito, Sean Penn, Mike Nichols o Tim Burton se beneficiaron de la presencia de la estrella para ennoblecer productos no siempre de gran calidad. Cuando parecía que lo anodino impregnaba la carrera de un ya maduro Jack, llegó otro buen amigo –James L. Brooks- y le regaló uno de los hitos de su carrera: “Mejor…imposible”.</p>
<p>Su Melvin es de esos personajes que marcan época, un personaje antipático que Jack convirtió en irresistible para el gran público. El borde pero entrañable neurótico disipó las dudas de un Nicholson que temía que el personaje rechazado por la audiencia… nada más lejos de la realidad. Este clásico moderno le permitió conseguir su tercer Oscar y otro inmenso éxito de taquilla en un género y momento inesperado.</p>
<p>El nuevo siglo llegó y con él recuperamos al mejor Nicholson. Films como “El juramento”, “A propósito de Schmidt”, “Cuando menos te lo esperas” o “Infiltrados” nos mostraban a un inmenso actor que impartía clases magistrales entre sus compañeros de reparto.  Pero de repente, hace ya siete años, nuestro adorado Nicholson decidió que su carrera quedara en segundo plano. Sospechosamente, sus abundantes y divertidas apariciones públicas se espaciaban demasiado en el tiempo y optaba por recluirse en su mansión.</p>
<p>No se sabe a ciencia cierta lo que le ocurre, aunque la sombra del Alzheimer planea de manera insistente. El proyecto anunciado hace un par de meses del remake de la alemana “Toni Erdmann” nos da esperanzas de recuperarle, aunque sea por última vez.</p>
<p>Pero si el proyecto no se lleva a cabo, su leyenda permanecerá inamovible de igual manera. Crecí admirando su inimitable manera de actuar, su irresistible carisma y su inmensa fuerza en la pantalla. Tras décadas regalándonos momentos inolvidables solo decirte que, por si no te vuelvo a ver, gracias por tanto…</p>
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		<title>“Y al final, Bonnie &#038; Clyde se comieron el marrón…”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Feb 2017 17:10:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Una de las ceremonias de los Oscar más planas, monótonas y previsibles que recuerdo nos tenía reservado como colofón uno de los momentos más surrealistas, bochornosos y delirantes de toda la historia de la gala. Y es que a la Academia le pareció una excelente idea que, conmemorando el 50 aniversario del estreno del clásico [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-63609" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/02/20170227073049-kvdd-u42172027516qgg-992x558lavanguardia-web-300x203.jpg" alt="" width="300" height="203" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/02/20170227073049-kvdd-u42172027516qgg-992x558lavanguardia-web-300x203.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/02/20170227073049-kvdd-u42172027516qgg-992x558lavanguardia-web-768x521.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2017/02/20170227073049-kvdd-u42172027516qgg-992x558lavanguardia-web.jpg 807w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Una de las ceremonias de los Oscar más planas, monótonas y previsibles que recuerdo nos tenía reservado como colofón uno de los momentos más surrealistas, bochornosos y delirantes de toda la historia de la gala.</p>
<p>Y es que a la Academia le pareció una excelente idea que, conmemorando el 50 aniversario del estreno del clásico “Bonnie and Clyde”, los legendarios Warren Beatty y Faye Dunaway entregaran el premio al mejor film del año… pero no contaban con la enorme metedura de pata de un miembro de la consultora “PriceWaterhouseCoopers” –sí, esa con nombre tan “recordable” con la que el “coleta” se hizo el lío durante el debate electoral- que no tuvo mejor acierto que entregarle a Beatty el sobre de repuesto a la mejor actriz…</p>
<p>El bueno de Warren ni corto ni perezoso, en su mejor interpretación en el último cuarto de siglo, le encasqueta la tarjeta a la despistada y confiada Dunaway para que se cubra de gloria… y ella obvia a Emma Stone y se queda con el título de la película… vamos, de traca.</p>
<p>Confusión, bromas, cabreos… este momentazo ayudó a que la gala no pasara sin pena ni gloria, pero fue una injusta puñalada a la verdadera damnificada… que no es otra que “La La Land”.</p>
<p>Cómo ganar seis premios y, aún así, tener el agridulce regusto de una derrota. En el año en el que parecía que toda la comunidad de Hollywood la iba a emprender a palos de manera inmisericorde con el ínclito y siniestro Trump, al final descubrimos que estaban mucho más preocupados por “restablecer” el honor y quitarle el cabreo del año pasado a la comunidad afroamericana. Si no, sería imposible entender cómo los Oscars a los secundarios fueron a sus manos y “Moonlight”, un poderoso drama sobre drogas, bullying, homosexualidad y sinceros y creíbles retratos marginales, le birló al famoso musical la gloria que le faltaba para redondear la noche.</p>
<p>Sí, “Moonlight” es una estupenda película pero “La La Land” consigue recordarnos el poder evocador del séptimo arte. En una época en la que ya escasean películas que hacen soñar, ella reivindica una forma de transmitir sensaciones que ya parecía en desuso. La obra de Chazelle es magia plano por plano, una arrebatadora y fascinante demostración que en el cine no todo se hace por la taquilla, aunque al final las cosas bien hechas tienen su recompensa en forma de largas colas en los cines…</p>
<p>Pues no, Trump salió de rositas en una noche tibia hacia su figura en el que la industria dejó que se “mojaran” extranjeros como Gael García Bernal y el oscarizado iraní Asghar Farhadi… pero poco más. Entre bostezos asistimos a premios muy repartidos, a la resurrección de un Mel Gibson al que le saben a gloria los dos Oscars de “Hasta el último hombre” y a la certeza de que el Affleck bueno –al menos como intérprete- es Casey y no Ben, por mucho que su carrera había pasado desapercibida para el gran público hasta este momento.</p>
<p>Poco para recordar –se lo tenían guardado para el final-, pocos estímulos para convencernos de argumentos que justifiquen el glamour y la influencia de Hollywood en nuestras vidas. Pero barriendo para casa –y esa para mí es la “ciudad de las estrellas”- es reseñable que ese genio llamado Damien Chazelle haya logrado alzarse con el galardón al mejor director y, de paso, batir el récord de precocidad. Con solo 32 años confirma las expectativas de todos aquellos que nos maravillamos con su “Whiplash” hace un par de años. Ya advertí en su momento que se nos venía encima algo muy grande… y mi olfato no me defraudó.</p>
<p>Y, cómo no, el único momento por el que mereció la pena trasnochar fue asistir a la coronación de Emma Stone como la nueva “novia de América” y, si me apuran, del mundo…</p>
<p>Su belleza, estilo e irresistible voz grave inundaron el auditorio para recordarnos que esto es realmente lo que demanda el público. Una actriz con el aura de las grandes, de las de toda la vida, que rebosa encanto y enamora con solo un gesto de su rostro, de sus ojos…</p>
<p>Y poco más lo reseñable de una gala mediocre, con una agridulce triunfadora que fue la salsa de una cita con escaso sentido del entretenimiento. Ya me imagino a Trump, con risa sarcástica, afirmando que él posee un mayor sentido del espectáculo… y por triste que sea, no le faltaría razón…</p>
<p>Foto la Vanguardia</p>
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		<title>Aquel inolvidable cine de verano…</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Dec 2016 10:40:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Existen recuerdos imborrables, hechos que marcan toda una vida y definen una personalidad. Yo no sería la misma persona sin aquellos veranos de comienzos de los 80, aunque mi historia no es solo personal o ceñida a un ámbito exclusivamente local sino que es fácilmente reconocible y extrapolable a cualquier lector o ciudad y pueblo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_61682" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-61682" class="size-medium wp-image-61682" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/12/cine-madariaga-2-300x182.jpg" alt="Cine Madariaga." width="300" height="182" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/12/cine-madariaga-2-300x182.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/12/cine-madariaga-2.jpg 388w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><p id="caption-attachment-61682" class="wp-caption-text">Cine Madariaga.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Existen recuerdos imborrables, hechos que marcan toda una vida y definen una personalidad. Yo no sería la misma persona sin aquellos veranos de comienzos de los 80, aunque mi historia no es solo personal o ceñida a un ámbito exclusivamente local sino que es fácilmente reconocible y extrapolable a cualquier lector o ciudad y pueblo de nuestro país.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi amor por el cine tiene muchos “culpables” pero el cine de verano “Madariaga” es, sin duda, uno de ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">Eran tiempos en los que ver cine suponía para mí todo un acontecimiento –sensación que, afortunadamente, no he perdido todavía- cuando la simple idea de encontrarme frente a esa imponente pantalla  lo era todo para mí.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras mi abuela Marina preparaba una sabrosa tortilla de patatas para el imprescindible bocata envuelto en papel “Albal”, mi abuelo Antonio solía contarme anécdotas de ese majestuoso cine de verano y de cómo lo conoció –y disfrutó- veinte años atrás. “Andy, coge la rebequita que hoy refresca” decía mi abuela mientras yo ardía en deseos de salir ya “pitando”.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegar a los alrededores del “Gran Cinema Madariaga” te permitía ser testigo de una gozosa celebración del séptimo arte. La inmensa cola doblaba la esquina y llegaba hasta la calle Calatrava, aunque la espera para mí nunca fue un problema porque podía admirar detenidamente la enorme cantidad de carteles que decoraban su interminable fachada.</p>
<p style="text-align: justify;">Veinte duros, un programa doble. Más de cuatro horas junto a mis abuelos en ese lugar admirable y sentado en esas “inolvidables” sillitas de madera… sarna con gusto no pica.</p>
<p style="text-align: justify;">Me sentía un pequeño privilegiado de ocho años, feliz de compartir mi pasión junto a tantos espectadores que poblaban cada noche el patio de butacas. Y el clímax se alcanzaba al iniciarse la proyección en esa pantalla de más de 300 metros cuadrados, donde mis sueños también se proyectaban en su inmensidad, el lugar donde más he disfrutado de mi pasión favorita…</p>
<p style="text-align: justify;">Y crecí durante aquella época riendo sin parar con Cantinflas y su peculiar forma de entender el humor, con Bud Spencer y Terence Hill haciendo del “mamporro” un arte y con esos clásicos Disney que nunca me han dejado de maravillar, incluida “La dama y el vagabundo” o, más bien, la sesión de cine más multitudinaria a la que he asistido en toda mi vida…</p>
<p style="text-align: justify;">Mi asistencia era prácticamente diaria, poco importaba lo que estuviera en cartel. No le hacía ascos a nada, sin importar el género o la calidad… sí, la serie “B” en estas circunstancias también tenía su encanto.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero mi “santuario” cinematográfico duró poco, solo un par de veranos más. La impactante irrupción de los videoclubs y la golosa parcela donde se ubicaba lo abocaron al cierre. Resulta paradójico y cruel que su poderosa convocatoria decayera en pos del disfrute del cine en los terribles televisores de la época y, cómo no, por la inevitable búsqueda del lucro inmobiliario.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy en día, en el que parece que ir frecuentemente al cine te convierte en un bicho raro, sigo pasando por esa zona de mi ciudad y mi mente, inevitablemente, vuela. Todavía me parece ver aquella taquilla rodeada de una multitud en la búsqueda de una entrada y a mí mismo junto a los añorados abuelos. Desgraciadamente, tengo que echarle mucha imaginación porque delante de mí solo tengo un buen puñado de bloques de viviendas y ya ni siquiera tengo a mi izquierda el inolvidable campo de fútbol.</p>
<p style="text-align: justify;">Solo tengo cuarenta y tres años, aunque mis hijas me dicen que cuento “batallitas”. Pero ellas no saben lo divertido que era escuchar la película en media ciudad cuando saltaba el viento de levante ni sentirse apabulladas ante una gran pantalla, cuando ahora los “minicines” abundan por doquier.</p>
<p style="text-align: justify;">Tiempos irrepetibles en los que era sagrada la liturgia de esa ceremonia llamada cine. Pero yo estuve allí, lo viví… y me siento un privilegiado.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>&#039;Aquel Lejano 1987…&#039;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Sep 2016 15:50:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Tras un verano infame en cuanto a calidad cinematográfica y con la triste sensación de que las buenas ideas escasean alarmantemente en el séptimo arte, con una cartelera plagada de secuelas, “remakes” y “reboots”, tengo la añoranza de otros tiempos pasados no necesariamente mejores en lo personal pero sí en lo que respecta a mi [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-58288" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/1987-300x170.jpg" alt="El Castillo de San Fernando 1987" width="300" height="170" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/1987-300x170.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/1987-768x434.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/09/1987.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" />Tras un verano infame en cuanto a calidad cinematográfica y con la triste sensación de que las buenas ideas escasean alarmantemente en el séptimo arte, con una cartelera plagada de secuelas, “remakes” y “reboots”, tengo la añoranza de otros tiempos pasados no necesariamente mejores en lo personal pero sí en lo que respecta a mi gran pasión.</p>
<p style="text-align: justify;">El otro día recordé lo importante que fue el año 1987 en mi relación con el cine, época en la que descubrí de la manera más inesperada que ya no podría ni sabría vivir sin él.</p>
<p style="text-align: justify;">Compartiendo con vosotros vivencias personales, os confieso que en el verano de aquel año tuve que volver por motivos familiares a Las Palmas de Gran Canaria, donde nací, pero donde me encontré desde el primer día totalmente solo y desubicado. Cumplía yo los 14 años y en San Fernando (Cádiz) debí dejar, de manera traumática, a mis amigos y compañeros de clase. Debo reconocer que en aquellos duros días solía dar vueltas solo para familiarizarme de nuevo con una ciudad que no pisaba desde hacía siete años, intentando que mi negativa visión de la realidad pudiese cambiar.</p>
<p style="text-align: justify;">Un día, afortunado, me topé con un edificio que me pareció inmenso. Asomé la cabeza y descubrí un cine repleto de salas –en aquella época, comprobar que tenía seis me pareció el no va más- , un “templo” repleto de carteleras en el que se agolpaba una multitud haciendo cola.  Esa fuente de fascinación me la creó el extinto multicines “Royal” en pleno centro de la ciudad. De repente, todos mis sinsabores quedaron a un lado y me dejé llevar por el magnetismo de esa fabulosa casa del cine. Pocos días más tarde, al descubrir el otro multicines de la ciudad – el “Galaxy´s”, también con seis salas- mi excitación se disparó hasta el infinito.</p>
<p style="text-align: justify;">En apenas cuatro meses, hasta el final de ese año, devoré la oferta cinematográfica y tuve el placer de ver en pantalla grande a Schwarzenegger luchando contra el temible depredador, a Nicholson como ese diablillo cachondo que engatusaba a unas encantadoras “brujas” y, por supuesto, a un anonadado Danny Glover tras conocer que su nuevo compañero era el inestable pero carismático Mel Gibson.</p>
<p style="text-align: justify;">En aquella época deseaba terminar mis obligaciones para poder volver a esa mágica sala oscura en la que disfrutar de Costner y Connery luchando contra un pérfido De Niro en plena “Ley seca”, asombrarme ante el impactante policía-robot de Verhoeven o reír a carcajadas con la inolvidable parodia del universo “Star wars” que se le ocurrió al bueno de Mel Brooks…</p>
<p style="text-align: justify;">Por aquel entonces al “nuevo” le costaba hacer amigos, pero a mí eso dejaba de importarme en el momento en el que veía fascinado como Íñigo Montoya avisaba al asesino de su padre de una muerte inminente o era testigo de cómo Mickey Rourke era arrastrado al infierno por un demoníaco De Niro, que le quitaba la cáscara a un huevo como nadie…</p>
<p style="text-align: justify;">Poco a poco me fui adaptando, nunca del todo eso sí, hasta que fui conociendo a grandes amigos que todavía hoy lo siguen siendo, pero mi pasión por el cine nunca desapareció. La magia, que ya me había engatusado desde muy pequeño, se acrecentó en esos ya lejanos últimos cuatro meses de 1987.</p>
<p style="text-align: justify;">Y todo esto lo recordé hace unos días, haciendo balance de este lastimoso estado del cine actual. De todas las películas que me emocionaron en aquella época ninguna era secuela o “remake”, solo ingeniosas y originales maneras de maravillar a un niño de 14 años.</p>
<p style="text-align: justify;">Me da mucha pena la constante pérdida de interés por esa ceremonia que siempre supuso para mí el hecho de entrar en un cine, pero puedo entenderlo por la continua escasez de ideas y los altos precios. El cine como yo lo concibo languidece, pero no seré yo quien colabore con su defunción. Afortunadamente a mis hijos les maravilla como a mí, algo que me hace sentir orgulloso.</p>
<p style="text-align: justify;">En aquel lejano 1987 el séptimo arte dulcificó uno de los peores momentos de mi vida y eso, como debe hacerse con los buenos amigos, hay que agradecerlo eternamente.</p>
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		<title>“Leo Dicaprio: la estrella que sobrevivió al Titanic”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 May 2016 09:37:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Mark Hammil, Sam Worthington, Linda Blair, Carrie Fisher, Hayden Christensen, Henry Thomas… la historia del cine está plagada de jóvenes actores a los que les fue imposible desembarazarse del estigma que en ocasiones produce protagonizar un inmenso éxito popular. Actores cuya bisoñez o escaso talento les impidió convencer al público en otros roles alejados del [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-54904" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/05/leonardo-dicaprio-actor-wide-wallpaper-51344-53042-hd-wallpapers-300x200.jpg" alt="leonardo-dicaprio-actor-wide-wallpaper-51344-53042-hd-wallpapers" width="300" height="200" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/05/leonardo-dicaprio-actor-wide-wallpaper-51344-53042-hd-wallpapers-300x200.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/05/leonardo-dicaprio-actor-wide-wallpaper-51344-53042-hd-wallpapers-768x512.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/05/leonardo-dicaprio-actor-wide-wallpaper-51344-53042-hd-wallpapers.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" />Mark Hammil, Sam Worthington, Linda Blair, Carrie Fisher, Hayden Christensen, Henry Thomas… la historia del cine está plagada de jóvenes actores a los que les fue imposible desembarazarse del estigma que en ocasiones produce protagonizar un inmenso éxito popular. Actores cuya bisoñez o escaso talento les impidió convencer al público en otros roles alejados del personaje que les hizo célebres, devorados por la inmisericorde maquinaria de Hollywood.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero hay algunas excepciones, actores que consiguen que su carrera se vea más reforzada que perjudicada por el enorme éxito de un film. Intérpretes talentosos que saben utilizar en su propio beneficio una fama inesperada. De ellos, el más célebre es Leonardo DiCaprio.</p>
<p style="text-align: justify;">Este cuarentón de cara aniñada y con sangre rusa, alemana, americana e italiana en sus venas es hoy en día la mayor estrella de Hollywood. Y no solo por su flamante y reciente Oscar, ya que desde el monumental éxito de “Titanic” ha sabido imprimir a su carrera un marchamo de calidad no exento de interés comercial. Su nombre en el cartel es sinónimo de éxito, un elegido del destino…</p>
<p style="text-align: justify;">Y ese destino ya parecía escrito desde el mismo momento en el que su madre le bautizó como Leonardo, tras recibir en su vientre una patadita de nuestro protagonista mientras admiraba una obra del genio italiano.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa presunta vertiente artística se hizo patente en sus primeros pinitos ante una cámara con varios spots televisivos que derivaron en apariciones en series americanas, siendo su participación en la recta final de “Los problemas crecen” la que más notoriedad obtuvo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero todo cambió en 1992, cuando fue seleccionado para protagonizar una película de bajo presupuesto junto a un por entonces poco conocido Johnny Depp y la pujante Juliette Lewis. El film se llamaría “¿A quién ama Gilbert Grape? una pequeña joya de Lasse Hallström, quien quedó asombrado por la expresividad de los ojos y el rostro del joven actor. Pero no fue el único que quedó prendado con nuestro protagonista ya que la actriz Mary Steenburgen, coprotagonista del film, estaba decidida a pagarle el sueldo de su propio bolsillo si ese fuera el impedimento para que trabajase en el film.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy en día esta obra es ya objeto de culto, consiguiendo Leo su primera nominación al Oscar como secundario y logrando así que su nombre comenzara a sonar con fuerza en la jungla de Hollywood.</p>
<p style="text-align: justify;">En los años posteriores, su experiencia aumentó gracias a su participación en films alejados del circuito comercial como “Diario de un rebelde” o “Vidas al límite” con la excepción de “Rápida y mortal”, curioso western en el que tuvo la oportunidad de trabajar a las órdenes de Sam Raimi y junto a la entonces todopoderosa Sharon Stone.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero la película que le convirtió en estrella fue la peculiar adaptación que hizo Baz Luhrmann del “Romeo y Julieta” de William Shakespeare, producto atípico pero que supo conectar con la audiencia más joven y que hizo de DiCaprio y Claire Danes unos actores reconocibles por el gran público.</p>
<p style="text-align: justify;">Saboreando este notable éxito se embarcó –nunca mejor dicho- en el proyecto que le cambió la vida: “Titanic”. Y eso a pesar de que en principio James Cameron prefería a Matthew McConaughey para el papel, aunque al final fue nuestro protagonista quien afrontó uno de los rodajes más largos y duros que se recuerdan. Pero tan agotador trabajo tuvo sus -inesperados- frutos porque nadie contaba con el arrasador éxito que obtuvo el film.</p>
<p style="text-align: justify;">De la noche a la mañana, Leo era una celebridad cuya imagen decoraba las paredes y carpetas de jóvenes de medio mundo. Y este es el momento en el que DiCaprio comienza a mostrar una inteligencia por encima de la media.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando lo más fácil era dejarse arrastrar por el fenómeno fan en productos olvidables, estrenó las previamente rodadas “Celebrity” junto a Woody Allen y “El hombre de la máscara de hierro” para tomarse un tiempo de reflexión y finalmente protagonizar “La playa” bajo las órdenes del director de “Trainspotting” Danny Boyle. Pero lo que verdaderamente marcó la carrera de DiCaprio fue trabajar en el espacio de un año con nada menos que Martin Scorsese y Steven Spielberg. El comienzo de siglo y su futura carrera no podían ser más prometedores.</p>
<p style="text-align: justify;">“Gangs of New York” fue la primera colaboración con Scorsese e incluso redujo su salario para poder formar parte del proyecto. Trabajar junto a Daniel Day-Lewis fue una experiencia enriquecedora para él, al igual que compartir cartel junto a Tom Hanks en la taquillera “Atrápame si puedes”.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras el enorme éxito de ambos films en 2002, podía afirmar que su lugar en la industria estaba ya más que asentado y podía afrontar cualquier proyecto que desease.</p>
<p style="text-align: justify;">Y así fue, ya que repitió con Scorsese en “El aviador” encarando un personaje tan complejo como el del magnate Howard Hughes. Con una interpretación muy superior al irregular resultado final de la película, logró el primero de sus tres Globos de oro.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro de los momentos fundamentales en su carrera fue incorporarse al reparto de “Infiltrados” junto a Matt Damon, Mark Whalberg y Jack Nicholson. Curiosamente fue el propio DiCaprio, junto a Scorsese y el guionista William Monahan, quien convenció al gran Nicholson para que participara en el proyecto, tras varias reticencias iniciales.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras reencontrase con Kate Winslet en la magnífica e infravalorada “Revolutionary Road” y colaborar por cuarta vez con Scorsese en la taquillera pero decepcionante “Shutter island”, Leonardo DiCaprio marcó otro hito en su carrera tras protagonizar “Origen” de Christopher Nolan.</p>
<p style="text-align: justify;">Este director, por entonces la nueva sensación de la industria debido al fabuloso éxito comercial y artístico de “El caballero oscuro”, le permitió encabezar una superproducción de envergadura y un reparto de campanillas. Además la historia rebosaba imaginación, originalidad, misterio… y el resultado final fue un éxito de taquilla apabullante.</p>
<p style="text-align: justify;">El nombre de DiCaprio, a comienzos de esta década, ya era sinónimo de calidad y enriquecía cualquier proyecto en el que se embarcara... pero el Oscar seguía sin llegar.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras trabajar con Clint Eastwood en “J. Edgar” y con Tarantino en la magistral “Django desencadenado” –en un papel impactante que seguía elevando su categoría como intérprete- llegó el momento de regresar con su adorado Scorsese y encarar el enormemente complejo proyecto de “El lobo de Wall Street”.</p>
<p style="text-align: justify;">Y digo complejo porque plasmar las peripecias de Jordan Belfort no era una empresa fácil. Él llevo sobre sus hombros el peso total de un film de tres horas tan rebosante de adrenalina como de genialidad, asombrando al mundo con una interpretación tan rica en matices que todos le colocaban como favorito para el Oscar. Pero casualmente fue Matthew McConaughey, que casi le quita el papel en “Titanic”, quien finalmente le birló el Oscar por su estupenda y también compleja interpretación en “Dallas buyers club”.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni corto ni perezoso se embarcó en el nuevo proyecto de Alejandro González Iñárritu, “El renacido”, demostrando en cada uno de sus planos su hambre de Oscar. Pocas interpretaciones recientes pueden presumir de ser tan intensas y físicas, no necesitando excesivos diálogos para conectar con un espectador que se refugia en Leo para no dormirse en varios pasajes del film.</p>
<p style="text-align: justify;">Y estaba cantado, el Oscar llegó y con él la gloria absoluta para un tipo inteligente que sabe escoger sus proyectos como ningún otro en la industria, que trabaja con los mejores logrando enormes éxitos de taquilla en cualquier tipo de género. Cuarenta y un años y ya parece todo un veterano curtido en mil batallas. Pero sigue conservando esa mirada aniñada que nos recuerda a ese jovenzuelo con el que hemos crecido, y que a mí ya me parece uno de los grandes… y no exagero.</p>
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		<title>“Oscars 2016: Un lunar entre tanto acierto”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Feb 2016 20:34:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Venía esta gala precedida de esa absurda controversia por la ausencia de gente de color entre los nominados. Ya sabemos que todo se magnifica al otro lado del Atlántico y son los primeros en dramatizar y estirar situaciones que, realmente, no dan para más. Chris Rock no es Billy Cristal, y su monólogo inicial más [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-51186" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/02/di-300x194.jpg" alt="di" width="300" height="194" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/02/di-300x194.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/02/di-768x496.jpg 768w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2016/02/di.jpg 864w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" />Venía esta gala precedida de esa absurda controversia por la ausencia de gente de color entre los nominados. Ya sabemos que todo se magnifica al otro lado del Atlántico y son los primeros en dramatizar y estirar situaciones que, realmente, no dan para más. Chris Rock no es Billy Cristal, y su monólogo inicial más que hilarante fue consecuente. Dedicarse a quitarle hierro al asunto fue el primer gran acierto de una gala terriblemente soporífera.</p>
<p style="text-align: justify;">En una ceremonia carente de ritmo, solo podíamos agarrarnos a la esperanza de que la Academia hiciera justicia y premiara a todos aquellos a quienes despreció a lo largo de los años. Y la verdad es que casi lo consigue… casi.</p>
<p style="text-align: justify;">Decir que la gran triunfadora de la noche fue “Mad Max: Furia en la carretera” es simplemente quedarse en un análisis superficial. Cierto es que consiguió seis estatuillas, todas ellas de carácter técnico, siendo un botín excesivo para un film de impecable factura pero bastante sobredimensionado. No deja de ser un, a ratos, entretenido film de acción pero también peca de una tendencia al exceso que lastra sus buenas intenciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Y voy a dejar de centrarme estrictamente en el palmarés porque esta ceremonia será recordada por momentos puntuales. Esos en los que se abrieron de par en par las puertas de la industria en forma de reconocimiento a dos jóvenes actrices como son Brie Larson y Alicia Vikander. La primera, con su premio a actriz principal, demuestra un talento espectacular encerrado en un film pequeño como es “La habitación”, que bien podía haber pasado injustamente desapercibido. La segunda es la salsa de un film pretencioso y lánguido como “La chica danesa”. Solo la fuerza y carisma de la Vikander salva la función del ridículo absoluto.</p>
<p style="text-align: justify;">Si hablamos de momentos, siempre recordaremos al gran Ennio Morricone y su premio tan merecido como tardío. Que el viejo maestro gane con 85 años por una banda sonora estimable pero muy alejada de sus grandes obras, no deja de ser una ironía y un agradable ajuste de cuentas.  “Cinema paradiso”, “El bueno, el feo y el malo”, “La misión”, “Erase una vez en América”, “Sacco y Vanzetti”… argumentos hubo de sobra durante décadas para rendir pleitesía a uno de los grandes, antes de reconocerle su valía a toda prisa y en tiempo de descuento – y no me vale como argumento el oscar honorífico de hace casi una década-.</p>
<p style="text-align: justify;">Que Leo DiCaprio obtuviera el oscar por su monumental interpretación en “El renacido” era de esperar, colocando en el sitio que corresponde a un fantástico actor que desde su irrupción en 1993 con “¿A quién ama Gilbert Grape?” lleva demostrando que es uno de los grandes de la era moderna. Tan inteligente a la hora de elegir sus papeles como por no dejarse engullir por el inmenso éxito de “Titanic” cuando solo era un imberbe veinteañero -¿hablamos de Mark Hammil o Sam Worthington?-.</p>
<p style="text-align: justify;">Leo es la única razón para admirar “El renacido”. Su poderosa interpretación disimula las carencias de un film que no tenía el empaque para coronarse como mejor film del año y ese fue otro de los grandes aciertos de la Academia en esta edición.  En un giro sorprendente, cuando todos contaban con el cuarto oscar para la película de Iñárritu –dos premios consecutivos, algo con lo que reflexionar detenidamente-, saltó la sorpresa al nombrarse “Spotlight” como mejor película.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es que “Spotlight” siempre fue mi favorita. Cine potente, desnudo, sin trampa ni cartón. Un magnífico film con un guión de hierro –justamente premiado- y que posee un puñado de actores –y recalco lo de actores por encima de estrellas- que dan un recital que nos reconcilia con el buen cine.  Como dato anecdótico que la película que obtiene el premio gordo se lleve tan escaso botín no sucedía desde 1952, año en el que “El mayor espectáculo del mundo” de Cecil B. DeMille consiguió precisamente los oscars a película y guión.</p>
<p style="text-align: justify;">Y entre tan afortunado ajuste de cuentas, no podía obviar el enorme lunar de esta edición. Que Sylvester Stallone no consiguiera el oscar por su maravillosa interpretación en “Creed” es una injusticia y una afrenta. Y no voy a entrar en que el film merecía un puñado de nominaciones más –que hubiera sido lo normal, viendo la terna de películas en la categoría principal-, solo me centraré en la categoría de mejor secundario. Tras ganar más premios que nadie durante estos meses, con el galardón de la crítica americana y el Globo de oro incluidos, por una interpretación tan magnífica como cálida y entrañable nos encontramos con la desagradable sorpresa de ver a Mark Rylance subiendo al escenario. Rylance es un reputado actor de teatro con apenas diez películas en su haber y su interpretación en “El puente de los espías” es tan correcta como fría. Mientras que Stallone es una enorme estrella desde hace cuarenta años y su Rocky Balboa ya forma parte de nuestras vidas de una forma u otra, de “El puente de los espías” y Rylance ya apenas nadie se acuerda pocas semanas de haber estado en cartel.</p>
<p style="text-align: justify;">Cosas de la Academia… ya veremos el próximo año. Que se preocupen de no aburrir al personal…</p>
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		<title>“Rocky Balboa: entre el milagro y la leyenda”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Nov 2015 14:59:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Cleveland, 24 de Marzo de 1975. Muhammad Ali y Chuck Wepner combaten por el título mundial de los pesos pesados. El primero venía de agrandar su leyenda tras su mítica victoria contra Foreman, mientras que Wepner era un veterano boxeador semi desconocido que aún estaba sorprendido por la invitación del gran campeón a luchar contra [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/11/creed.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="creed" data-rl_caption="" title="creed"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-47417" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/11/creed-211x300.jpg" alt="creed" width="211" height="300" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/11/creed-211x300.jpg 211w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/11/creed.jpg 509w" sizes="auto, (max-width: 211px) 100vw, 211px" /></a>Cleveland, 24 de Marzo de 1975. Muhammad Ali y Chuck Wepner combaten por el título mundial de los pesos pesados. El primero venía de agrandar su leyenda tras su mítica victoria contra Foreman, mientras que Wepner era un veterano boxeador semi desconocido que aún estaba sorprendido por la invitación del gran campeón a luchar contra él. Nadie daba un dólar por el aspirante, pero en una de las demostraciones de pundonor más recordadas de la historia del boxeo logró aguantarle quince asaltos al campeón, siendo noqueado a escasos veinte segundos del final del combate. Entre el asombrado público se encontraba un joven actor de 29 años,  prácticamente desconocido, que tras la pelea corrió a su casa con una brillante idea en la cabeza. Su nombre era Sylvester Stallone.</p>
<p style="text-align: justify;">Stallone veía como su carrera no terminaba de arrancar, con pequeños papeles en televisión y films de bajo presupuesto como únicos trabajos, viviendo en un pequeño apartamento y sumido en la pobreza. Pero esa pelea le proporcionó una historia que plasmó en guión cinematográfico en solo tres días. Ese guión tenía por título “Rocky”.</p>
<p style="text-align: justify;">El bueno de Sly comenzó a pasearse por las grandes productoras con escaso éxito hasta que la United Artists le prestó atención, pero con ciertas condiciones. A los jefes les gustaba mucho la historia, pensando en estrellas de la época como Burt Reynolds, Robert Redford o Ryan O´Neal como posibles protagonistas con tirón en la taquilla. Le ofrecieron la friolera de 350.000 $ por la compra de los derechos del guión y que, de paso, se olvidara de protagonizarla. Stallone no aceptó la suculenta oferta, a pesar del lamentable estado de su economía. Batalló en las negociaciones hasta que por fin la productora dio luz verde al proyecto, con él de protagonista, pero asignándole de presupuesto un ridículo millón de dólares.</p>
<p style="text-align: justify;">En Enero de 1976 comenzó el rodaje a las órdenes de John G. Avildsen, respetado realizador que había dirigido tres años antes a Jack Lemmon en “Salvad al tigre”, consiguiendo el mítico intérprete su único Oscar como mejor actor protagonista. Durante el frío invierno de Philadelphia se llevó a cabo el rodaje en tan solo veinte días, con más imaginación e ilusión que medios.</p>
<p style="text-align: justify;">Con la película terminada la United Artists seguía sin apostar por ella, pensando en relegar su exhibición a un limitado número de cines y en sesión doble. Confiando poco en las posibilidades comerciales del film, se decidieron a proyectar un pase privado en la Universidad de California para testar la reacción del público. Un nervioso Stallone se sentó entre el público durante la proyección. Al finalizar la película y tras el silencio de los cientos de espectadores allí presentes, decidió quedarse en su butaca sin parar de llorar. Al rato, saliendo del edificio totalmente hundido, observó con sorpresa que el público le estaba esperando en la salida para regalarle una impresionante ovación. Y a partir de ese momento todo cambió. La productora se atrevió a distribuir el film por un gran número de cines a lo largo y ancho del país observando con sorpresa que el público enloquecía en cada sesión. Se daba el extraño fenómeno de ver cómo el público vitoreaba y se levantaba de sus butacas para animar al entrañable personaje, lo que proporcionó al film un impresionante “boca a boca” que se extendió por toda la nación. El pequeño film que costó solo un millón de dólares recaudó la friolera de 117 millones en USA y 225 a nivel mundial. Y por si fuera poco, comenzó a recolectar una lluvia de premios que tuvo su momento más álgido en la gala de los Oscar de 1976, consiguiendo tres premios incluyendo el de mejor película del año. Poco importó que Stallone no consiguiera el Oscar al mejor actor y al mejor guión original a los que estaba nominado, porque lo verdaderamente importante era que Sly se había convertido en una gran estrella de la noche a la mañana y Rocky Balboa en uno de los personajes cinematográficos más queridos de todos los tiempos.</p>
<p style="text-align: justify;">Con Stallone instalado en la nobleza de Hollywood, el público demandaba secuelas en las que poder seguir disfrutando del personaje. Y el éxito radicaba en su cercanía y humanidad, porque era muy fácil identificarse con un personaje bonachón y luchador que aprovechó la oportunidad entre un millón que se le brindó. Sus secuelas, de la segunda a la cuarta, eran espectáculos cinematográficos enormemente entretenidos que consiguieron igual o más éxito que la primera película. De hecho, las cuatro primeras entregas de la saga permanecen en la lista de las películas más taquilleras de la historia a nivel mundial si ajustáramos sus recaudaciones al valor actual del dólar.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1990, Stallone decidió volver a las raíces del personaje con “Rocky V” pero observó que el público no estaba preparado en esa época para asistir impasible a la caída del mito. A pesar de unas decentes recaudaciones, el público dio la espalda al film porque se habían dejado por el camino muchos aspectos que hicieron grande al personaje. Entonces el famoso actor decidió dar carpetazo a la saga hasta que en 2006 se atrevió a resucitar su querido alter ego. Contra todo pronóstico “Rocky Balboa” agradó a todos los fans, consiguiendo un importante éxito de taquilla con el beneplácito del público al presunto cierre de la saga. Pero todavía quedaba un último asalto.</p>
<p style="text-align: justify;">En 2014 Ryan Coogler y Michael B. Jordan, director y protagonista de “Fruitvale station” uno de los hitos del cine independiente americano en la última década, decidieron proponer a Stallone una inteligente resurrección del personaje. Y tras leer el guión, aceptó. El producto final se llama “Creed, la leyenda de Rocky” y es el principal motivo de este artículo. La relación entre el hijo ilegítimo de Apollo Creed y un más que maduro Rocky Balboa ha dado lugar a uno de los films más aplaudidos del año en USA. Contra todo pronóstico la crítica ha enloquecido con la cinta, pronosticando para el film varias nominaciones en la próxima gala de los Oscar. Y lo más sorprendente es que el injustamente denostado Stallone suena con fuerza como uno de los claros candidatos a ganar el próximo Oscar al mejor actor secundario.  Y digo secundario porque en “Creed, la leyenda de Rocky” él ha cedido el protagonismo al joven Michael B. Jordan, reservándose un papel de mentor que ha maravillado a todo el que ya la ha visto. Y si la crítica la coloca como uno de los films más estupendos de los últimos tiempos, aplaudiendo que pueda recuperar con inusitado acierto el espíritu de la primera entrega, el público está respondiendo espectacularmente en taquilla desde su estreno el pasado 25 de Noviembre en USA.</p>
<p style="text-align: justify;">No podría imaginarme mejor final para un personaje que ya forma parte de todos nosotros. Durante cuarenta años ha logrado hacerse un hueco en nuestras vidas, siendo referencia ineludible de la cultura popular de las últimas décadas. Todos somos un poco “Rocky” en nuestro día a día. En nuestro trabajo, en nuestra vida familiar, afrontando todos los problemas cotidianos con los que nos enfrentamos, siempre hay enseñanzas del inolvidable personaje que podemos hacer nuestras.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca olvidaré la primera vez que vi “Rocky” con apenas diez años, junto a mí adorado abuelo Antonio. Fue la primera vez que viví intensamente una película, sembrando en mí la semilla del gusto por el buen cine que ya nunca dejó de crecer. Adoro a Billy Wilder, Woody Allen, Truffaut o Scorsese y todo gracias a esa tarde de sábado en la que, saltando y gritando junto a mi querido abuelo, me di cuenta de lo grande que es el cine. Por todo ello, gracias a Stallone y a su imperecedera creación. Gracias infinitas.</p>
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		<title>Amenábar: ¿El genio sobrevalorado?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Oct 2015 16:42:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Ahora que “Regresión” ha llegado a nuestros cines tras una intensa campaña promocional para desnudar sus muchas carencias, decepcionar en taquilla y hacer pensar a casi todos que lo de la peliculita en cuestión es una broma de mal gusto, carente de cualquier interés, querría repasar la breve pero intensa carrera del autor y que [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/10/amenabar-foto.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="amenábar foto" data-rl_caption="" title="amenábar foto"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-45925" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/10/amenabar-foto-300x200.jpg" alt="amenábar foto" width="300" height="200" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/10/amenabar-foto-300x200.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/10/amenabar-foto.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Ahora que “Regresión” ha llegado a nuestros cines tras una intensa campaña promocional para desnudar sus muchas carencias, decepcionar en taquilla y hacer pensar a casi todos que lo de la peliculita en cuestión es una broma de mal gusto, carente de cualquier interés, querría repasar la breve pero intensa carrera del autor y que lleguemos a la conclusión –yo me incluyo- de si es un cineasta genial o un artista sobrevalorado por los medios y el público menos exigente.</p>
<p style="text-align: justify;">Corría el año 1995 y José Luis Cuerda –creador de ese irresistible film de culto que fue “Amanece que no es poco”- asumió el mecenazgo de la ópera prima de un joven de apenas 23 años, de ascendencia chilena, tras quedar impactado por su cortometraje llamado “Himenóptero”. La idea central del film era crear una pequeña obra de suspense con las, muy de moda por aquel entonces, “snuff movies” como gancho argumental.</p>
<p style="text-align: justify;">La película, rodada en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid durante el mes de Agosto del 95 para así abaratar costes, sorprendió a todos por su frescura e inmensa capacidad para captar la atención del espectador. Amenábar maravilló con una puesta en escena impropia de un debutante, manteniendo el suspense de forma magistral durante todo el metraje. Su gran éxito de taquilla, el triunfo en los Goya y la repercusión internacional obtenida en el Festival de Berlín glorificaron en tiempo récord a un cineasta joven y completo, que tanto dirigía el film como escribía el guión y componía la banda sonora.</p>
<p style="text-align: justify;">La verdadera prueba de fuego le llegó con su segunda película, en la que debía confirmar las altas expectativas creadas en torno a su figura. El resultado no fue otro que “Abre los ojos”, un éxito de taquilla todavía mayor que consagró al cineasta en la industria.</p>
<p style="text-align: justify;">El film posee la complicada capacidad de fascinar en todo momento, superando con creces su atractivo visual y una elegante puesta en escena a ese galimatías en el que se convertía la historia en determinadas ocasiones. De todos modos, su onírica propuesta – la historia surgió tras una gripe severa del autor con varias noches repletas de pesadillas – supuso un soplo de aire fresco para el anquilosado panorama del cine español de la época.</p>
<p style="text-align: justify;">Tom Cruise quedó tan maravillado por “Abre los ojos”, que durante los títulos de crédito llamó a su agente para que intentara comprar los derechos. Este interés de la estrella cambió para siempre la carrera de Amenábar, que tuvo que padecer ese bodrio de “Vanilla sky” a modo de “remake aclaratorio” pero por el contrario pudo estrenar, gracias al enorme apoyo de Cruise como productor, su primera gran obra internacional: “Los otros”.</p>
<p style="text-align: justify;">Teniendo como cabeza de cartel a la estupenda Nicole Kidman, en su último trabajo junto a Cruise antes del divorcio, y un presupuesto más que holgado para poder plasmar todas sus ambiciones, Amenábar llevó a cabo un film de suspense que homenajea dignamente a los clásicos. Sabe mantener un soberbio y sobrio pulso narrativo, conservando esa personal manera de fascinar con las imágenes. Lástima que el desenlace desvirtuara un tanto el producto final.</p>
<p style="text-align: justify;">“Los otros” cosechó un inmenso éxito, siendo aún hoy en día la producción española más taquillera de todos los tiempos a nivel mundial con casi doscientos diez millones de dólares de recaudación tras un presupuesto de apenas diecisiete.</p>
<p style="text-align: justify;">Con su particular lugar en la cumbre, Amenábar decidió un cambio de registro en su carrera cambiando el suspense por el drama. Además tomaba como premisa una noticia de hondo calado en nuestra sociedad en el que la eutanasia se convirtió en motivo de frecuente discusión. El film resultante no fue otro que “Mar adentro”, su auténtica obra maestra, con Oscar y Globo de Oro incluidos.</p>
<p style="text-align: justify;">Amenábar nos obsequió con un maravilloso film, un verdadero canto a la vida que en manos de otro realizador menos habilidoso y sensible hubiese resultado un folletín lacrimógeno. Además consigue de Javier Bardem una monumental interpretación, una de las más complicadas de los últimos tiempos, que definitivamente le colocaron como actor de referencia a nivel mundial.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo funciona en “Mar adentro”, el maestro del suspense nos dejaba con la boca abierta en pleno salto sin red en el momento en el que cualquier otro se hubiera amarrado al éxito mundial cayendo en el auto plagio. Fue en este 2004 cuando Amenábar obtuvo el mayor de mis respetos, cuando vi a un cineasta mayúsculo que poseía la inmensa capacidad de sorprenderme. Pero desgraciadamente, hasta aquí llegó nuestro idilio.</p>
<p style="text-align: justify;">En los últimos once años solo nos ha brindado dos producciones, pero ni rastro del talento del autor. Lo de “Ágora” en 2008 no dejó de ser una soporífera superproducción rodada con el piloto automático, sin pasión alguna. Solo la impecable factura del film le salvó del desastre artístico aunque no del comercial, ya que el film quedó lejos de recuperar su enorme presupuesto a pesar del gran éxito que obtuvo en nuestro país.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizás el fracaso en taquilla de “Ágora” le llevó a este extraño retiro cinematográfico de siete largos años. Pero para entregarnos “Regresión” tras todo este tiempo, bien podría haberse tomado un par de años más de reflexión.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es que en el fondo me niego a reconocer lo que me planteo de Amenábar tras sus dos últimas “perlas”. A veces llego a la conclusión de que su lastimosa última década es el fruto de la pérdida de la pasión por el cine, porque no queda ni rastro de ese joven y vibrante autor que conseguía maravillar con cada plano, con cada historia…</p>
<p style="text-align: justify;">Con solo cuarenta y tres años, tiene sobradas posibilidades de volver a su grandioso pasado. Haré un acto de fe y tomaré este insulto llamado “Regresión” como algo menos ofensivo. Seguiré esperando con interés su nueva propuesta, su necesitada reinvención.</p>
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		<title>Amblin Entertainment: Spielberg y su eterna fábrica de sueños</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Jul 2015 20:31:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Más cine, por favor]]></category>
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					<description><![CDATA[Corría el año 1981 y Steven Spielberg ya era el “Rey Midas” de Hollywood. A los enormes éxitos de “Tiburón” y “Encuentros en la tercera fase” en los 70 se les añadía ese mismo año nada menos que “En busca del arca perdida”, inicio de una saga que hizo al director todavía más grande sin [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/07/Sin-titulo2.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="Sin título" data-rl_caption="" title="Sin título"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-42755" src="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/07/Sin-titulo2-300x136.jpg" alt="Sin título" width="300" height="136" srcset="https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/07/Sin-titulo2-300x136.jpg 300w, https://www.elcastillodesanfernando.es/wp-content/uploads/2015/07/Sin-titulo2.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Corría el año 1981 y Steven Spielberg ya era el “Rey Midas” de Hollywood. A los enormes éxitos de “Tiburón” y “Encuentros en la tercera fase” en los 70 se les añadía ese mismo año nada menos que “En busca del arca perdida”, inicio de una saga que hizo al director todavía más grande sin olvidar al productor, que no era otro que su gran amigo George Lucas.</p>
<p style="text-align: justify;">En su ansia por conseguir la independencia creativa sin someterse a la dictadura de los grandes estudios, Spielberg se asoció con Frank Marshall y Kathleen Kennedy, copió el modelo de Lucas con “Lucasfilm” y se lanzó a la aventura de crear su propia compañía: Amblin Entertainment – aunque en su origen se “apellidara” production-.</p>
<p style="text-align: justify;">A pesar de que el primer proyecto de la compañía, “Continental divide”, fuera una hoy olvidada y fallida película protagonizada por el entonces muy popular John Belushi, todo cambió en 1982 con el estreno de una película modesta, de ajustado presupuesto sobre la tierna historia de amistad entre un niño y un extraterrestre: “E.T.”.</p>
<p style="text-align: justify;">El éxito de esta película fue tan monumental que no solo asentó a la productora en tiempo récord, sino que creó una imagen de marca basada en un cine familiar de calidad que caracterizaría para siempre a la empresa.</p>
<p style="text-align: justify;">Con un célebre logo basado en “E.T.” y con Spielberg en plena inspiración creativa y comercial, el resto de la década es ya historia del cine. Clásicos como “Gremlins”, “Los goonies” o “Regreso al futuro” se estrenaron en apenas año y medio, cosechando enormes éxitos de taquilla y permaneciendo en la memoria del público todavía hoy en día.</p>
<p style="text-align: justify;">Manteniendo alto el nivel artístico y comercial con films como “El secreto de la pirámide”, “Esta casa es una ruina” o “Fievel y el nuevo mundo” – película ésta que aprovechó el preocupante bajón de la Disney en los 80 para convertirse en un clásico de la animación de la época-, Spielberg decidió dar un giro a su carrera y dio luz verde a su primer gran drama: “El color púrpura”. El genial cineasta quiso demostrar que su talento podía adaptarse a cualquier género y construyó una obra magistral que se vio recompensada por el cariño del público aunque no el de la Academia de Hollywood.</p>
<p style="text-align: justify;">Seguía la “Amblin” en plena forma, a pesar del relativo resbalón de “El imperio del sol” en 1987, cuando estrenó una de las películas técnicamente más revolucionarias de la historia: “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”. La mezcla de animación e imagen real creada por el tándem Spielberg/Zemeckis no solo fue un bombazo en taquilla, sino que marcó las pautas del cine de animación de los 90. En cierto modo provocó que la Disney- que participaba también en la producción mediante su filial “Touchstone Pictures”- se pusiera las pilas y elevara la calidad de su nivel de producción, algo que conseguiría con los estrenos de “La sirenita”, “La bella y la bestia” y “Aladdin” en los siguientes cuatro años.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero como todo en la industria tiene sus altibajos, la “Amblin” no iba a ser menos.  Entre finales de los 80 e inicios de los 90 los fracasos de las secuelas de “Gremlins” y “Fievel”, unidas al “Always” del propio Spielberg, a “Joe contra el volcán” con Tom Hanks y Meg Ryan y a “Mi padre” con Jack Lemmon y Ted Danson, sumieron a la compañía en un mar de dudas que ni siquiera pudo disipar el éxito comercial –que no artístico- de “Hook, el capitán garfio” en 1991.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero Steven Spielberg tenía reservados un par de ases en la manga  y brindó a la compañía una inesperada resurrección en 1993. Esos dos ases, queridos amigos, se llamaban “Parque jurásico” y “La lista de Schindler”. Casi nada…</p>
<p style="text-align: justify;">El enorme éxito comercial de la primera y el impresionante éxito artístico, además de taquilla, de la segunda, lluvia de Oscars incluida, provocaron que la “Amblin Entertainment” – y de paso la Universal Pictures que las distribuía- vivieran días de gloria.</p>
<p style="text-align: justify;">Con este panorama, los 90 tenían que ser excelentes a todos los niveles y, por supuesto, lo fueron. El cine de calidad tenía cabida en la compañía con films como “Los puentes de Madison” – producida junto a la “Malpaso” de Eastwood- o “Salvar al soldado Ryan”, ambas películas fundamentales en la reciente historia del cine.</p>
<p style="text-align: justify;">Y los productos taquilleros para toda la familia, la marca de la casa desde sus comienzos, tuvieron su representación en bombazos como “Hombres de negro”, “Casper”, “Los Picapiedra”, “Twister”, “La máscara del Zorro” o la secuela de “Jurassic park”.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta tónica de alternar cine de calidad con productos familiares se viene respetando hoy en día. En lo que va de siglo la “Amblin” sigue a la vanguardia de las productoras independientes gracias a colaboraciones con Eastwood –“Banderas de nuestros padres”, “Cartas desde Iwo Jima” y “Más allá de la vida”- y la producción de los films de Spielberg que van desde la sobriedad de “Lincoln”, “War horse” o “Munich” al puro espectáculo de “La guerra de los mundos” o “Las aventuras de Tintín”.</p>
<p style="text-align: justify;">Y como colofón de rabiosa actualidad, recordar que “Jurassic world” está reventando las taquillas de todo el mundo y acabará su carrera comercial como la tercera película más taquillera de la historia del cine solo superada por “Avatar” y “Titanic”, de ese otro genio visionario llamado James Cameron.</p>
<p style="text-align: justify;">Si el cine es una fábrica de sueños, Spielberg y su “Amblin Entertainment” se lo han tomado al pie de la letra. Su talento innato para lograr subyugar a público de todas las edades es admirable. Un servidor, por todo lo vivido y disfrutado desde bien pequeño, solo puede dar las gracias. Eternamente agradecido al maestro por ayudar a sembrar la pasión del cine en mí.</p>
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