Año nuevo, vida nueva

No está mal comenzar mi primer artículo en este medio con la entrada de un nuevo año. He de confesar que he pensado bien sobre qué escribir por primera vez y creo que no está mal utilizarlo para que me conozcáis un poco más y, con ello, evocar mi primera reivindicación. Al fin y al cabo en eso consiste la libertad de expresión o pensamiento.

Me llamo Sergio de la Herrán, un joven estudiante de tercero de Derecho de la Universidad de Cádiz y colaborador del área de Derecho Penal, militante por principios de un partido que reivindicó la regeneración democrática hasta el punto de costarle el apoyo del electorado, y feminista en acción.

Cuando decidí colaborar en este medio lo hice porque verdaderamente estoy convencido que todos debemos tener un compromiso con nuestra ciudad, y creo que aquí podemos tener un punto de encuentro para todos aquéllos que, de un modo u otro, tenemos la expectativa de ver progresar a San Fernando independientemente del color político en que se vista en un momento determinado. Intentaré con ello aportar mis opiniones, reflexiones y pensamientos sobre aquello que pueda conocer, intentando aprender de otros compañeros articulistas mucho más expertos en forma y materia.

¿Y por qué “La transición del pensamiento: de la quietud a la inquietud”? Actualmente soy un joven de 24 años al que las cosas le van bastante bien, especialmente en el ámbito académico. Pero no siempre fue así, y otros pueden decidir legítimamente huir de su historia, pero tomar esa decisión significa renunciar a ser quién eres, a tú esencia. Después de interiorizar retrospectivamente mi pasado, he observado como un joven de pensamiento quieto transitó a la inquietud. Como de un joven que tuvo que conseguir el título de ESO a través de un Programa de Cualificación Profesional Inicial (PCPI), a ser un universitario de tercer curso que tiene la suerte de trabajar de la mano de una de las catedráticas más respetadas en el ámbito internacional del Derecho Penal. El camino no se mostró fácil el día que decidí ser otro. Por suerte conté con el apoyo de una familia que siempre supo respetar mis erróneas decisiones, pero que tuvieron la esperanza de que llegase a mi vida una auténtica “transición del pensamiento”.

Créanme que con lo que cuento no intento mostrar un acto de soberbia, vanidad o altivez, sino reivindicar un sistema educativo que sea garantista con aquéllos que, como yo, por un motivo u otro, tardamos un poco más en encontrar el camino.

Las políticas de educación actuales denotan intenciones clasistas y elitistas, haciendo que ciertos sectores de nuestra juventud se vean excluidos de un derecho constitucionalmente garantizado en el artículo 27, como es el Derecho fundamental a la Educación, de máxima expresión y protección. Podríamos aquí analizar este artículo y su cumplimiento, pero no es el objetivo de este primer artículo.

Muchos me dicen que reconocer mí historia, me resta legitimidad intelectual -que no quiera decir que me considere un intelectual-. Estoy convencido de que sin mi historia, sin mi pasado, no sería el yo del hoy. Ahora sigo formándome, inmerso en proyectos, inquietudes y con la suerte de trabajar junto con personas preparadas, activistas de acción o pensamiento e integradoras. Con todo ello se presenta esta nueva experiencia de escribir para un medio de difusión local mis humildes opiniones que os prometo serán lo más enriquecedoras que estén en mi mano.

Lo dicho, me despido hasta otro artículo que ya si tratará algún tema de actualidad. Pero antes una pregunta: ¿y tú?, en este nuevo año que se presenta, ¿reivindicas o renuncias a tu historia?

Hasta otros amigos.

Sobre el autor

Sergio de la Herrán Ruiz-Mateos

- El peso de la razón, del argumento frente al dogma, que, por otro lado, constituye la esencia de una sociedad democrática.

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