Publicado el: vie, 18 Oct, 2019
Opinión

Despierto

Foto. Lanza. Diario de la Mancha.

Un arrastrar de pies, un golpe seco sobre el pavimento, un lamento desgarrado…

Despertó súbitamente, sobresaltado. Se incorporó inquieto y miró en derredor intentando ubicar de dónde procedía el pavoroso rumor. Se percató de que estaba sentado sobre un enorme cajón oscuro de madera. Por mucho que se esforzaba no lograba recordar como había llegado hasta aquel extraño lugar que no reconocía. ¿Había ido por propia voluntad o le habían llevado hasta allí?, ¿Se había quedado dormido o le habían dado un golpe dejándole inconsciente? Se palpó la nuca buscando la humedad de la sangre, pero no halló nada. Sentía náuseas y le dolía mucho el estómago.

Se levantó del cajón y trató de situarse a pesar de su memoria confusa. Sabía perfectamente quién era, pero tenía muchas lagunas respecto a los últimos días y no atinaba a recordar que había ocurrido hasta ese momento. Se encontró de pie en la confluencia de dos largos pasillos con arcos de medio punto, paredes grises y suelos de madera. Frente a él había un dibujo pegado sobre uno de los muros. Representaba una calabaza gigante a la que habían horadado una boca y unos ojos maléficos de fuego refulgente que infundían terror. Un poco más abajo una leyenda figuraba lo siguiente:

 

“31 de octubre de 2019, HALLOWEEN en San Fernando. Noche de terror aquí, en el Castillo de San Romualdo. Quédate DESPIERTO y pasa miedo con nosotros”

 

Había telas de araña por doquier, pero estaba seguro de que no podían ser de verdad. Se rascó la frente sumido en el desconcierto. Un ulular desperado le hizo dar un respingo; algo o alguien estaba gimiendo a la vuelta de la esquina, al final del pasillo. Un escalofrío le recorrió las costillas y el esternón. El matiz doloroso del llanto le encogía el corazón en una amalgama de miedo y compasión. Recorrió la estancia con inseguridad detrás del sonido, intentando encontrar algo que le sirviera como arma, un palo o quizás una piedra, pero solo veía armatostes cuadrados atestados de vasijas y pequeñas herramientas. Detectó una llena de puntas talladas y la abrió forzando una puertecita lateral. Agarró una muy afilada y la insertó en el borde de una tibia humana que había en la misma vitrina. El estómago le estaba matando.

Una vez armado, se apostó en la esquina y se asomó cauteloso. Al fondo en penumbra se percibía una forma humana; de ella parecían proceder los horribles lamentos que flotaban redundantes en el ambiente y que se habían transformado ya en imprecaciones afligidas.

Tragó saliva y se arrojó con su improvisada lanza a por el fantasma llorón antes de que le atacase. Fue aminorando la marcha a medida que se acercaba a la figura oscura enmarcada por un angosto ventanuco que daba al exterior. Desconcertado, se dio cuenta de que era un convidado de piedra; representaba a un hombre desnudo togado sobre su hombro izquierdo. No tenía cabeza ni brazos, como si las hubiese perdido a lo largo de los años pues parecía bastante antigua.

Foto. Pinterest. San Fernando Red Ciudad.

Tomo consciencia de que la construcción en la que estaba era totalmente rectangular de tal manera que, si seguía avanzando, en algún momento llegaría al punto de partida. La estatua estaba en el centro de una las habitaciones que servían de esquina de transición del colosal cuadrado. La pared a su derecha había sido pintada con toscas imágenes decorativas. Advirtió un corazón gigante en el centro tocado de otro más pequeño.

Los gemidos volvieron a sonar sin tregua en la distancia. Antes de recuperar su memoria perdida e investigar el porqué de su presencia allí debía deshacerse de una vez por todas de esa amenaza que ahora iba acompañada del sonido sibilante de un animal herido ¿A qué horrible criatura se estaba enfrentando?

Se tragó la aprensión y echó a correr a toda velocidad con la tibia punzante por delante sorteando pasillos y esquinas con firme determinación hasta que se topó con un recinto extraño, ajeno al resto que conformaba el edificio. Se trataba de un habitáculo que se abría perpendicularmente desde el centro de uno de los corredores. Sus paredes eran de un blanco resplandeciente de las que emergían multitud de luces de forma oblonga. Al fondo de la estancia había un suelo alzado flanqueado por dos hendiduras simétricas en la pared.

Cuando bajó la vista al centro de la tarima se tropezó de bruces con la fuente de los lamentos lastimeros que le habían despertado de sopetón instantes antes. Horrorizado miró el saco de huesos que hecho un ovillo lloraba desconsoladamente sobre el suelo. No supo cómo reaccionar ante el patético espectáculo.

Al percatarse de su presencia, el horripilante esqueleto paró en seco en sus gimoteos sin lágrimas y levantó la cara vacía de piel hacia él. Sus ojos eran dos boquetes de una negrura interminable enmarcados en un óvalo amarillento. Intentaba decir algo desesperadamente, pero carecía de labios como para articular palabra y castañeaba grotescamente ambos maxilares emitiendo aullidos guturales. Parecía querer vomitar.

Foto. @victoria_becquer.

Él la reconoció al instante pese a que de Seda tan solo quedase aquel guiñapo óseo y lastimero que tenía enfrente. Estiró los brazos para poder cogerla intentando superar la repugnancia que le causaba y se llenó de espanto cuando se los vio. Sus húmeros, radios, cúbitos y todas las falanges estaban a plena vista evidenciando groseramente que él también era un repulsivo y desvaído esqueleto. Durante todo este tiempo solo había visto y sentido lo que su mente quería ver y sentir. Quiso gritar pero se dio cuenta de que tampoco podía.

Corrió como poseído y presa del pánico hasta el cajón de madera oscuro sobre el que se había despertado apuñalado por un mal presentimiento. Cuando lo alcanzó alzó la vista hacia la lámina explicativa con fotos que colgaba sobre la pared. El crujido al chocar las huesudas manos contra su descarnada mandíbula retumbó a lo largo de los arcos del castillo-museo.

El texto en la placa rezaba:

“Aquí yacen Los Enamorados, los dos esqueletos enterrados en época neolítica encontrados en las excavaciones del yacimiento de Camposoto (2008). Se cree que fueron padre e hija y que murieron simultáneamente por una intoxicación alimentaria siendo enterrados juntos en un abrazo perpetuo que dura ya más de 6.000 años” …

Sobre el autor

Alberto Rodríguez

- Un punto de encuentro para proyectos, ideas e inquietudes relacionadas con el turismo isleño, fomentando la creatividad y persiguiendo el ansiado sueño colectivo de transformar a San Fernando en el destino genuínamente turístico que merece ser.

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